Lilianne Rodríguez: “Necesitamos mayor garantía jurídica para nuestros creadores, sujetos de la identidad cultural de la nación”.


1. ¿Cuál ha sido la forma de “hacer cine” en el contexto cubano después de 1959? ¿Qué rol ha tenido en este proceso el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC)?

La creación del ICAIC, mediante la Ley 169 del 24 de marzo de 1959, fue el primer acto legislativo y de política cultural del Gobierno Revolucionario. El primer POR CUANTO de esta Ley es algo que debemos recordar siempre porque nos legó una definición que debe prevalecer siempre en el debate. Y establece: “POR CUANTO: El cine es un arte.”

Luego, en el séptimo POR CUANTO incluía: “El cine como todo arte noblemente concebido –debe constituir un llamado a la conciencia y contribuir a liquidar la ignorancia, a dilucidar problemas, a formular soluciones y a plantear, dramática y contemporáneamente, los grandes conflictos del hombre y la humanidad”.

El cine no siempre alcanza ese resultado pero esa es su voluntad, eso no ha cambiado, aunque también cumpla otras funciones. No se reduce a ser un medio de difusión masiva. Es “complejizador” de la realidad.

El ICAIC surge con el mandato de “crear una cinematografía nacional con una industria sólida y formar un público variado y culto.” La historia del cine cubano es, en lo fundamental, el resultado del trabajo que permitió esa Ley, la cual resultó un ejemplo en el continente. Durante muchos años, antes de la existencia de leyes de cine en muchos de los países que hoy cuentan con ella, el ICAIC fue un coproductor generoso y que contribuyó a que se realizaran muchas de las obras de cineastas de gran importancia en América Latina. El cine cubano del ICAIC fue retaguardia del cine latinoamericano en los años 70 y 80, producto de las realidades que se dieron en muchos de nuestros países.

2. ¿Qué elementos del contexto nacional e internacional han cambiado y cuál ha sido su impacto sobre las maneras de “hacer cine” en Cuba?

El ICAIC, en los términos en que fue concebido fundacionalmente, y en su trabajo de  las siguientes décadas, cumplió con el propósito de la creación y desarrollo de la cinematografía cubana. Fue concebido teniendo a la producción-distribución y exhibición como un sistema centralizado. Solamente así se podía aplicar una política cultural consecuente, en aquellos años, con los objetivos de la Ley: crear la industria cinematográfica, la atmósfera, el clima, que hiciera posible el desarrollo de esta manifestación artística y la formación de un público preparado para el disfrute del cine como expresión artística.

En estos momentos, las circunstancias y condiciones para el desarrollo del cine y el audiovisual han cambiado, en Cuba y en el mundo. El ICAIC tiene un nuevo rol en otras condiciones, en otras realidades. Es un cambio de mentalidad muy importante. Siempre se aborda el cambio desde el acceso a nuevas tecnologías, pero creo que eso es solo una de las aristas de una transformación mucho mayor. Ha cambiado la forma en que se realiza y se produce el cine, sus mecanismos de financiación se han diversificado y complejizado, al igual que el papel de los Festivales de Cine como plataformas de lanzamiento y sello de calidad. Una producción anual de películas crece cada año a nivel internacional, y crea en paralelo como efecto colateral la imposibilidad de muchas películas de llegar a las salas de cine, y la necesidad de desarrollar espacios para esas producciones.

Hay que tener en cuenta que el consumo, del lado de los espectadores, ha cambiado en los últimos años: numerosas ventanas de exhibición, la posibilidad de elección individual dentro de un catálogo disponible, así como el momento y lugar de su recepción por el espectador. Hay variables nuevas que han modificado radicalmente la manera en que se ve una película por la audiencia en estos tiempos.

En el caso de Cuba, esta realidad ha significado la creación de un nuevo escenario en la realización y producción cinematográfica y audiovisual. Desde hace varios años, y cada vez de manera más sostenida, la producción de largometrajes, independientes o no institucionales, se ha acercado bastante (si no ha igualado en algunos años) a la producción del ICAIC. Días atrás un artículo de Cubacine, el portal del ICAIC, se refería a los tres filmes cubanos más premiados del 2015. Hacía una especie de inventario del recorrido internacional y premios obtenidos por estas tres películas. De los tres títulos que refería el periodista, dos son producciones independientes. Eso significa que no contaron para su realización con recursos o financiación aportada por el Estado. Hay ahí un profundo cambio, a una situación que incluye una multiplicidad de actores.

Es fundamental, entonces, redefinir el papel del ICAIC (entendido como Instituto, separado de su estructura propia de producción), actualizar sus objetivos y su operatividad de acuerdo a la realidad actual, no solo del medio cinematográfico y audiovisual, sino del país que se está modelando. Esa vocación pública y de fomento, apoyo y protección desde el ICAIC al cine cubano, ya sea institucional o no, es un elemento fundamental en todo este escenario de intercambio y discusión.

