Marcos Maceo. Fragua y crisol de un destino

Introducción a cargo de Walter Espronceda Govantes

El presente texto es de la autoría del venezolano Eudes Navas Soto, quien vivió de 1940 a 2002. Navas Soto, nacido y formado en el Estado Coro, fue poeta, narrador y artista plástico. A todas luces, debido a su apego infinito a la tierra coriana, se interesó en la vida y el testimonio revolucionario de Marcos Maceo, esposo de Mariana Grajales y padre de Antonio Maceo Grajales, Lugar Teniente General del Ejército Libertador, así como de los oficiales José Maceo y Rafael Maceo y, a la sazón, tan venezolano y coriano como cubano.

De la biografía novelada Marcos Maceo. Fragua y crisol de un destino (Editorial Miranda, Estado Aragua, Venezuela, 2001), esta sección presenta el Capítulo XIII. En las líneas que siguen el lector podrá encontrar lirismo y pasión inteligente, así como mucho aprecio por Cuba. Valga decir que la dedicatoria del libro reza del siguiente modo: “Al glorioso pueblo cubano. Al glorioso pueblo venezolano”. Sea entonces esta nueva visita un homenaje a Eudes Navas Soto: un autor imbuido de los sentimientos más nobles de su patria y de latinoamérica.

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Marcos Maceo. Fragua y crisol de un destino

Por  Eudes Navas Soto

Como Venus, Cuba brotó del mar para coto privado de los dioses. Su belleza natural, paraíso tropical, su estratégica posición geográfica, las bondades de su suelo, de su clima y de su ambiente; se sumaron a la nobleza y gallardía de sus aborígenes guanajatabeyes, siboneyes y taínos, para hacer de la isla un manjar exquisito, apetecible para quienes niegan las sociedades humanas o solo la conciben como jaurías incontenibles de apetencias; llegando a confundir la nobleza y condescendencia, como debilidades, para justificar la usurpación de las querencias naturales, poniéndolas o tratando de ponerlas al servicio de oscuras intenciones. Así, muchos usurpadores, dejaron de lado la soberanía que deben mantener los pueblos, el sentimiento natural del hombre hijo y dueño de sus tierras, etc.

Desde que se sabe de la existencia de la Isla, no ha quedado espacio libre en el tiempo en que no haya sido aparecida como presa de caza por usurpadores, obteniendo en oportunidades, el dominio de su territorio como botín de guerra o alijo de manejos viles e indecorosos.

Cantada por poetas, trovadores y soñadores; soñada por elementos de elevadas proyecciones, Cuba la bella, ha sido siempre, a través de los siglos, la soberana del Mar Caribe, la Perla de las Antillas. Alguien, alguna vez pudo leer en una hoja escrita, flotando sobre el encaje de las olas del mar cubano:

“Si me dais una luz, haré una estrella,

dadme agua, tierra, mar, aire que suba;

brindadme una ilusión, haré con ella,

la perla del Caribe, haré a Cuba.”

No existe país alguno en la cuenca del Caribe y en la América toda, que mejor haya absorbido una cultura que le vino de África y Europa a través de las rutas oceánicas, para agregarle luego sus propios matices, logrando hacer de todo ello un producto digno de la más exigente aceptación. Cuba hizo, con el uso de su cultura aborigen, de la europea y de la africana, traída por colonizadores y esclavos negros una mezcla que luego de depurada, ha sido exportada a través de las rutas del mundo.

Desde el primer viaje de Colón, cuando en 1492, descubre la Isla, siguiendo por la conquista para la corona española, hecha por Diego de Velázquez en 1512; la isla de Cobba o Ciba, que significa montaña en el idioma siboney; la mayor de las Antillas, a solo 80 kilómetros de Haití, a 128 de Jamaica, 210 de Yucatán, México y 160 de Miami; ha sido víctima de asaltos, ocupaciones y saqueos, por parte de piratas, corsarios, bucaneros, filibusteros y mercaderes sin escrúpulos de diferentes nacionalidades: españoles, ingleses, franceses, etc.; y en diferentes épocas. Solo en el siglo XVII era el principal puerto estratégico, y de resguardo de toda esta gama de bandidos, que hicieron del mar Caribe, del océano Atlántico y del golfo de México, lugares de preferencias para sus correrías.

Para mediados del siglo XIX, las relaciones entre cubanos y venezolanos son estrechas. Aparte de las propias condiciones étnicas y, tal vez, idiosincrásicas y culturales, unen a ambos países el deseo irrefrenable de adquirir su emancipación del dominio español o de cualquier otro país y de mantener la permanencia de sus soberanías.

