Orden internacional en transición: entrevista a Sergio Bitar

Roberto Veiga, Director General de Cuba Posible, entrevista al político chileno Sergio Bitar sobre los nuevos dilemas del actual orden internacional. Bitar ha participado en los procesos de cambio social y transición a la democracia en Chile, y en el diseño de políticas públicas y estrategias de desarrollo en su país y en América Latina. Ha sido Ministro de Minería del gobierno presidente Allende (1973), de Educación con el presidente Lagos (2003-2006) y de Obras Públicas con la presidenta Bachelet (2008-2010). Además, fue Senador de la República (1994-2002) y ha sido presidente del Partido por la Democracia en tres ocasiones (la última 2006-2008).

  • Muchos actores socio-políticos e investigadores, sostienen que va quedando atrás el Orden Internacional emergido con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial. ¿Esto resulta cierto? ¿Cuáles fueron las principales características de ese orden mundial? ¿Cuáles constituyen, en la actualidad, los mayores signos de su deface histórico?

El orden económico internacional instalado después del triunfo de Occidente, principalmente de Estados Unidos, Inglaterra y la URSS, sobre el nazismo y el fascismo, derivó en un diseño institucional basado en la promoción de la democracia, la economía abierta, y en el predominio militar de Estados Unidos para consolidar su posición mundial. Las Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, entre otros, permitieron afianzar esa primacía económica y militar. La confrontación geopolítica e ideológica con la Unión Soviética, en el marco de la Guerra Fría, conformaron un orden polarizado entre Occidente y Oriente. Con la caída de la Unión Soviética el predominio occidental se alzó al punto que algunos entusiastas calificaron el nuevo momento histórico como el “fin de la historia”.

Ese orden comenzó a resquebrajarse con rapidez y, junto a él, también se inició la declinación hegemónica de Estados Unidos. Dos eventos resultaron decisivos. El primero: el ataque terrorista  a las Torres Gemelas, que definió otros parámetros de conflicto y de guerra, donde la pura primacía militar no alcanza para imponerse (como quedó de manifiesto luego de la invasión norteamericana a Irak, que se tradujo en una gran derrota y un drama humanitario). La segunda fue la crisis financiera de 2008, que explotó en el corazón de Estados Unidos. Quedó de relieve, entonces, que la ideología de un mercado desregulado, que se autorregula, puede terminar destruyendo, incluso, a su propio mentor.

  • ¿Cuáles han sido las causas de que se desdibuje el Orden Internacional aún “institucionalizado”? ¿Cuáles son las consecuencias de ello? ¿Qué peligros incorpora a las dinámicas mundiales y de cada país? ¿Qué posibilidades podrían encauzarse en este proceso?

El antiguo orden internacional se vio sacudido, además, por dos grandes nuevos procesos que se acentuaron a partir del año 2000. El primero es la impresionante expansión de China. El segundo es la acelerada revolución tecnológica, que impulsa una globalización en los terrenos más variados (de la medicina, la robótica, la inteligencia artificial, la energía, la conectividad entre los seres humanos y las comunicaciones). La globalización se acelera y el movimiento de datos se transforma en el petróleo del siglo XXI. El poder se dispersa, emergen nuevos actores. Además de las dos grandes potencias (China y Estados Unidos), emergen grandes empresas mundiales que escapan al control nacional, surgen nuevos comportamientos ciudadanos a veces desconcertantes, ONGs, personas poderosas que inciden a nivel global.

El nuevo orden mundial que emerge se aleja del predominio de unos pocos, exige más colaboración y una actitud responsable de cada uno. Asalta la duda de si la dispersión del poder eleva el riesgo de conflictos inmanejables o empuja a un mayor entendimiento; si el sistema se torna más vulnerable o puede devenir más seguro y redundante. Esta situación puede derivar en nuevas guerras o en un reequilibrio de fuerzas que pueda ser manejado sin rupturas. 

  • ¿Puede definirse qué tipo de nuevo Orden Internacional emerge actualmente? ¿Qué o quiénes están definiendo y decidiendo este nuevo “sistema mundo”? ¿Cómo influyen en este proceso los intereses, los ideales, las estrategias?

El nuevo orden mundial se sustentará en una estructura de poder más dispersa, con una tendencia a la declinación de la capacidad económica y política de Occidente y a un incremento de la de Oriente, especialmente China. Asimismo, se verá la aparición de muchas tecnologías nuevas de guerra que van desde el desarrollo de mayores capacidades nucleares de precisión, sistemas para bloqueo de misiles o penetración de las barreras existentes, ataques cibernéticos para destruir la capacidad logística de los adversarios, hasta el desarrollo de soldados robots. Asimismo, crecerá la preocupación mundial por la intensidad creciente de los impactos del cambio climático. Ambas tendencias despertarán una inquietud de la comunidad mundial por reducir los riesgos de conflictos destructivos masivos y el daño al planeta, que afecta a todos. Un nuevo escenario internacional, probablemente, empuje al fortalecimiento de las agrupaciones regionales (Unión Europea, Asean, UA, y AL) para dar a los países más pequeños una gravitación en la definición de la reglas globales, mayor que la que dispondrían sí actúan aisladamente.

La cuestión crucial radica en la inteligencia humana para superar la llamada trampa de Tucidedes (historiador ateniense que relató la guerra del Peloponeso entre Esparta y Atenas) señalando que cuando un nuevo poder reta a la potencia establecida el reordenamiento geopolítico se resuelve con guerra.

