Mauricio de Miranda: “Sería deseable una legislación que estimule la incorporación de empresas cubanas en cadenas productivas globales”

Mauricio de Miranda

En varios análisis y opiniones vertidas en la esfera pública cubana transnacional muchos defienden la propuesta de una reforma económica más amplia, integral y rápida. Del mismo modo, resaltan que el modelo social cubano no debe renunciar al acceso universal a la educación y a la cultura, a la salud pública, a la seguridad social y al trabajo decente –para lo cual habrá que desarrollar una gran capacidad de generar empleo. ¿Cuáles deben ser las características de una factible reforma económica así considerada? ¿Cómo podría la sociedad cubana asegurar el acceso universal, con calidad, a esos derechos? ¿Cómo colocar en función de ellos los recursos financieros necesarios sin escatimar recursos para el desarrollo de otros ámbitos también medulares? Brindamos las opiniones del economista Mauricio de Miranda.

Es importante tener en cuenta que para distribuir es necesario producir riqueza. Es decir, no puede distribuirse la riqueza que no se ha creado. Por tanto, las reformas económicas en Cuba deben estar orientadas, en primer lugar, a incrementar la producción de bienes y servicios. Esto no se logra con llamamientos ni campañas ideológicas, sino creando las condiciones para que se desplieguen las fuerzas productivas del país. Esto significa, en primera instancia, la necesidad, no solo de destrabar sino de estimular el proceso de creación de empresas privadas, cooperativas y extranjeras, toda vez que las estatales son decisión del Estado a través de sus diversos organismos.

La iniciativa empresarial y el espíritu emprendedor se encuentran severamente restringidos en Cuba por razones ideológicas, porque son considerados por las autoridades como focos de germinación del capitalismo y de alguna forma se desmarcan del tradicional control que el Estado ha tenido sobre la actividad económica. Esto no significa que no deba existir un marco regulador sino todo lo contrario, es necesario que se establezca un marco legal con las adecuadas garantías, de forma que estimule la inversión privada, tanto doméstica como extranjera, genere empleo, beneficios para los inversionistas y, al mismo tiempo, dinamice el mercado nacional y, en el mejor de los casos, genere nuevas opciones exportadoras.

Sería deseable una legislación que estimule la incorporación de empresas cubanas en cadenas productivas globales, de forma que esto signifique transferencia de tecnología. Dicho de una forma más precisa, la proliferación de paladares, bares, talleres de reparación de calzado o de ropa, o incluso de equipos electrodomésticos, no son la solución alternativa a la existencia de empresas industriales estatales obsoletas o semi-paralizadas. Es necesario que aparezcan empresas de producción industrial, agropecuaria y de servicios, con alta productividad, que produzcan con calidad y que cuenten con tecnología avanzada. Cuba ha desarrollado un recurso humano con un alto nivel de instrucción general, pero en los años de la revolución tecnológica en la informática y las telecomunicaciones se ha quedado retrasada. Las limitaciones existentes en la conectividad de los cubanos se han convertido en un factor de retraso tecnológico que está lastrando la competitividad de los profesionales cubanos, y con ello su capacidad de asimilación de la tecnología más avanzada.

En resumen, es necesario, en principio, una profunda reforma en el mecanismo económico que dé paso a la aparición de un mercado robusto y regulado por un marco legal que estimule la iniciativa y no que la limite. En la medida que un mercado funcione adecuadamente, debe ajustarse todo el sistema de precios relativos (incluidos los salarios) y tendría más sentido la unificación monetaria, la cual resulta imprescindible para establecer precios relativos económicamente fundamentados.

En las condiciones que he descrito anteriormente, el Estado podría, a través del sistema tributario, recaudar los recursos que se destinarían a asegurar el acceso universal a la educación, la salud, la cultura y otros servicios sociales. Sin embargo, aun en estos casos, en mi opinión, no debería prohibirse la existencia de un sistema privado alternativo. Existen experiencias interesantes en el mundo que ilustran la posibilidad de sostener un sistema de bienestar social elevado, basado en un alto desarrollo económico y una alta productividad, conjugados con una gran responsabilidad de la sociedad en su carácter de contribuyente. Para que esto ocurra, es imprescindible que la población perciba claramente que los impuestos que paga se revierten en el bienestar de todos y que el sistema no favorece el parasitismo social. Esto implica un cambio de mentalidad muy grande en un país en el que se ha acostumbrado a la sociedad a considerar que “se le ha dado educación y salud gratuita” cuando en realidad ello es el resultado del trabajo de la sociedad misma. Es necesario que la sociedad completa asuma un rol de contribuyente y, en tal sentido, posea los mecanismos para exigir el uso adecuado de los recursos que se destinan al bienestar colectivo. En resumen, es necesario que el ingreso de la sociedad aumente, como resultado de la creación de mayor riqueza y, en consecuencia, se elabore un nuevo sistema tributario que dé cuenta de un nuevo mecanismo económico. En cualquier caso, la mayor calidad de los servicios de salud y de educación requiere de nuevas inversiones que incluyen acceso a tecnología moderna, que difícilmente pueda lograrse con los actuales niveles de la economía cubana, afectada por una gravísima escasez de divisas.

Obviamente, en economía, como en muchos aspectos de la vida, es necesario tomar decisiones que responden a una elección. La definición de una nueva estrategia de desarrollo implicará una serie de prioridades temporales. Sin embargo, en mi opinión, uno de los errores estratégicos que ha cometido la dirección cubana en más de cinco décadas ha sido pretender la construcción de un Estado abarcador y omnipresente en todas las actividades económicas del país. La historia demuestra que esto es incorrecto e ineficaz.

En tal sentido, considero que el Gobierno debe crear las condiciones para que florezcan actividades económicas con formas de propiedad distintas a la estatal. Como lo he dicho antes, es necesario el desarrollo de las actividades económicas bajo la propiedad privada y cooperativa. Esto permitiría al Estado cubano concentrar sus esfuerzos en aquellas actividades que serían de su naturaleza, tales como el desarrollo de la infraestructura, la educación, la salud y la cultura, el apoyo a la investigación científico-técnica y, obviamente, asegurar la seguridad y la defensa nacional, así como conducir las relaciones exteriores del país. Por supuesto, esto no será un proceso fácil y, a menos que se reciba una corriente de recursos por las vías de inversión extranjera o de cooperación internacional, dependerá de la capacidad de la economía nacional para crear riqueza y compartir parte de la misma en proyectos sociales de interés colectivo.

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Sobre los autores
Cuba Posible 113 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
Mauricio de Miranda Parrondo 2 Artículos escritos
Doctor en Economía Internacional y Desarrollo, Universidad Complutense de Madrid. Profesor Titular y Director del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana Cali. Editor y Co-autor de los libros "Cuba: reestructuración económ...
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