Hacer lo necesario para retomar el camino

Foto: Angelo Domini (CC BY-NC-ND 2.0)
Foto: Angelo Domini (CC BY-NC-ND 2.0)

“Confío en la subsistencia de esa estirpe de hombres de cultura, de estadistas y de políticos (cultivadores todos del afinado arte del equilibrio) convencidos de la identidad de nuestra Nación y de sus posibilidades de futuridad realista (…) Ellos, los equilibristas abiertos al aire, y solamente ellos, podrán retomar el camino.”

Monseñor Carlos Manuel de Céspedes, 10 de octubre de 1994.

 

I

La actual etapa del proceso social cubano confirma que el devenir inmediato del país rechazará, cada vez más, las opiniones y sugerencias de ciudadanos autónomos. No ocurrirá un desarrollo inclusivo de la pluralidad ideo-política del país. Sólo serán aceptados aquellos cubanos convocados a ratificar posiciones oficiales, preferentemente aquellas que expresen la mayor resistencia posible a todo cambio del actual modelo socio-político o la nostalgia en torno a épicas (y a errores) del pasado. De este modo, resulta obvio que tampoco se asumirán, de manera oficial, los cambios necesarios para desarrollar el país y hacer evolucionar el bienestar de la sociedad cubana (en aquellos aspectos que resulta imposible culpar al bloqueo estadounidense de los defectos y carencias que padecemos).

Quizás los defensores del inmovilismo puedan tener razones válidas; pero en ningún caso, a estas alturas de las circunstancias, ellas poseen la legitimidad política e histórica que pueda justificar el sostenimiento del lamentable estado de nuestra realidad. Sólo basta percibir algunos de los efectos de tal empecinamiento para comprender que están errados. Entre ellos podemos encontrar: pobreza, marginalidad, corrupción, incapacidad para generar desarrollo, desesperanza y frustración, así como la emigración continua de cubanos talentosos y capaces.   

En medio de esta situación, los “funcionarios de la santa inquisición” del Partido Comunista de Cuba (PCC) no cejan un instante, no desaprovechan un recurso ni una oportunidad, para intentar inocular la duda y el estigma sobre aquellos cubanos que no dejamos de alertar acerca de los errores e irresponsabilidades que ya pueden haber agotado a la Revolución, que deshacen la República y, lo peor, que ahondan la precariedad del futuro de Cuba como país (en el más universal e integral sentido de la palabra país). En su cruzada nos catalogan con numerosos epitétos; por ejemplo: “neo-contrarrevolucionarios”, “débiles centristas”, falsos “promotores” de una “tercera vía” que ha demostrado su “traición histórica”, “plattistas” complacientes con los poderes imperiales, “defensores” reales (aunque encubiertos) del más despiadado neoliberalismo… Sin embargo, en este trabajo no me referiré a esto último, pues como decía José Martí en una carta fechada el 20 de octubre de 1884: “no tengo ni voluntad, ni paciencia, para andar husmeando intrigas ni deshaciéndolas”.

II

Sin embargo, la gravedad del contexto me incita a compartir unas breves ideas que son el resultado del encuentro, en mi conciencia, de mis posiciones socio-políticas, de lo que ocurre en el país, y de las actuales actitudes a favor y en contra en medio de la embestida pública, semipública y privada en torno a la dirección de Cuba Posible.

Quiero ratificar que no soy comunista. Pese a sus más iluminados análisis, diagnósticos y postulados, no alcanzo a simpatizar con tal teoría, filosofía, ciencia, ideología. Incluso, al estudiar, desde mi fe católica, el comunismo cristiano esbozado por Tomás Moro (santo de la Iglesia Católica) en su obra Utopia, me asfixia advertir esa fuerte inclinación a la reducción de la autonomía de la voluntad humana y al menoscabo de las identidades personales (no importa que esto sea fundamentado con buena intención y se oriente con fines nobles). De la misma manera, siempre me inquieta cierto espíritu que le insufló a dicho ideal su fundador, Karl Marx. No obstante, dejo claro que respeto y considero a esta figura de la historia, a gran parte de su obra y a muchísimos de sus más sinceros seguidores.

