Mónica Baró: “¿Cuándo fue la última vez que una propuesta popular, surgida del sentir y el pensar del pueblo, se convirtió en ley?”

Mónica Baró, periodista cubana. Foto: FNPI.
Mónica Baró, periodista cubana. Foto: FNPI.

Cuba Posible se ha dirigido a diversos expertos cubanos (de diversas generaciones, experiencias y procedencias profesionales), para indagar sobre las transformaciones necesarias de cara al presente y al futuro del país. A cada uno de los abordados se les hizo la siguiente pregunta: ¿Cuáles han de ser las características de las trasformaciones del modelo social cubano, para asegurar una evolución de sus capacidades a favor de la realización de los actuales y futuros anhelos de la sociedad cubana?. A continuación publicamos la respuesta de la periodista Mónica Baró.

Considero que las características de las transformaciones dependen enormemente de cuáles sean los anhelos y propósitos de la sociedad cubana, que, en rigor, constituyen en estos momentos una gran incógnita. Existen intuiciones, sospechas, hipótesis, tradiciones, aproximaciones científicas, discursos oficiales, pero no consensos sociales sólidos sobre esos anhelos y propósitos; no consensos sociales que sean el resultado de una praxis democrática constante.

¿Cuándo fue la última vez que vivenciamos, como nación, un proceso de diálogo profundo, honesto, valiente, respetuoso, organizado, en el que hayamos participado, en igualdad de condiciones, cubanas y cubanos de diferentes generaciones, orígenes, identidades culturales, ideologías, religiones, sensibilidades, profesiones, oficios, residencias en el mundo? ¿Cuándo fue la última vez que generamos consensos –no en espacios académicos, artísticos o comunitarios de discusión, formados a partir de la prevalencia de afinidades entre sus participantes, sino en espacios populares diversos‒ sobre la sociedad que somos y soñamos ser y convertimos esos consensos en propuestas de cambio y creación? ¿Cuándo fue la última vez que una propuesta popular, surgida del sentir y el pensar del pueblo cubano, se convirtió en ley?

Antes de definir la manera en que deben desarrollarse las transformaciones del modelo social cubano, deberíamos definir, de manera colectiva, qué es lo que queremos transformar y para qué. A nivel individual podemos poseer certezas al respecto, pero las transformaciones del modelo social cubano, desde luego, no las podemos hacer a nivel individual. No pueden hacerlas solo los dirigentes, solo las academias, solo los centros de investigación, solo los intelectuales, solo los artistas, solo el Partido Comunista de Cuba en el poder, solo una supuesta vanguardia política. Las transformaciones del modelo social cubano deberían ser impulsadas por una diversidad de actores sociales. Sin embargo, habría que empezar por reconocer la existencia de esa diversidad de actores sociales, es decir, por garantizar el ejercicio pleno de las libertades políticas y civiles de todos los ciudadanos, que es algo que en Cuba aún se encuentra pendiente.

¿Cómo podemos transformar el modelo social cubano si dicho modelo está diseñado, en gran medida, para que no sea transformado esencialmente por la sociedad sino por el Estado; si el poder político instituido –más conocido como el Partido‒ solo reconoce el derecho a existir de los actores sociales que no entran en conflicto con sus intereses o de aquellos que consigue moldear a su imagen y semejanza; si no hay oportunidades para la creatividad fuera de los márgenes de la creatividad estatal hegemónica; si quienes expresan y defienden pensamientos divergentes y opuestos al pensamiento oficial son segregados, estigmatizados, hostigados y hasta difamados políticamente?

