María Isabel Alfonso: “Francisco nos dejó el desafío de construir una Cuba de hermanos y hermanas”


María Isabel Alfonso es una intelectual y activista cubana radicada en Estados Unidos. Es profesora de literatura de St. Joseph’s College, y una de las principales líderes de Cuban Americans for Engagement (CAFE), importante agrupación que, desde una clarísima postura anti-embargo, jugó un papel muy significativo en el camino que desembocó en el 17D. La profesora Alfonso, durante su infancia, recibió la influencia de los padres salesianos de la Habana Vieja; y en la actualidad se considera una admiradora del papa Francisco. Agradecemos su disponibilidad para dialogar con Cuba Posible sobre la Iglesia en Cuba, el Pontificado de Francisco, y las dinámicas socio-religiosas en la Isla.


Desde que el papa Francisco asumió su responsabilidad como pastor de la Iglesia Católica, ¿cuáles actitudes suyas han resultado una “revolución”? ¿Cómo ha impactado esto en el mundo?

Jorge Mario Bergoglio inaugura su Pontificado con un gesto revolucionario: elige el nombre de “Francisco”, inspirado en el santo de Asís, porque quiere “una Iglesia pobre y para los pobres”. Sus palabras vienen acompañadas por actos concretos, lo cual hace su mensaje aún más contundente. Así, renuncia a un auto lujoso o al papamóvil, declina invitaciones a banquetes de políticos y, en su lugar, invita a cenar a desamparados, reside en el lugar donde se alojan los cardenales de paso por Roma y no en el lujoso apartamento del Palacio Apostólico del Vaticano… Pudieran parecer detalles, pero a mi juicio, son gestos que exhiben una coherencia difícil de encontrar en los escenarios políticos y religiosos contemporáneos.

Con respecto a los temas de las migraciones y la crisis de los refugiados, su mensaje de ayuda y protección a las personas que se ven obligados a desplazarse de un lugar a otro en busca de mejores condiciones de vida es igualmente revolucionario.
 
También lo es su llamado de atención sobre la gravedad de los daños causados al medioambiente, así como sobre la necesidad de implementar soluciones de sostenibilidad alternativa. Es cierto que otros papas (Pablo VI, Juan Pablo II), incluyeron algunos de estos temas en sus encíclicas. Pero Laudato si, escrita por Francisco en italiano (no en Latín) e inspirada en la oración de San Francisco, clama por una mirada verdaderamente revolucionaria sobre el tema, al desglosar muchos de los problemas concretos que originan y agravan nuestro actual desequilibrio ecológico, y clamar por soluciones urgentes a los mismos.

De la misma forma que no ha ocultado su predilección por los pobres, el actual Papa tampoco ha mostrado signos de tibieza al apuntar con el dedo a los sectores de poder que contribuyen a la perpetuación de condiciones degradantes para otros grupos humanos. Refiriéndose a la industria de venta de armas, ha expresado, “quien habla de paz y favorece la guerra, por ejemplo con la venta de armas, es un hipócrita”.

Con respecto a la propia institución de la Iglesia, que a mi juicio, debe afrontar la prueba de los tiempos ofreciendo signos de apertura con respecto temas como el de la homosexualidad, Francisco ha mostrado una actitud un tanto más abierta que sus predecesores.

Su forma de procesar los escándalos y crisis dentro de la Iglesia ha sido también diferente. Mientras autoridades eclesiásticas precedentes han preferido ocultar momentos vergonzosos para esta institución, el actual Papa ha pedido que se publiquen informes que denuncian escándalos relacionados con abusos sexuales perpetrados o amparados por entidades eclesiásticas. Se ha publicado recientemente la noticia de que un departamento dentro del Vaticano puede haber sido utilizado para operaciones de lavado de dinero entre los años 2000 y 2011. Asignando mayor libertad a las autoridades financieras del Vaticano para una investigación a fondo del escándalo, el Papa muestra que la transparencia y la honestidad son sus mejores aliados a la hora de enfrentar situaciones de crisis.

¿Cuánto puede beneficiar este Papa “distinto” a la Iglesia Católica, a las demás religiones, y al mundo “todo”?

Una posición de mayor apertura de la Iglesia Católica liderada por el actual Papa puede oxigenar y revitalizar el papel de esta institución en el mundo moderno, sirviendo incluso de ejemplo a otras instancias de institucionalidad religiosa que mantienen posiciones más conservadoras. Se alinea con tales funciones la explícita vocación del Papa por posturas pro-ecumenistas y favorables al diálogo interreligioso.

