Pensar la normalización Cuba-Estados Unidos en términos raciales

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Este texto forma parte del dossier Raza y Desigualdad en Cuba, mediante el cual, la plataforma Cuba Posible da continuidad al esfuerzo constructivo para desarrollar un pensamiento y una praxis social comprometidos con este y otros problemas relevantes de la sociedad cubana. El dossier cuenta con seis contenidos: la introducción y cinco textos integrados por respuestas a las preguntas formuladas en el dossier. Estos son los títulos con que aparecen en nuestra página web: “Motivos para hablar sobre raza y desigualdad en Cuba hoy”, “Población negra y mestiza, sistema político y representación”, “Por un desarrollo económico racialmente sostenible”, “Pensar la normalización Cuba-Estados Unidos en términos raciales”, “Una Cuba “a todo color”.

Durante su visita a La Habana, el presidente Barack Obama habló de cierta identidad compartida entre Cuba y Estados Unidos y citó el legado de la esclavitud africana, una institución que está en la base de la desigualdad racial en ambos países. Obama habló también de su experiencia como afroamericano dentro del sistema político que llegó a presidir. ¿Es posible pensar en términos raciales el actual escenario de aproximación entre Cuba y Estados Unidos? Al respecto, ¿tendría sentido hablar de expectativas racialmente diferenciadas en la población cubana?

Pedro A. Cubas

Pedro A. Cubas

Pedro A. Cubas: Evidentemente, Cuba y Estados Unidos fueron protagonistas en el proceso histórico que hoy se denomina fundamentalmente comercio trasatlántico de esclavos. También se le conoce como comercio triangular entre América, Europa y África, en el cual entraban otros productos comerciales. Pero al calificativo que más se le ha dado cobertura en Cuba es al de “trata negrera”. Ambos países vivenciaron la esclavización de los africanos y de sus descendientes, lo cual dejó un legado que continúa vigente hasta nuestros días. Cada país tuvo su devenir histórico propio; aunque sus caminos se cruzaron y se siguen cruzando, ya sea en lo político y en lo cultural, por citar dos casos.

Desde que fue fundada la Primera República en Cuba, muchas veces se ha cometido el error de comparar de forma festinada y simplista las realidades de la desigualdad racial en nuestro país con respecto a Estados Unidos. Eso ha dejado expresiones infelices como: “en el Norte hay más racismo que aquí”. Lo más interesante es comprender que hay elementos comunes en la historia de ambas naciones, dignos de ser destacados. Por ejemplo, la demonización y criminalización del legado africano para justificar la inferiorización de los negros. Esto se tradujo en un punto clave en el proceso de construcción de ambas naciones, que no está concluido y tiene la identidad como uno de los aspectos de mayor peso.

El presidente Barack Obama reconoce el aporte de la esclavitud a la desigualdad racial en su país; pero siempre va más allá en sus análisis porque está consciente de que muchas cosas acontecieron con los afro-norteamericanos, como él, después de la abolición definitiva de esa institución en 1865. La historia de los Estados Unidos nos ilustra al respecto de las represiones a los negros y también de la lucha por sus derechos civiles, en la cual brillaron tantos líderes. Y Obama es un resultado de ese complejo proceso.

Después de tantos años de conflictos que parecían insolubles, Cuba y Estados Unidos están tratando de entenderse como dos naciones del mundo civilizado, por llamarlo de una forma más diplomática. Esa aproximación se ha pensado en términos raciales debido a la presencia de Obama. Es preciso significar que el actual presidente estadounidense se presentó en Cuba con una imagen que representa el opuesto de lo que siempre nos dijeron desde que éramos niños sobre los mandatarios del Coloso del Norte. Si antes de ir a Cuba se le consideraba una figura popular, desde que puso sus pies en nuestro amado suelo ratificó y hasta superó las expectativas que se sembraran previamente sobre su persona.

