Nuevo Presidente en Cuba: relevo, políticas, plazos, desafíos, las Fuerzas Armadas y un comentario final

Foto: Reuters

El ceremonial del traspaso de poderes ha terminado. Miguel Díaz-Canel Bermúdez, de 57 años, ha sido ratificado para el cargo por 604 votos de los diputados en la primera sesión de la IX Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Desde el momento en que fuera designado primer vice-presidente, años atrás, quedó claro para todos que (cumplida la nueva regulación establecida por el ex-presidente Raúl Castro de retirarse del cargo al concluir dos mandatos de cinco años) Díaz-Canel sería el seguro sucesor. A continuación, examinaré algunas cuestiones de interés.

I. Relevo

En primer lugar, recordemos que había apuntado previamente que el escenario identificado como de “relevo generacional” (reemplazo de la llamada “Generación de los Históricos”, de los guerrilleros, por la “Generación Intermedia”, esencialmente los jóvenes revolucionarios nacidos después de 1959), para ser efectivo, debía contemplar dos componentes indispensables: a) que el retiro de “los históricos” (al menos el grueso de ellos) debía producirse tanto a nivel de Estado como del Partido Comunista de Cuba (incluyendo la hipótesis de que Raúl se retirara, igualmente, de la secretaría general del PCC); y b) que Díaz-Canel no debía ser la excepción de un rostro joven entre muchos rostros ancianos (bordeando o pasando los 80 en el ejercicio del poder desde el inicio de 1959 o durante décadas).

El resultado visible es que el “relevo generacional” en los niveles claves ha tenido lugar en muy escasa medida. ¿Cuántas figuras maduras y talentosas, experimentadas y fogueadas, en sus 40 y 50 acompañan en el Consejo de Estado como vice-presidentes a Díaz-Canel? Apenas tres, pues dos vice-presidentes (sin restarle un ápice a sus méritos) andan por los 80; y el primer vice-presidente (más allá de sus méritos) representa un enorme contrasentido, pues más allá de sus cualidades y de su condición de negro (lo mismo puede observarse en el caso de la ratificación del Presidente de la Asamblea Nacional, Esteban Lazo Hernández), anda muy cerca de los 80 años, y debería acometer un mandato que debe prolongarse por 10 años. Lo más razonable razonable o indicado en este caso hubiera sido nominar como primer vice-presidente a alguien que fuera una figura joven, más joven incluso que Díaz-Canel.

Entre los 22 miembros restantes del Consejo de Estado, 12 fueron ratificados y diez entran a figurar como nuevos integrantes. La renovación del Consejo de Estado representó así un 42 por ciento del total de sus miembros. En su interior posee un 48 por ciento de mujeres y un 45,2 por ciento de negros y mestizos; en su totalidad estos representan el sistema de organizaciones de masas e instituciones relevantes del Estado, la cultura, las ciencias y otras esferas de la sociedad. El porciento de jóvenes (de 18 a 35 años) no figura en los datos, pues en general continúa siendo bajo (80 jóvenes entre los 605 diputados), aunque el promedio de edad descendió en un 54,4 por ciento a un 77,4 por ciento.

Raúl Castro optó por mantener su cargo de primer secretario del PCC hasta el próximo Congreso, en el año 2021. En ese momento debería estar cumpliendo sus 90 años. En términos de opinión pública, local e internacional, esto debió restarle considerable trascendencia y credibilidad a los cambios anunciados el pasado 19 de abril, pues no se produjo ningún cambio a nivel PCC. Los principales “históricos” retirados de la presidencia del Consejo de Estado permanecen ocupando cargos en el PCC (empezando por José Ramón Machado Ventura, un año mayor que el propio Raúl, quien permanece como Segundo Secretario). El sentido de longevidad en el ejercicio del poder resulta difícil de asimilar para cualquier patrón convencional en este terreno. Si fuéramos seguir esta lógica, los jóvenes dirigentes del futuro de Cuba serán aquellos que, dejada atrás su juventud, anden acercándose a los 60 años.

