“No somos tetas y nalgas solamente”: feminidades disidentes del hip hop cubano

Afibola Sinufola. Foto: Elena Martínez

INTRODUCCIÓN

El hip hop, en especial sus expresiones líricas —tanto la música rap como el spoken word—, ha realizado contribuciones importantes en el tratamiento de determinados temas en el contexto de la sociedad cubana. Dentro de este movimiento contracultural, algunos de estos aportes temáticos se han realizado casi exclusivamente por mujeres; tal es el caso del erotismo y la sensualidad, evidenciándose con esto la apropiación de su propio cuerpo como objeto de lírica y evadiéndose la posición de objeto que, de manera general, ha sido destinado a la feminidad.

En ese contexto y en frágiles vínculos con otros ámbitos de la cultura y sociedad cubanas, han emergido posicionamientos que pudieran ser leídos como prácticas “decoloniales”, toda vez que se parte de condiciones particulares del contexto cubano ‒de aislamiento teórico, ideológico y geográfico‒, donde las teorías europeas y anglosajonas no han llegado directamente ni con demasiada fuerza, por suerte, y donde “el otro” tiene múltiples e insistentes expresiones.

El presente ensayo tiene como objetivo examinar algunas de estas líricas en busca de propuestas de un tratamiento no convencional de dichas experiencias dentro del hip hop y como parte del “artivismo” feminista[1]. Hemos tomado para ello textos signados por integrantes del movimiento cubano de hip hop: la poeta Afibola  Sifunola y las raperas  Odaymara Cuesta, Olivia Prendes y Magia López, quienes se reconocen como depositarias del acervo cultural afrodescendiente y legitiman su pertenencia a las clases populares dentro de la sociedad cubana.

APUNTES ACERCA DEL MOVIMIENTO DE HIP HOP CUBANO

La inserción del hip hop dentro del panorama artístico-cultural cubano no ha sido fácil. Recordemos que esta es una expresión nacida en el seno de grupos racializados y marginalizados, con escasos o nulos conocimientos de música, que se mueven en circuitos musicales alternativos y donde lo underground es parte del propio discurso.

Lo anterior cuestiona la estricta formación musical, usual en la Isla, que incluye un sistema de escuelas especializadas y conservatorios de obligada permanencia cuando se quiere pertenecer a dicho ámbito profesional. El rap entonces se sale de dicho circuito donde la llamada “música culta” es positivamente valorada mientras se estigmatiza la popular.  Una evidencia de lo anterior es que hasta hace muy poco no se incluía en los estudios universitarios en la Isla la percusión cubana, una de las más reconocidas mundialmente, y deudora casi exclusivamente de los ritmos africanos.

La otra cuestión importante es la conciencia racial de artistas e intelectuales negros: ese particular emplazamiento desde el cual se aceptan o rechazan estereotipos y modelos culturales; conciencia del origen etno-sociocultural donde se construye una mirada identitaria que —si no se enajena, discrimina o reprime— enriquece con su plenitud una cultura y una nación para todos, tal como aspiramos (Zurbano, 2005).

Por otra parte, la sospecha acerca de un género originalmente cultivado en comunidades de personas negras en Estados Unidos y que destaca por la crítica social, ha pesado siempre sobre el rap en la Isla. Dicha sospecha incluye varios aspectos, entre ellos el cuestionamiento de la necesidad de un género foráneo cuando nuestra música es suficientemente amplia. La investigadora Yesenia Selier lo precisa de la siguiente manera: “La política revolucionaria ha tenido una larga historia de intolerancia hacia expresiones culturales críticas al proceso, o entendidas como inapropiadas de la imagen deseada de la ‘cultura revolucionaria’, desarticulando y cooptando los discursos alternativos gestados en su seno” (…)  (2006).

LAS MUJERES EN EL MOVIMIENTO CUBANO DE RAP

Los diversos movimientos musicales cubanos han privilegiado miradas esencialistas a las mujeres; de manera que son comunes canciones que exaltan la femenil tradición, basadas en la ternura, fragilidad, delicadeza, debilidad, etcétera, que incluye además la crítica cuando las mujeres cuando no cumplen dicho paradigma[2].