En este contexto, el conjunto de transformaciones que se ha denominado oficialmente como “actualización” del modelo socialista o social cubano obedece más a un proceso de reordenamiento del poder político para perpetuarse, que a un proceso de transformación social. El lugar desde el cual se impulsan esas transformaciones es determinante para esclarecer su naturaleza. Es la dirección del Partido en el poder la que decide qué, cuándo, dónde, cómo, con quiénes, a qué ritmo, para qué y hasta dónde transformar o actualizar ese modelo. El rol de los ciudadanos consiste mayormente en seguir orientaciones y cumplir con lo establecido. Incluso cuando se les pide que tengan iniciativas, o que sean proactivos, es como si les pidieran que fueran libres con moderación, pues ni las iniciativas ni la pro-actividad significarán nunca un empoderamiento superior al tolerado por la institucionalidad existente. No obstante, sería una injusticia no reconocer que, al mismo tiempo que el Partido toma decisiones que impactan en la vida de la sociedad, creyendo que sabe lo que es mejor para todas las personas todo el tiempo, se desarrolla un proceso de transformación social, tanto desde espacios legitimados por el poder como desde espacios marginados, que más que “perfeccionar” o “actualizar” lo creado, busca crear condiciones favorables para una creación permanente.

Es ese proceso de transformación social, materializado en múltiples experiencias que se basan en una visión liberadora del ejercicio del poder, el que menos suele tomarse en consideración a la hora de analizar el contexto cubano, pero es el proceso donde se están formando los sentidos de vida y los valores que definen determinantemente a una nación. Es un proceso difuso, disperso, inconstante en algunos casos, muy poco visibilizado, conflictivo, confuso, pero al que hay que prestar atención. Ahí también está pasando Cuba. Cuando me pregunto cuáles deberían ser las características de las transformaciones del modelo social cubano, pienso principalmente en ese proceso, porque es el del cual me considero parte y en el cual deposito mis esperanzas.

Creo que lo que más importa no es si las transformaciones son lentas o rápidas, osadas o cautelosas, superficiales o radicales. Lo que más importa es que sean democráticas, inclusivas, justas. Importa el ser humano, la cultura, los valores, las relaciones sociales, que se forman en un proceso social genuino de transformación. Si la meta no es la meta a la que aspira la sociedad, si no se alcanza entre todas y todos, si la alcanza una minoría todopoderosa, al precio de restringir el ejercicio pleno de las libertades políticas y civiles, entonces esa meta no valdrá de nada, sencillamente, no será legítima. Creo que el término clave es poder popular.

Sobre los autores
Mónica Baró Sánchez 2 Artículos escritos
(La Habana, 1988). Periodista y educadora popular. Ha trabajado en la redacción internacional de la revista Bohemia y en el Instituto de Filosofía de Cuba. Actualmente, trabaja en la revista digital Periodismo de Barrio.
Cuba Posible 188 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
2 COMENTARIOS
  1. Juan Carlos Cruz-Barrientos dice:

    Soy un costarricense que creció con la inspiración de la revolución cubana, consciente de los problemas que tiene el proceso y deseoso, como muchos, de que dicho proceso corrija sus errores de una manera creativa, sin repetir las experiencias rusa y china. De manera que me considero un observador “interesado” y “no imparcial” de la experiencia que vive Cuba. Reconociendo mi posición, coincido con el planteamiento de Mónica sobre la necesidad de la apertura en materia de libertades políticas fundamentales, como condición para discutir el modelo que los cubanos y las cubanas quieren seguir a futuro. No obstante hay un horizonte que debe ser definido de antemano para que el logro de los derechos civiles no encalle en las trampas del proyecto democrático-neoliberal.
    Por eso es válido preguntarse “ex ante” a qué sociedad aspira la mayoría del pueblo cubano: ¿quiere acaso mejorar su socialismo? o ¿quiere capitalismo? y si de corregir los defectos del socialismo se trata ¿cuál es el camino?. A mi juicio, el conjunto de actores que decidan involucrarse el la construcción de la Cuba “posible” deben contar con una hoja de ruta con la dirección de los cambios, sólo así se puede garantizar que esa Cuba preserve y profundice los logros alcanzados hasta ahora y pueda enrumbar hacia una sociedad más justa, más inclusiva y más solidaria.

  2. Marlene Azor Hernández dice:

    Muy lúcida esta periodista. Lástima que no sea diputada en el Parlamento.
    Se acaban de aprobar tres documentos partidarios en el Parlamento y la población quedó al margen.Sólo el 16% de la población mayor de 15 años fue consultada. No creo que esos documentos puedan ser los rectores para la política, porque la participación ciudadana ha sido mínima.

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