3. En el actual contexto, ¿cuál ha sido la metodología de trabajo escogida por los cineastas para dar curso a sus inquietudes y gestionar sus propuestas?

En el año 2013 fue convocada por varios cineastas la realización de una Asamblea. En ese momento los cineastas estaban motivados y preocupados por ser escuchados por el ICAIC y el Estado, precisamente en el tema del redimensionamiento del ICAIC que se había solicitado por la dirección del país. Los cineastas consideraban que tenían elementos que aportar en este sentido, y que era necesario incluirlos como sujetos de ese debate, e incorporar otros temas que superaban el mero organigrama y suponían el reconocimiento de un nuevo mapa del audiovisual cubano y sus actores. Como mecanismo permanente de trabajo y de diálogo surge el G-20, que ha venido proponiendo temas, soluciones y produciendo documentos que ordenan y fundamentan las propuestas de los creadores y su intercambio con el ICAIC, así como su intención de que sea extensivo a las instituciones de la cultura y sus dirigentes.

Inicialmente no formé parte de este grupo, aunque estuve al tanto de su trabajo, por interés personal y profesional en el tema, y por mi relación personal con algunos de sus miembros. Aproximadamente en junio de 2014 me vinculo como consultora, del G-20 y del ICAIC, a solicitud de ambas partes. Luego en la renovación y ampliación del G-20, ya comienzo a formar parte de este grupo de trabajo.

El G-20 es un grupo absolutamente diverso por su composición de edad, formas de llegar al cine, desarrollo cultural e intereses. Y también ha tenido que aprender a convivir internamente con esa diversidad. Creo que esto ha sido un aprendizaje y una ganancia. El comprender que por encima de las diferencias, e intereses individuales, hay un interés colectivo que requiere unidad, consenso, en aras de lograr objetivos comunes, ha sido fundamental.

Durante este tiempo se ha trabajado de manera seria. Es un hecho que la propia institución ha reconocido, haciendo propios muchos de estos temas pendientes a resolver, a partir de este diálogo. También se han involucrado otros interlocutores, como representantes del Grupo de Implementación de los Lineamientos, que mantuvieron varios e intensos intercambios con el G-20 y las autoridades del ICAIC, y eso permitió ir contextualizando y esclareciendo el alcance de las necesidades de actualización del esquema del cine y el audiovisual en el país.

Lamentablemente, luego de identificados los problemas fundamentales, discutidas las alternativas de solución y presentados los documentos necesarios para su comprensión y vías de solución, no se han instrumentado aún las variantes propuestas.

4. ¿Qué elementos serían imprescindibles a tener en cuenta en una Ley de Cine elaborada para Cuba?

Creo que lo primero que debería tenerse en cuenta es que con la solicitud de trabajo conjunto para la promulgación de una nueva Ley de Cine los actores del sector cinematográfico y audiovisual —realizadores, productores, actores, técnicos, críticos y académicos? quieren ordenar sus relaciones entre sí, y con el Estado. Se pretende establecer normas para conducir nuestro trabajo, nuestro desarrollo profesional y artístico. Siempre intento destacar la utilidad y necesidad para ambas partes de poner en marcha este proceso sin mayor dilación.

Las Leyes de Cine tienen como objeto el desarrollo, fomento, difusión y protección de la cinematografía nacional, así como establecer las normas para que los organismos del sector público y sus interlocutores, ya sean de orden institucional o privado, puedan desarrollar su actividad en un marco que asegure el cumplimiento de estos objetivos. La propuesta parte del principio de que, conservando la institución ICAIC como eje central del medio, puedan participar todos los actores que se encuentran trabajando por la creación y producción del cine y el audiovisual.

Hay temas esenciales que deberán discutirse para su ordenamiento y regulación mediante la Ley de Cine. El reconocimiento de las productoras no estatales, que deben contar con el soporte legal adecuado para poder llevar adelante sus producciones en un marco regulatorio acordado y establecido por el Estado, que establezca las obligaciones, garantías y seguridad jurídica correspondientes. Este es un tema complejo y que se ve con extrema precaución o reservas, porque evidentemente significa dar un paso más en la inclusión de figuras que diversifican las relaciones de propiedad en Cuba. El reconocimiento de las productoras implica, por ejemplo,  regulaciones de orden cultural, laboral, bancario, y tributario.

