Motivos para hablar sobre raza y desigualdad en Cuba hoy

Foto: Desmond Boylan / AP

Este texto forma parte del dossier Raza y Desigualdad en Cuba, mediante el cual, la plataforma Cuba Posible da continuidad al esfuerzo constructivo para desarrollar un pensamiento y una praxis social comprometidos con este y otros problemas relevantes de la sociedad cubana. El dossier cuenta con seis contenidos: la introducción y cinco textos integrados por respuestas a las preguntas formuladas en el dossier. Estos son los títulos con que aparecen en nuestra página web: “Motivos para hablar sobre raza y desigualdad en Cuba hoy”, “Población negra y mestiza, sistema político y representación”, “Por un desarrollo económico racialmente sostenible”, “Pensar la normalización Cuba-Estados Unidos en términos raciales”, “Una Cuba “a todo color”.

¿Por qué hablar hoy sobre raza y desigualdad en Cuba? ¿Qué problemas dentro de ese binomio merecen una atención priorizada?

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Tomás F. Robaina

Tomás F. Robaina: Que se hable de esas dos categorías tan amplia y frecuentemente es señal de que la sociedad está muy lejos de haber disminuido de manera profunda las discriminaciones por el color de la piel, como consecuencia de la diferencia, cada vez más creciente, de la desigualdad social y económica, entre las clases y grupos sociales que ostentan o están vinculados al poder político y la mayoría de los diferentes sectores de nuestra población integrados por hombres y mujeres históricamente marginados por el color de la piel, sus orígenes clasistas periféricos, entre otras causas.

 

Pedro A. Cubas: Para entender la Cuba de hoy es preciso reflexionar a profundidad sobre varios aspectos que la caracterizan desde el inicio de su historia nacional. En este caso, tenemos como foco el binomio raza y desigualdad.

Cuando hablamos de raza se activa, en primera instancia, la variable color de la piel porque es la mayor expresión fenotípica a simple vista. No obstante, no podemos olvidarnos de otras características físicas de los rostros humanos que complementan la funcionalidad de dicha variable: textura del cabello, las formas de la nariz y de los labios, así como algunas marcas de la vida reflejadas en el resto del cuerpo. En este caso, no estoy hablando de la concepción de raza desde el punto de vista físico y biológico, porque ya está superada por otros estudios científicos. Lo que intento destacar es la aplicación social, cultural, política e ideológica de esos rasgos con el objetivo de inferiorizar, estigmatizar e invisibilizar a los seres humanos, que no encajan en el patrón o canon de belleza del poder occidental como critican los teóricos de la colonialidad. Nos guste o nos disguste, Cuba nunca escapó de las ardides y agresiones de la colonialidad del poder/ser/saber, en las cuales están omnipresentes los criterios de desigualdad, que complementan la construcción sociocultural del concepto de raza.

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Pedro A. Cubas

Si abrimos una discusión sobre desigualdad, en este caso social, económica y política para ubicar mejor el término a debate, aparecen con mucha fuerza algunos conceptos que aprendimos en filosofía, historia o sociología. Por ejemplo: clase/grupo/capa social, género, relaciones de poder, relaciones intersubjetivas, marginalidad, raza, pobreza, entre otros. Analizando fríamente esas cuestiones sería inocente pensar que todos podemos ser iguales en todos los sentidos. Y es mucho más utópico afirmar que la ley siempre es pareja para todos. El sentido práctico de la vida cotidiana insular provoca que concordemos con ambas sentencias; aunque reconozcamos que pueden ser contextualmente matizadas y también discutibles como todo en esta vida. De todas maneras, la desigualdad en sentido general nunca dejó de existir en Cuba; aunque en el último medio siglo se empeñaron en esconderla evitando cualquier tipo de discusión por más científica que fuese. ¡Y desde la política ni hablar!

En fin, raza y desigualdad son dos piezas armónicas de un mismo discurso cotidiano que va más allá de sistemas económico-sociales. La Cuba post 1959 siempre tuvo pavor de la fuerza que emana de ese binomio e intentó por muchos años silenciarlo desviando el foco para las ventajas del socialismo real. Aquí se incluye el delirio del igualitarismo entre los cubanos, que con el paso de los años fue provocando un cisma entre la retórica y la realidad insular. Por eso me pregunto: ¿Cómo es posible hablar de historia de Cuba reconociendo el funcionamiento del binomio raza y desigualdad solamente hasta 1958? Es preciso entender que una Revolución tan radical como la cubana no ha sido suficiente para contrarrestar la operatividad de ese binomio porque, entre otras cosas, dentro de ese proceso (que no ha terminado) participan hombres que, desde sus responsabilidades políticas, ideológicas, culturales y económicas, en la práctica perpetúan las manías de la colonialidad en su versión racista, machista, homofóbica, por citar tres aspectos ideológicos claves.