En referencia al PCC, Raúl se apartó del guión de su discurso de despedida para hacer un anuncio especial: Mercedes López Acea deberá cesar en su cargo de primera secretaria del PCC en La Habana a fin de ocupar otras responsabilidades en el Comité Central. López Acea, ingeniera forestal de profesión en la provincia de Cienfuegos, pasó del Partido en esta provincia al Comité Central en su V Congreso, en 1997. En años posteriores, fue promovida al Secretariado, al Buró Político y a vice-presidenta del Consejo de Estado. De muy humildes orígenes, mestiza, es contemporánea de Díaz-Canel. No especificó a qué funciones será asignada.

Pero, sin duda alguna, el dirigente más elogiado por Raúl, junto con Díaz-Canel, lo fue Ricardo Cabrisas, actual Ministro de Economía y Planificación (y quien sólo fuera promovido a las instancias más altas de la dirigencia del PCC y del Gobierno a fines de la década de los años 90). Raúl destacó su excelente y exitosa gestión en el manejo de la renegociación de la deuda externa de Cuba (desde Rusia hasta Japón). Sin embargo, agrego yo: el gesto viene un poco tarde, pues Cabrisas, durante casi 60 años, ciertamente, tuvo un desempeño realmente eficiente y exitoso, pero ya éste también va pasando los 80 años de edad.

II. Políticas

En materia de anuncios de política, Raúl hizo particular énfasis en el tema del endeudamiento y advirtió categóricamente: “No puede permitirse que nuevamente caigamos en una espiral de endeudamiento, y para evitarlo hay que hacer valer el principio de no asumir compromisos que no seamos capaces de honrar con puntualidad en los plazos acordados”. Principio muy saludable diría yo, pero Raúl omitió cualquier idea o razonamiento en torno a los niveles indispensables de capitalización, cuando sus propios funcionarios y asesores económicos mencionan repetidamente la necesidad de un flujo de inversión extranjera que, a fin de asegurar entre un 5 y 7 por ciento de crecimiento de la economía, debe estar entre 3 ó 3,5 miles de millones de dólares anualmente. No hubo esta vez -junto al enfoque del endeudamiento- ni una sola referencia en cuanto a qué pasos, iniciativas y cambios pueden esperarse para favorecer la inversión extranjera.

Y si el tema “inversión extranjera” no fue tocado desde ninguno de sus ángulos por Raúl, el no menos esperado de la unificación monetaria y cambiaria apenas fue mencionado como un “asunto pendiente”, sin fechas ni pormenores de tipo alguno. Sin embargo, por primera vez en público, se le unió el asunto de la reforma salarial. No se mencionó ni una sola palabra sobre la reforma de precios que se hace indispensable para garantizarle fortaleza y poder de compra al peso cubano, que hoy muy poco tiene.

Ratificó, en muy breves palabras, la continuación de las reformas en el mismo tono crítico y limitado empleado en el VII Congreso al referirse al llamado “trabajo por cuenta propia”, advirtiendo contra sus aristas de promoción del capitalismo, de búsqueda descontrolada de ganancias por los privados, y aseguró que se continuará con el experimento de las llamadas “cooperativas no agropecuarias”.

Puso también particular acento en la necesidad de suprimir “todo gasto no imprescindible” en materia de importaciones. Este último razonamiento parecería muy atinado, pero muy difícil de alcanzar en una economía cuya industria ligera es, en lo fundamental, bien escasa; y donde muchas de sus industrias son casi piezas de museo y están a mil años luz de poder suplir las necesidades de las nuevas ramas económicas, urgidas de cosas tan elementales como vestuario, calzado y herramientas simples. Algo parecido puede afirmarse de buena parte de las industrias básicas del país. En semejante contexto, reducir gastos por concepto de importaciones, suena bien, pero anda muy lejos de las presiones y realidades actuales de la economía del país. No por casualidad el propio Raúl -de nuevo fuera de guión- elaboró una frase que sintetiza genialmente, y con excelente humor, la situación, al afirmar que en Cuba “es más difícil conseguir un modesto regalo que encontrar petróleo”.

El cambio de política más importante acerca del cual elaboró con mayor cuidado el saliente Presidente fue, sin duda, el de la próxima reforma constitucional y de cómo ello se relacionará con el papel del Partido como “fuerza política rectora de la sociedad”. Con el anuncio hecho por Raúl, las ideas y sugerencias que favorecían no una reforma más, sino una nueva Constitución precedida por una constituyente, son echadas a un lado por completo. En su lugar, una comisión de diputados de la Asamblea Nacional -con el debido asesoramiento de juristas especializados- elaborará una segunda reforma constitucional, que ratificará los principios esenciales del modelo socialista cubano tal cual existe hoy.