¿Qué mundo desea Francisco?

Uno definitivamente más justo, donde los desamparados, los pobres, los inmigrantes, no estén a expensas de instituciones o leyes que desatiendan su vulnerabilidad o las razones por las cuales están en desventaja con respecto a otros grupos. Uno donde la preservación del planeta y la preocupación por el medio ambiente sean partes esenciales de la agenda de los líderes políticos. En cuanto al tema de la homosexualidad, ha expresado: “si una persona es gay, busca al Señor y tiene buena voluntad, quién soy yo para juzgarla. El Catecismo de la Iglesia Católica explica y dice que no se deben marginar a esas personas y que deben ser integradas en la sociedad”. Pienso que el Papa sería aún más revolucionario si llevara este pensamiento hasta las últimas consecuencias, es decir, si de estos pronunciamientos se derivaran ajustes estructurales dentro de la Iglesia Católica que incluyeran también un repensar de éste y otros temas de identidad sexual y de género.

¿Cuáles fueron las características de su reciente visita a Cuba?

Las fuerzas progresistas de la Iglesia Católica en Cuba, guiadas por figuras como el difunto monseñor Carlos Manuel de Céspedes y el cardenal Jaime Ortega, actual Arzobispo de La Habana, y empoderadas por muchos otros sacerdotes y laicos comprometidos con el futuro del pueblo cubano, han hecho posible la consolidación de nuevos imaginarios –religiosos y también fuera de lo estrictamente religioso- antes impensables para nuestra nación. La libertad de religión en Cuba es un logro de esta Iglesia, como también lo son los diálogos con el gobierno cubano resultantes en la excarcelación de prisioneros políticos. La Iglesia cubana pos-revolucionaria logró también una renovación de su dimensión social con proyectos de atención a los ancianos, a los niños, a las víctimas del SIDA/ HIV y de otras enfermedades, así como a otros grupos vulnerables. Acontecimientos como la Reflexión Eclesial Cubana (REC) y el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) posibilitaron su arraigo institucional y la ocupación de nuevos espacios de poder en condiciones altamente hostiles para ello.

El Papa no es ajeno a esta historia. Con su viaje, validó y reconoció la labor de esta Iglesia, que a pesar de las innumerables piedras en el camino, ha conquistado un lugar de legitimidad en la historia de la nación cubana.  Enfatizó en su homilía en Holguín la importancia de la labor social de las Casas de Misión, a cuyos miembros llamó “los verdaderos protagonistas de la evangelización”. Resaltó la importancia de la familia y en particular, de sus miembros más vulnerables. Exhortó a los cubanos a soñar, a pensar el mundo más allá de los “conventillos ideológicos”, a superar los pre-conceptos y a no mostrar resistencia a los cambios. Habló de la necesidad de romper muros, de tender puentes, de que Cuba fuera un país de hermanos y hermanos. Creo que fue un viajé que buscó promover la unificación y la hermandad dentro de la Iglesia y la nación cubana.

¿Cómo se posicionó en relación con el pueblo cubano, en especial con los jóvenes y las familias? ¿Cómo se posicionó en relación con la Iglesia Católica en la Isla y con el Gobierno cubano?

Se mostró sensible a los acuciantes problemas que atraviesa la población, con especial atención al tema de las familias y los miembros más desaventajados de la sociedad. Entabló un diálogo con sectores representativos del laicado cubano y de la institucionalidad gubernamental.

En lo personal, escucho y me solidarizo con las protestas de muchos amigos defensores de los derechos LGBT en Cuba que se sintieron excluidos de esta conversación. Entiendo sus reclamos a la falta de atención explícita del Papa a estos temas. Sin embargo, no me extrañaría de su parte posiciones o gestos, si no revolucionarios, al menos transformadores a largo plazo.

Dudo, sin embargo, de la legitimidad de los reclamos de otros “excluidos”, como los que recientemente han circulado una misiva al Papa, donde expresan que “lamentan que no haya podido haber tenido un intercambio más profundo con los laicos”. Encabezan la carta con el membrete “Jóvenes laicos en comunión con sus pastores” y concluyen con la firma “Comisión Nacional de Laicos/ Conferencia de Obispos Católicos de Cuba”. ¿A quiénes representan los suscriptores? ¿A la mayoría de los laicos cubanos? ¿Hicieron una encuesta? La carta aparece publicada en el sitio “Somos luz de Cuba”, donde casi todas las entradas versan sobre Osvaldo Payá, Rosa María Payá y Dagoberto Valdés. Los etiquetados en las entradas de los posts reproducen estos mismos nombres, a los que se agregan “Cuba Decide”, “Convivencia Cuba”, “Movimiento Cristiano de Liberación”, y no muchos otros.