Por ello, con José Martí puedo afirmar: “Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor”. Pero también con Martí advierto: “De… soldados está lleno el ejército colérico de los trabajadores. Los hay de frente ancha, melena larga y descuidada, color pajizo, y mirada que brilla a los aires del alma en rebeldía, como hoja de toledo, y son los que dirigen, pululan, anatematizan, publican periódicos, mueven juntas, y hablan… Hay entre ellos fanáticos por amor, y fanáticos por odio… De aquí la flaqueza de sus instituciones, y el miedo que inspiran; de aquí que se mantengan lejos de los campos en que se combate por ira, aquellos que saben que la Justicia misma no da hijos, sino es el amor quien los engendra. La conquista del porvenir ha de hacerse con las manos blancas… Pero no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de poner remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres… Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo deprisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa…”.

En cuanto a mi posición socio-política, nuevamente ratifico que, aunque reconozco la legítima naturaleza de las ideologías, no poseo ideología alguna y siempre me esforzaré para jamás tenerla. Sólo me aferro a un ideal (una República de y para la justicia social) y a unos pocos principios sin los cuales este sería imposible (libertad personal, desarrollo humano, seguridad legal y social, democracia ciudadana, gobierno eficaz, progreso económico, y equidad social). Ratifico, además, que todos pueden saber cómo concibo cada uno de estos conceptos, pues he escrito y hablado muchísimo sobre ellos; así como que mis ideas al respecto nunca serán pétreas, porque cada día procuro cincelarlas, desarrollarlas. Por otro lado, también quiero confirmar de nuevo que, en cuanto a los instrumentos para realizar este ideal y estos principios, no tengo apego a ninguno de los que he propuesto. Estos, repito, siempre serán circunstanciales, porque nunca se refieren al fondo, o sea, al fundamento y al fin, sino a la forma que impone cada contexto, cada reto.

Esta configuración socio-política me ha acompañado durante toda la vida; aunque, por supuesto, con diferentes niveles de madurez, de formulación y de posicionamientos. Así fui desde muy joven, cuando participaba en las convocatorias de la Revolución. Por ello fue que, a pesar de lo anterior, en varias ocasiones se desaprobó mi ingreso a la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), porque sus dirigentes consideraban que esta característica era una preocupante “inmadurez ideológica”. De ese mismo modo continue siendo cuando definitivamente me aceptaron en la UJC. De igual manera me comporté una vez que, por decisión individual, abandoné la UJC; aunque más de 20 años después conocí que mis amigos de entonces violaron los estatutos y reglamentos de la organización, y por años continuaron pagando mi cuota mensual y no colocaron jamás el tema de mi deserción en las agendas de reuniones, dando lugar a que llegara mi edad límite para pertencer a la agrupación y de ese modo fuera baja natural de la misma.

Con esta misma identidad socio-política proyecté mi desempeño en la revista socio-cultural católica Presencia, en Matanzas, desde el año 1996 hasta el año 2000; y en el Cátedra “Juan Pablo II”, entidad que organizamos, en esa ciudad, para el estudio de la Doctrina Social Cristiana, de la Filosofía Personalista y de la Historia, así como para el diálogo sobre la realidad cubana y mundial. Pude participar en estos quehaceres, en esa época, de manera activa y protagónica, gracias a la acogida, a la confianza y al apoyo que me ofrecieron importantes laicos católicos del lugar, que me conocían desde pequeño; lo cual recuerdo como un regalo y con suma gratitud. Después, con idéntica impronta, integré durante varios años el Consejo de Redacción de la revista Palabra Nueva, órgano oficial de la Iglesia habanera, y coordiné la Comisión de Justicia y Paz en la Arquidiócesis de La Habana. De este modo, en el segundo semestre del año 2005, quedé encargado del desarrollo de la revista católica habanera Espacio Laical, que no debía proyectarse como una publicación oficial de la institución.

Cito todo esto, porque en Espacio Lacial alcancé la mejor síntesis posible entre mi identidad cubana, cristiana y socio-política, y el trabajo a favor de Cuba; lo cual me condujo por senderos insospechados, posteriormente me empujó a la constitución del “Laboratorio de Ideas Cuba Posible” y, al menos hasta ahora, me coloca ante mi peculiar situación presente. Por eso, a continuación, esbozo los fundamentos y propósitos que sostuvimos en dicho quehacer.