En todos los casos ha prevalecido la mirada masculina hacia la feminidad, donde las mujeres negras y mestizas siempre han sido el centro del deseo masculino, inferiorizadas de la condición humana (Álvarez Ramírez, 2008). Lo anterior puede ser leído a partir de lo que María Lugones concibe dentro del término “colonialidad” (2010).

Es así que los aportes de las cubanas vinculadas a la cultura hip hop —activistas, Djs, masters en ciencias, poetas, escritoras— se han realizado en marcadas condiciones de exclusión. Primero por ser mujeres, en una cultura que es conceptual y básicamente masculina. Luego por ser una propuesta contestataria, contracultural que es muy mal comprendida por la sociedad en general y que es cultivada por los sujetos racializados y marginalizados que más arriba mencionábamos.

Respecto a la participación femenina dentro del Movimiento de Rap Cubano esta ha sido, desde sus inicios, pequeña pero constante. “(…) hallamos en primer lugar la representación mediática del Hip Hop internacional, que relega para las féminas el rol de modelar sus atributos físicos en primera instancia, cuando no de denigrar su condición. Este ha sido un lugar privilegiado para los hombres, para los machos y sobre todo, para difundir y recrudecer los estereotipos sexistas (Selier, 2006)”.

Luego se impone una tercera distinción dentro del propio movimiento de rap y es la de la orientación sexual, la cual constituye el más reciente de los reclamos, exclusivamente de las mujeres, también para la sociedad cubana en general. En este sentido, las lesbianas que están más cerca del movimiento de hip hop cubano son las que tienen un discurso más radical.

Tal es el caso de la activista anti-racista Logbona Olukonee, quien, partiendo de sus propias vivencias como mujer negra y pobre, se ha acercado a lo que hoy se identifica como discursos “decoloniales”:

La gran mayoría de la población cubana vive en formas que se alejan de los patrones blancos, media clase y heteronormativos que imperan en el discurso de la cultura cubana oficializada. Muchas   personas sufren diversas formas de discriminación por las razones anteriormente expuestas y también viven fuertes contradicciones individuales por ser afrodescendientes, queers, gordas, que se convierten en miedos, inseguridades, baja autoestima, y son armas mentales que han ayudado a la permanencia de los diferentes sistemas de opresión. Es urgente de-construir estos patrones de pensamientos colonizados y que la gente se empodere de una realidad y una cultura desmitificada que nos produce tanto daño (Álvarez Ramírez, 2014).

En el caso de Olukone, y otras activistas de este corte, sus propuestas han surgido de manera auto-gestionada y alejada de los circuitos legitimados de activismo feminista en la Isla, los que por lo general se encuentran en las universidades[3], en las cátedras de las mujeres, etcétera. Ella se ha aprovechado de su condición de profesora universitaria para hacer confluir las dos esferas: el activismo y el profesorado.

“(…) creo en la necesidad de trabajar en una universidad, para contribuir a desestabilizar el poder blanco y hetero-patriarcal que pervive en la academia cubana y de muchos lugares del mundo. Como feminista, me interesa provocar sensaciones y pensamientos, pero desde la horizontalidad, desde la actividad diaria. Mediante “los excesos” de mi forma de vestir “masculina”, mis transformaciones con mi pelo afro, mis tatuajes, y mis opiniones (…) Con el simple hecho de yo estar ahí, aprenden a convivir con la diversidad, con la diferencia de opiniones, de formas de vida”.

En ese contexto, las raperas cubanas han abordado las relaciones homoeróticas, el embarazo, la maternidad homoparental, la menstruación, el deseo sexual, etcétera; en todos los casos desde prácticas feministas que podrían ser designadas como comunitarias, a pesar del corto alcance de las mismas y el contexto tan estrecho donde se producen, si tenemos en cuenta el concepto de comunidad de Julieta Paredes (2008), donde tiene en cuenta las comunidades culturales.  Este sería uno de esos casos.