Esos principios, y la nueva reforma, no están moldeados por el contexto de 1992 (año de la primera reforma, donde se ratificó “la irreversibilidad” del socialismo cubano como respuesta al colapso de la Unión Soviética y los llamados países socialistas de Europa). Ahora la sociedad cubana es otra realidad económico-social bien diferente; con una economía y una sociedad multiestructural; con muchísimo más de medio millón de trabajadores en el sector privado, con cooperativistas y con una mayor presencia de la economía mixta en asociación con el capital extranjero (incluyendo formas de inversión directa y zonas especiales). En dicho contexto, la reforma constitucional no podrá limitarse a unos pocos “parches” y reformulaciones, sino a un cuerpo mucho más elaborado de preceptos, leyes, regulaciones y reglamentos.

En estos días el término “continuidad” ha sido repetido cualquier cantidad de veces, tanto por los medios, como por los viejos y nuevos dirigentes. Hay elementos de continuidad hoy y los habrá en un mañana como parte del inevitable “legado” del que se ha hablado también repetidamente. Imaginar otro lenguaje o retórica carecería de sentido hoy; el tiempo dirá que sucede en el futuro con las nuevas realidades. En consonancia, Díaz-Canel se limitó a expresar algunas ideas, entre las que sobresalieron:

– “No vengo a prometer nada (…) Vengo a cumplir el programa que nos hemos impuesto con los Lineamientos del Socialismo y al Revolución”.

– “Aquí no hay espacio para una transición que desconozca o destruya la Revolución. Seguiremos adelante sin miedo y sin retrocesos; sin renunciar a nuestra soberanía, independencia y progreso de desarrollo”.

– “A quien por ignorancia o mala fe duda de nuestro compromiso, debemos decirles que la Revolución sigue y seguirá (…) El mundo ha recibido el mensaje equivocado de que la revolución termina con sus guerrilleros”.

– y enfatizó que su gobierno ejercerá “una dirección y conducción cada vez más colectiva…”.

El Deng Xiao-ping de la Revolución cubana no será Díaz-Canel, ni se vislumbra en un horizonte a mediano plazo. Sin embargo, lo inevitable, lo impostergable, será acometer las transformaciones y soluciones, los rediseños, que hagan del socialismo en Cuba algo realmente “sostenible”, como rezan las consignas oficiales. Y esto a quien tocará hacerlo, será a Díaz-Canel y a su equipo, respondiendo a las exigencias perentorias de su tiempo.

Otro ángulo importante será el mecanismo de sucesión, cambio o reemplazo -como fue descrito por el propio Raúl- entre Estado y Partido, y cómo deberá operar. Esto es, finalizados los dos mandatos de un Presidente, éste pasará -si su gestión es valorada como positiva- a dirigir el PCC una vez se celebre el congreso correspondiente hasta el próximo mandato. Es una suerte de “enroque” de la presidencia del Estado a la dirección del Partido. La reforma constitucional también se acometerá, sobre este asunto Raúl afirmó: “se propondrá (en la sesión del Parlamento del mes de julio) la Comisión de Diputados que se encargará de la redacción y de presentar a esta Asamblea el Proyecto de Nueva Constitución, que después será necesario discutirla con la población y sacarla a un referendo”. Se aplaza para julio la propuesta del nuevo Consejo de Ministros y de sus vice-presidentes correspondientes. La interpretación más razonable de este aplazamiento hasta julio parece sugerir que se trata de brindar las mayores posibilidades a Díaz-Canel de reorganizar el Consejo de Ministros de la forma que mejor él considere en términos de talento, eficiencia y afinidades; todo ello para generar una dinámica de cambios más acelerada y diversa que la existente en la actualidad.

