María Isabel Alfonso: “Como emigrados debemos seguir proyectando bien alto nuestros sueños y derechos a participar en el desarrollo de Cuba”

Dialogamos con la profesora María Isabel Alfonso sobre los principales desafíos en las relaciones entre la Isla y su emigración. La profesora Alfonso forma parte de la directiva de Cuban Americans for Engagement (CAFE), importante organización cubanoamericana muy activa en los procesos de normalización entre Cuba y Estados Unidos.

  • En su opinión, ¿qué elementos centrales caracterizan actualmente la relación de la Isla con sus diásporas?

Habría que establecer preliminarmente qué o quiénes quedan enmarcados dentro del concepto “Isla”. Establezcamos que Isla es, primero, una colectividad. En el caso que nos ocupa, entendemos a esta colectividad atravesando por fases diversas en su relación con los procesos de “diasporización” (y estamos tomando como punto de partida básico el momento del triunfo de la Revolución). Estas fases incluyen un cambio de paradigmas, donde “lo diaspórico” pasa, de ser considerado anatema, a convertirse en ideal y en estrategia de vida. Dentro de la primera fase se demonizó, victimizó y cuestionó al “otro” emigrante. Dentro de la segunda –la cual comienza a emerger a partir de la entrada gradual de Cuba a un nuevo escenario, tras la caída del campo socialista– migrar comienza a asumirse por la colectividad como un hecho recurrente y desprovisto de connotaciones políticas negativas.

Estos paradigmas colectivos van mano a mano con la(s) narrativa(s) sobre la diáspora, articuladas por el gobierno de la Isla, el cual comienza a aceptar la razón de existir y legitimidad de aquella, y finalmente a buscar formas de incorporarla de manera creativa y eficiente al proyecto de nación. Si bien hasta hace solo un par de décadas se consideró al que decidió emigrar como “lacra” o “escoria” de la sociedad, comienzan posteriormente a entenderse los procesos de movilidad territorial de una forma más neutral. Relocalizarse a otro territorio se vuelve más “normal”. No solo porque se asume como respuesta lógica a una situación de crisis, sino también quizás por la entrada gradual de Cuba a otros escenarios donde la movilidad se entiende como fenómeno global que, aunque responde y se inserta en dinámicas políticas, no coloca “lo político” en el centro.

Del lado de acá, como emigrada cubana, he constatado en la última década los resultados de este cambio de mentalidad. He percibido un deseo de acercamiento por parte del gobierno cubano a las poblaciones cubanas radicadas en Estados Unidos, así como una mejoría en el trato hacia las mismas. Ello viene acompañado por el establecimiento, in tandem, de una zona de confianza mutua y de estándares básicos de diálogo y respeto, y por procesos de maduración de los grupos involucrados (el gobierno y los sujetos diaspóricos). Por una parte, han surgido grupos de cubanoamericanos deseosos de establecer una relación de mayor normalidad con su país de origen, tomando distancia de quienes han promovido la desestabilización y el odio. Por otra, el gobierno cubano ha logrado reconocer el beneficio de establecer alianzas con grupos que abogan no solo por el diálogo, sino por el fin del bloqueo y muchos otros temas afines a un ideal de nación para muchos cubanos, independientemente de sus filiaciones políticas.

Como ejemplos de progreso reciente pueden mencionarse los cambios que establecen el fin de las habilitaciones y de la política de avecindamiento para los hijos de cubanos residentes en el exterior, entre otras medidas. Los mismos dan fe de que hay una voluntad de acercamiento y un cambio de mentalidad. Igualmente hay que notar como positivos los cambios asociados a la reforma migratoria de 2013, tales como la eliminación del permiso de salida y la extensión de la estadía. Sin embargo, quedan muchas otras áreas pendientes.

  • ¿Cuáles son  los  mayores  obstáculos  que  en  la actualidad dificultan la integración entre los cubanos de la diáspora y de la Isla?

La nuevas medidas de la Administración Trump hacia Cuba, acompañadas por la reducción de personal diplomático en Washington y en La Habana, y la cancelación del otorgamiento de visado, están resultando un freno a la ola de cambios iniciada por Obama y son ahora, quizás, el principal obstáculo a los procesos de integración entre los cubanos de la diáspora y la Isla. En la ronda de conversaciones migratorias del 11 de diciembre de 2017, el gobierno cubano dejó claro que dicha política está causando daño a las familias cubanas y que Estados Unidos debe cumplir con su obligación de emitir no menos de 20 mil documentos de viaje anuales.

Existen también obstáculos prácticos que pueden ser removidos por el gobierno cubano, tales como los pagos excesivos por pasaportes y prórrogas cada dos años. Esto es algo que CAFE ha venido señalando por años y que esperamos se resuelva. La reducción de los costos podría ser un acicate para quienes quieren visitar la Isla más seguido, pero no lo hacen producto del alto costo de los trámites de viajes, en un momento en que el gobierno de Estados Unidos suscribe una política externa hacia Cuba en virtud de la cual muchos viajeros norteamericanos, confundidos por las nuevas regulaciones, optan por no viajar. Impulsar viajes masivos de cubanoamericanos hacia la Isla podría compensar ese vacío, y esto se lograría reduciendo obstáculos tangibles, esto es, los costos de trámites de viaje.

