Las medidas de Trump que afectan a Estados Unidos y a Cuba.

Si analizamos con serenidad las recientes medidas tomadas contra Cuba por el presidente Donald Trump, podremos llegar muy rápido a una primera conclusión: las mismas afectan no sólo a Cuba, sino también (y paradójicamente) a Estados Unidos. Foto: REUTERS/Carlos Barria
Foto: REUTERS/Carlos Barria

Si analizamos con serenidad las recientes medidas tomadas contra Cuba por el presidente Donald Trump, podremos llegar muy rápido a una primera conclusión: las mismas afectan no sólo a Cuba, sino también (y paradójicamente) a Estados Unidos. Incluso, con ellas, Trump niega su lema de campaña: “Hacer a América grande otra vez”. Ante la euforia de algunos en el sur de la Florida, es conveniente recordar (para ser objetivos, en un asunto como este), que las relaciones entre los dos países fueron un acuerdo y decisión entre las partes, donde se analizaron diferentes razones y conveniencias desde un lado y de otro, cuestión lógica entre naciones soberanas.

Se han conocido las modificaciones realizadas por la Administración Trump; ahora esperemos, como es lógico suponer, por la respuesta o el acomodo que sobre las mismas adopten las autoridades de Cuba, pues se trata de relaciones entre dos naciones independientes y soberanas.

Sin embargo, analizadas las decisiones de Trump con frialdad y rigor, es claro que limitan o afectan a muchos intereses y personas; ante todo la de las posibles y significativas expectativas en las relaciones económicas y comerciales entre las dos naciones vecinas.

Imposible resulta que con condicionamientos de una nación hacia otra, por razones de prerrogativas soberanas, que incumben sólo a naciones independiente, se puedan alcanzar los deseos expresados con dichas medidas; pero de lo que si no hay dudas, es que impide a numerosas empresas norteamericanas y cubanas (en el marco de la hasta ahora vigente política de “normalización de relaciones”), desarrollar relaciones económicas y potenciar la cooperación para  beneficios de estas y sus países respectivos.

A su vez, quiérase o no, se frenan fructíferos y convenientes contactos y posibles vías de colaboración entre las organizaciones de la sociedad civil y ambas sociedades en general; lo que, desde el sentido común, no resulta ser inteligente.

Las amplias y posibles relaciones de cooperación e intercambio económico/comercial que podrían desarrollarse, sin dudas alcanzarían varios miles de millones de dólares anuales y mantendrían una tendencia creciente; pero esas si se verán, al menos por el momento, interrumpidas en sus posibilidades.

Las medidas del mandatario norteamericano poco afectarán al gobierno cubano, pero  en realidad sí al pueblo. Poseerán el efecto de limitar el desarrollo y la expansión de los llamados sectores emergentes (privados y cooperativos); los que, por supuesto, no contribuirán a fortalecer las graduales transformaciones o reformas en marcha de la economía y sociedad cubana. Todo ello meterá “ruido” o conspirará contra dichos sectores en ascenso. Incluso, las pueden frenar o hacer languidecer en sus actuales niveles alcanzados.

Las decisiones de esta Administración respecto a Cuba sólo ponen de manifiesto compromisos políticos domésticos y una gran miopía en política internacional y cuestiones estratégicas. Probablemente como es la intención, limiten el crecimiento acelerado del turismo ante una mayor presencia de los estadounidenses. Esto afecta las perspectivas de un más acelerado crecimiento y un mayor derrame de dinero al ciudadano de a pie y, en ese sentido, sí limita los planes de desarrollo a empresas nacionales y extranjeras, aunque también al turismo estadounidense y, especialmente, a los ciudadanos norteamericanos que deseen disfrutar de sus vacaciones en Cuba, conocer al país y relacionarse con sus gentes.

Las medidas lesionan a muchos negocios porque reducen las posibilidades de viajes a numerosas agencias turísticas, compañías aéreas, de cruceros y agencias publicitarias estadounidenses. Todas, desde el comienzo de la normalización de relaciones, se aprestaron a obtener “nichos” de mercado en el sector turístico cubano; aunque, a decir verdad y hasta el presente, el turismo norteamericano no ha representado para el pequeño archipiélago caribeño, una pieza fundamental de su desarrollo.

De manera significativa se aprecia que, a la par del aumento del turismo estadounidense, también han crecido los arribos desde los mercados europeo, canadiense y de otras latitudes geográficas. Con más o menos turistas estadounidense que lleguen al país, el sector turístico, conocido como el de “la industria sin chimeneas”, continuará siendo en los años próximos un pilar fundamental de la economía cubana, más allá de la decisión  del señor Donald Trump y de los políticos cubano/americanos, que viven de la industria política de la confrontación contra Cuba.