III

Un grupo de católicos comprendíamos la necesidad de que los cristianos participaran activamente en el quehacer social del país. Sin embargo, además, considerabamos que, dado nuestro contexto y nuestra historia, los católicos también debíamos, inspirados en una metodología evangélica, facilitar un desempeño a favor de la confianza política entre toda la pluralidad de cubanos. Para nosotros esto resultaba un imperativo, dado nuestros grandes pecados históricos: la desconfianza, la visceralidad política, la deslegitimación de las opiniones diferentes, el empeño por imponer un proyecto de país y, a la vez, excluir y someter a las otras propuestas que existieran. Estábamos, y continuamos estando convencidos, de que el gran cambio que demanda la nación implica la capacidad para que todos los proyectos puedan compartir el país y construirlo juntos.

De manera particular nos inspiraba el sueño de hacer posible la existencia social de la Casa Cuba, esa bella metáfora de monseñor Carlos Manuel de Céspedes –descendiente del Padre de la Patria, e importante sacerdote e intelectual. Esta imagen invita a trabajar para conseguir la más libre realización de la pluralidad nacional, pero también demanda una relación positiva entre toda esa diversidad (por medio de la apertura, del encuentro, del diálogo y del acuerdo). Cuando nos ocupamos de la revista Espacio Laical, en el año 2005, nos dimos a la tarea de ponerla al servicio de estas metas. Sin embargo, como es lógico, recibimos la desaprobación de los sectores más radicales de todos los signos políticos-ideológicos de la nación. También, dentro de la institución que patrocinaba el proyecto, surgieron tensiones que fueron intensificándose y llegaron a dificultarnos, en exceso, la posibilidad de gestionar las responsabilidades que habíamos asumido.

Al hacer pública nuestra renuncia a la dirección de Espacio Laical, el 10 de junio de 2014, recibimos mensajes de muchísimas personas e instituciones cubanas y extranjeras. La generalidad insistió en que no podíamos dejar de trabajar en favor de los fines que defendíamos, que contáramos para eso con su colaboración intensa. Esto confirmó nuestro compromiso para proseguir la tarea. Como resultado, se generó un intercambio grande de mensajes y de reuniones entre amigos, que hicieron posible definir la manera de continuar la faena que habíamos desempeñado, incluso con un salto cualitativo. De esta forma, el 8 de septiembre de este mismo año, cuando festejábamos el día de la Virgen de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, dimos a conocer publicamente el inicio de los trabajos de Cuba Posible.

La originalidad de Cuba Posible radicó en su empeño de continuar promoviendo la Casa Cuba, pero incorporando un conjunto de principios que, a nuestro juicio, emanan del imaginario social y podrían resultar sostenes de los ideales que propone dicha imagen. La otra singularidad de este proyecto consistió en el hecho de no querer detenerse en valoraciones puramente teóricas y en creaciones abstractas, sino en empeñarse también en participar del desempeño político del país e influir sobre el desenvolvimiento social. Sin embargo, resulta necesario destacar que no pretendimos hacerlo a la manera de una entidad partidista. No le restamos méritos al necesario trabajo político partidista y a su importante lugar en las dinámicas sociales, pero consideramos que Cuba requiere, igualmente, de un trabajo encaminado a consolidar aspectos esenciales y universales, culturales y cohesionadores, del acontecer político de la nación. Esto, estabamos convencidos, podría brindar aportes a la conciencia colectiva cubana, al desempeño ciudadano, a cuantas entidades partidistas existan y al equilibrio entre todo esto.  

Con ello, pretendíamos contribuir a favor de ese amplio consenso acerca de la necesidad de conseguir grandes cambios sociales pero sin rupturas, al modo de un desarrollo del actual modelo socio-político. Este anhelo aspiró a un proceso intenso y gradual de integración de toda la pluralidad socio-política-cultural en el desempeño de la institucionalidad establecida y que las dinámicas positivas que emanaran de esa interacción ajustaran las instituciones hacia un desarrollo más liberador y democrático, justo y solidario.

