María Isabel Alfonso: “Con Raúl o sin Raúl, la soberanía de Cuba no será un elemento negociable en las relaciones entre ambos países.”

La doctora María Isabel Alfonso es una destacada activista por el mejoramiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, y por los derechos de los emigrantes cubanos. Además de académica, la doctora Alfonso es también directora de Cuban Americans for Engagement (CAFÉ), la organización que inició el diálogo sobre las bases necesarias para una eventual normalización de las relaciones diplomáticas. La organización ha coordinado célebres visitas anuales a funcionarios norteamericanos y diplomáticos cubanos en Washington, D.C. para promover la normalización de relaciones entre ambos países, entre otros objetivos. En esta entrevista, la dcotora Alfonso explica, con detalle, cuáles han sido estas actividades, y cuál ha sido el impacto entre los estadounidenses, a tan sólo dos semanas, del endurecimiento de la retórica por parte de Donald Trump.

 ¿Cuál es su opinión sobre las nuevas “directivas” del presidente Donald Trump hacia Cuba?

No desarticulan gran parte de la estrategia de normalización ideada por Barack Obama, puesto que hasta ahora se han anunciado tan solo dos (aunque significativos) cambios a la misma: la eliminación del concepto de viaje individual de los norteamericanos y la prohibición a las empresas estadounidenses de realizar transacciones con empresas cubanas vinculadas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Se trata de una victoria parcial para los extremistas cubanoamericanos, quienes de seguro contaban con una agenda mucho más abarcadora de reversión. Sin embargo, el cambio de retórica asociado a la implementación de la nueva “directiva” y, sobre todo, la espectacularidad irrespetuosa dentro de la que se anunció, sí marca un retroceso en cuanto al mayor logro de la Administración Obama: esto es, el establecimiento de las premisas para un diálogo respetuoso que comienza por reconocer la soberanía de Cuba, el derecho a su autodeterminación, y el estatus inoperante y arcaico del bloqueo. Fueron desde estas bases que los cuerpos diplomáticos de ambos países lograron hacer progreso. En ese sentido, Trump se anota un punto más en su record de políticas contraproducentes.

¿Cuál cree que sea el impacto de estas políticas en el sector privado en Cuba?

Aunque los norteamericanos pueden aun seguir visitando la Isla en grupos, la eliminación de los viajes “pueblo a pueblo” a título individual tiene un efecto negativo para el ciudadano norteamericano, quien posee aún un grado considerable de desinformación y quien no necesita de nuevas narrativas para volver a colocar a Cuba en el espectro de “lo prohibido”. Este verano estoy llevando a un grupo de estudiantes a la Isla. Algunos de ellos, por ejemplo, han manifestado inseguridad acerca del viaje (“¿estamos violando alguna ley?”; “¿seremos multados?”, son algunas de las preguntas que me han hecho). Esto es sólo una muestra del efecto de las medidas a nivel subjetivo, y un simple indicador de que se prevé una disminución de los viajes de norteamericanos a la Isla. De manera que el sector privado que depende de los mismos se verá, de seguro, afectado negativamente. Con esta regresión, perderá también el sector privado norteamericano que comenzaba a involucrarse en dinámicas comerciales con Cuba.

¿Considera Ud. que bajo la nueva política, la Administración Trump continuaría la cooperación y comunicación con las autoridades cubanas en materia de lucha contra delitos de carácter internacional, rescate y salvamento marítimo y protección del ecosistema en el Golfo de México, entre otros?

El pasado primero de junio, la Administración Trump anunció su salida del “Acuerdo de París”, el cual establece el compromiso mancomunado de 20 potencias con la reducción de gases causantes del efecto invernadero. Trump señaló que fue elegido presidente “para representar a los cuidadnos de Pittsburg, no de París”.  El hecho de que Estados Unidos se opongan a un tratado con el cual 190 países buscan solución a la crisis climática del planeta, es sólo es síntoma de la peligrosa radicalización del individualismo promovido por esta Administración, así como de un total desconocimiento y desinterés con respecto a los acuciantes problemas del medioambiente que representan un reto para la humanidad, y que solo pueden resolverse de manera interdependiente. Esperamos que se mantengan los acuerdos de cooperación ambiental con Cuba, pero el panorama no es muy alentador. Dado la explícita proyección anti-inmigrante de la Administración, es probable que mejor suerte corran la vigilancia y ejecución de acuerdos migratorios, tales como la derogación de la Ley “pies secos/pies mojados”.