Si quienes suscriben esta misiva apoyan la actitud injerencista y pro-embargo de Estados Unidos en la historia de la nación cubana, como lo hacen quienes la publican en su blog, estoy convencida de que no cuentan con el apoyo de la mayoría de los cubanos; ni del pueblo ni del laicado. Si en efecto, son esas las fuerzas mayoritarias dentro de la Iglesia cubana y las que guiarán su destino, se tratará entonces de una Iglesia de espaldas a la voluntad de la  mayoría de un pueblo, lo cual significaría un retroceso. Espero que así no sea.

¿En qué consistiría el aporte efectivo que podría ofrecer la visita del Papa al actual proceso social que se desarrolla en Cuba? ¿Quiénes tienen la responsabilidad de integrar dicho aporte a nuestras dinámicas sociales? ¿Cómo podrían hacerlo?

Las estructuras de la sociedad cubana necesitan revitalizarse. Las reformas en vigor constituyen sólo un punto de partida para cambios estructurales que deben seguir tomando lugar. Dichos cambios, en mi modesta opinión, deberán estar centrados no solamente en propulsar la revitalización económica, política y social de la nación, procurando un mejoramiento del nivel de vida de los cubanos. Deben asegurar, paralelamente, la emergencia de mecanismos de control sobre el impacto desigual de dichos procesos en sectores poblacionales proclives a las franjas de desventaja (afrocubanos, mujeres, ancianos, homosexuales, trans-género). Objeto de estos mecanismos de control han de ser también instancias (ya no solamente sujetos) de vulnerabilidad, tales como el medio ambiente, la regulación con respecto a productos alimenticios y de consumo general, la observación de estándares básicos de producción, las leyes de protección al consumidor; los controles de calidad; etc.
 
El mensaje del Papa relativo a la necesidad de prestar atención a los grupos poblacionales más débiles puede ser leído a la luz de los riesgos asociados a la entrada de Cuba a las dinámicas del mercado global. La emergencia y consolidación de estratos sociales con sectores desfavorecidos, tales como los afrocubanos, no es ajena a los imaginarios de inequidad esbozados por el Papa. Su preocupación por el medioambiente resuena también el impacto de las nuevas dinámicas en el entorno natural cubano.

¿Existe alguna relación intrínseca entre su visita a Cuba y su visita a Estados Unidos?

Creo que la inclusión de Cuba en su itinerario de viaje no se debe sólo a la cercanía geográfica de la Isla con Estados Unidos. El Papa fue uno de los actores fundamentales que contribuyeron al deshielo de la relación entre ambos países. Que viajara a la nación del norte una vez concluido su recorrido por la Isla, y que en el Congreso reconociera lo positivo del nuevo momento histórico, habla de su voluntad de querer seguir impulsando, para beneficio de ambos pueblos y gobiernos, dinámicas opuestas a las “inercias históricas”. “Cuando países que han estado enfrentados retoman la senda del diálogo (…), oportunidades se abren para todos”, expresó al respecto.

¿Cuáles fueron las esencias de los mensajes del Papa al pueblo y a los políticos estadounidenses? ¿Cómo han percibido estos su visita a Estados Unidos? ¿Dejará una huella capaz de influir sobre el destino próximo de este país?

En el actual escenario político estadounidense, donde uno de los candidatos presidenciales plantea que la solución al tema de la emigración es construir un muro para prevenir la entrada de más “ilegales”, la llamada del Papa a “derribar muros” y a tener una actitud de aceptación  hacia los inmigrantes pone al descubierto la necesidad de soluciones sensibles a los problemas de los desplazamientos humanos, que afectan no sólo a esta nación, sino a todo el planeta. Otro mensaje importante fue su énfasis, no sólo en el impacto del consumo desmedido y la cultura del “descarte” en el medio ambiente, sino en el vínculo de estos factores con la proliferación de patrones de exclusión e inequidad.