El cine y el audiovisual conforman una industria cultural de carácter estratégico, que se ha convertido en las últimas décadas en una de las industrias de mayor crecimiento, también de orden económico, en el mundo. La producción de una película es un delicado equilibrio entre arte e industria. Los flujos financieros en el cine son notables y superiores a los de cualquier otra manifestación artística. Este proceso conlleva el establecimiento de una serie de relaciones contractuales que incluyen cobros y pagos, alquileres, contratación de personal y planificación financiera. La producción cinematográfica y audiovisual se realiza, habitual y universalmente, como parte de una actividad artística y empresarial.

Deben incluirse temas como la nacionalidad de las películas (en Cuba no hay ninguna legislación que establezca los requisitos de nacionalidad de una película), el soporte del ICAIC a la producción cinematográfica en el país, en el sentido de los permisos de filmación, importación temporal o definitiva de material y trámites migratorios para el personal extranjero que se desplace a Cuba a trabajar en nuestras producciones, o en producciones extranjeras que se filmen en territorio cubano.

Un tema muy importante, quede o no incluido en la Ley de Cine, pero que debe ser analizado también aunque sea para otra norma de menor rango, es la creación de una Comisión Fílmica en Cuba. Es una estructura que, coordinada con otros sectores del país como turismo, transporte, y otros, pudiera ser una importante fuente de ingresos al país. La realización de rodajes genera empleos y derrama recursos económicos sobre las comunidades donde se efectúan. Hay toda una experiencia en ese sentido, y existe una gran expectativa con Cuba como destino para la realización de rodajes.

5. ¿Qué experiencia internacional, en materia legal vinculada a la creación cinematográfica, sería significativo tener en cuenta para Cuba?

Las leyes de cine, en los términos que se manejan como práctica internacional, son normas jurídicas que han venido adoptándose en los distintos países de América Latina, en fechas relativamente recientes. Otras son normas más antiguas, y han tenido modificaciones en este período para tratar de atemperar la ley a la nueva realidad de disponibilidad de medios tecnológicos, no solo para la producción de cine y audiovisuales, sino para la distribución, la exhibición y el consumo. Las leyes de cine establecen un marco jurídico en el que opera un sector de la cultura y la economía. Incluyen el compromiso participativo del Estado en el fomento cinematográfico y audiovisual, la protección a la producción nacional y a sus creadores, la distribución y la exhibición.

A la hora de enfrentar una tarea como la redacción de un Proyecto de Ley de Cine para Cuba, es importante hacer un estudio de derecho comparado sobre leyes de similar naturaleza en países latinoamericanos y algunos europeos. Esto permitirá entender experiencias y mecanismos que han funcionado en cada una de esas realidades, y determinar cuál es el mejor camino a seguir para ordenar este sector de acuerdo a la realidad cubana, su estado actual, sus necesidades y aspiraciones.

Hay leyes muy interesantes y efectivas para evaluar en este sentido, en países como Venezuela, Ecuador, Colombia, Panamá, Uruguay y España. Legislaciones como las de Argentina, Brasil, México, Francia y Alemania son también muy completas y avanzadas, pero quizás se encuentran en un nivel de establecimiento y desarrollo de la industria cinematográfica y audiovisual que supera nuestras dimensiones actuales. Hay que caminar antes de correr. Pero siempre desde el punto de vista del aprendizaje de la experiencia que ya existe en el tema para, sin copiar o extrapolar soluciones foráneas, proponer y promulgar normas que puedan conservar su eficacia y aplicabilidad en nuestra realidad nacional, por un período de tiempo mínimamente razonable.

6. ¿Qué metodología de interacción cineastas-instituciones culturales-Estado sería la más adecuada para generar una Ley de Cine para Cuba?

Hay un elemento que es básico y que se encuentra recogido en el documento Por una nueva Ley de Cine en Cuba que ha sido recientemente divulgado por el G-20 y la Asamblea de Cineastas:  “La construcción de una ley es potestad del Estado. Reclamar la atención de este y de funcionarios sobre un tema, aportar argumentos y documentación, e intervenir en el proceso de construcción de una ley es un derecho y un deber de los ciudadanos y de un gremio, una acción de profunda voluntad de implicación y participación.”

La metodología de interacción debe ser el diálogo y el intercambio serio, profundo y realista del entorno cinematográfico y audiovisual cubano; sin perder de vista el país en que vivimos y su dinámica parlamentaria, que implica que exista la convicción del Estado de la necesidad de comenzar el proceso de elaboración y conciliación del Proyecto de Ley de Cine, su inclusión en el calendario legislativo, y con ello, voluntad política de que todo esto suceda.  Creo que eso garantiza una participación responsable y constructiva de todas las partes: los creadores como sujetos con un desempeño diario en la conformación y consolidación de la identidad cultural de la nación, elemento estratégico para el desarrollo de la sociedad, las instituciones y el gobierno del país.

Sobre los autores
Cuba Posible 188 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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