La operatividad del binomio raza y desigualdad tiene una raíz muy profunda y es preciso darles atención a los casos sociales marginalizados y empobrecidos que sufren por la falta de oportunidades, dentro de un contexto adverso para quienes tienen una situación económica precaria. Hablo del bajo nivel de acceso a la riqueza nacional, que todavía sigue siendo un asunto problemático. Para enfrentar los problemas sociales basados en el binomio raza y desigualdad, las instancias gubernamentales podrían implementar políticas públicas dirigidas a esos sectores necesitados y abandonados. Pero antes de hacerlo deben entender que la idea no es favorecerlos por encima de los otros sectores poblacionales, sino ayudarlos a salir de la precaria situación que sufren.

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Joanna Castillo Wilson

Joanna Castillo: Urge hoy hablar de raza y desigualdad en Cuba porque, aunque la Revolución eliminó, a nivel institucional, procesos discriminatorios basados en el color de la piel y, jurídicamente, todas las desigualdades por motivos raciales, a la par que creó en el orden público políticas articuladoras que dieron por igual acceso a la educación, la salud, el empleo, por solo poner algunos ejemplos, la problemática racial en la sociedad cubana actual es una realidad. El proceso revolucionario acortó las brechas raciales favoreciendo una situación económica más favorable y uniforme para el ciudadano negro y mulato, pero no ha logrado incidir, profundamente, en las representaciones sociales negativas que perviven en el imaginario del cubano hacia ese grupo poblacional.

Amén de que desde el discurso cultural dominante se suscriba una visión de que la raza no importa y que somos una nación mestiza, se les sigue identificando, al negro y al mulato, con las cualidades más negativas, con independencia del color de la piel de quienes las atañen. La esclavitud, seguida de muchos años de declarada discriminación, dejó un legado cultural difícil de desterrar. Resulta hoy un reto hacer comprender que las capacidades, valores, aptitudes, nada tienen que ver, ni están determinados por los rasgos fenotípicos.

Problemas dentro de ese binomio, que merecen una atención priorizada, son los procesos de discriminación debido a la estereotipación y a los prejuicios, que responden a los comportamientos, aptitudes, valores que se les asignan a los rasgos. Otro fenómeno es el del endorracísmo (que se entiende como la autolimitación, la autorrepresión, la desvalorización del propio sujeto hacia sus semejantes). Diversos estudios dan cuenta de que la autoimagen de negros y mulatos está cargada de un alto contenido negativo, producto de la endoculturación familiar, el imaginario social y la política cultural, entre otros factores. En este sentido, es bueno resaltar que la política cultural tiene múltiples vacíos en materia de racialidad. Ejemplo de ello son los medios de comunicación. Estos carecen de una óptima representación y construyen productos artísticos que reproducen, en muchos casos, prejuicios y estereotipos raciales.

Otro elemento que merece una atención priorizada es la falta de programas de estudio que incorporen a la educación de los nuevos ciudadanos una evolución histórica de las relaciones raciales. Esta ausencia es, en gran medida, causante de la permanencia y reproducción, en el imaginario social cubano, de estereotipos, prejuicios y actitudes discriminatorias.

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Alejandro L. Fernández

Alejandro L. Fernández: Raza y desigualdad es un tema pertinente en la Cuba de hoy, porque representa uno de los imprescindibles debates contemporáneos, anclado en el pasado histórico que permite explicar su persistencia en el presente. La raza, como se ha demostrado por distintos autores, constituyó/e una influyente variable de la construcción de la nación, dada su presencia en la configuración de las desigualdades condicionadas por el género, la clase o región, por citar algunas variables. El soslayo durante décadas de su tratamiento, producto de posiciones de optimismo político y el efecto de los avances en cuanto a igualdad de oportunidades, hace más compleja hoy la transparencia y crítica del tema. Debido a tal período de ausencia urge no solo debatirlo, sino determinar las estrategias posibles en el difícil contexto del modelo cubano del siglo XXI.

