Mauricio de Miranda: “El funcionamiento de la economía continúa siendo excesivamente centralizado y rígido, limitando el desarrollo de las fuerzas productivas”

En el contexto de este dossier presentamos los criterios del destacado economista cubano, radicado en Colombia, Mauricio de Miranda.

 

  • ¿Considera Ud. que los documentos oficiales (“Lineamientos”, “Conceptualización”, y “Plan Estratégico hasta 2030”) han incorporado sustantivamente propuestas de la sociedad civil, incluyendo las provenientes de la academia?

Debido a que resido fuera de Cuba no participé en el debate como parte de institución alguna. Muchos cubanos que residimos fuera de Cuba seguimos pensando en el desarrollo de Cuba, pero no existe un canal que permita la consideración de estos criterios en el trazado de la política económica del país. Conversando con algunos colegas, me manifestaron que algunas ideas expresadas en reuniones, sobre todo en las universidades y los centros de investigación, fueron consideradas.

 

  • ¿Pudiera identificar el principal problema del modelo económico y social actual que debería ser resuelto de manera prioritaria y con mayor urgencia? (Por favor, identifique solo un problema).

Considero que el mecanismo de funcionamiento de la economía continúa siendo excesivamente centralizado y rígido, limitando el desarrollo de las fuerzas productivas. Las limitaciones reales que se le imponen al desarrollo de la iniciativa empresarial constituyen un obstáculo inmenso al crecimiento económico. Se están desaprovechando muchísimas oportunidades de generación de empleo formal, de posibilidades de reajuste del sistema de precios y salarios a través del mercado, de aumento de las contribuciones a través de impuestos adecuados que estimulen el progreso y no que lo obstaculicen.

En el trazado y en la gestión de la política económica subsisten innumerables dogmas que deben ser removidos si se pretende construir un país próspero y sostenible. Es necesario que las autoridades comprendan que el emprendimiento empresarial privado no es, necesariamente, enemigo del progreso, sino que puede conducir a un juego de “ganar-ganar” en el que puede ganar el país, ganar el empresario y ganar los trabajadores. En las actuales circunstancias es necesario soltar las ataduras de la mente para que el país progrese y en este sentido, creo que vale la pena plantearse la necesidad de una Ley de Empresa que regule la actividad de las empresas, y sobre todo, otorgue garantías a todas las formas de propiedad en un proyecto de país construido colectivamente y no diseñado desde arriba.

 

  • ¿Cuáles preguntas sobre ese problema deberían formar parte del debate público y, sin embargo, no están haciéndose?

Lo primero que me gustaría destacar es que es necesario institucionalizar el debate público con un propósito concreto. En Cuba debatimos sobre casi todo “lo humano y lo divino”, desde las tertulias beisboleras del Parque Central, hasta el arte de los bailarines del Ballet Nacional de Cuba, y en ese amplio diapasón cabe todo. Pero esos debates que ocurren en los bancos del conocido parque habanero, o en el vestíbulo del Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso”, a escasos metros, no son institucionales y, de hecho, las conclusiones a las que pueda arribarse después de ellos no afectan ni una cosa ni la otra.

Sin embargo, como Cuba se define, constitucionalmente, como un país socialista y ese socialismo ya pasa de maduro (no por la cantidad de años transcurridos, sino por el avance alcanzado), se supone que deberíamos estar en una etapa en la que el Estado es de “Todo el Pueblo” y eso debería significar una inmensa libertad en el debate público sobre las cuestiones medulares de la vida nacional, sobre el sistema de gobierno que requerimos ahora y hacia el futuro (y que no necesariamente debe ser el mismo que el que existe) y, por supuesto, requiere de un debate sobre la economía y la mejor forma de conducirla hacia el objetivo estratégico de prosperidad y sostenibilidad que se declara.

Creo que hay varias preguntas concretas que deben ser mencionadas: ¿Qué es un socialismo “próspero y sostenible”? ¿Cómo se lograrán esa prosperidad y esa sostenibilidad? Algo sumamente importante… ¿Cuándo? Porque en este proceso han pasado ya varias generaciones de cubanos que han hecho inmensos sacrificios personales para un mejor futuro que, lejos de lograrse, se ve hoy mucho más difícil de alcanzar. ¿De qué forma podremos lograr que la prosperidad beneficie a la sociedad en su conjunto y no a unos cuantos? ¿Cómo vamos a incrementar el control de la sociedad sobre el desempeño de sus dirigentes y de qué forma puede empoderarse a la sociedad para revocar a los funcionarios que no cumplan adecuadamente con sus funciones? ¿Cuáles son las acciones concretas para lograr que la democracia sea realmente participativa más allá de las asambleas de rendición de cuentas de los delegados del Poder Popular? ¿De qué forma podremos exigirle a un diputado del municipio en la Asamblea Nacional por su labor en la misma? ¿Cuáles son los mecanismos que permitirán que la Asamblea Nacional sea el verdadero poder supremo y ejerza control sobre la labor del gobierno, tal y como establece la Constitución actual?

Por supuesto que hay muchas preguntas más y entre las puramente económicas me gustaría añadir: ¿De qué forma vamos a lograr que el trabajo se convierta en el principal medio para asegurar una vida digna? ¿De qué forma los ingresos obtenidos por un trabajo legal y formal pueden asegurar las necesidades de consumo y las posibilidades de ahorro e inversión de la población? ¿De qué forma y cuándo se va a eliminar la dualidad monetaria? ¿Por qué la Oficina Nacional de Estadísticas e Información no ofrece de forma libre, abierta y en tiempo adecuado las cifras de la economía nacional? ¿Por qué razón existen cifras que se esconden del escrutinio público y especialmente de los especialistas? Yo quisiera proponerle al Gobierno, desde este espacio, que convoque a una Conferencia Nacional de Economía en la que podamos participar especialistas de diversas instituciones de dentro y fuera del país, donde podamos contar con cifras para fundamentar adecuadamente nuestros análisis, y además, podamos esbozar nuestra propuesta con la libertad a la que nos convoca nuestra honestidad.