En este contexto, arraigado, de voluntades y anhelos, ha procurado insertarse Cuba Posible. Sin embargo, después de muchas labores, un universo riquísimo de debates e importantes contribuciones, nuestro empeño ha sido criminalizado por parte de la más rancia oficialidad del PCC. Esta resulta incapaz de comprender aquella sentencia de José Martí, en Nuestra América, cuando anotó que “los debates continuos, (incluso) brutales a puro francos, de la contienda política, robustecen en el hombre el hábito de expresar su opinión y atender a la ajena”. (Esc. México Vol. II, p. 882.).

IV

Con este proceder, que no se limita a posicionarse en contra de Cuba Posible, sino también de otros proyectos y actores, de todo vestigio de quehacer autónomo, estos “funcionarios de la santa inquisición” se empeñan en clausurar la última oportunidad de hacer evolucionar el actual modelo socio-político. Asimismo, se colocan en las antípodas del sentido del término “Revolución” en la historia de Cuba, que tuvo sus orígenes a inicios del siglo XIX, con la prédica y la acción de patriotas como Félix Varela; y que continuó con la inconmensurable obra de José Martí; con el proceso de renovación nacional en la década del 20, del pasado siglo XX, liderado por jóvenes como Rubén Martínez Villena; con la llamada “Revolución del 30”; y con la gesta de generaciones que se erigieron sobre la épica del asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953. La “Revolución”, para todos estos referentes históricos, representaba una virtud identitaria que debía movilizar a los cubanos, ante cada circunstancia, en la búsqueda de los mejores instrumentos (cuando fuera necesario -la empresa estatal, o la privada, o ambas, -un solo partido político, o ninguno, o varias agrupaciones políticas, -concentración y centralización, o desconcentración y descentralización del poder, -etcétera) para conseguir el bienestar del país; siempre sostenido por un conjunto de ideales, principios y convicciones que, por dicha, puede trascender cada época y las preferencias ideopolíticas de la generalidad de los cubanos. Por otro lado, resulta escandaloso en qué tamaña proporción estos “inquisidores” aborrecen y agreden los fundamentos y principios de la República y de la Libertad, que han de resultar “sacrosantos” para cualquier proyecto político, del signo ideológico que sea, que pretenda auténtica legitimidad, respeto y trascendencia histórica.

Acerca de la libertad, aseguraba Martí en un artículo publicado en La América, Nueva York, en septiembre de 1883: “Como el hueso al cuerpo humano, y el eje a una rueda, y el ala a un pájaro, y el aire al ala, así es la libertad la esencia de la vida. Cuanto sin ella se hace es imperfecto.” Especificaba además que “la libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía”. Para concluir que: “me parece que me matan a un hijo cada vez que privan a un hombre del derecho a pensar”; y finalmente profetizar que: “el respeto a la libertad y al pensamiento ajeno aún del ente más infeliz, es mi fanatismo: si muero, o me matan, será por eso”.

En cuanto a la República, especificó el Apóstol de nuestra independencia, en un discurso pronunciado en Tampa, el 26 de noviembre de 1891: “O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos y no para acorralarlos”.

Para José Martí, la República lograría ser tal, sólo si resulta acogedora, inclusiva e integradora; y siempre desde el más absoluto respeto posible a la libertad de cada persona. Para Martí, la República debía ser erigida al modo de “un hogar”, de “una casa”, donde quepan todos los cubanos, con independencia del carácter de cada uno de ellos. Esa analogía de la República con “un hogar” y “una casa” puede rastrearse en su obra. Sin embargo, quien sólo desee confirmarla puede bastarle con revisar el “Manifiesto de Montecristi”, documento que dio inicio a la última guerra de independencia, en 1895, redactado por José Martí y suscrito por este, junto a Máximo Gómez, general en jefe del Ejército libertador. En tanto, puedo asegurar que nuestro ideal de Casa Cuba, regalo de monseñor Carlos Manuel de Céspedes, posee hondas raíces cristianas y martianas, y constituye una expresión de nuestra más noble y honesta tradición patriótica.

