Michael J. Bustamante: “Me cuesta trabajo entender la expulsión de los diplomáticos cubanos”

Foro cortesía de la Universidad de Miami

Michael J. Bustamante es un joven historiador, investigador y distinguido comentarista sobre temas cubanos y cubanoamericanos, incluyendo las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Cuba. Para Bustamante, la actual situación de las relaciones entre ambos países busca frenar, aún más, el interés en Cuba como destino de viaje en Estados Unidos. No obstante, afirma que a la Administración Trump le costará trabajo tener a Cuba como una prioridad política, dado que otras decisiones polémicas requieren de la atención de la Casa Blanca.

¿Cuál es su análisis sobre las condiciones en las que el gobierno de Estados Unidos ha tomado estas medidas? ¿Está Ud. de acuerdo con ellas?

Es difícil aventurar un análisis, ya que ni los detalles de lo ocurrido son claros, ni las pruebas existentes (e.g. historias médicas de los afectados) son asequibles al público. Sólo tenemos testimonios anónimos, filtrados a medios de prensa, y a cuentagotas, como para prolongar el drama. Además, desde el jueves tenemos una grabación filtrada a la Associated Press (AP), que supuestamente capta el peligroso sonido que uno de los diplomáticos norteamericanos escuchó.

Pero vamos a suponer que sí, que varios oficiales de la embajada norteamericana fueron blanco de “ataques de sonido”, por más que parezca sacada de una mala película de ciencia ficción. En ese contexto, yo creo que el gobierno norteamericano tendría razón en retirar, o reducir, su personal diplomático como una medida de seguridad, hasta que se aclarara la situación y se eliminara la fuente (o las fuentes) de los “ataques”.

Sin embargo, me cuesta trabajo entender la expulsión de los diplomáticos cubanos como una medida “complementaria,” a no ser que se haya probado que Cuba fue culpable, o cómplice, en lo que ocurrió. Si bien es cierto que Cuba comparte la responsabilidad de proteger a los diplomáticos acreditados en el país, uno fácilmente podría mencionar otros momentos en que diplomáticos norteamericanos han sido amenazados, o incluso asesinados, y sin embargo al país huésped no se le pidió reducir su personal diplomático en Washington, D.C., por no haber ofrecido suficiente “protección.” (Pienso en el ataque terrorista al consulado norteamericano en Benghazi, Lybia, en 2012, en el que falleció el entonces embajador norteamericano; o los bombardeos a las embajadas de Estados Unidos en Nairobi, Kenya y en Dar-Es-Salaam, Tanzania, ambos en 1998).

También llama la atención quiénes fueron expulsados de la embajada cubana: toda la sección de negocios, que fungía como el punto de contacto para la comunidad empresarial norteamericana, así como casi todo el personal del consulado. Sabemos que algunos actores contrarios a la normalización de relaciones entre Cuba y Estados Unidos también están en contra de la normalización de las relaciones entre los cubanos —o, al menos, a la naturaleza de esa normalización en los últimos años. Para esas personas, el creciente flujo transnacional de personas, bienes, y dinero a través del Estrecho de la Florida ha sido nada más que “un sustento del régimen.” Para ese sector, también, la eliminación de la política “Pies Secos/Pies Mojados” en enero —por más que la criticaron en su momento, por ser una medida de Obama— en realidad les venía como anillo al dedo, en cuanto era uno de los grandes “lubricantes” del motor transnacional, junto con la reforma migratoria cubana de 2013.

Es posible, entonces, que la decisión sobre “a quién” expulsar de la embajada cubana responda no tanto a cuestiones de “complementariedad”, como a un esfuerzo de aprovechar un contexto para lograr un fin determinado: obstaculizar los vínculos transnacionales, que dependen de los pasaportes y prórrogas otorgados —ya con retrasos considerables, y a precios altos— por el consulado cubano en Washington, D.C. Yo, al menos, veo la mano de personas influyentes con esta Administración, como Marco Rubio, en esa decisión. No lo puedo confirmar. Pero es mi intuición.

¿Cuáles podrían ser las consecuencias de estos hechos para el estado actual de las relaciones entre los distintos actores no estatales de ambos países?

No habrá nada sorprendente en mi respuesta. Los primeros en ser afectados por estas medidas son los cubanos con familia fuera del país o que viven fuera de ella —desde una prima mía que lleva años esperando una visa de reunificación para ir a vivir con su padre en Miami, hasta el amigo que está esperando la prórroga de su pasaporte cubano en Estados Unidos para visitar a sus padres. Es decir, la casi total paralización de las operaciones consulares en La Habana, y los retrasos que se pueden esperar en las operaciones consulares del consulado cubano en Washington, van a afectar —de hecho, ya han afectado— la posibilidad que pueda tener el cubano de viajar entre ambas orillas, ya sea en calidad de emigrante, visitante, o repatriado.