  1. ¿De qué manera la organización a la cual está vinculado o dirige ha contribuido a la promoción de dinámicas de normalidad entre Cuba y Estados Unidos?

Desde su creación en el 2012, Cuban Americans for Engagement (CAFE) se ha propuesto facilitar una nueva dinámica entre los pueblos y gobiernos de Estados Unidos y Cuba, basada en los principios de intercambio comercial y cooperación diplomática. Como cubanos residentes en Estados Unidos, hemos querido también contribuir a una relación más fluida con el gobierno de Cuba a través del diálogo respetuoso. Tuvimos y tenemos nuestras críticas hacia el mismo, pero nos desmarcamos de las dinámicas de hostilidad y violencia perpetuadas por la derecha extremista de Miami. Por ejemplo, sugerimos numerosas veces en la entonces Sección de Intereses de Cuba en Washington, la posibilidad de revisar temas como la eliminación de la tarjeta blanca en Cuba, la potencial inversión de los cubanoamericanos en la Isla y su participación en el proceso de reformas, la eliminación de prejuicios hacia este grupo, la repatriación como opción y la reducción de los precios de los pasaportes. Quizá con excepción de este último punto, hemos constatado que cada uno de los otros fue incluido en la reforma migratoria del gobierno cubano. Es decir, cuando fundamos CAFE, nuestra organización fue como un oasis para todos esos cubanos que, aun teniendo puntos de desacuerdos con Cuba, estaban listos para dialogar y mejorar las relaciones.

Delegación de CAFE durante una visita al Congreso de los Estados Unidos.

Delegación de CAFE durante una visita al Congreso de los Estados Unidos.

Con respecto al gobierno de Estados Unidos, servimos de apoyo a la Administración Obama, la cual empezó a escuchar el rebote de los ecos de una nueva narrativa dentro la comunidad cubanoamericana. Presentamos una agenda mínima que coadyuvó, en su justa medida, al avance de las relaciones y a la entrada de la Administración a una nueva fase de madurez política con respeto a Cuba: denunciamos el carácter ilegal, inmoral y contraproducente del bloqueo, abogando asimismo por su levantamiento incondicional; requerimos la exclusión de Cuba de la lista de países terroristas; sugerimos la implementación de negociaciones que posibilitaran una solución humanitaria al caso de Alan Gross y los 5 cubanos presos en territorio estadounidense. Hablamos de engagement, diálogo y compromiso, cuando otros permanecían en silencio o ponían condiciones.

Fueron estos los mensajes que vertebraron, en el 2014, solo nueve meses antes del anuncio del presidente Barack Obama sobre del cambio de políticas del gobierno de Estados Unidos a Cuba, la conferencia “Relaciones Cuba-Estados Unidos en la Segunda Administración Obama. Diálogo e Intercambio.” La misma tuvo lugar en Miami en un momento en que denunciar el embargo o la exclusión de Cuba de la lista de países terroristas estaba lejos de ser una postura popular. Por eso entendimos a los que en aquel momento no estuvieron listos para participar de nuestro esfuerzo. Supimos y sabemos que nos convoca un destino común que sobrepasa cualquier personalismo: hacer posible una mejor relación entre Cuba y Estados Unidos, basada en la premisa del derecho de Cuba a existir como nación soberana.