En mi opinión el quehacer de estas “artivistas” está sembrando la simiente de lo que en un futuro podríamos denominar como un feminismo decolonial cubano; que prevemos sazonado con la particularidad de ser una mujer negra o mestiza de escasos recursos económicos.

“(…) de las voces de las mujeres negras en el rap cubano constituye una verdadera eclosión sin precedentes aún comparada con otras manifestaciones artísticas o culturales. En sus obras ellas dialogan con diferentes temas del imaginario, de la cotidianidad y de la lucha contra la    discriminación racial y la opresión patriarcal. (…) Muchas raperas muestran su voluntad trasgresora a    través de los nombres con que se llaman a sí mismas y en las letras de su discurso. Hay en ello una voluntad de re-semantizar ciertas expresiones y de insertarse en un universo simbólico propio. (…) (Martiatu, 2008)”.

AFÍBOLA SIFUNOLA: “PUTA QUE RESPETA LA VIDA”

Afíbola Sifunola[4], es una joven poeta cubana, cultivadora del spoken word con varias participaciones en festivales de poesía, simposios de rap y otros eventos de carácter nacional, lo que le ha valido ser reconocida dentro del movimiento de hip hop cubano.

Muy tempranamente, con solo 19 años, conformó junto a otra poeta, Luz de Cuba, el dúo “Unsorokan” —“conversación de corazón”, en lengua yoruba—, con el cual participaron en el proyecto “La poesis conexión”. Luego iniciaría su carrera en solitario al tiempo que formó parte del proyecto “Caminos de Palabras”, conformado por artistas del spoken word.

Desde el inicio de su carrera Afibola abordó en sus líricas temáticas relacionadas con el cuerpo de las mujeres. En “La historia ya no me engaña”, denuncia cómo la historia oficial cubana —como parte del poder patriarcal— las ha ninguneado; para lo cual se centra en los atributos del cuerpo de las hembras y desde allí reclama el verdadero que ellas tienen en la sociedad:

“No puedes hablar de Revolución/sin la clave de libertad/entre mis senos/No puedes hablar de paz ni guerra/sin mis ovarios/porque mis óvulos fueron/y son la respuesta/No puedes hablar de amor, fuerza/sin prenderte antes a mi clítoris/No entiendes/como me impongo/no me conformo con mi posición discreta/Me cansé, me cansé/de estar colgada a tus espaldas.”

Se trata de un texto progresista, escrito en el contexto de una Revolución social interesada por el bienestar de las mujeres, pero que ha respondido al paradigma de madre-esposa y de disponibilidad de las mujeres a la defensa de la Revolución. De hecho, hasta el 2007 el logotipo de la Federación de Mujeres Cubanas —organización que agrupa a las cubanas a partir de los 14 años y que consta con casi 4 millones de afiliadas— incluyó un bebé en brazos de una mujer miliciana; es decir, por más de 40 años, la organización legitimó, a partir de su “imagotipo”, la maternidad como fin o parte de la feminidad de la mujer cubana.

Lo más contestatario entonces, en este poema de Afibola, es presentar el cuerpo de hembra como un ente político per se, en especial aquellas partes que participan del placer: senos, clítoris, vagina, etcétera; cuerpo previamente colonizado pero para el cual ahora se reconoce la posibilidad del disfrute y de la lucha política de manera conjunta. Esta es una de las contadas veces que, dentro del hip hop cubano hecho por mujeres, no se asume un rol de víctimas ni se defiende desde los derechos; en su lugar el cuerpo erótico ocupa el lugar preponderante.