V

En este instante afirmo que no dejaré de trabajar por mi país y que lo haré sólo a favor de esa República prometida por el más grande de nuestros patriotas. Para ello, estoy dispuesto a cooperar con todos los cubanos de buena voluntad, militantes de los diversos “comunismos”, de los disímiles “socialismos”, de los diferentes “liberalismos”, de todas las proyecciones socialcristianas, etcétera. Todas las ideologías y orientaciones ideo-políticas pueden ser legítimas y enriquecedoras, siempre que actúen con responsabilidad y se empeñen, de manera sincera, en favorecer el bien común, cincelar transacciones que beneficien a la generalidad y conseguir síntesis donde todos podamos identificarnos. En tal sentido, afirmo además (y para hacerlo cometo la arrogancia de hacer mía otra frase de Martí, suscrita en la carta ya citada, con fecha del 20 de octubre de 1884) que a empresas socio-políticas orientadas a otros fines “no prestaré yo jamás mi apoyo –valga mi apoyo lo que valga, -y yo sé que él, que viene de una decisión indomable de ser absolutamente honrado, vale por eso oro puro”.

Igualmente, sostengo que casi dos décadas de debate, amplio e intenso, han clarificado, en demasía, nuestros problemas, necesidades, peligros, desafíos y soluciones. En tanto, la necesidad del debate sobre el presente y el futuro, y acerca de la comprensión definitiva del camino a tomar, ya fue cumplida con creces. Por otra parte, también se agota el tiempo político para decidir y realizar los grandes cambios sociales que reclama la realidad, antes de que las circunstancias nos fuercen a padecer (quién sabe cuánto tiempo) una fuerte y penosa “centroamericanización” de Cuba.

Ante esta disyuntiva, los signos de los tiempos reclaman un activismo, también amplio e intenso, encaminado, sobre todo, a definir soluciones y la manera de hacerlas viables, así como exigir y asegurar que se realicen. En este sentido, definitivamente deberíamos concentrar los esfuerzos y la inteligencia en precisar, consensuar y concretar la edificación de un nuevo sueño de país. Comprendo que no disfrutamos de la legalidad, de las instituciones y de los procedimientos para procurarlo. Sin embargo, si lo que hemos hecho hasta ahora ha sido en serio, no tenemos otra opción que esforzarnos para lograrlo. Incluso, cuando sea pertinente y posible, será indispensable proponerse, además, la constitución de una agrupación política programática, sin la cual no serían factibles tales propósitos (a pesar de que dicha probabilidad se mantiene cancelada de forma oficial y anatematizada por sectores significativos de la sociedad). Sin embargo, también al respecto clarificaba José Martí: “comete suicidio un pueblo el día en que fíe su subsistencia a un solo futuro”; y sentenciaba: “siempre es desgracia para la libertad que la libertad sea un partido”. (Esc. México Vol II, p. 882.)

VI

Culmino el texto asegurando que no redacto estas notas para posicionarme ante aquellos que me agreden y difaman. Afirmo que lo hago (y para ello parafraseo a Carlos Manuel de Céspedes -iniciador de nuestras guerras de independencia, primer ciudadano cubano y Padre de la Patria-, al defenderse ante la injuria que le imponían numerosos “compañeros de lucha”) para posicionarme en este momento, de forma simple y modesta, frente a la Historia, frente a mi país y frente a mi propia conciencia.

Sobre los autores
Roberto Veiga González 65 Artículos escritos
(Matanzas, 1964). Director de Cuba Posible. Licenciado en Derecho por la Universidad de Matanzas. Diplomado en Medios de Comunicación, por la Universidad Complutense de Madrid. Estudios curriculares correspondientes para un doctorado en Ciencias Pol...
15 COMENTARIOS
  1. Pedro Campos dice:

    Mis respetos para tí, Lenier, Cuba Posible y sus colaboradores. Sin Ustedes Cuba esclava puede existir, Cuba Libre, no.

  2. Señor Roberto Veiga, en su extenso y patriótico texto, se echa en falta la pertinente aclaración sobre las acusaciones que se han hecho contra usted y Cuba Posible, acerca de la financiación foránea del proyecto en cuestión. Específicamente, la relación existente entre el llamado Laboratorio de ideas con la muy desprestigiada Open Society, y su fundador, el especulador serial George Soros. Si mal no recuerdo, usted se había comprometido anteriormente a despejar las dudas respecto a este delicadisimo asunto. Muchas gracias.

