Miriam Rodríguez Betancourt: “Mantener, en cualquier circunstancia, la vocación de servicio público”

periodismo cubano

Foto: EFE

Cuando en marzo de 2010 se supo que a la profesora Miriam Rodríguez Betancourt le habían otorgado el Premio Nacional de Periodismo José Martí, el júbilo de muchos periodistas cubanos, dentro y fuera del país, fue notable. Alumnos de varias generaciones, de distintos credos, estilos, filiaciones políticas y trayectorias profesionales festejaban el reconocimiento a quien, por más de cuatro décadas, había impulsado la formación académica de la prensa cubana y había sido, en el aula y en otros espacios donde era convocada, una voz de firme mesura, agudeza y rigor para desmenuzar nuestras páginas de actualidad informativa.

Graduada del primer curso regular ininterrumpido que se ofreciera de la carrera de Periodismo en Cuba (1965-1969), Miriam ejerció con buen tino el oficio en diversos medios y lenguajes y supo, muy pronto, que lo suyo era enseñar. Armarse del mayor cúmulo de saberes para luego repartirlos con generosidad entre quienes se decidieran por el sacerdocio de la palabra a tiempo.

“Ser periodista —suele repetir a sus estudiantes—, siempre implica buscar el otro lado de la Luna, hallar el envés de las cosas, dudar de todo”. Autora o compiladora de volúmenes imprescindibles en el contexto nacional para la enseñanza de la profesión, como: Sobre la Nota, Acerca de la entrevista, Acerca de la Crónica y Tendencias del Periodismo Contemporáneo, la docente está convencida de que los géneros y moldes de la cátedra se dictan para que “los lectores, estudiosos y creadores los rompan. Cada libro es escrito para unas circunstancias. Si el remolino del conocimiento globalizado los arrastra, yo estaré satisfecha. Deberá ser porque crecimos”.

Doctora en Ciencias de la Comunicación por la universidad española de La Laguna y por la Universidad de La Habana (UH), Profesora Titular y Consultante de la UH y maestra adjunta del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, cierta vez, al responder sobre las fronteras entre el oficio de la prensa y la militancia partidista, respondió que no existían tales fronteras “si ambas filiaciones se ejercen con honestidad, con sentido de la responsabilidad, con compromiso con lo que uno piensa y con lo que uno es”.

Y ante la interrogante de un bisoño investigador sobre las relaciones de las instancias de decisión política cubanas y la academia periodística en las últimas décadas consideró que “ha habido diferencias de criterios, encontronazos a veces”, pero que han partido de la defensa de cada parte en torno a “las posturas con las que cree puede salir más beneficiado el proceso docente, la formación política y, a la larga, el funcionamiento del país”. Esto, sentenció, es perfectamente lógico y legítimo, tratándose de una carrera cuyo cometido es la interpretación social de la realidad, la expresión de lo que acontece y la opinión en torno a ello.

Esta pedagoga, que ha ejercido magisterio de pregrado y postgrado en países como México, Venezuela y Angola, también ha coordinado desde su fundación, en 1992, la Cátedra Honorífica Pablo de la Torriente Brau, de la UH. Precisamente Pablo y Martí, entre muchos otros, constituyen sus referentes esenciales de la pasión por la carrera de “planas calientes” y señales “en vivo”.

Su laboriosidad y empeño han estado presentes asimismo en la elaboración y puesta en funcionamiento de los programas curriculares de la enseñanza del Periodismo desde el Plan A hasta el D (aún vigente) en la Educación Superior cubana. Y sus criterios, ya fuera como Presidenta de la Comisión Nacional de la Especialidad, o delegada a varios de los plenos, congresos y disímiles actividades de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), han acompañado al gremio insular con sistematicidad y compromiso.

Jubilada, aunque no retirada, como ella misma gusta repetir, sigue colaborando con la UH, proyectando libros, leyendo y escribiendo sobre la prensa que tenemos y la que debemos.  Ante la urgencia de pensar y diseñar un nuevo modelo/sistema periodístico en la nación antillana, su voz y experiencia resultan imprescindibles.