En una sociedad heteronormativa como la cubana y en el contexto del imaginario popular, un bebé con dos madres es impensable. Recordemos, además, que en Cuba no es aún posible la unión legalmente reconocida de dos personas del mismo sexo, lo cual impacta a un segmento de la población[5]. A raíz de la maternidad homoparental de la poeta, ella nos entrega “El suceso del González Coro”:

“La sala está abarrotada de testículos inquietos / que no entienden tu presencia allí. / El susurro claro, curioso, llega a tus oídos / y comienza el diálogo de miradas indiscretas / que te interrogan, te desafían, declarando irreal nuestra condición. / Todos quieren una explicación, una explicación / tradicional, normal, o biológicamente lógica. / La que espera ocupa un espacio inmenso / en la sala en la mente de los futuros padres. / La que espera no es prima, ni hermana, ni vecina cercana / La que espera ni fecundadora ni fecundada / La que espera recibió la noticia que nadie quería creer / en la sala de fecundadores por excelencia / Mamá, es varón (Sinufola, 2014)”.

Teniendo en cuenta lo anterior, es harto importante que una letra como esta aparezca en el rap cubano, el que como dijimos anteriormente reproduce los roles tradicionales, el sexismo, la homofobia y en algunos casos la misoginia; no solo por las letras, sino también por las propias dinámicas de poder que al interior del movimiento se establecen, donde las mujeres son relegadas a los peores espacios de presentación o son el enganche, tipo la crema del café, para llamar la atención del público, mayoritariamente masculino.

En “Paren” Afibola dice:

“Paren / no victimizar más nuestra condición oscura, sexual, terrenal, artística, amiga, sincera, cualquiera / Puta que respeta la vida. / Exigir de-construir la fábrica de miedo con nuestras palabras, nuestras piernas, nuestras alas, nuestras vaginas / ¿Te gusta? Hay pero no te toca / Cuatro toneladas de feromonas con sabiduría / Revolución sexual, Respeto, lo que las mías querían / pensando cómo borrar las marcas de nuestras placentas con tus mentiras / Todos, todos los hilos de nuestros cuerpos, ovarios, orgasmos, hijos, te están explicando / Sobre nuestras cabezas solo, Olorun / ¿Entiendes? Mirando nuestras nalgas te pierdes lo que hay en nuestras mentes (2013).

Además, debemos decir que el movimiento feminista cubano, de existir,[6] es fundamentalmente heterosexual, blanco, de clase media y está anclado básicamente a la teoría de género; la experiencia de la maternidad lésbica explosiona los límites de lo correcto.

Una de las estrategias de dominación del sujeto colonizado ha sido la victimización, pues ello supone la inferioridad de ese ser y lo condena de por siempre a esa condición. Afibola en este fragmento se sacude del destino mujer-víctima, apropiándose una vez más de su cuerpo biológico, y lanza una crítica severa al “vouyerista”, quien es siempre un hombre.

El amor entre mujeres es revisitado por la poeta, pero esta vez confrontándolo con la masculinidad tradicional:

“Pensamiento dile a fragancia que yo la quiero, que no la puedo olvidar, / que ella vive en mi alma, anda y dile así, / dile que pienso en ella… aunque no piense en mí / dile que pienso en ella aunque no piense en mí / ¿Será que tengo un tipo no ideal? / O soy el tipo que le hizo cambiar su idea de lo tradicional / Hetero-formación caduca en plan de controlar nuestros amores / fragancia tiene miedo de transformarse en olor u olores / fragancia no piensa en mí porque soy un pensamiento / que viste de idea un día y al otro, viste de toro.” (Sifunola, 2014)

Este poema toma prestado un fragmento de un reconocido tema musical —“Pensamiento”—, cuyo autor es el cubano Rafael Gómez “Teofilito” y que popularizó María Teresa Vera, excelsa figura de la trova cubana y de la cual se supo que era lesbiana. La contribución de la poeta acá es exactamente cuando habla del “tipo”, que es una manera coloquial de decir hombre en la Isla.

El texto pone sobre la mesa el debate de la masculinidad en la feminidad y viceversa. El punto de cuestionamiento es el binarismo de género y la correspondencia entre feminidad-mujeres y masculinidad-hombres. Que tengamos referencia, dicha cuestión no se asoma aún a las reflexiones actuales de las feministas en Cuba, donde prevalecen nociones en las que se privilegian las occidentales de género[7].