Venezuela está por terminar una guerra que parece interminable, durante más de diez años, que le ha costado muchas vidas, cerca de dos tercios de su población e inmensurables recursos; Cuba está comenzando una gesta revolucionaria, que aún anda en pañales, pero que tiene como objeto su total emancipación del dominio español. Ambas naciones se encuentran en circunstancias similares, ante un enemigo común: la propia pasión fragmentaria étnica y de clases de sus naturales y el sometimiento externo español, sin menospreciar las apetencias oportunistas de otros países con aires de imperio, prestos a aprovecharse de la menor debilidad, para hacer suya la presa que ven caer de las fauces del usurpador de turno. Eso une a los dos pueblos con más fuerzas.

La América hispana, se convulsiona toda, pero sus movimientos se aíslan en cada país, en medio de mezquinos intereses internos; la concreción de estos entusiasmos, tardará en llegar y acarreará mucha sangre y dolor, pero se mantendrá latente durante todo el siglo; las proyecciones que originarán, irán más allá, para fijar los rumbos definitivos de estos países.

Simón Bolívar extiende su campaña libertaria al sur del continente americano, pero no quita de su mente, extender los brazos de la libertad al Caribe. Fija su mirada en Cuba y Puerto Rico. Comienza a crear la inquietud para sus proyectos; lamentablemente, la vehemente oposición que consigue por parte de Estados Unidos de Norteamérica, por una parte, el desgano e incredulidad de sus opositores y luego su temprana muerte, truncan estos planes; no obstante, el general Santiago Mariño, uno de los oficiales de Bolívar, siete años después de la muerte del Libertador, en 1837, preparaba en la isla de Curazao, una expedición para emprender la libertad de Cuba y de Puerto Rico; proyecto que fracasó por las mismas causas que no cristalizara, cuando Bolívar lo asomara. El Mariscal Juan Crisóstomo Falcón, jefe del Movimiento Federal Venezolano y en su oportunidad, presidente de Venezuela: estuvo tentado en 1866 a participar con tropas y apoyo oficial en la guerra independentista cubana.

Pronto se fortalece aún más el puente entre Cuba y Venezuela, puente que seguirá manteniéndose inmarcesible a través del devenir histórico, con acentuadas definiciones a futuro. Un grueso contingente de luchadores venezolanos, de todas las escalas y regiones del país, se incorporarían a la lucha cubana por la libertad. Destacan dos figuras casi de leyenda: Narciso López, caraqueño, que luego de haber formado parte de las filas realistas en su país, se va a Cuba y se incorpora a la lucha independentista de la Isla, intentando inclusive, en dos oportunidades, invadirla con fuerzas reclutadas en el exterior; siendo ejecutado al caer prisionero de los españoles en La Habana el 1 de septiembre de 1851. A él se debe la creación de la bandera cubana. La otra figura que destaca, es el también caraqueño General José María Aurrecoechea Irigoyen, quien luego de una larga trayectoria guerrera en su país, se incorpora a la causa cubana a principios de la guerra larga, donde igual realiza una meritoria carrera; por desgracia es apresado por fuerzas enemigas  y ejecutado a finales del año 1870.

En territorio venezolano se formaron sociedades y centros de apoyo a la causa libertaria cubana. En estos centros se recaudaban materiales, armas y recursos de todo tipo y se reclutaban combatientes para viajar a Cuba. Era desbordante el entusiasmo en todo el territorio venezolano, donde recién terminaba una gesta emancipadora de más de diez años y que había diezmado sus recursos humanos y materiales en un altísimo porcentaje. Cuba ofrecía la ocasión para la gloria y para corregir el rumbo de muchas acciones que inadecuadamente, por cientos de razones, habían tomado valiosos hombres, a quienes la lucha cubana, les brindaba la oportunidad gloriosa.

En el resto del continente americano, la independencia cubana, cada día sumaba más aliados y simpatizantes. Era Cuba, el último reducto del imperio colonial español en el continente americano y, tal como lo pensaba El Libertador Simón Bolívar, América sólo sería libre y soberana, cuando todos los pueblos que formaban colonias europeas, fueran, cada una de ellas, libres y soberanas.