1. Una pregunta recorre de punta a punta el libro Revolución, Socialismo, Periodismo… del catedrático cubano Julio García Luis: “¿Es viable una alternativa revolucionaria y so­cialista al modelo de prensa liberal, que no encaje a su vez en un patrón ideológico decimonónico o en uno de tipo soviético o de prensa de Estado? En otros términos: ¿cuáles pudieran ser las potencialida­des del socialismo para generar un mejor periodismo, capaz de cumplir una función más eficaz de legitimación y fortale­cimiento del sistema?”. ¿Qué respondería y argumentaría Usted, de forma general, a tal interrogante?

Cualquier debate entre nosotros acerca del Periodismo que necesitamos no puede tener otro, ni mejor referente, que las reflexiones de Julio García Luis, quien ha sido el que ha aportado la visión más adelantada sobre este crucial problema. Julio apostó siempre por analizar todas las propuestas como única vía para aproximar soluciones, o cuando menos, hallar las que pudieran ponerse en práctica en determinadas coyunturas.

Estudioso del marxismo, sabía que esta ideología era hija de la democracia, gracias a lo cual Marx y Engels pudieron publicar sus obras fundamentales, por eso expresó su absoluta convicción de que sólo en un ambiente de intercambio de ideas, de atmósfera espiritual como la denominaba, se podría avanzar en los procesos más complejos del desarrollo de la Revolución. Esa atmósfera política y moral, escribió, la puede crear la prensa para facilitar la solución de muchos problemas.

El Socialismo que hemos conocido ha adolecido de una visión demasiado estrecha del Periodismo, reduciendo su influencia en gran medida sólo a la esfera de la propaganda, que también lo define, en su versión más auténtica, pero no únicamente. Este presupuesto, traducido a la práctica profesional, ha supuesto consecuencias negativas, entre ellas, relegar funciones propias de la profesión, excluyendo de su accionar, en una medida importante, los recursos e instrumentos que le son propios, los que dimanan de su naturaleza y objetivos.

Desde tal visión, se oscurecen o debilitan señas de identidad del periodismo, entre otras: escudriñar lo inexplorado, denunciar, intentar formas originales para comunicar, descubrir lo singular, acaso el misterio, más allá de lo común conocido; mantener en cualquier circunstancia y por encima de cualquier interés o mandato, la vocación de servicio público. En consecuencia, aparecen entonces síntomas de rutinización en la búsqueda de la noticia, acudiéndose, por comodidad, temor o conveniencia, a fórmulas esquemáticas en el tratamiento de la información que (nos) han hecho dudar a muchos de la compatibilidad del Socialismo con el Periodismo.

Al Periodismo hay que asumirlo como una mediación cultural de elevada complejidad, vehículo de interpretación de la realidad y no mero reflejo especular de ella,  para lo cual se vale de un corpus técnico determinado,  “un instrumento, como afirma García Luis, de diálogo social”.

Si el Socialismo, per se, emancipa al Periodismo de la tiranía del mercado, de los compromisos con la publicidad comercial, de las imposiciones de dueños —lo que constituye en este terreno sus mayores potencialidades—, ¿cómo no confiar en la capacidad propia de la profesión, libre de tutelas o censuras, para que cumpla “una función más eficaz de legitimación y fortalecimiento del sistema”? ¿Cómo no confiar cuando, en un caso como el nuestro, el receptor, léase el pueblo,  tiene un nivel escolar, político e ideológico que lo convierte en un ente intelectualmente lúcido, y existe, además, una masa  profesional en el sector de probada calidad y compromiso con los objetivos de la Revolución?

2. En el caso específicamente cubano, ¿cuáles han sido, a su juicio, las principales barreras y las principales fortalezas del tipo de prensa instaurado desde 1959 de cara a la consecución de tal modelo? Si tuviese que señalar hitos significativos (para bien o para mal), en la historia de la prensa cubana en el periodo, ¿en cuáles se detendría?