Otra área en la que hemos hecho hincapié es la de las inversiones potenciales por parte de empresarios cubanoamericanos, una vez eliminadas las restricciones impuestas por el bloqueo, en zonas de la economía que se beneficiarían con el influjo del pequeño y mediano capital. Hemos dicho que gestos en esta dirección crearían apetitos en sectores de Estados Unidos que presionarían para poner fin al bloqueo y poder así entrar a formar parte de estas dinámicas. Quizá la ventana de tiempo para que esto pasara se ha cerrado por ahora, con la actual Administración. En todo caso, es un anhelo que mantenemos vivo, puesto que podría solucionar problemas prácticos y crear fuentes de ingreso para muchos en Cuba.

  • ¿Qué grupo de derechos serían necesarios implementar en la Isla para procurar una contribución más efectiva de sus emigrados?

La nueva Ley 118 de Inversiones de 2014 no establece restricciones para que los emigrados cubanoamericanos o cubanos residiendo en otras regiones puedan ser parte de estos procesos. Para los cubanoamericanos, en el panorama actual, este es un escenario poco probable, dadas las restricciones del bloqueo. Hasta ahora, la vía de las remesas ha sido el mecanismo “empoderador” a través del cual las familias cubanas y cubanoamericanas han podido desarrollar sus propios negocios en la Isla. Habría que ver con qué nivel de éxito otras comunidades diaspóricas comenzarían a insertarse en estos procesos. Es de apreciar que la nueva Ley ofrezca mayores garantías jurídicas en cuanto a temas sensibles como el de las confiscaciones.

En general, es necesario seguir fomentando, junto a los cambios concretos, una cultura de entendimiento de la migración como proceso de influencias recíprocas, en la que el migrante no se ve ya como el sujeto alienado que le falló al país, sino como aquel que puede crear nuevas fuentes de desarrollo para el mismo.

  • ¿Qué zonas de influencias ha logrado la emigración cubana en los países donde reside?

Es conocido que la comunidad cubana residente en Estados Unidos ha sido receptora de programas de ayuda y de medidas migratorias privilegiadas, lo cual ha facilitado un desenvolvimiento y aporte notable dentro de la economía de este país.  El “Cuban Refugee Program”, por ejemplo, establecido en 1960 y en vigencia hasta 1994, facilitó el entrenamiento laboral de los recién llegados con ayudas para su ubicación a través de fondos federales. Por otra parte, si bien es cierto que se eliminó recientemente la ley “Pies Secos/Pies Mojados”, continúa la Ley de Ajuste Cubano, la cual ofrece un escenario de privilegio migratorio inigualable. Todos estos elementos, sumados a los notables niveles de profesionalización del migrante cubano, explican su alto grado de movilidad social. En lo político, el alcance e influencia del sector radical del exilio histórico ha sido desafortunadamente prevalente. No obstante, hay que notar también la creciente aparición de actores con una agenda moderada, los cuales, a la larga, desplazarán al sector radical.

  • ¿Cómo cree que impactará esa influencia dentro de la Isla en el futuro próximo?

El presente estado de deterioro de las relaciones bilaterales entre Cuba y Estados Unidos constituye un compás de espera para nuestras esperanzas, que llegaron a ser bien altas durante la Administración Obama. El objetivo de la actual Administración es justamente crear desaliento, confusión y falta de perspectivas. Precisamente por esto, debemos seguir proyectando bien alto nuestros sueños y derechos a participar en el desarrollo de nuestro país de origen de manera creativa y sistémica. Creemos que de la misma manera en que los altos niveles de profesionalización alcanzados en Cuba han hecho posible el éxito de muchos de sus migrantes en Estados Unidos, Cuba puede beneficiarse de las nuevas habilidades desarrolladas por los mismos en áreas diversas de la economía y los servicios.

  • A su juicio, ¿cuáles marcos de inclusión deberían ser implementados en Cuba para que todo esto tribute en beneficio de la generalidad?

Debe seguir fomentándose en Cuba un entendimiento más inclusivo de los procesos diaspóricos junto con la continua actualización de los marcos legales que garanticen derechos para todas las partes involucradas. A la vez, la diáspora debe incluir, junto a sus demandas, una actitud responsable en cuanto a las condicionantes históricas que han determinado un panorama de estancamiento. Un reporte del CRI, por ejemplo, es explícito en sus críticas a la falta de estándares con que el gobierno cubano ha tratado tradicionalmente a la diáspora cubanoamericana, así como en el derecho de los cubanoamericanos a participar en desarrollo pleno del país. No hay, sin embargo, ni una sola mención a la hostilidad fomentada hasta hace muy poco por el ala extremista del exilio, en su firme determinación de sabotear cualquier intento de normalización en las relaciones entre ambas partes, e incluso la economía en la Isla. Creo que si estamos tratando de construir un camino juntos, cada cual debe asumir su cuota de responsabilidad con respecto no solo al futuro, sino también al pasado.

Sobre los autores
María Isabel Alfonso 23 Artículos escritos
Licenciada en Letras Hispanas en la Universidad de La Habana. Doctora en Lenguas Romances en la Universidad de Miami. Autora de numerosos artículos sobre las dinámicas socio-culturales de los años 60s en Cuba ―en específico, sobre las Ediciones...
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