Una nota importante: El Departamento de Estado acaba de indicar que el programa de reunificación familiar continuará, aunque aparentemente a través de la embajada estadounidense en Bogotá. Sí, en Bogotá. Teniendo en cuenta que los cubanos necesitan visa para entrar a Colombia, y que los costos de ese viaje serían considerables, para nada es una opción factible para la mayoría. Tampoco resuelve el problema de las visas “temporales”. Si el cierre del consulado norteamericano en La Habana va para largo, todos los programas de intercambio en Estados Unidos que han florecido en estos últimos años —culturales, académicos, etc. —paulatinamente se detendrán.

Al mismo tiempo, el sector cuentapropista sufrirá otro golpe, sumado al anuncio de Trump en junio (cuyas medidas, en realidad, todavía no se han implementado), la paralización temporal de licencias en agosto, y el paso del huracán Irma en septiembre. Un aviso emitido por el Departamento de Estado recomienda que los ciudadanos norteamericanos no vayan a Cuba. Es una respuesta aparentemente obligatoria cada vez que Estados Unidos retira su personal diplomático de un país, aunque no deja de ser excesivo, tomando en cuenta que, salvo un “puñado” de casos reportados por CBS News (y que no han sido confirmados), ningún turista normal ha presentado síntomas de cualquier “ataque”.

El efecto de este pronunciamiento será frenar, aún más, el interés en Cuba como destino de viaje en Estados Unidos. Desde que se anunció, varios dueños de casas particulares de arrendamiento han reportado cancelaciones en las reservas. Cuando Trump finalmente implemente su prohibición de los viajes individuales “persona a persona” (anunciada en junio), el freno será mayor, con todo el efecto multiplicador (restaurantes, taxistas, hoteles, etc.) que eso implica.

¿Cree usted que existe la voluntad política de ambos gobiernos para superar este obstáculo, o es el comienzo del deterioro (de nuevo) de la relación bilateral?

 Francamente, soy pesimista—al menos mientras Trump permanezca en la Casa Blanca. Es notable que el gobierno cubano haya tomado algunos pasos importantes de buena voluntad, como permitir al FBI realizar investigaciones en el terreno —algo inédito. Por su lado, el Departamento de Estado insiste que la investigación sigue abierta. Otra señal de esperanza podría ser el hecho de que ambos gobiernos mantuvieron el conflicto “detrás del telón” hasta agosto, cuando alguien (del lado norteamericano) lo filtró a los medios. Yo me pregunto: si la Casa Blanca ya estaba al tanto de los “ataques de sonido”, ¿por qué no los usó como otro pretexto para el anuncio de su nueva política hacia Cuba en junio? Tal vez sea evidencia de que hay reservas de prudencia que puedan ayudar a solucionar la crisis actual.

Sin embargo, en realidad yo creo que a la Administración Trump le costará trabajo, o mejor dicho, le faltará interés en, sortear este escollo, tan metido como está en otras decisiones polémicas, y tan desinteresado como está en ofrecer visas a cualquier extranjero. (Muchos “trumpistas” estarían perfectamente contentos con cerrar todos los consulados norteamericanos alrededor del mundo de manera permanente). También, como insinué arriba, la influencia de los congresistas cubanoamericanos en esta Administración—Rubio en particular—es fuerte; a Rubio prácticamente Trump le ha encomendado el diseño de su política hacia América Latina. No creo que vayamos a regresar a todas las dinámicas de la Administración Bush, necesariamente. Pero con una Casa Blanca que se inclina a adoptar actitudes contraproducentes e irresponsables en muchas esferas de la política exterior, no hay razón para esperar que las relaciones con Cuba sean un área en que la lógica y la mesura terminen prevaleciendo. Espero que me equivoque.

¿Cómo influiría este conflicto en el nuevo gobierno cubano que asumirá en 2018?