En su binomio hay determinados problemas a mencionar. En mi consideración son priorizados el impacto del color de la piel dentro de la polarización clasista de la sociedad, y por ende la creciente acentuación de la raza y la desigualdad, entendiendo esta última como pobreza, en el acceso y distribución de los recursos. También se ubica la indolencia ante la amplia gama de manifestaciones de comportamientos de discriminación y prejuicios, unida a la aceptación de tales actitudes como prácticas generalizadas. Por último, llamar la atención sobre la lentitud e insuficiencias de medidas —tomadas por los actores empoderados en cuanto a la toma de decisiones— dirigidas a la solución a largo y corto plazo de este binomio. Se impone, tras casi tres décadas de visibilización de las desigualdades, un recuento del trabajo, los logros y las deficiencias de las instituciones y actores sociales involucrados con vistas a generar nuevas experiencias y métodos. Una cosa es cierta: las prácticas racistas, ya re/adaptadas al modelo del socialismo, se reconfiguran a una velocidad mayor que el alcance efectivo de las políticas sociales en cuanto a la agenda de igualdad social y equidad.

Maikel Colón

Maikel Colón

Maikel Colón: Parece un tema recurrente, pero no. Es un tema de derechos. Hace ya mucho tiempo sabemos que la estrategia que implementó la Revolución cubana para erradicar los problemas derivados del binomio raza y desigualdad, no fueron suficientes. Cuando un policía, insiste y persiste, en pedir el carné al negro/a, o una familia se muestra reticente cuando su hija/o, aparentemente blanco/a, presenta a su novio/a negra/o, es evidente que convivimos con el tema en toda su complejidad. En las últimas dos décadas, hemos visto como desde varios frentes, se ha desarrollado un debate académico, con aciertos y desaciertos, en donde se han problematizado algunas de las cuestiones más complejas que ha producido este binomio, como bien refiere la pregunta inicial. Sin embargo, hemos visto también, como este debate no ha tenido la recepción esperada por parte de las instituciones y organizaciones políticas del país, con lo cual, el desarrollo y la implementación de políticas que contribuyan a desarrollar un profundo y tendido abordaje respecto a los puntos más enmarañados de las prácticas racistas dentro de la sociedad cubana, en cierto modo, están completamente estancados, y no se asumen como un problema de emergencia social. Hay muy poca transparencia a la hora de poner sobre la mesa las profundas secuelas que todavía generan la raza y la desigualdad en la vida cotidiana de cubanos/as. Algo que resulta inexplicable, sobre todo a partir de los fundamentos de justicia social que se promueven con bastante vehemencia.

Coexiste una especie de dilema en nuestro país, que contribuye incesantemente, a convertir temas concretos en temas tabú. La discriminación racial es uno de ellos. A partir de ahí, enfrentar cualquiera de sus consecuencias, resulta una especie de choque contra cierta zona de silencio, que arbitrariamente se encandila por expresiones de la cotidianidad, aceptadas con total naturalidad. Desde esta perspectiva, una de las complejidades que padecemos a la hora de remarcar los diferentes puntos de confrontación sobre las prácticas racistas dentro de la sociedad cubana, es precisamente la manera en que algunos académicos e intelectuales, así como funcionarios políticos, continuamente edulcoran las peculiaridades del contexto cubano, poniendo la balanza en contraposición con situaciones foráneas, donde según conviene, las prácticas racistas son mucho más acentuadas. Esta retórica intenta medir el grado y la repercusión de esta constante de desigualdad, argumentando que nuestra realidad no es una de las peores. En tal sentido, se fomenta un estado de opinión que no favorece un enfrentamiento claro y distendido contra ese mal, el cual adolecemos en muchas facetas.

En nuestra modesta consideración, este es uno de los asuntos que merece ser revisitado. Ciertamente, hay varias opiniones respecto a los diferentes tópicos a abordar, y las estrategias a desarrollar para eliminar cada una de las prácticas de discriminación racial con las que convivimos. Sin embargo, tapando el sol con un dedo, si me permiten la expresión, no lograremos una agenda conjunta. De una manera u otra, nuestra sociedad tiene una historia de antirracismo latente, y a partir de ese legado ideológico, contemos con todo nuestro capital humano, el material académico y empírico, y problematicemos cada una de esas zonas de silencio, en las que las prácticas racistas, subliminalmente, hacen un daño visceral.

Sobre los autores
Julio César Guanche Zaldívar 17 Artículos escritos
(La Habana, 1974). Licenciado (1997) y Máster (2005) en Derecho por la Universidad de La Habana. Ha impartido docencia como profesor adjunto de la Universidad de la Habana. Ha dirigido varias publicaciones y editoriales nacionales. Laboró, primero...
Reinier Borrego Moreno 8 Artículos escritos
(La Habana, 1988). Licenciado en Historia (2012) y Máster en Estudios Interdisciplinarios sobre América Latina, el Caribe y Cuba por la Universidad de La Habana (2014). Investigador del ICIC “Juan Marinello” y del Grupo Historia Social Comparad...
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