  • ¿Puede identificar ideas, estrategias y políticas, de actores relevantes, instituciones, estados o bloques de países, que pretendan influir para esbozar, establecer y desarrollar ese nuevo Orden Internacional, según sus propias preferencias? ¿Cómo valora cada una de ellas? ¿Algunas poseen “peso específico” para poder participar, de manera efectiva, en la prefiguración de un nuevo sistema de relaciones mundiales –con independencia de la valoración que usted pueda poseer acerca de ellas?

Para reducir los riesgos que nacen de la transición a un nuevo orden internacional es indispensable regular los procesos de globalización. Cada una de las naciones, especialmente las más poderosas, debe contribuir a un acuerdo para regular  los procesos financieros, comerciales, migratorios, digitales, de privacidad, la lucha contra el terrorismo, el cambio climático, el control del armamentismo; es decir, una infinidad de materias que trascienden el poder nacional y que deben ser fruto de acuerdos entre naciones. El multilateralismo es un instrumento crucial, especialmente para los países más pequeños. De allí la importancia de alentar la coordinación   de América Latina  en la definición de políticas  a nivel internacional,  y defender  que las reglas se ajusten a una cultura latinoamericana de democracia, derechos humanos políticos y socioeconómicos, protección del medio ambiente y paz. Será esencial combatir el nacionalismo, la xenofobia, el racismo, la intolerancia religiosa, el aislacionismo y la polarización. El envejecimiento de la población y la mejoría del nivel educacional pueden reducir los riesgos de violencia.

  • En cualquier caso, dadas las circunstancias del mundo actual, ¿quiénes serían los ganadores y quiénes los perdedores, y cuáles serían las oportunidades reales de trabajar para reducir las asimetrías, las injusticias y las debilidades del “sistema mundo” que, al parecer, quedará establecido en el futuro próximo?

En un mundo globalizado las desigualdades son una amenaza para todos. Por cierto, sufren más los débiles, pero también se generan circunstancias que desestabilizan el sistema global y también se desestabiliza cada uno de los países. Por tanto, una cuestión esencial es tomar nota de una tendencia al empoderamiento ciudadano y al uso mayor de las tecnologías de comunicación. La conciencia de la desigualdad presionará a favor de políticas de inclusión y cohesión social, para disminuir el riesgo de que la globalización deje más países y personas atrás, mientras pocos acumulan toda la riqueza. Estos procesos globales necesitan mayor regulación.

  • ¿En qué lugar quedarían las actuales instituciones y reglas internacionales? ¿En qué situación quedaría la posibilidad misma de que existan renovadas instituciones internacionales, con la suficiente legitimidad y eficacia? ¿Quiénes podrían participar del poder real en las mismas?

El G20 es una demostración de que ni el G2 ni el G7 fueron suficientes para enfrentar los dilemas globales. Por tanto, deberán abrirse más espacios y crearse más instancias de diálogo y coordinación de políticas. Las Naciones Unidas, su Consejo de Seguridad, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial no solo deben abrirse a la participación de nuevos poderes, sino también debe dotárseles de nuevas responsabilidades y recursos. Por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional debe ser capaz de mejorar la regulación financiera internacional, la coordinación de bancos centrales, el equilibrio de las masas de dinero y las políticas monetarias, la supervisión de las nuevas monedas como el bitcoin, nada de lo cual existe hoy día. Otros organismos, como la Corte Penal Internacional, son buena expresión de una decisión de las naciones de sancionar los genocidios y, con ello, disuadir a los posibles asesinos y así favorecer la paz nacional e internacional. Es en este espacio de las instituciones globales donde debe hacerse el esfuerzo mayor de todas las naciones para aportar a la gobernabilidad global. Para ello se debe intensificar la campaña por respetar los valores de armonía, paz, cuidado del medio ambiente, reducción de la pobreza, derechos sociales de mujeres y pueblos indígenas, diversidad y pluralismo que deben inspirar a la humanidad para superar las dificultades y hacer un mundo mejor para todos.

  • ¿Cuáles parecen ser “los valores” de ese nuevo Orden Internacional?

Mirando la historia reciente y las tendencias globales, la prioridad es promover los principios de colaboración entre las naciones y distintos actores para encarar los problemas globales, que escapan al control de un actor solo. La cohesión y la igualdad a nivel nacional e internacional y la protección del medio ambiente son prioritarios; lograrlo exige crear una capacidad suficiente para dictar leyes y reglas que comprometan a todas las naciones. Habrá, sin duda, disputas ideológicas y militares entre Estados Unidos y China. El gran desafío es convivir en la diversidad, pero exigiendo de cada uno respeto a las libertades personales, la igualdad de derechos políticos y sociales y la sustentabilidad ambiental. Las ideologías irán respondiendo a las nuevas realidades, así unos aprenderán de otros, y en esa creciente interacción surgirán innovaciones que superen la confrontación de esquemas rígidos que van quedando obsoletos. El ser humano puede dar pasos que nos tornen menos temerosos y más optimistas.

Sobre los autores
Sergio Bitar 3 Artículos escritos
(Santiago de Chile, 1940). Destacado político e intelectual chileno. Preside el Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia, la Fundación por la Democracia y la Corporación Museo del Salitre. Dirige el proyecto “Tendencias Mundiales y el Futuro ...
Roberto Veiga González 81 Artículos escritos
(Matanzas, 1964). Director de Cuba Posible. Licenciado en Derecho por la Universidad de Matanzas. Diplomado en Medios de Comunicación, por la Universidad Complutense de Madrid. Estudios curriculares correspondientes para un doctorado en Ciencias Pol...
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