Los primeros años del alzamiento revolucionario cubano, que daría inicio a la guerra larga; no fueron nada fáciles. En los jefes comprometidos reinaba la confusión, era de suponer, debido a la carencia inicial de una definición precisa de las causas y efectos del movimiento, lo que hacía suponer además, una dolorosa dispersión de pareceres, criterios y recursos en el bizarro personal de tropa. Hombres curtidos en el trabajo del campo, hechos de acero, valientes con voluntades férreas y un gran amor por la libertad, que por siglos les había sido vedada también; pero desconocedores y mal entrenados en los aperos de la guerra. El adelanto de las hostilidades por parte de Céspedes, lo veían algunos de los jefes comprometidos, que como aquel, carecían de preparación castrense propiamente dicha, como un desatino y los más cáusticos, como una acción individual que le permitiría hacerse jefe y dueño del movimiento.

Para los inicios de la guerra, sólo Máximo Gómez, el glorioso prócer dominicano al servicio de la causa cubana, quien hiciera todo el recorrido de la guerra independentista cubana, podía ser considerado como un jefe en armas; esto debido a su experiencia militar lograda en su país de origen, donde, además de luchar contra España en pro de la independencia, debió enfrentarse a las tropas invasoras de Haití, con quien República Dominicana comparte el territorio insular de La Española, Haití o Quisqueya. Con el prócer dominicano-cubano, se formarían varios jefes revolucionarios, destacando entre ellos, Antonio de la Caridad Maceo y Grajales, el hijo de Marcos y Mariana.

—¡Viva mi general Céspedes!…

—¡Viva el mío, el general Bracamonte!…

Numerosos nombres se sumaron y se oyeron el inicio de la guerra. Eran nombres de hacendados y propietarios, que nunca tuvieron la certeza de estar iniciando una guerra en forma y creían más bien, que el alzamiento daría como producto una guerra corta y decisiva sin mayores costos de recursos y vidas. Simple desconocimiento real de lo que estaba por venir. La aparición de Máximo Gómez da forma real al levantamiento castrense, que si no desvirtuaba, la fantasiosa animosidad de lograr una independencia casi por vías de gracia, complementaba una de las partes más importante y real del movimiento. La situación no era nueva, en el resto de los países americanos, había ocurrido algo parecido; en Venezuela, por ejemplo.

España pudo haberse distraído a consecuencia de la amenaza francesa en  su territorio, pero no estaba ausente a la hora de someter, con los métodos que fueran necesarios, las insubordinaciones en sus colonias americanas. Ya solo quedaba Cuba como último asiento de las autoridades hispanas en América y no estaba dispuesta España, a ceder la isla graciosamente, porque unos naturales descontentos aspiraran tomar el control de ella. La reiterada historia. Habría que pelear y bien duro para alcanzar la independencia cubana. Desde el comienzo y durante el curso de la guerra, a la isla llegaría el más experimentado y numeroso contingente de hombres armados enviados por España, a estos se unirían, los oficiales y soldados que derrotados en tierras continentales americanas, buscaban refugio y continuidad de sus carreras castrenses al servicio de las autoridades españolas de la isla, reforzando los recursos realistas en ella. El último Capitán General de España en Venezuela, el Mariscal de campo Francisco Tomás Morales, arriba a puertos cubanos en la goleta española “Especuladora”, con mil soldados y 600 familias españolas que logran escapar  después de haber sufrido una aplastante derrota de parte del Almirante Padilla, en la batalla naval del lago de Maracaibo el 24 de junio de 1823, donde capitula y se hace entrega a los patriotas venezolanos, lo que restaba del territorio, otrora  bajo control español.

Las más preciosas páginas de la historia se escribirán en la paradisíaca isla. Muchos nombres gloriosos se oirán retumbar bajo el permanente azul del cielo cubano. Muchas esperanzas serán bañadas por la brisa de la manigua y muchas miradas pasarán por encima de su mar, buscando en el horizonte la solidaridad y tratando de exponer en la distancia, la razón del hombre que quiere crear como ente libre, sobre un lienzo, su tierra, que también aspira soberana, su obra maestra: la libertad.

—El viejo roble sigue mal, pero no se resigna a morir, Mariana no lo deja ni un instante –comentaba un joven mambí a un grupo de compañeros– el comandante Antonio compartió parte de la convalecencia con él, cuando herido tuvo que ser recluido en el hospital de la manigua donde está postrado el taita Marcos.

A los jóvenes combatientes les agradaba hablar del viejo Marcos y de su hijo el comandante Antonio; en ellos veían todo un marcaje de la hombradía cubana, aun cuando sabían el origen de Marcos Maceo. No se cansaban de repetir el momento cuando el viejo herido de muerte, le decía a su hijo Antonio, quien trataba de aliviarle el dolor acariciándole el rostro con las curtidas manos de la guerra:

—Hijo, no le fallé a Mariana… a ella te la encargo…

Sobre los autores
Walter Espronceda Govantes 44 Artículos escritos
Cuba Posible 187 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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