KRUDXS CUBENSI: “TODAS LAS MUJERES CONOZCAMOS NUESTRAS BARBAS

Pasa Kruda (Odaymara Cuesta) y Pelusa (Olivia Prendes) tienen un largo camino en dar nacimiento a proyectos culturales contestatarios. En ese recorrido se destaca la conformación, junto a Llane Alexis Domínguez de “Cubensi”, del primer grupo queer y vegano de arte, en la Cuba de 1996.

Luego, en 1999, fundan, junto a Wanda (Odalys Cuesta), “Krudxs Cubensi”. Un año más tarde, junto a otras artistas, fundarían el colectivo teatral “Gigantería” y “Tropazancos Cubensi”.

En el momento en que esta agrupación llega al escenario rapero nacional la supremacía masculina es intervenida directamente. Ariel Fernández Díaz, fundador de la revista Movimiento[8] en entrevista para el documental Queen of my self: Las Krudas d’ Cuba, de Celiany Rivera-Velázquez, declara:

“Las Krudas llegan en un momento para decirnos: el discurso de ustedes no está completo, hay ciertos ingredientes en este discurso que están faltando, y nosotros lo vamos a poner, lo vamos a traer y vamos a estar contigo en esta batalla pero tú tienes que escucharnos a nosotros. Yo pienso que esa labor es muy importante porque Las Krudas de cierta manera creo que lo logran, concientizar a muchos de nosotros sobre tópicos que no queremos discutir, o que nos sentimos incómodos cuando los tenemos que discutir o abordar (…) (Rivera-Velázquez, 2010)”.

“Krudxs Cubensi” privilegia entonces discursos feministas decoloniales radicales acerca de las políticas del cuerpo, el erotismo, la diversidad sexual, el feminismo, entre otros, ligados a experiencias enriquecedoras como la migración. Sus temas cargados de sus propias experiencias dentro de la militancia lésbico-feminista más profunda y consciente, dinamitan todos los límites, los supuestos y los ideales, al denunciar también la heterosexualidad como régimen político, el androcentrismo propio del rap, así como los paradigmas eurocéntricos de belleza.

No conocemos la existencia de estudios culturales que revelen cómo otras mujeres músicas cubanas han asumido el tema de las relaciones sexo-eróticas entre mujeres, pero a simple vista no se notan muchos ejemplos de lo anterior. Cantarle a las relaciones lésbicas no ha sido un tema central de la obra de las cantautoras cubanas, inclusive para aquellas que son lesbianas (Borges-Triana, 2012).

“Ya se formó la complicidad, las mujeres estamos bellas, somos ricas de verdad / móntate en el tren del éxtasis, se te van a cumplir todas tus fantasías / Besos, abrazos, miradas, calor, caricias, saliva y mucho sudor / con movimiento abdominal, besos la pelvis te va a explotar / pa arriba fluidez corporal, recorriéndonos como calles infinitas / entregándonos vaginas benditas, huelo y siento tu espacio profundo, aroma sexual inundo / tus manos, tus pies, tu boca en mí, gritados susurros, gemidos (…) (Cuesta et al, 2012)”.

En este sentido habría que destacar la exposición de sus vivencias como mujeres que gustan de “papayas”[9], la libertad física y de pensamiento y el amor, se mezclan con unas ganas irremediables de hacer gozar y bailar. Las “Krudas” son, entonces, extremadamente incorrectas en una sociedad que preconcibe el orden y categorización como lo válido; y dentro de un movimiento que no por contestatario deja de ser machista, sexista y en algunos casos misógino.

En un mundo que concibe la delgadez como paradigma, y donde las industrias cosméticas y farmacéuticas esclavizan a las personas, un tema como “La gorda”, es profundamente anti-sistema y liberador.

“Me querías anular por gorda / hacerme sentir inferior / que si los nervios y la falta de control / que horror / Yo, experimento un profundo placer / en un mundo lleno de muchas formas de mujer / A la alegría de la vida tenemos derecho la de más de 40 de cintura y 52 de pecho.