El país no colapsará con dichos anuncios y, de acuerdo a informaciones conocidas desde la Isla, se andan tomando un conjunto de medidas de ajustes y racionalizaciones, que permitan mantener la estabilidad y el desarrollo, incluso en el contexto de las peores opciones económicas que puedan aparecer. No olvidemos que el país adquirió una amplia cultura para enfrentar estrecheces económicas y acciones punitivas, que durante más de medio siglo le han llegado desde el exterior, particularmente desde Estados Unidos.

Políticamente, las medidas de la Administración Trump vuelven a colocar al país en la posición de víctima; lo que sin dudas les resulta favorable a las autoridades cubanas. Nuevamente, ante el resto del mundo, se proyecta una posición de hostilidad hacia la Isla, que genera un fuerte impacto de solidaridad política a su favor, en especial en América Latina y el Caribe.                                                                                                                 

Las recientes medidas contra la sociedad cubana, en los actuales momentos y circunstancias internacionales, resultan absurdas y contradictorias políticamente; muestran, más que una buena estrategia y adecuada visión política de las autoridades norteamericanas, compromisos de intereses electorales domésticos. Todo esto, sin analizar exhaustivamente que tales cuestiones se encuentran aceleradamente en deterioro y modificándose al calor de las nuevas circunstancias que concurren.

En realidad no interesan o poco importan los reales problemas económico/sociales del pueblo cubano, y reiteran aspectos manidos, cuando sus promotores poseen tejados de vidrio en el muy amplio espectro de temas que se relacionan con los derechos humanos. Sin embargo, en esta ocasión ha sido significativo que hasta instituciones internacionales especializadas en tales menesteres hayan apelado públicamente a la no adopción de las actuales medidas establecidas por el gobierno norteamericano.

Con seguridad los perdedores serán más que los ganadores, porque pierden los pueblos estadounidense y cubano, que desean y podían volver a retomar amplias, amigables y solidarias relaciones entre sí. Pierde el empresariado estadounidense, que posee enormes condiciones y posibilidades económicas y comerciales para desarrollar negocios con sus contrapartidas cubanas y favorecerse de ellas.

Pierden los ciudadanos norteamericanos, porque se les prohíbe o restringe,  arbitrariamente, implementar sus derechos civiles de viajar a cualquier país del mundo y efectuar sus vacaciones, allí donde más les interese o convenga. También es un asunto de derechos humanos, que coarta las libertades del ciudadano norteamericano. Afecta la imagen política de Estados Unidos, porque las medidas no resultarán bien vistas mundialmente. La comunidad internacional se encuentra harta de sanciones y acciones punitivas (más cuando se relacionan con Cuba y su pueblo, que ha sido víctima durante tantos años de tales acciones). Máxime cuando se sabe que son  alentadas y promovidas por un grupo minoritario de influyentes políticos  cubanoamericanos. Como se dice en el argot cubano: no han hecho otra cosa que “embarcar”, en otra decisión errónea y absurda, a la nobel Administración instalada en la Casa Blanca. Por otro lado, las medidas posibilitarán reiterar la imagen de resistencia del pueblo y las autoridades cubanas frente a las políticas hostiles de determinados sectores conservadores y reaccionarios de Estados Unidos.

La dirigencia cubana obtiene ahora la posibilidad de reafirmar su posición e imagen de adalid en la lucha anti-imperialista; lo que Trump y su Administración debieran conocer y no subestimar, porque influye en muchas posiciones de afinidad y solidaridad hacia Cuba, en países de África, Asia y América Latina. En realidad sólo se sienten felices los sectores cubanoamericanos que han vivido de la incuestionable y lucrativa industria de la confrontación contra Cuba. Sin embargo, como resultado de todo ello, preveo que se ampliará y profundizará la definitiva división o quiebra de los consensos políticos históricos que durante años obtuvo el exilio cubano. Deberán por ello comprender que, de ahora en adelante, es muy probable se reduzcan más sus apoyos ciudadanos y políticos en Miami y en el resto de Estados Unidos.  

Finalmente, y ojalá el sentido común lo imponga, se impida la afectación de los diversos acuerdos de cooperación asumidos entre los dos países, porque resultan beneficiosos a ambas naciones.

Sobre los autores
Eugenio Rodríguez Balari 24 Artículos escritos
(La Habana, 1938). Licenciado en Historia. Doctor en Economía. Periodista. Se desempeñó como director de las publicaciones nacionales Mella y Opina, de esta última fue su fundador. Fundador y Presidente del Instituto Cubano de Investigación de l...
Cuba Posible 187 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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