Páginas Revisitadas: Palabras para los jóvenes

A cargo de Walter Espronceda Govantes

La nota que aparece a continuación, Lezama Lima la escribió luego de ser convocado para una encuesta realizada por El Caimán Barbudo en 1968. Fue publicada en abril de ese año. En ella, el autor identifica la significación de la poesía como elemento constituyente de la identidad nacional cubana, esto es, teleología: sustrato del ser cubano con disposición a habitar Cuba, sobre todo desde la espiritualidad. La poesía, bien lo sabía Lezama, desde el período heleno ha sido anterior al pensamiento social; desde ella, sobre la base de escrutaciones, han salido las razones que le han otorgado sentido magnificente a “las patrias”. Y ese es el caso de Cuba.

Palabras para los jóvenes

Por José Lezama Lima

Tenemos que hundirnos en las raíces de nuestra poesía y trazar el contorno de su carga en la unidad de color que le impone la sutileza de nuestra refracción. Teníamos que llegar a lo telúrico, vida sumergida, y a lo estelar, lo ascensional en el hombre. Por esas esencias, tan ancestrales como novedosas, la exploración a nuestra poesía merece un largo viaje de experiencia sensible. Es un viaje donde las aventuras no se señalan en su itinerario y los hallazgos no forman parte de un mundo relacionable, donde el análogo aristotélico, en su incesante sentido corporativo para frotar el pedernal y producir la chispa a la entrevisión que nos permita avanzar. Ya hoy tenemos una nueva perspectiva para la valoración de la poesía. Un poema rinde sus esencias tanto por su belleza, como por sus valores significantes. Y yo diría que por la aparición de ese más, indefinible, a veces inaudible, casi siempre inapresable, pero que rodea el poema como su vaporación más incesante y que es en definitiva su permanencia frente al tiempo.

Después de ese largo viaje por las más diversas literaturas, que mostraban casi siempre la soberanía de un inmenso orgullo, adquiría el convencimiento de que podíamos mostrar con entera confianza lo hecho en poesía entre nosotros. Pero aún después de haber estudiado con el más cuidadoso detenimiento la literatura universal, podíamos estar convencidos de que el grupo de nuestros poetas del silo XIX –Heredia, la Avellaneda, Luisa Pérez de Zambrana, Juan Clemente Zenea, Julián del Casal, Juana Borrero, y José Martí, superan a cualquier grupo de poetas que muestre cualquier nación de nuestra habla. Los dos poemas de Heredia, “En el Teocali de Cholula” y la oda “Al Niagara”, son incuestionablemente los dos más importantes poemas del romanticismo en nuestro idioma. Ninguna de las literaturas de ese siglo XIX iguala a José Martí en todo el ámbito del idioma y solo le encontramos par en los momentos de más honda plenitud que muestra nuestra expresión.

Pero lo que más me asombraba era cómo esos grandes poetas aclaraban formas de nuestro vivir, de nuestra atmósfera o del subsuelo. Cómo nuestras costumbres se iluminaban con la fulguración de sus aciertos, cómo nos hacían más descifrables la sucesión de los días al paso del tiempo y cómo nos comunicaban también formas sutiles de la bondad operante, y cómo establecen formas más perdurables de comprensión que las meramente causales o mecanicistas, llevándonos a esa sabiduría, la más profunda que el hombre puede alcanzar, “todo es hermoso y constante, todo es música y razón”, dice Martí, regalándonos la concepción de un mundo animista rodeado de inmensas posibilidades. En una ocasión, uno de nuestros guerreros contestó acerca de qué impresión le había causado la última de las grandes oraciones de Martí, dos días antes de morir, y aquel sencillo luchador contra el colonialismo español dio la más acabada respuesta: “Nosotros no lo comprendíamos, pero sabíamos que teníamos que morir por él.” Esa es para mí una de las frases más profundas que jamás haya dicho un cubano. Así despierta la poesía las más misteriosas y profundas impresiones para la conducta y el deber. La poesía de Martí, en la más esencial de sus impresiones, nos enseña cómo debe vivir y morir un cubano. Pero para llegar a esa penetración de lo nuestro, como ya se ha señalado anteriormente es necesario una circunvalación por todo el panorama de la literatura mundial.

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