Creo que en cuanto a la huella que el mensaje de Francisco pueda dejar en el escenario político estadounidense, debo confesar que me falla el optimismo. Quisiera, por supuesto, que su mensaje trascendiera y fuera tomado en cuenta por los futuros líderes de esta nación, pero lo que interesa en Washington no son necesariamente los mensajes trascendentales o revolucionarios, sino el sostenimiento de una maquinaria que responde a la reproducción de un sistema de intereses de élites. Recientemente el propio The New York Times publicó un artículo titulado “Las familias que patrocinan la elección presidencial del 2016”, donde se plantea que tan sólo 158 familias han financiado casi la mitad de la campaña electoral presidencial del 2016. Sería bastante ilusorio pensar que los políticos electos pongan por encima de sus deudas para con sus donantes, la preocupación por el planeta, por los inmigrantes, o la salud como derecho.

¿Existe una relación entre las recientes visitas del Papa a Cuba y a Estados Unidos, y su anterior paso por Ecuador, Paraguay y Bolivia? ¿Podemos afirmar que Francisco comienza a esbozar una mirada americana, hemisférica?

Si analizamos las alocuciones del Papa en cada uno de esos escenarios, nos damos cuenta de que efectivamente su interpretación de las realidades regionales traza un arco de coherencia de lo que pudiera llamarse una mirada hemisférica, caracterizada por un claro deseo de: 1) identificar y empoderar a sectores frágiles de la sociedad; 2) llamar la atención de aquellos que coadyuvan a radicalizar las diferencias sociales, de que son responsables de ello y de que en sus manos está cambiar este curso de acontecimientos.

A su paso por Bolivia pidió perdón “no sólo por las ofensas de la Iglesia, sino por los crímenes contra todos los pueblos originarios durante la llamada conquista de América.” Incitó a la acción (¿al activismo?), al decir: “ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden y hacen mucho”. En Estados Unidos, enaltece la figura del emigrante y clama por un espacio de compasión social hacia él, con claros llamados de atención a los líderes políticos en su discurso ante el Congreso.

Igualmente, reta a los sectores más conservadores al referirse a las raíces humanas del cambio climático y la necesidad de asumir responsabilidad por ello, diciendo: “ahora es el momento de acciones y estrategias valientes”. Muchos de los legisladores conservadores de derecha han llegado a negar la relación del calentamiento global con las emisiones de dióxido de carbono resultantes de la acción humana, puesto que reciben cuantiosas donaciones de compañías como la petrolera Exxon, las cuales, por razones obvias, niegan que exista relación entre ambos factores. ¿Cómo no entender las palabras del Papa como un verdadero reto a esto sectores?  Más aun, cómo no entender como tal su recordatorio en la ONU de que el cambio climático afecta de manera desigual a las naciones más pobres, y que las más poderosas deben asumir responsabilidad por ello?

De su recorrido por las Américas, por tanto, puede inferirse una mirada unificadora que detecta patrones comunes a nuestro continente (“todos somos hijos de inmigrantes”), pero que, a la vez, pone al descubierto áreas y niveles diferentes de responsabilidad y de actuación.

El discurso del Papa en la ONU también impactó a muchos. ¿Por qué podría resultar positiva la presencia de Francisco en una entidad global llamada a desempeñar una labor fundamental en el planeta, pero que desde hace mucho tiempo se debilita y queda cada vez más descolocada ante las nuevas dinámicas mundiales?

En su discurso ante la ONU el Papa reconoció aspectos positivos de esta institución en cuanto a su rol en la codificación del derecho internacional, la construcción de normativas de derechos humanos y su articulación de soluciones de paz a conflictos de escala global. Sin embargo, se refirió al “ejercicio burocrático de redactar largas enumeraciones de buenos propósitos –metas, objetivos e indicadores estadísticos—,” a la falsa creencia de que “una única solución teórica y a priori dará respuesta a todos los desafíos”,  y al recurrente olvido de que “más allá de los planes y programas hay hombres y mujeres concretos”, aludiendo así a patrones de ineficacia recurrentes. Se trata de la quinta vez que un Papa pasa por la ONU. Me gustaría pensar que esta ocasión la visita repercutirá positivamente en el futuro de esta organización.
 

Sobre los autores
Roberto Veiga González 95 Artículos escritos
(Matanzas, 1964). Director de Cuba Posible. Licenciado en Derecho por la Universidad de Matanzas. Diplomado en Medios de Comunicación, por la Universidad Complutense de Madrid. Estudios curriculares correspondientes para un doctorado en Ciencias Pol...
María Isabel Alfonso 23 Artículos escritos
Licenciada en Letras Hispanas en la Universidad de La Habana. Doctora en Lenguas Romances en la Universidad de Miami. Autora de numerosos artículos sobre las dinámicas socio-culturales de los años 60s en Cuba ―en específico, sobre las Ediciones...
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