Respondo de modo general, por supuesto, en ambos casos:

Fortalezas: A mi modo de ver, el sentido ético que ha primado en la información, la ausencia de sensacionalismo barato, la propagación de trabajos de carácter político e ideológico, el esfuerzo en la superación profesional y cultural de los periodistas y en la formación de los futuros profesionales, la cantidad de medios y la extensión de estos en todo el país.

Debilidades: Rutinización en la búsqueda de la noticia y en la propia conceptualización de esta; pobreza en la escritura por asunción de formas esquemáticas y enfoque apologético,  ausencia de crítica sistemática de errores y deficiencias, abandono de la fotografía de prensa y de otros elementos gráficos, vacíos informativos sobre sucesos y temas de interés público.

Ha habido períodos en que tanto fortalezas como debilidades se han acentuado más.  En la década del 60, el Periodismo cubano reflejó la épica de los primeros años con una gran fuerza y calidad, surgieron medios de mucho impacto en el ámbito cultural, se generaron debates en el campo literario y artístico que en la prensa tuvieron eco; aparecieron programas audiovisuales de arraigo popular, brillaron periodistas de primera. Pero no es posible olvidar que todos estos promisorios resultados se desarrollaron en un contexto de agresiones implacables del imperialismo norteamericano, que no cesaron posteriormente, y coadyuvaron a crear la mentalidad de “plaza sitiada”, justificándose por ello el secretismo, la visión instrumentalista sobre los medios y la necesidad, por tanto, de su regulación externa como defensa frente a los ataques enemigos. Historiar las etapas posteriores y analizarlas, necesitaría un extensísimo espacio, sólo cabe apuntar que dicha situación negativa para el adecuado funcionamiento del Periodismo se extendió demasiado en el tiempo al punto de haber constituido, a mi juicio, uno de los obstáculos principales para la construcción del modelo de prensa que la Revolución ha debido proponer.

Hitos significativos: Menciono algunos congresos de la UPEC, en particular el IV y el IX, porque provocaron intensos debates en los que se palpó la inconformidad del sector con el funcionamiento de la prensa, reclamaron fuertemente la necesidad de la crítica y propiciaron el surgimiento de documentos y normativas del Partido y de la UPEC tendientes a mejorar el trabajo profesional, involucrando también al aparato estatal. Que a la larga, estos avances no hayan contribuido a una mejoría sensible del Periodismo cubano como se esperaba, no resta importancia a su ocurrencia en tanto mostraron algunas rutas a seguir para encontrar soluciones.

3. ¿Cómo describiría Usted los nexos del sistema político y del mediático en el país en esta etapa? ¿Qué tipo de relación ideal, o más deseable, deberían tener ambos sistemas?

No estoy al tanto de manera puntual; por los comentarios que me llegan, parece que esos nexos se han hecho más fluidos. A estas alturas mucha agua ha corrido bajo los puentes trayendo consigo un caudal de ideas renovadoras y experiencias —entre estas últimas las muy negativas derivadas del modelo de prensa instaurado por el llamado Socialismo real— para que las relaciones entre ambos sistemas se caractericen por la incomprensión, el irrespeto y, mucho menos, por el método del ordeno y mando y/o la censura a rajatabla. La relación deseable tendría que basarse en el respeto mutuo de sus ámbitos y objetivos propios, que no son antagónicos en el caso cubano, pero tienen especificidades distintas. Ello contribuiría al deslinde más justo del alcance tanto de la regulación externa como de la autorregulación en los medios y, en principio, sentaría las bases para la restitución de su autonomía, que una Ley de Prensa deberá refrendar.

4. ¿En qué forma el surgimiento de nuevos medios en/desde/sobre Cuba, en los últimos años, utilizando especialmente las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación ha abierto el horizonte y debate público sobre la necesidad y pertinencia de este nuevo modelo/sistema de prensa en la Isla?