 

  • ¿Cuáles temas concretos pudieran funcionar mejor en Cuba como “puntos de encuentro” para atenuar las posibles discrepancias entre los diversos actores de proceso de desarrollo nacional? (Por ejemplo, las discrepancias respecto a la propiedad, el plan, el mercado, la información, o la rendición de cuentas).

Realmente, existen pocos de estos temas que permiten ciertos puntos de encuentro para atenuar las posibles diferencias entre los diversos actores del proceso de desarrollo nacional. En primer lugar, quisiera detenerme en este último concepto de “actores del proceso de desarrollo”. ¿Quiénes son o somos? ¿Los tomadores de decisión? ¿Los empresarios, cooperativistas o trabajadores por cuenta propia? ¿La academia? ¿Incluye a los que pensamos y soñamos a Cuba viviendo en otros países? Creo que en la economía moderna existe un consenso bastante generalizado, salvo la existencia de escuelas de pensamiento ubicadas en los extremos, de que en cualquier sociedad debe existir un determinado balance entre plan y mercado. Los libros de texto de Economía reconocen que el Estado debe “corregir los fallos del mercado” y el mercado los del Estado. El mercado suele ser un mecanismo eficiente de asignación de recursos, pero en muchas ocasiones genera una serie de distorsiones (como por ejemplo, las estructuras monopólicas y oligopólicas) que resultan fenómenos indeseables en una sociedad que pretenda el bienestar general.

Así las cosas, ni el mercado debe estar regido por una “mano invisible” (que en realidad es inexistente) que se supone capaz de asegurar el equilibrio, ni el Estado debe ahogar al mercado pretendiendo reemplazarlo plenamente por un plan que, en la mayoría de los casos, resulta muy imperfecto por la imposibilidad real de planificar hasta el mínimo detalle las cuestiones microeconómicas de la economía. El plan es imprescindible para definir las líneas estratégicas del desarrollo, para concebir qué debe hacerse, cómo debe hacerse y con qué debe hacerse, pero a nivel de la sociedad en su conjunto y de los territorios. Pretender que desde el centro del gobierno se puede planificar el detalle microeconómico de la actividad empresarial es un error, probado históricamente.

Entonces, es posible ubicar un punto de encuentro entre un mercado regulado y un plan debidamente fundamentado. La información es fundamental: debe ser transparente y constituir un derecho de la sociedad. Uno de los aspectos más controversiales que se critican a las economías de mercado en la actualidad es el de las asimetrías de información que permiten a ciertos actores del mercado obtener una ventaja que les conduce a ganancias extraordinarias. ¿Es correcto que en una sociedad socialista existan asimetrías de información que enmascaren u oculten la situación económica real del país? ¿Si todos somos propietarios, lo cual nos hace “accionistas”, por igual, de esa sociedad llamada Cuba, por qué unos, muy pocos realmente, saben cuál es la magnitud de las reservas internacionales y la inmensa mayoría de la población, entre ellos los especialistas en Economía, no lo sabemos?

O, ¿por qué los anuarios estadísticos publican la Balanza de Pagos en un nivel tal de agregación y con tal nivel de desactualización que no nos permite hacer análisis sobre la posición externa del país? Esto, solo para mencionar un par de ejemplos. Yo, como cubano, no puedo aceptar que me digan que unos, los que piensan y deciden por todos nosotros, son los que deben contar con toda la información para que todos los demás aceptemos como “verdad indiscutible” lo que deciden por nosotros. Yo creo que en este punto es muy difícil el “encuentro”. Lo mismo en el tema de la propiedad. Uno de los problemas más graves que ha tenido el “socialismo realmente existente” es el de la realización de la propiedad social. La realización de la propiedad privada en el capitalismo, dice la teoría marxista, se realiza a través de la ley de la plusvalía. Los manuales de del socialismo, muchos de ellos redactados con mucha propaganda y poca cientificidad, declaraban que la ley fundamental del socialismo era la “satisfacción creciente de las necesidades de la sociedad”.

Ya todos sabemos a dónde fue a parar ese socialismo en la década de los años 90 del siglo pasado, y en lo que respecta a Cuba, es evidente que estamos muy lejos de una satisfacción creciente de las necesidades de la sociedad, sino todo lo contrario. En la práctica, en el socialismo se ha pretendido identificar propiedad social con propiedad estatal cuando la sociedad, supuestamente propietaria de todos los medios de producción, carece de mecanismo alguno, en las actuales condiciones, para el control de la gestión de dicha propiedad, ni recibe “rendición de cuentas” sobre dicha gestión.

Producir un debate abierto, libre de dogmas ideológicos, sería un buen comienzo para un encuentro porque creo que estas cuestiones son medulares y podrían orientar el debate público sobre el tipo de sociedad, insisto, que queremos y podemos construir “con todos y para el bien de todos”, como dijera Martí.

Sobre los autores
Mauricio de Miranda Parrondo 3 Artículos escritos
Doctor en Economía Internacional y Desarrollo, Universidad Complutense de Madrid. Profesor Titular y Director del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. Editor y Co-autor de los libros "Cuba: reestructuración económ...
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