Transmitir esta nueva narrativa fue también el objetivo de numerosas visitas de CAFE a las oficinas congresionales y al Departamento de Estado, en Washington. Allí tuvimos la posibilidad de entablar diálogo con senadores y congresistas que apoyan una relación de normalidad con Cuba. A ellos expresamos nuestro agradecimiento. En numerosas ocasiones hicimos visible también, en el contexto pertinente, nuestro desacuerdo con las posturas anacrónicas, desinformadas y mal intencionadas de los congresistas y senadores cubanoamericanos. En la propia oficina del senador Marco Rubio, hicimos claro que era inminente abandonar posturas que transmitían (y transmiten) el mensaje de que el senador Rubio y otros funcionarios cubanoamericanos representan el sentir de la mayoría de los cubanos que viven en Estados Unidos.

A los oficiales del Departamento de Estado que nos recibieron, algunos de ellos, para nuestra sorpresa, remitiéndonos a hechos como la Crisis de los Misiles y la responsabilidad de Cuba en la promoción del socialismo en América Latina, les correspondimos con una versión más matizada de la historia entre los dos países, que incluyó un repaso de las raíces de nuestro nacionalismo en el contexto de complejas dinámicas geopolíticas entre las dos naciones. Tampoco fuimos tímidos a la hora de transmitir el orgullo por nuestra cultura y la inequívoca conciencia sobre el derecho a ser responsables y protagonistas de nuestro destino.

  1. ¿Qué implicaciones pudiera tener para las relaciones entre ambos países, el hecho de que previsiblemente Raúl Castro no será Presidente de los Consejos de Estados y de Ministros en la próxima legislatura?

No tengo dudas de que con Raúl o sin Raúl, la soberanía de Cuba no será un elemento negociable en las relaciones entre ambos países. Me preocupa más que la Administración Trump entienda este concepto, y que en su exótica fantasía caribeña sobre nuestra Isla no vea en la ausencia de un líder fuerte la oportunidad para radicalizar su agenda mal asesorada. Para Cuba, este momento representará, quizás, la posibilidad de continuar forjando un destino común de nación sobre las bases de una mayor diversidad y pluralismo. Hace falta que para la Administración Trump también lo sea, y que en el reemplazo del actual Presidente, vea la oportunidad de un diálogo entre iguales, en lugar de más confrontación asimétrica.

Otros artículos del Dossier: 

La preservación del legado de Barack Obama: apostando por los que construyen.

Jesús Arboleya: “Con respecto a Trump, estamos ante un forcejeo cuyo resultado más probable sea un escenario bastante ecléctico”.

Carlos Alzugaray: “Un cambio drástico en la política hacia Cuba sería sumamente perjudicial para los intereses de ambos gobiernos y de ambos pueblos.”

Marguerite R. Jiménez: “WOLA ha trabajado para hacer avanzar las relaciones entre ambos países”

Guillermo Grenier: “Seis pasos adelante, dos pasos atrás”.

Sarah Stephens: “El presidente Obama actuó sabiamente al trabajar junto con el liderazgo histórico de Cuba”.

Jorge Duany: “Seguiremos impulsando el flujo de información, ideas, personas y publicaciones entre los dos países”.

Collin Laverty: “Cuba seguirá cambiando a su propio ritmo y dentro de su propio contexto”.

Sobre los autores
María Isabel Alfonso 23 Artículos escritos
Licenciada en Letras Hispanas en la Universidad de La Habana. Doctora en Lenguas Romances en la Universidad de Miami. Autora de numerosos artículos sobre las dinámicas socio-culturales de los años 60s en Cuba ―en específico, sobre las Ediciones...
Luis Carlos Battista 36 Artículos escritos
La Habana (1988). Licenciado en Derecho por la Universidad de La Habana y en Relaciones Internacionales por Florida International University (FIU). Ha publicado sobre las relaciones exteriores de Cuba y Estados Unidos en espacios como OnCuba Magazine...
1 COMENTARIO
  1. Con Raúl o sin Raúl..pero solo si Cuba continúa siendo socialista. Porque todo sabes lo que va a pasar si el socialismo cubano perece. Una neocolonia. Peor que Haití.

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