Nenas, flacas, sexys, en la TV siempre lo mismo / Silicona y hay aquí torsos perfectos, que lindo / Anorexia en tiempos de guerra / Paulina, Jennifer, Beyonce que perras / pasando hambre, haciendo dieta, hormonas pa la tetas / Y las niñas sofocás por ser barbis, por ser muñeca (Cuesta, 2005)”.

Nos hablan entonces de una mujer con un cuerpo que no se somete, o sea, “una gorda sin domesticar”, esas que disfrutan su peso y se aman a sí mismas, y al mismo tiempo nos convocan a pensar sobre la tiranía y colonización del cuerpo que todo lo quiere controlar —vellos, transpiración, peso corporal, etcétera—, y como se nos convierte en “personas enfermas” desde la medicina occidental y los mass medias.

El tema “Mi barba” aparece incluido en el más reciente disco de la agrupación “Poderosxs”, y en esta lírica rompe el binarismo de género al proponer un atributo tradicionalmente masculino en el cuerpo de una mujer. Ni hombre ni mujer, como señala la lírica:

“Todas las mujeres conozcamos nuestras barbas, dejémoslas crecer. / Let it grow, to much empowerment, mucho poder / la barba es liberación es mi realidad es la libertad de mi cuerpo que es mío y muy mío / esta barba es la marca de lxs guerrerxs de mi tribu, es el regalo de mis ancestrxs es mi pedigree, mi barba, barba mía, barba macho, barba hembra, barba mía / Transmutando mi apariencia de ser / si ser mujer es afeitarse la barba I’m sorry no soy mujer / si tener mucha barba es ser hombre I´m sorry tampoco soy un men / Soy Odaymarx, negra rarx, oddarx, realeza jale, barba marcada / señal marcada guerrera amada” (Cuesta, 2014).

Tendríamos que señalar además que “Poderosxs”, como volumen discográfico, supone una profundización del discurso inclusivo en la obra de este grupo, lo cual se evidencia desde el propio nombre de esta producción, la que con la inclusión de la X se aleja indudablemente de las identidades sexuales y de género, tradicionales y generalizadas. El individuo particular pasa al primer plano, sin dar paso la indefinición. La identidad está más ligada a la experiencia personal que a la pertenencia a un grupo determinado. 

LA OBSESIÓN DE MAGIA: “MI BELLEZA NO ESCANDALIZA A LOS OJOS”

Magia López es integrante, junto a Alexey Rodríguez, de “Supercrónica Obsesión”, agrupación fundada el 25 de junio de 1996, que resalta por una trayectoria ascendente, dedicada a lo que ellos llaman “afrocubano pensamiento” (Álvarez Ramírez, 2011).

En el año 2011, el grupo lanzó “El Disco Negro de Obsesión”, que contiene un tema que aporta a la desconstrucción de los paradigmas de belleza colonizadores: “Mi belleza”.

“Mi belleza es punto de partida para cada hazaña. / Es limpia, no se disfraza, no se engaña / Mi belleza afronta mis desafíos, ahuyenta mis titubeos. (…) / No es la de revista, no es la que estás imaginando. / No es la clásica belleza eurocéntricamente hablando. / Mi belleza no escandaliza a los ojos. / Ella elige las miradas y las maneja a su antojo. / Es tierna y brutal, así como el mar, de las que da que hablar, / De armas tomar. / Mi belleza no necesita patrocinio para su proyecto. / Ella cuenta con suficiente presupuesto. / Habla su propio lenguaje no se desvaloriza.” (López, 2012)

La recurrencia de este tema en las letras de “Obsesión” es notable. De hecho, el asunto es expuesto con sagacidad en “Los Pelos”[10], tema que cristaliza, en nuestro modo de ver, su militancia anti-racista.

Sin embargo, “Mi belleza” al ser un spoken word baja el tono, que ya no es de reclamo ni una denuncia, y se convierte en un discurso sutil y dramatúrgicamente estructurado de aceptación.

