Los maestros, la “pirámide invertida” y la doble moneda

Cuando llega el año 1959 en Cuba, existía un significativo número de maestros sin trabajo, ya que no había escuelas donde desempeñar su profesión y, tampoco, a las que pudieran acceder los cientos de miles de niños excluidos de un derecho proclamado por Martí. La Revolución en el poder comienza a crear escuelas, reconvirtiendo oprobiosos cuarteles arrebatados a la tiranía e incrementando aceleradamente de este modo la escolarización.

Para el censo de 1970 ya alcanzaba el 96,1 por ciento en edades comprendidas entre 6 y 12 años, y del 63,8 por ciento entre 13 y 16 años; esto en contraste con el realizado en 1953, que reportaba 56,4 por ciento y 39,8 por ciento respectivamente. Este despliegue educacional precisó de muchos maestros, y para enfrentar la contingencia, en una etapa inicial, se invocó a los diferentes sectores de la sociedad con el fin de que el que supiera, colocara sus conocimientos en función de los necesitados de la luz de la enseñanza. A la vez, se fue estructurando un sistema de formación de maestros que ha llegado hasta nuestros días con Facultades Universitarias de Educación, extendidas a todo lo largo del país y que ofrecen altos niveles de titulación. Además, incluyen la cuarta enseñanza como superación profesional: cursos, diplomados, maestrías, otorgando la posibilidad a los maestros de la obtención de grados científicos.

El personal docente ha ido creciendo en número, a la par de los servicios educacionales, como son: la educación especial, la técnica y profesional, la educación de adultos y la universitaria. De tres universidades existentes en 1959, para  finales de la década de los años 80 sobrepasaban las 40. En el curso 1958-1959 ejercían en Cuba solo 22,799 docentes en todos los niveles educacionales; en el curso 1970-1971 se había quintuplicado esta cifra, alcanzando 121,506; y para el curso 1981-1982 en las aulas laboraban más de 227 mil maestros.

Durante el período revolucionario han existido momentos, como el de los años  70, en que volvieron a necesitarse maestros por una situación coyuntural  de explosión de matrícula en el nivel secundario, la que en aquel momento se resolvió a través del llamamiento a los jóvenes a integrar el Destacamento Pedagógico “Manuel Ascunce Domenech”. Ya en los años 80 había suficiente cobertura de profesionales de la educación, lo que permitió el otorgamiento de un año sabático a un buen número de ellos, y hasta fue posible liberarlos de sus funciones en la escuela, para que se dedicaran únicamente al estudio, manteniéndoles el salario.

Según se puede apreciar en los comentarios precedentes, no ha faltado en la Cuba revolucionaria la voluntad política y una adecuada estrategia en cuanto a la formación de docentes, a pesar de algunas esporádicas contingencias. No se puede obviar que, en cuanto al salario, los docentes percibían los más altos que había en el país y que aún, en términos brutos, se mantiene dentro de ese orden. Con sus ingresos los maestros podían disfrutar en sus períodos vacacionales de excusiones, estancias en playas, salidas familiares sistemáticas para disfrutar de restaurantes y otras opciones recreativas. Del mismo modo, a muchos se les benefició con modestas viviendas, alquiler que pagaban a muy baja tasa y que una vez concluido un monto determinado pasaban a su propiedad. Al igual que las casas, un maestro, eventualmente, podía optar por un automóvil para su disfrute, con facilidades de pago, acorde a su economía familiar. Es decir, los maestros encontraban una justa ubicación en la pirámide de la sociedad, lo que no quiere decir que necesariamente sea en la cúspide, como parece que quiso expresar la canciller alemana Ángela Merkel, ante el reclamo de sectores de la sociedad para que se les equiparara el salario al de los maestros, cuando les dijo a los reclamantes (médicos, abogados, e ingenieros): “¿cómo ustedes van a ganar más que los que los enseñaron?”

No obstante las posibilidades que disfrutaban los maestros dentro del sector intelectual, son los que más se acercan a lo que es un obrero. Y no es solo porque tienen metas muy concretas de producción, no materiales, sino de creación de capacidades en los educandos, cuestión esta que se les ha exigido sistemáticamente. Han tenido que lograr altos indicadores, al igual que los estrictos procesos de control y evaluación a los que son sometidos. Esto hace que la profesión magisterial necesite de una elevada dedicación a sus funciones, más allá de lo que una jornada de trabajo exige.

Tales apreciaciones pudieran “desentonar” con lo favorable que habíamos dicho que resultaba ser maestro, pero no niega lo argumentado ni nos sorprende; pues el que todos hayamos pasado por una escuela, nos da una medida del sacerdocio que entraña el ejercicio magisterial. Entonces, de lo comentado hasta aquí, no encontramos razón para que desde ya hace algún tiempo, cada vez que comienza un curso, una de las variables más afectadas del sector educacional es la llamada “cobertura docente”, que quiere decir que no se tienen todos los maestros que se necesitan en el país; pero: ¿dónde están todos los maestros que se han preparado en Cuba?

La posible respuesta a esta interrogante la podemos encontrar en las palabras del presidente Raúl Castro, ante la Asamblea Nacional del Poder Popular el 21 de diciembre de 2017, cuando se refirió al elevado costo para el sector estatal de la persistencia de la doble moneda y la injusta pirámide invertida, a lo que como es lógico no escapa el magisterio cubano. En el caso de los maestros los podemos encontrar emigrados a sectores de la economía más favorecidos, como son: el turístico, las empresas que tienen sistemas de estimulación material para sus trabajadores y, más recientemente, ante la apertura del sector no estatal, hacia el cuentapropismo. No se puede obviar que este éxodo para muchos ha significado un sacrificio, al tenerse que apartar de su profesión para conseguir el sustento familiar; en no limitados casos, maestros muy capacitados, han optado por emplearse en el extranjero.

No estrictamente concomitante con la introducción de la doble moneda, pero sí relacionado con el fenómeno de la devaluación del poder adquisitivo del salario, se ha  ido produciendo un éxodo de maestros del sector que no se detiene. Y aunque como expresara el General-Presidente, la eliminación de la dualidad monetaria no solucionará mágicamente los problemas, resulta la primera prioridad de la “actualización” del Modelo cubano. Declaraciones de altas autoridades gubernamentales evidencian que se ha apelado a la inteligencia colectiva y hay muchos especialistas, incluso de otros países, que están técnicamente trabajando en el proyecto para la ansiada eliminación de la doble moneda.

No es propio del socialismo apelar a “políticas de choque”, por lo que albergamos la confianza de que la decisión sustancialmente política que se tome, tenga en cuenta a todos y sea para el bien de todos los cubanos; y que el desestimulo que representa el bajo poder adquisitivo de los salarios, que no logran satisfacer las más acuciantes necesidades de los que prestan servicios y producen dentro del sector estatal, no se dilate más y se ponga sobre su base la invertida pirámide, teniendo en cuenta el conocido principio: a cada cual según su capacidad, a cada cual según  su trabajo.

Sobre los autores
Diego de Jesús Alamino Ortega 3 Artículos escritos
Diego de Jesús Alamino Ortega es Doctor en Ciencias Físicas, profesor titular y profesor consultante de la Universidad de Matanzas. Tiene trabajos publicados sobre divulgación de la ciencia en revistas nacionales como Juventud Técnica, Energía y...
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