III. Desafíos

Díaz-Canel y su equipo de gobierno deberán enfrentar una agenda monumental y de extrema complejidad. Es previsible que contará, en su etapa de despegue, y como nunca antes, de un extraordinario nivel de respaldo de parte del Primer Secretario del Partido, el saliente presidente Raúl Castro. Primero que todo, la agenda económica y social abarcará un sinfín de temas cruciales que permitan sacar a la economía de su actual recesión y estancamiento; pasando por los traumáticos efectos de la unificación monetaria y cambiaria, las implicaciones salariales y de precios; el impulso y expansión definitiva de las formas cooperativas de gestión en la agricultura y la micro, pequeña y mediana industria y servicios; asegurar los flujos de capital extranjero y tecnologías de punta; y la potenciación de nuevas fuentes de empleo. Es importante ver cómo se puede mantener y mejorar el actual modelo social de bienestar sin producir las aberraciones inflacionarias y de infundados subsidios del pasado, y hacer de la Zona Especial de Desarrollo de Mariel el proyecto exitoso que todavía no es.

Se trata de un momento donde el país debe tener como “máxima” que toda “camisa de fuerza” al desarrollo multiestructural niega y contradice el sentido mismo de la urgente necesidad de tales transformaciones. Todo debe hacerse con rapidez y eficacia, pues la noción de “sin prisa, pero sin pausa” (defendida por Raúl al inicio de su gestión) resulta ahora del todo inaplicable ante las urgencias macro y microeconómicas. Los contenidos del “Plan de Desarrollo hasta el 2030” pueden interesar, de manera general, a economistas o académicos; mientras que al común de los cubanos, y los jóvenes más específicamente, están más interesados en el corto plazo, y en el creciente antagonismo entre salario y precios en los mercados.

No menos urgentes serán los próximos proyectos institucionales y legislativos (reforma constitucional, nuevas leyes que remodelen el sistema empresarial, estatal, privado y mixto, la modelación definitiva de la ley de inversiones, sus incentivos y modalidades, la necesidad de una nueva ley electoral que refleje muchas de las opciones que se hicieron visibles en la votación para diputados de marzo pasado, y otros proyectos más que por ahí andan esperando por las “calendas griegas”… Todo esto se suma a la abultada agenda del próximo decenio para Díaz-Canel, pero no para ser resuelta a fines de su mandato, sino desde ya.

IV. Gobierno y Fuerzas Armadas

Algunos lectores, y gente mal informada, siguen insistiendo en que Raúl Castro sigue siendo “comandante en jefe” o ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), olvidando algunos detalles: a) desde el fallecimiento de Fidel Castro, el cargo y concepto mismo de “comandante en jefe” dejó de existir en Cuba, aspecto éste claramente definido por Raúl en su momento; b) el Ministro de las FAR es, y sigue siendo, el General de Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintra Frías, quien además es miembro del Consejo de Estado; c) el órgano supremo de la seguridad nacional del país es dirigido a nivel de nación, provincias y municipios por los así denominados “Consejos de Defensa”: un cuerpo colegiado que preside, en cada nivel, el presidente del Poder Popular apoyado en el nivel de jefatura militar correspondiente, así como por los primeros  secretarios del PCC en cada nivel. Por tanto, el Consejo de Defensa Nacional -para casos de amenaza, agresión o desastres naturales- lo preside, a partir del 19 de abril, Miguel Díaz-Canel junto con el concurso del primer secretario del Partido, Raúl, y del ministro Cintra Frías. Si hubiera dudas, favor consultar el artículo 93 de la Constitución vigente y sus incisos (g) y (h). Y tampoco olvidar que Díaz-Canel ha cumplido con sus obligaciones militares como oficial en el Servicio Militar Activo (SMA), de la reserva militar y misión en el exterior (Nicaragua).

Muchos se preguntan por el papel y relaciones de las FAR bajo la presidencia de Díaz-Canel a partir de parámetros bien alejados de la realidad cubana. Las FAR no son hoy, ni serán mañana, “un ejército latinoamericano más”, “hombres a caballo” o “gorilas” de nuevo tipo; son hombres esencialmente políticos, como dijeran con gran tino algunos académicos occidentales: son “soldados-cívicos”. Son hombres de partido, deliberantes y críticos. Si a Díaz-Canel le corresponde la continuidad del proceso de cambios y reformas en todas sus facetas, nadie debe olvidar que dicho proceso, desde sus comienzos a fines de los años 70, fue confiado por Fidel a las FAR. Decenas y decenas de sus mejores oficiales y especialistas se recalificaron en todos los sentidos tomando cursos en Montevideo financiados por la SIDA, de Suecia; tomando experiencias de terreno de todo tipo desde España hasta Canadá, desde Alemania hasta Japón, Francia y otras economías avanzadas, hasta Nueva Zelanda y las muchas experiencias que ofrecían China y Vietnam. Esta práctica se ha mantenido hasta hoy. Esto hace de las FAR un componente seguro del rediseño de los cambios y reformas que anime y dirija Díaz-Canel y su equipo.