En este sentido, el verso “Ella elige las miradas y las maneja a su antojo”, constituye la mayor evidencia de lo que quiere tratar la artista, que en nuestra opinión sería la incapacidad de ese ojo occidental para identificar lo que siempre ha estado fuera de su campo visual. Sin embargo, el estímulo juega un rol activo en el entrenamiento de esa mirada estrábica y se aleja de la mencionada victimización que tanto daño hace a las personas afro.

A MODO DE CONCLUSIONES

Llegado a este punto podríamos decir que comienza a notarse en el seno del activismo feminista cubano, una tendencia más ligada a prácticas liberadoras decoloniales, cuyas exponentes fundamentales son raperas, poetas y “artivistas” vinculadas con el movimiento cubano de hip hop; quienes, saltando obstáculos de cuatro órdenes diferentes, han podido resistir el sexismo, la misoginia y las propias luchas intestinas que han protagonizado los hombres en dicho movimiento y, a la vez, realizar propuestas contundentes, posicionando determinadas temáticas en el rap nacional.

Los aportes fundamentales estarían entonces en la liberación del cuerpo de las mujeres, el cual puede asumir rasgos tradicionalmente masculinos como pueden ser una barba, así como considerar la consecución del placer un ámbito de lucha política y donde se privilegia no precisamente el paradigma madre-esposa sino a la mujer “puta que respeta la vida”, como dice la poeta Afibola.

BIBLIOGRAFÍA:

Álvarez Ramírez, S. “El rap y el “afrocubano pensamiento”. Entrevistando a Obsesión” en Otras modernidades, No. 6, noviembre 2011 [en linea] http://riviste.unimi.it/index.php/AMonline/article/viewFile/1609/1808 [Consulta septiembre 2014]

“Esclavitud y cuerpos al desnudo. La sexualidad y la belleza de la mujer negra” Sexología y sociedad, No. 37, agosto 2008, La Habana.

“Ser queer en Cuba y no morir de hambre en el intento es toda una hazaña” Pikara Magazine [en linea] http://www.pikaramagazine.com/2014/04/ser-queer-en-cuba-y-no-morir-de-hambre-en-el-intento-es-toda-una-hazana/ [Consulta octubre 2014]

Borges-Triana, J. ¡Vivan las gordas sin domesticar!, en Caimán Barbudo, 2012, [en linea] http://www.caimanbarbudo.cu/musica/2012/09/vivan-las-gordas-sin-domesticar/ [Consulta septiembre 2014]

Lugones, M. “Hacia un feminismo decolonial”, Hypatia, vol 25, No. 4 (Otoño, 2010) [en linea] http://manzanadiscordia.univalle.edu.co/volumenes/articulos/V6N2/art10.pdf [Consulta diciembre 2014]

Martiatu, I. M. (2008) “Alzar la voz”, La Jiribilla, No. 360, Año VI, 29 de marzo al 4 de abril La Habana, [en linea] http://www.lajiribilla.cu/2008/n360_04/360_11.html [Consulta enero 2015]

Paredes J. Hilando fino desde el feminismo comunitario, CEDEC, La Paz, 2008.
Selier, Yesenia “Movimiento de Rap Cubano: Nuevas identidades sociales a través de la cultura Hip Hop”, informe final del concurso: Poder y nuevas experiencias democráticas en América Latina y el Caribe. Programa Regional de Becas CLACSO, 2005 [en linea] http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/becas/2005/demojov/selier.pdf [Consulta diciembre 2014]

Zurbano, R. (2005)  “Vengo del mercado del silencio”, La Gaceta de Cuba, No. 1, La Habana, página 80. 

OBRAS AUDIOVISUALES

Rivera-Velázquez, C.  Queen of my self: Las Krudas d’ Cuba, Tortuga Producciones, 2010.

Sifunola, Afibola  “Paren” [en linea]

https://www.youtube.com/watch?v=XOtePI099ME [Consulta diciembre 2014]

OBRAS MUSICALES

Cuesta, Odaymara “La Gorda”, Kandela, La Habana, 2005.

“Mi barba”, Poderosxs, Austin 2014.