  3. Roberto Veiga: “Incluso cuando sea pertinente y posible, sera indispensable proponerse, ademas, la constitucion de una agrupacion politica programatica, sin la cual no serian factbiles tales propositos”.
    Cada dia es mas pertinente, y posible.

  4. jose dario sanchez dice:

    El senor Figueredo, si obra de buena fe, debia haber reflexionado acerca de dos puntos y se hubiera evitado e comentario…,a saber :

    !- quienes financian la propaganda Oficial y en virtud de que consenso lo hacen ?? Los ciudadanos cubanos estan de acuerdo con financiar la Mesa redonda ??,por ejemplo.
    2-El gobierno cubano, debiera dedicar partidas en su Presupuesto a financiar Organos de diversas orientaciones existentes en Cuba. Debieran solo poder presentara una cantidad de firmas (suscriptores) para acceder a distintos niveles de financiamientos….todos somos cubanos y todos aportamos al Presupuesto, no es asi ?? Asi no hubiera necesidad de acudir a otros donadores
    En fin, el cuento del financiamiento, es muy viejo….quienes financiaron el Granma y su expedicion ??

    • Usted comienza poniendo en duda si yo obro de buena fe, y, acto seguido, me invita o induce a “reflexionar” acerca de dos puntos que, también según usted, me hubieran evitado hacer una pregunta directa y puntual. De manera que usted, además de desconfiado, se arroga el derecho de decidir sobre lo que yo pude haber evitado. Yo no sé si usted es el vocero del señor Roberto Veiga, pero sus argumentos son en principio falaces y no responden, de ninguna manera, la pregunta por mí formulada. Su comentario pretende invalidar el razonamiento de mi pregunta extrapolando la esencia de ésta. No obstante, mantengo en pie mi pregunta a Roberto Veiga (que sigue sin contestar) y también, como no, suscribo de manera separada sus dos puntos. De esta manera, evitamos lo que podría entenderse como un intento de desviar la pregunta original.

      • jose dario sanchez dice:

        por supuesto que me excuso por la forma poco elegante y falta de estructuracion ,quizas. en la exposicion. Perdon. Ahora, crei que mi respuesta daba explicacion del por que todos los que no dicen lo que al Gobierno le conviene y por supuesto creen tienen derecho a decir lo que piensan, tienen, o sea tienen. que buscar financiamiento donde haya…..o quedarse callado y eso es lo que quieren….calladitos y sentaditos !!!!! Creo que los dineros que financian los medios oficiales son de procedencia tan o mas dudosa,si se busca sus origenes, que los que se procuran los disidentes y contestarios, en general

        • Primeramente agradecer su generoso comentario. Muchas gracias. Los dos puntos de su primera respuesta son válidos y los suscribo plenamente, en tanto no son usados como argumento de explicación y justificación. Al menos que usted sea partidario de que el fin justifica los medios. Yo soy un firme creyente de que los derechos de disensión y de libre albedrío no deben estar supeditados al libertinaje de los principios. Creía que este proyecto que el señor Roberto Veiga lidera, aspiraba a ser mejor y más transparente que el instaurado y perpetuado a partir de enero de1959. Mi pregunta al director de Cuba Posible se mantiene.

