Las reformas en Cuba: racionales pero con efectos sociales adversos. La educación en el mapa de la política social actual

 

Entrevista al profesor Carmelo Mesa-Lago, Catedrático Distinguido Emérito de Economía y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Pittsburg.

Introducción

Uno de los analistas más citados dentro y fuera de la Isla sobre las reformas actuales en Cuba es el profesor Carmelo Mesa-Lago, cuyo haber investigativo acumula numerosos textos y artículos donde examina desde hace varias décadas “el caso cubano”. Su periodización sobre la trayectoria de la política económico-social de la Cuba socialista a modo de ciclos resulta de extraordinario valor analítico, en tanto permite reconocer patrones históricos, discontinuidades y conexiones entre distintos períodos según los rasgos de las decisiones de gobierno en materia de política económica y social, todo ello basado en numerosas fuentes estadísticas, análisis de discurso, métodos comparado entre otros.

En esta ocasión, el propósito fundamental de la entrevista a Mesa-Lago fue profundizar, dentro del mapa y escenario actual de las reformas, el lugar que tiene la política educativa actual. Incluso vamos un paso antes: ¿Existe alguna política educativa explícita como parte de las reformas actuales en Cuba?

Llama la atención que entre los tantos escritos de académicos sobre los cambios actuales en Cuba: económicos, laborales, migratorios, tributarios, el “problema” educativo ha quedado rezagado en el debate público si se le piensa de manera comparada con el resto de las reformas. Con la intención de contribuir a este debate, el experto en análisis de políticas, Mesa-Lago, ofrece su perspectiva sobre el lugar de las decisiones en materia de educación en el contexto nacional de las reformas actuales.

Una mirada apurada a las estadísticas hace sospechar que “algo está pasando”. Por ejemplo, en el 2012, según la ONEI, la educación fue en la estructura del PIB el rubro que tuvo la más baja tasa de crecimiento con un -3,8 por ciento. Para tener una idea del descenso, nótese que en 2007 la tasa había sido mayor a un 9 por ciento. La significativa caída de este indicador estuvo fuertemente ligada (entre otras razones) a una reducción histórica de la matrícula escolar, sobre todo en el nivel superior donde, de más de 700 000 jóvenes matriculados en 2007, en el año 2013 la matrícula universitaria había descendido a alrededor de 200 000 estudiantes, sobre todo, debido al cierre de la mayoría de las sedes municipales universitarias que habían proliferado como parte de La Batalla de Ideas que dirigió Fidel Castro.

Tomando las cifras anteriores como provocación para adentrarnos al terreno de la educación en Cuba, surgen varias preguntas que se abordarán en esta entrevista: ¿Hay una política educativa clara como parte de las reformas actuales cubanas? ¿Cuáles son las principales decisiones en materia educativa del actual gobierno cubano? ¿Qué relación existe entre educación, economía y desarrollo hoy en el país?

Para los analistas de políticas públicas, Cuba representa un caso de particular interés en tanto permite realizar exámenes de largo aliento versus miradas cortoplacistas. En este sentido, me remito a la sistematización analítica que hace en su libro Cuba en la era de Raúl Castro (Editorial Colibrí, 2012), donde retoma su concepto de ciclos de políticas para describir distintos momentos de una trayectoria de políticas revolucionarias por más de 50 años. Siguiendo sus propios conceptos de políticas idealistas y pragmáticas, alejándose o acercándose al mercado, ¿en qué momento nos encontramos? ¿Cómo hemos llegado a la actualidad?

El ciclo actual responde a una lógica pragmática sin dudas ya que las reformas económicas estructurales de Raúl están orientadas al mercado. Podemos debatir su velocidad, si son lentas, si son suficientemente profundas o no. Uno de sus rasgos esenciales es que ellas van en contra del idealismo, del igualitarismo salarial, de la movilización (prácticamente eliminada al terminar la Batalla de Ideas). En los ciclos pragmáticos hay una reducción en el gasto social, lo que nos conduce a pensar que el actuar es coherente.

Por el contrario, los ciclos idealistas priorizaron los servicios sociales gratuitos, la movilización de las masas, el énfasis en la creación de un “hombre nuevo”, los incentivos morales, entre otros mecanismos. Todo ello resultaba en una expansión del gasto social (a modo de salario indirecto o salario social en términos marxistas, comparado con el salario monetario) contra un estancamiento o reducción de dicho gasto en los períodos pragmáticos.

Cuando hablamos de educación o de política social en general lo que ocurre es que varios cambios económicos tienen efectos sociales adversos, por lo que hay que emprender acciones de política social que enfrenten dichos efectos. Por ejemplo, en el último ciclo idealista bajo Fidel la matrícula universitaria aumentó tres veces entre los cursos 1989/90 y 2007/08 (la cúspide) y específicamente la de humanidades y ciencias sociales en 40 veces. Bajo las reformas de Raúl se redujo la matrícula general en 72 por ciento y las humanidades/ciencias sociales en 83 por ciento, aunque todavía en 2014 era 567 por ciento en comparación al año 1989. Por otro lado entre 1989/90 y 2007/08 disminuyó la matrícula en ciencias naturales y matemáticas, mientras que creció muy poco en ciencias técnicas y agronomía, todas ellas carreras esenciales para el desarrollo y, aunque aumentó con las reformas, todavía en 2014 las ciencias naturales y las matemáticas estaban 30 por ciento por debajo del nivel de 1989. Estas cifras hasta ahora me hacen pensar que los ajustes no se han hecho de manera sistemática.

Dentro del mapa actual de las reformas en Cuba, ¿qué lugar le daría a la actual política educativa? Comparándola con las otras, el análisis de la política actual educativa ha quedado rezagada en el debate público.

En realidad, el gobierno de Cuba no ha hecho pública una estrategia, una política específica de educación. Lo que ha ocurrido es una reducción de los gastos sociales que incluyen educación, salud, pensiones, asistencia social y vivienda, y que como ha afirmado en varias ocasiones Raúl Castro, son gastos tan grandes que resultan insostenibles financieramente (ver Figura 1).

Figura 1. Reducción del gasto social en Cuba 2006-2012 (como porcentaje del presupuesto estatal y del PIB).