El hecho de que la mayoría del público potencial no disponga de acceso a Internet limita mucho la apertura del horizonte y el debate a los que usted se refiere. A pesar de ello, dadas las características sui generis de los pobladores de la islita, y gracias a una ampliación de la capacidad de navegación, cada vez más personas se enteran, discuten y enriquecen  sus visiones sobre asuntos y temas tratados en la red, lo mismo en los llamados medios independientes que en los llamados oficiales. Por ahora, debido a lo mencionado anteriormente, “el horizonte y el debate” se circunscriben a un sector integrado mayoritariamente por intelectuales, profesionales, estudiantes, no obstante lo cual resulta suficiente para comprender que el futuro del sistema mediático en nuestro país se abrirá más temprano que tarde al espacio digital por imperativo del desarrollo tecnológico en el nivel internacional y por las extraordinarias y crecientes posibilidades comunicativas que la red ofrece. Experiencias interesantes como Cubadetabe y otros sitios “ciento por ciento cubanos” demuestran la necesidad y validez de los medios digitales en la conformación del posible modelo de prensa cubano que hacia ese camino se enrumba.

(No quiero pasar por alto referirme a la curiosa situación que se da cuando aparecen en rachas, que de pronto cesan hasta la próxima ráfaga, determinados artículos en la prensa tradicional nuestra —que es la que consume la mayoría de la población— en los que se disiente, sin mencionar los argumentos ni las fuentes, de lo publicado por algunos medios digitales independientes —a los que la mayoría no tiene acceso—, produciéndose así una suerte de “crucigrama surrealista”: aquel en el que los aficionados a este juego, sólo se “huelen” la respuesta, pero nunca acertarán la correcta. Si esta práctica no fuera tan lamentablemente chapucera, sería risible).

5. ¿Cree que podría edificarse un socialismo renovado (próspero, sostenible, del siglo XXI o con cualquier otro epíteto cualitativamente superior) en Cuba sin un nuevo modelo de prensa que lo acompañe y viabilice?

No, decididamente no. Lograr un socialismo próspero y sustentable tiene que basarse en la comprensión cabal por parte de los ciudadanos de los postulados de esa proposición; de modo que todos arrimemos el hombro, y en la participación consciente y crítica de la gente durante los muy difíciles períodos que se deberán enfrentar para alcanzar esa meta. En la propia historia de la Revolución cubana sobran ejemplos sobre la positiva influencia de la prensa en diversas contingencias que requerían la movilización y consecuente respaldo de la ciudadanía.

En el IX Congreso de la UPEC, el primer vicepresidente Díaz-Canel lo expresó con total claridad: “Se necesita mucho de la prensa cubana para ese socialismo próspero y sustentable que nos estamos planteando”. Es obvio, pues, que otro modelo de prensa debe acompañar y viabilizar ese decisivo propósito.

6. ¿Qué rol ha desempeñado la UPEC y cuál debería desempeñar en los próximos años esta entidad o cualquier otra agrupación/institución que surgiese para unir/representar a los periodistas y el periodismo cubano, en el proceso de búsqueda de tal modelo/sistema de prensa?

Sin abandonar funciones que hasta ahora ha cumplido, como la superación de los periodistas y la atención a sus necesidades de diverso orden, le tocará a la UPEC o a cualquier organización representativa de los periodistas cubanos en el futuro, defender sin cortapisas el modelo de prensa que logremos construir para que este se desarrolle conforme lo establecido por las leyes y normativas al respecto, especialmente en cuanto a los deberes, pero también a los derechos inalienables de los periodistas y directivos de los medios.

7. En torno a una posible ley de medios/prensa/derecho ciudadano a la información en Cuba se ha debatido bastante en los últimos años en el país. ¿Considera Usted necesario este instrumento regulatorio legal para la concreción de otro modelo/sistema de prensa en la Isla? ¿Por qué? ¿Qué aspectos deberían centrar esta posible ley en aras de hacerla lo suficientemente efectiva?

Para mí, una Ley de Prensa sería indispensable. Pondría los puntos sobre las íes —estoy pensando en una ley bien hecha, receptora del consenso de todos los factores, discutida democráticamente entre todos— garantizando a los periodistas y directivos el alcance de sus fueros profesionales y protegiendo a personas naturales y jurídicas de eventuales distorsiones mediáticas, determinando  derechos y deberes que estarán obligadas a observar todas las esferas que componen el entramado de la sociedad cubana en sus relaciones con la prensa y de esta misma respecto de aquellas, entre otros muchos aspectos.  Una ley cuyo primer postulado debería y tendría que ser la declaración de que la información es uno de los derechos humanos. Y el segundo, el reconocimiento explícito de la especificidad del Periodismo y la asunción de las responsabilidades de todo tipo que conlleva su ejercicio profesional.