  5. Adrián Eduardo dice:

    “funcionarios de la santa inquisición” del Partido Comunista de Cuba (PCC) no cejan un instante”..Ahora resulta que el PCC es la inquisición ?. O sea, los militantes del PCC son inquisidores o es que está generalizando el Sr. Veiga ?
    COn todo, queda por responder la pregunta que le lanzó el Sr. Figueredo y que hace varias semanas le hice yo también, pero que no ha respondido: QUE HACE Cuba Posible recibiendo dinero de George Soros ?
    Y para responder al Sr. José Darío Sánchez: Hasta ahora, creo que si, que a la gran mayoría del Pueblo cubano le interesa seguir manteniendo la mesa redonda. Si no, ya lo hubieran dicho. Recuerdo que cuando los debates de los lineamientos, se pidió que la MR fuera más de temas cubanos y menos de lo internacional. Y mire, se siguió el pedido.
    Y por otro lado, Cuba Posible y las otras “alternativas” que gozan del generoso financiamiento exterior de ya sabemos quién, no logran calar en la gente sencilla, porque lo que proponen,. simple y llanamente, es desmontar el socialismo cubano.
    Y por cierto, José Darío: Ud. escribe bastante en los comentarios del blog de Ravsberg. Leyendolo, se nota que lo menos que Ud. desea, es el socialismo en Cuba. Y olvida, de paso, que millones de personas en este país integraron la irrevocabilidad de nuestro sistema social en nuestra constitución por allá por el 2003. Asi que me parece que si, que la inmensa mayoría del pueblo cubano, quiere la mesa redonda…y el socialismo.
    Cuba Posible, Ud. y otros “alternativos”, no tienen nada válido que ofrecer, excepto el regreso al capitalismo.

    • jose dario sanchez dice:

      Adrian: en verdad ya se ahora el tono en que debo mantener mi intercambio de ideas….. creo he entendido la politica de este Bog. Entonces creo le pudiera preguntar a usted lo siguiente y le llegaria mi pregunta :
      Yo soy cubano, liberal, me gusta el Estado de Derecho y una fuerte Sciedad Civil, creo en la democracia representativa y el capitalismo ,entonces : yo no puedo opinar en mi Pais ?? Ms ideas son absurdas o daninas ? Debo ser excluido ??
      Que cree usted ??

      • En Cuba me parece que la sociedad civil está más que perfectamente estructurada. Mucho mejor incluso que antes de 1959. Y si te gusta el capitalismo, sencillamente en Cuba tienes entonces que atenerte a la mayoría. Como mismo en EEUU Bernie Sanders se tuvo que atener a que la mayoría del PD apoyaba a Hillary. No es que tus ideas son dañinas, es que sencillamente, la historia ha demostrado que no funcionan. Si revisarás la historia de Cuba, creo que serías más objetivo. Y mas razonable. Porque pretender hacer creer que el capitalismo funciona, es una farsa.

        • jose dario sanchez dice:

          Adrian : creo estas en un gran error. Si quieres, me corriges, claro, pero una sociedad civil que no muestre todo el espectro de la sociedad que existe y tenga suficiente voz y representación , no merece el termino y ese mecanismo de trasmicion, si esta, en Cuba, perfectamente estructurada !! Eso que existe en Cuba hoy es solo una serie de mecanismos de que se vale el Poder instituido para hacer se cumpla sus “orientaciones ” Gracias.

  6. Alexei Padilla Herrera dice:

    Muchos de los que aquí comentan son jóvenes y tal vez desconocen cómo se dieron las cosas en Europa del Este y quiénes fueron los artífices del demontaje del socialismo en Europa Oriental y la URSS, que por cierto, nunca dieron la democracia socialista prometida.
    El debate virtuoso se realiza a partir de argumentos, del conocimiento, de la cultura. Lo demás, corriéndome a la orilla, es teque, gritería, meter impresión, muela, perdera de tiempo.

    Siempre recomiendo la lectura de los siguientes libros: “El derrumbe del modelo eurosoviético: una visión desde Cuba”, Colectivo de Autores; Mi Verdad”, de Vitali Vorotnikov; y “Socialismo Traicionado”, Roger Keeran y Thomas Kenny.
    Tres títulos valiosos para entender quiénes fueron los responsables principales del viraje en Europa Oriental y en la URSS. No solo hablan de responsabilidades personales, sino de los problemas sociales y económicos, de los defícits democráticos, etc.
    Quiénes son las personas más ricas en las antiguas repúblicas soviéticas? Dónde estaban ubicados en la época socialista? De dónde proviene su dinero?

    Yo creo que cualquiera tiene el derecho de cuestionar a Cuba Posible, a sus directores colaboradores. Pero lo que hace falta es que se cuestione lo que se escribe con argumentos, no con retórica de personas cuya pincha es monitorar estos sitios, hacer una relación de los que más comentan y todo lo que va en el informe que le entregan al jefe. Se distingue claramente quién comenta para polemizar y quién no. Refínense, la idea es pasar inadvertidos.