Cuesta, Odaymara y Olivia Prendes “Punto G”, Levántate, Austin 2012.

López, Magia “Mi belleza”, El Disco Negro de OBSESION, La Habana, 2011.

Sifunola, Afibola, “El suceso del González Coro”. Poema inédito, 2014.

Poema sin nombre. Inédito, 2014.

“Paren” Poema inédito. (sin fecha)

“La historia ya no me engaña”. Poema inédito. (sin fecha)

NOTAS:

[1] A grosso modo podríamos decir que el término artivismo es una combinación de activismo político y arte. El mismo hace referencia a aquellas manifestaciones artísticas que tienen la intención de luchar contra la opresión. En el caso del “artivismo” feminista contra la subordinación y opresión de las mujeres. Véase “Ciudadanía Feminista y Artivismo en la Red. La etnógrafa como artista” de  Ariana Cota, [en linea]https://www.academia.edu/5457495/Ciudadan%C3%ADa_Feminista_y_Artivismo_en_la_Red._La_etn%C3%B3grafa_como_artista

[2] La música popular cubana está plagada de temas que insultan a las mujeres.  “Tú eres una bruja” o “quien ha visto una gorda sin sentimiento’, son estribillos de canciones que se hicieron muy populares en Cuba.

[3] Por ejemplo, la maestría en Género de la Universidad de La Habana, coordinada por la Cátedra de la Mujer de dicha institución, que es el centro de altos estudios más importante del país, no contiene dentro de su plan de estudios la intersección de la categoría género con otras realidades como la clase, la raza y la orientación sexual.

[4] El nombre de inscripción de Afibola es Yudiset Menéndez Orozco, sin embargo en evidente práctica decolonial se realizó un cambio de nombre hace unos 5 años atrás.

[5]  Las lesbianas, por ejemplo, han denunciado con insistencia el no acceso a técnicas de reproducción asistida, a pesar de que nuestro sistema de salud es público y universal y que últimamente ha dado muestras de flexibilidad al incorporar la reasignación de sexo para las personas trans.

[6] Personalmente no creo que exista un movimiento feminista cubano estructurado sino diversos grupos de trabajo, casi todos vinculados con la academia o con ONGs.

[7] Para ver como anda el discurso feminista actual en la Isla sugiero consultar “¿Y las feministas lesbianas cubanas donde están?”, de Sandra Alvarez Ramírez, disponible en https://www.academia.edu/7569209/_Y_las_lesbianas_feministas_cubanas_donde_est%C3%A1n

[8] Movimiento fue por una década la única revista cubana dedicada al hip-hop. El pasado 2014 desapareció luego de 11 números publicados.

[9] En Cuba, papaya es una de las palabras usadas para designar la vulva.

[10] El videoclip del tema “Los pelos” recibió en 2010 el máximo premio en la categoría rap-hip hop del certamen nacional “Lucas”, el único existente en el país. El tema fue escrito en 1999 y el video-clip realizado en el 2005, por Melissa Rivière.

EN ESTE DOSSIER:

Revista Movimiento: notas al margen de ciertos momentos fundacionales

 

El Rap Semanal

 

Negro Soy Yo: hip hop y la ciudadanía racial en Cuba neoliberal

 

Supercrónica Obsesión: “El mayor logro es haber permanecido juntos”

 

La construcción del ethos discursivo en “El disco negro” de Obsesión: en defensa de la identidad negra

 

Las negras que (no) tiraron la tiza: (Re)visitando los discursos reivindicativos del rap cubano

 

Rapear el feminismo de otra manera: hip hop y modos alternativos de producir conocimiento

“No somos tetas y nalgas solamente”: feminidades disidentes del hip hop cubano

Sobre los autores
Sandra Abd'Allah-Alvarez Ramírez 15 Artículos escritos
Licenciada en Psicología por la Universidad de La Habana, 1996; Máster en Estudios de Género, 2008; y diplomada en Género y Comunicación por el Instituto Internacional de Periodismo José Martí. Diez años de experiencia laboral como editora y ...
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