Son las FAR la institución cubana más familiarizada con las técnicas de gestión capitalistas, con el más elevado grado de eficiencia y productividad; con el mayor índice de experiencia en negociaciones y asociación en múltiples proyectos con la inversión extranjera; nadie conoce mejor que ellos las muchas debilidades y fracasos que siguen gravitando en el sector “civil” de la economía, incluyendo los más altos niveles de corrupción. Las FAR saben de sobra que más de dos tercios de las empresas estatales vienen arrastrando una bancarrota a lo largo de décadas y que poco más de un millar apenas cumplen con niveles de eficiencia, rentabilidad y ganancias. Y saben muy bien también que la “seguridad nacional” del país no sólo se ve amenazada por el poderío militar de Estados Unidos y sus acciones económicas; sino que sus repercusiones minan los fundamentos claves de la estabilidad económica y social del país. Muy en especial, saben que la persistencia de las deficiencias internas, de sus desastres y retrocesos, de la corrupción incrementada, constituyen peligros no menores para la “seguridad nacional”. A las FAR corresponde también una batalla (no menor) frente a esos fenómenos internos, tan “enemigos” de Cuba como el peligro externo.

V. Un comentario final

Los medios oficiales en Cuba han brindado -como era de esperar- una enorme cobertura a la IX Legislatura. Granma online, en su habitual donde publica “los comentarios” de sus lectores, abundó en validar, elogiar, respaldar, todo lo ocurrido. Los “comentarios” esta vez no fueron excepción; no se publicaron críticas como ocurrió con las elecciones a diputados del 11 de marzo. Sólo se insertó un comentario crítico que por su carácter excepcional, considero pertinente reproducir dados sus argumentos y elocuencia:

“En realidad no estoy de acuerdo con el uso de la palabra “continuidad” en lo que se refiere al trabajo que se espera de Díaz-Canel. Fidel tuvo su época, al igual que Raúl y ambos dieron lo mejor de sus vidas para Cuba y la Revolución. Pero pretender que la Revolución no está sujeta a evolucionar, eso es una quimera. La Revolución debe ajustarse a los tiempos. La actual generación cubana tiene necesidades diferentes que la Generación del Cuartel Moncada. Y Díaz-Canel es de esta generación. Ese círculo del Presidente, del Buró Político, etc., que han estado por decenas de años en la vida pública política de Cuba deben comenzar a descansar ya y dejar que Díaz-Canel utilice su buen juicio, su raciocinio y su entrenamiento externo para sí (…) mantener la “perpetuidad” de la Revolución, pero con matices y cambios que reflejen la visión modernista de la nueva generación revolucionaria”.

Y así piensan no pocos cubanos.

Sobre los autores
Domingo Amuchástegui 26 Artículos escritos
(La Habana, 1940). Licenciado en Historia por la Universidad Pedagógica. Máster en Educación por la Florida International University. Doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad de Miami. Fue Jefe de Departamento en el Ministerio de Re...
3 COMENTARIOS
  1. jose dario sanchez dice:

    en cuanto a la capitalizacion,le inversion extranjera,la deuda,la inflacion,etc,etc…..Raul Castro y sus acompanantes piensan que, de tanto repetirlo, Cuba esta muy bien, sin ninos pordioseros, con salud para todos, muy nien alimentados, etc, etc y solo un grupusculo ,pagados por la CIA estan inconformes, asi que …..todo bien, sin novedad en el frente…..!!!

  2. Un detalle:..los Consejos de Defensa Provinciales y Municipales los dirigen los primeros secretarios del PCC en esos niveles..los presidentes del Poder Popular son vicepresidentes.

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