Los cubanos en el centenario americano

Introducción a cargo de Walter Espronceda Govantes

En este artículo (publicado en la Revista Universal, de México, el 19 de agosto de 1876), Martí, a sus intensos 23 años de edad, se muestra tal cual sería por el resto de su corta existencia. El joven Martí ejerce el periodismo con la misión de mostrarse atento a todo cuanto sucede en la Cuba entonces beligerante al interior de sí misma ―era el último tramo temporal de la Guerra de los Diez Años― y con absoluta convicción de que la práctica del periodismo es fundamental para emancipar la convicción individual del ser moderno.

El texto, breve y punzante, también le sirve a Martí para adelantar, desde la pasión ordenada por la sabiduría, su concepción de la “guerra justa o necesaria”, así como para apostillar que toda labor ingente de cambio es preciso gestionarla, al mismo tiempo, tanto en el terreno de la acción política concreta, como en el ámbito de la producción de lo simbólico: a no dudarlo, el espacio en el cual tienen lugar las grandes batallas por las memorias históricas. Por eso aquí está el Martí centinela de la vocación libertaria de los cubanos. Estas líneas, rebosantes de vivacidad, han cumplido recientemente 150 años; sirvan ahora para que cada conciencia redescubra la verdadera potencialidad del compromiso patrio.

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Los cubanos en el centenario americano

Por José Martí

Publicó el Sun, diario neoyorquino, y copió en México La Colonia Española, las líneas aparentemente desconsoladoras que siguen:

“Uno de los caracteres más notables de los discursos apologéticos pronunciados en la celebración del Centenario, es el profundísimo silencio observado (en cuanto alcanzan los informes que tenemos) por todos nuestros oradores acerca de la lucha que está sosteniendo un pueblo vecino y que en sus causas, obstáculos, objeto y heroísmos es casi la exacta reproducción de la que el día 4 conmemorábamos. Ni un solo orador americano ha habido que, al elogiar el heroísmo de sus antecesores tuviera una palabra de simpatía que dedicar a la pobre Cuba. Si se levantaran de su tumba los padres de la patria, desde Washington hasta el último firmante de la declaración de independencia, ¿habría uno solo que no pusiera en duda el verdadero amor a la libertad de los mismos hombres que quienes ellos ganaron? No queremos averiguar la causa de esta apatía aparente; pero el hecho es digno de notarse.”

Hizo bien el periódico americano en atenuar su afirmación. El paréntesis: en cuanto a los informes que tenemos, salva al periódico de responsabilidad y quita al mismo tiempo a sus palabras la autoridad fatídica que le da el periódico español.

Será en cuanto a discursos la que el Sun quiera, y tal vez sea cierto lo que dice, porque el Sun suele mostrar cariños a los cubanos. Pero este silencio de los oradores americanos, dándolo, por cierto, no desmiente el verdadero entusiasmo con que la bandera cubana fue vitoreada en la noche de la gran procesión cívica del 4 de julio, ni niega un hecho innegable: los cubanos fueron invitados oficialmente por el comité americano que dirigió las fiestas, para tomar en ellas parte como agrupación colectiva.

Y así se hizo, según narran diarios de Nueva York que tenemos a la vista. De Masonic Hall salió la procesión cubana, compuesta de 600 cubanos divididos en secciones, llevando unos la bandera que enarboló en Cárdenas en 1850 el general Narciso López, aquel que era a par del infortunado Domingo León, una de las dos primeras lanzas de España; haciendo otros flotar al viento el enlutado pabellón que debió guiar a la victoria el generoso Bernabé Varona, en México conocido y muy amado, y empuñando un ciudadano negro la bandera del corsario Hornet.

Banderas, estandartes, transparentes y escudos animaban alternando aquella numerosa procesión, reunida, entiéndanlo bien los que no lo quieren entender –no por oficiosidad de los cubanos emigrados, anhelantes de su libertad, pero fieros y sufridos, sino por expresa y afectuosa convocatoria del comité encargado de las fiestas.

No aplausos, ovaciones recibían los atributos de la heroica Antilla por su largo tránsito: ¿qué menos merece la sangre que derrama con valor un pueblo libre, que los vítores de afecto y de amor de un pueblo hermano? Acallen el egoísmo y la prudencia las voces del amor en los gobiernos; mas ¿qué hijos de la misma opresión no se conmueven, y se reconocen a sí mismos y se enorgullecen en las glorias ajenas de sus propias glorias, sintiendo que refresca sus frentes el aire de honor que hace a su paso la enseña airosa de un pueblo enérgico y amado? Todo infortunio valeroso exige, si no el asentimiento, la admiración; si no el cariño a la idea, el respeto a los que la mantienen y enaltecen. ¿No fueran todos los que viven con sangre de España, tan fieles a la grandeza como el poeta de Trafalgar, la imprenta y Galileo? Se combate el pensamiento político; pero se admira lo admirable: ésta es una ley de la justicia y una obligación de la nobleza.

Estas líneas basten ―que más fueran inoportunas― para que en México se sepa cómo fueron los cubanos de Nueva York oficialmente invitados por el comité de las fiestas para tomar parte en el solemne Centenario, y cómo la tomaron muy digna, muy entusiasta y muy lúcidamente.

Sobre los autores
Walter Espronceda Govantes 44 Artículos escritos
José Martí 12 Artículos escritos
(La Habana, 28 de enero de 1853 - Dos Ríos, 19 de mayo de 1895) fue un político republicano democrático, pensador, escritor, periodista, filósofo y poeta cubano, creador del Partido Revolucionario Cubano y organizador de la Guerra del 95 o Guerra...
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