 Lo ideal sería que no influyera. Diferendo con Estados Unidos o no, Cuba tiene suficientes desafíos internos que el gobierno tendrá que enfrentar: en lo económico, en lo político, en lo social. (También es el caso en Estados Unidos, sabe Dios). Una mejor relación con Estados Unidos, obviamente, mejora las condiciones para que esos procesos internos puedan seguir avanzando, así como las posibilidades de que tengan resultados positivos, especialmente en el terreno económico. Pero las difíciles y controvertidas reformas estructurales que siguen siendo necesarias en Cuba no dependen de la relación con Estados Unidos, exclusivamente. Vincular lo uno con lo otro, o condicionar el primero al éxito completo del segundo, sería reproducir una lógica francamente “de dependencia”.

Pero sí creo que hay un riesgo de que, bajo el efecto negativo de la llamada “guerra de los decibeles,” salga otra vez a relucir la preferencia por “volver a las trincheras.” Luchar para que haya una plena normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos sigue siendo necesario; esa relación “normal” sería claramente un activo importante para el futuro del país. Sin embargo, temo que una creciente ola de tensiones con Estados Unidos termine “quitando todo el oxígeno de la sala” (para traducir una expresión del inglés), cuando gran parte de ese “oxígeno” debería ser reservada para “hacer respirar” (o sea, continuar y profundizar) el diálogo entre la sociedad cubana y su gobierno.

VER EN ESTE DOSSIER

La “guerra de los decibeles”: hablan los expertos

William M. LeoGrande: “La verdadera motivación de estas duras sanciones es la oposición del gobierno Trump a la política del presidente Barack Obama de normalizar las relaciones con Cuba”

William M. LeoGrande: “The real motivation for such harsh sanctions is the Trump administration’s opposition to President Barack Obama’s policy of normalizing relations with Cuba”

Domingo Amuchástegui: “Lo que buscan es el colapso económico, político y social en Cuba”

Carlos Alzugaray: “La Administración Trump estaba buscando la excusa para tomar medidas agresivas que redujeran a cero los intercambios diplomáticos”.

Richard Feinberg y Harold Trinkunas: “La hostilidad hacia Cuba perjudica a los intereses de Estados Unidos”

Geoff Thale: “El tamaño del recorte del personal diplomático se parece mucho a una medida de castigo, no a una de seguridad”

Geoff Thale: “The size of the personnel cut looks a lot like a punitive measure, not a safety one”

Michael Camilleri: “Ha ocurrido un deterioro significativo en las relaciones bilaterales y parece probable que permanezca durante toda la Administración Trump”

Michael Camilleri: “A significant deterioration in bilateral relations has occurred and appears likely to last for the duration of the Trump Administration”

Sarah Stephens: “Los de línea dura en Estados Unidos tendrán un problema entre manos si tratan de arrastrar las relaciones bilaterales hacia la Guerra Fría”.

Sarah Stephens: “I think the hardliners in the U.S. will have a fight on their hands if they try to drag U.S.-Cuba relations back into the era of the Cold War”.

Paul W. Hare: “Rusia, China, Irán y otros estarán consolidando sus relaciones con Cuba, mientras Estados Unidos vuelve a su papel de adversario”

Paul W. Hare: “Russia, China, Iran and others will be eagerly consolidating their relations as the US returns to its role of adversary”

Randy Pestana: “El presidente Trump sintió la necesidad de traer a los republicanos cubanos de “línea dura” a su lado”

Randy Pestana: “President Trump felt it necessary to bring in the hardline Cuba republicans to his side”

Arturo López-Levy: “Raúl Castro caminó “la milla extra” para no ser responsable por dinámicas de ruptura”

Emily Mendrala: “La forma en que se llevaron a cabo las expulsiones de los diplomáticos cubanos sugiere la presencia de influencia política por parte de los que se oponen a un mayor compromiso entre personas y empresas de Estados Unidos y Cuba”.

Emily Mendrala: “The manner in which the expulsions were carried out suggests political influence from those who oppose increased engagement between U.S. and Cuban people and businesses”.

Ted Henken: “Me parece muy precipitada y agresiva la medida de obligar a la Embajada de Cuba en Washington a reducir sustancialmente su presencia diplomática en Estados Unidos”.

 

Sobre los autores
Luis Carlos Battista 36 Artículos escritos
La Habana (1988). Licenciado en Derecho por la Universidad de La Habana y en Relaciones Internacionales por Florida International University (FIU). Ha publicado sobre las relaciones exteriores de Cuba y Estados Unidos en espacios como OnCuba Magazine...
Michael Bustamante 2 Artículos escritos
Michael J. Bustamante es Profesor Asistente de Historia Latinoamericana en la Universidad Internacional de Florida (FIU). El Dr. Bustamante se especializa en estudios cubanos, cubanoamericanos y caribeños. Completó su Ph.D. en Yale University en Hi...
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