  7. Extraño, en el texto la humidad y la fraternidad,- que no se enumeran entre los principios de Veiga- y son esenciales en Marti y en su idea de República. ¿ Qué es eso de que Cuba Posible es la última posibilidad de salvarnos? Percibo este eje transversal en todo este …, (no sé) : ¿o estás con el PCC ( inquisidor) o con Cuba Posible ( la víctima)?, “CubaPosible o morir”…
    Lo imprescindible para el SOCIALISMO y la REPUBLICA DEMOCRÄTICA es la virtud, la educacion ( “el lee no cree”), la deliberacion , la participación politica, la defensa del bien común, lo público, lo compartido, lo de la la “comunidad”, de la mayoria, de los de abajo, de los subaalternos, de los “pobres de la tierra” … sectores no importantes para los Capitalismos ( si lso hay) con sus problemas no resueltos por las socialdemocracias realmente existentes, preocupación SÏ de lo de los marxismos genuinos, desde que surgieron.
    Para que sobreviva esta Revolucion de los humildes, urge la unidad, y ese es el rol principal del PCC, heredero del PRC, porque como dijo Martí:
    “La unidad de pensamiento, que de ningún modo quiere decir la servidumbre de la opinión, es sin duda condición indispensable del éxito de todo programa político, y de toda especie de empresas, principalmente de aquellas que por la fuerza, la novedad y la oportunidad del pensamiento se acercan más al éxito que cuando iban sin otro rumbo que el de la pasión o el deseo desordenado, que más perturban que serenan los ánimos y alejan que acercan, en un país harto probado y harto razonador para lanzarse a tentativas oscuras que no satisfagan su juicio. El deseo de independencia sobró siempre en nosotros, y el corazón para conquistarla: falta sólo la confianza en los medios nuevos que se habían de emplear, puesto que del empleo de los antiguos nacieron miedos y peligros graves, siempre menores que la grandeza que habrá de sofocarlos: falta sólo la confianza en el pensamiento de la guerra, en el plan esencial y final de la revolución. Abrir al desorden el pensamiento del Partido Revolucionario Cubano sería tan funesto como reducir su pensamiento a una unanimidad imposible en un pueblo compuesto de distintos factores, y en la misma naturaleza humana. Si por su pensamiento, y por su acción basada en él, ha de ser eficaz y gloriosísima la campaña del Partido Revolucionario Cubano, es indispensable que, sean cualesquiera las diferencias de fervor o aspiración social, no se vea contradicción alguna, ni reserva enconosa, ni parcialidades mezquinas, ni arrepentimiento de generosidad, en el pensamiento del Partido Revolucionario. El pensamiento se ha de ver en las obras. El hombre ha de escribir con las obras. El hombre sólo cree en las obras. Si inspiramos hoy fe, es porque hacemos todo lo que decimos. Si nuestro poder nuevo y fuerte está en nuestra inesperada unión, nos quitaríamos voluntariamente el poder si le quitásemos a nuestro pensamiento su unidad.”

    • jose dario sanchez dice:

      con su permiso, sr. : creo el PCC es mas bien heredero del PCUS y no del Partido Revolucionario Cubano….no lo cree asi ? Pues busque parecido en sus proclamaciones programaticas y lo vera !! Quiere le ayude ? Gracias…..

  8. Francisco Almagro dice:

    Amigo Veiga.
    Me ha gustado mucho lo que has escrito. Como te conozco bien, se que lo haces con el corazon. Casi todos quisieramos que el proyecto Cuba Posible avanzara aunque a veces no coincidimos con todo lo que aqui se publica. Pero esa es la democracia y la libertad verdadera: el resspeto por lo diferente es lo que nos hace humanos.
    La parte donde haces una sintesis entre el cristianismo vareliano y la vocacion democratica y liberal de Marti me parece lo mejor logrado de esta “declaracion de principios” que he disfrutado como hacia tiempo no lo hacia. Se acercan tiempos muy dificiles para la Casa Cuba. Y eso, pensemos como pensemos, nos tinern que preocupar a todos. Una vez mas, gracias a ti y al hermano Lenier.

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