8. ¿Por qué si se viene hablando y coordinando acciones en pro de una posible Ley de Prensa en Cuba desde la década del 80 del siglo XX (por ejemplo, con comisiones conjuntas UPEC-MINJUS) han demorado tanto los pasos de concreción de este marco regulatorio?

Con todo respeto hacia usted y su riguroso cuestionario, esa pregunta debía formularse a los compañeros de la UPEC y el MINJUS.  No obstante, le digo mi opinión, ciertamente muy subjetiva: creo que esa demora tan dilatada se inscribe en una larga lista de aplazamientos acerca de los cambios necesarios en el Periodismo cubano en espera de variables tales como el momento adecuado, el estado del diferendo Estados Unidos-Cuba, y otras circunstancias de similar  sesgo.

9. ¿Conoce usted de regulaciones similares aprobadas en Latinoamérica o el mundo en las última décadas? De ser así, ¿cómo cree que podrían coadyuvar a la feliz materialización de la ley cubana?

Sin negar lo que esas regulaciones pudieran aportar (Venezuela, Ecuador), creo que las características del Periodismo cubano y de nuestro proceso tienen relieves muy especiales, amén de que como resultado de todas las discusiones en reuniones, foros, comisiones, congresos, contamos con un volumen  de proposiciones, documentos y textos  en cantidad y calidad más que suficientes para contribuir a la formulación de una Ley de Prensa que responda a los intereses del sector y de las instancias de dirección del  país.

10. ¿Cuáles son, a su entender, los principales retos de la sociedad cubana actual en aras del bienestar (material y espiritual) colectivo y la convivencia armónica de sus ciudadanos? ¿Cómo la prensa debería reflejar/interpretar dichos retos para ayudar a la ciudadanía a superarlos?

Sin dudas, muchos retos se centran en el terreno económico: elevar la producción y la productividad, aumentar las exportaciones y disminuir las importaciones, lograr, en fin, que los salarios satisfagan las necesidades básicas del ciudadano. Pero conjuntamente con estos y otros complejos problemas cuya solución no es nada fácil, nuestra sociedad requiere cada vez más la participación real de la gente en las decisiones que le atañen, restaurar la confianza en las instituciones dañada por la burocracia y abrir cauces sistemáticos para el intercambio de ideas y puntos de vista sobre los problemas esenciales del país. La prensa puede desempeñar un rol muy importante en este sentido. Volvemos a García Luis: creando ese clima espiritual, la atmósfera natural para debatir problemas y proponer soluciones; cubriendo vacíos informativos, criticando las insuficiencias y errores, demandando respuestas a quienes tienen la obligación de darlas, registrando los aciertos, explicando asuntos conflictivos con argumentos. Recordemos las ideas martianas: ni aprobación bondadosa, ni ira insultante, sino proposición, examen y consejo.

 

En este dossier, aparecen los siguientes textos:

Sobre los autores
Jesús Arencibia Lorenzo 8 Artículos escritos
(Pinar del Río, 1982). Licenciado en Periodismo (2006) y Máster en Ciencias de la Comunicación (2012) por la Universidad de La Habana (UH). Diplomado en Humanismo y Sociedad (Universidad Alberto Hurtado, 2014). Profesor Auxiliar en la Facultad de ...
Miriam Rodríguez Betancourt 0 Artículo escrito
Graduada del primer curso regular ininterrumpido que se ofreciera de la carrera de Periodismo en Cuba (1965-1969). Doctora en Ciencias de la Comunicación por la universidad española de La Laguna y por la Universidad de La Habana (UH), Profesora Tit...
0 COMENTARIO

Dejar una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puede utilizar estos atributos y etiquetas HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

EditorialMedios en Cuba