Los cubanos tenemos la costumbre de observar los detalles de quienes nos visitan. En este caso era el presidente de la potencia líder del mundo viajando con su familia nuclear (sin excluir a su suegra); un hombre culto y carismático que habló al pueblo cubano con una clarividencia y respeto al alcance de pocos; una persona sencilla que con humildad participó como uno más en el programa humorístico más popular de los últimos años en la televisión nacional; un estadista que se sienta a conversar con el gobierno cubano y con quienes se le oponen. En fin, aunque intentemos disfrazar las cosas insisto en que durante este contexto o coyuntura específica es posible pensar en términos raciales el escenario de aproximación entre Cuba y Estados Unidos. No obstante, no consigo saber desde el lugar donde vivo actualmente hasta qué punto tendría sentido hablar de expectativas racialmente diferenciadas (que puede haberlas) en la población cubana cuando la mayoría parece haber aprobado su breve paso por La Habana. Es preciso significar que la población habanera salió a la calle para saludarlo bajo la lluvia y de forma espontánea. Inclusive, vi algunos videos previos a su visita en los cuales los cubanos, negros en su mayoría, le cantaban a Obama sobre sus penas cotidianas y le pedían que hiciese algo por Cuba y por ellos. Entonces, si tenemos un Presidente ¿por qué pedirle a otro que intervenga en nuestros asuntos internos?

Tomás F. Robaina

Tomás F. Robaina

Tomás F. Robaina: Recordemos que el sector progresista de los Estados Unidos desde el principio apoyó a la Revolución Cubana. La población afroestadounidense formó parte de la mayoría de los que se identificaron ampliamente con nuestro proceso social, en virtud de las medidas en contra de la discriminación racial que se aplicaron desde los primeros meses del triunfo revolucionario. La acogida de Fidel Castro en el Hotel Teresa, en el barrio negro de Harlem, por parte de la comunidad afroestadounidense, evidencia su identificación y solidaridad con nosotros. Ella ha sido parte relevante, luchadora, constructora y decisiva, entre otros factores, de no menos importancia, en las relaciones diplomáticas que ahora disfrutamos. Me parece lógico que ese sector se haga aún más visible en estos momentos pues en los tiempos más difíciles, no temieron las represalias políticas y económicas que le fueron impuestas por su solidaridad hacia nosotros. Pienso que debe adoptarse una política objetiva, que incremente ese intercambio en esa dirección con las instituciones y organizaciones ya históricamente conocidas y con otras que seguramente se incorporarán.

Obviamente, hay que tener en cuenta la lucha contra las discriminaciones raciales, genéricas, homofóbicas, religiosas, entre muchas más que se visualizan en todas nuestras sociedades contemporáneas, debido al nivel de concientización alcanzado en nuestros países contra los males señalados, que cada día se evidencia también con más fuerza entre los hombres y mujeres, independientemente del color de la piel que tengan. Todos luchan, luchamos hermanados por el mejoramiento de nuestra sociedad.

Realmente, todo lo expresado motivará el surgimiento de fenómenos, algunos esperados, otros sorpresivos para algunos. Debemos tener muy presente que este acercamiento, tan anhelado por unos, rechazado por no pocos, traerá hechos muy positivos, pero también provocará otros como consecuencia de la llegada de miles de turistas, una vez que se elimine totalmente el bloqueo y los estadounidenses de todos los orígenes raciales, clases sociales, diversos niveles educacionales y culturales, puedan disfrutar del derecho negado hasta ahora de viajar a Cuba libremente. La sociedad afroestadounidense influirá objetivamente en la afrocubana en todos aquellos espacios donde ellos, los estadounidenses, se han desarrollado positivamente. No podemos pasar por alto ese reto, y justamente el atípico movimiento social del negro cubano, desde los diferentes puntos de vista de los grupos que lo integran, ha tratado de prepararnos objetivamente para ese momento, dándonos a conocer las figuras más relevantes de esa lucha desde el Cimarronaje, Antonio Maceo, José Martí, Rafael Serra, Fernando Ortiz, Juan Gualberto Gómez, Martín Morúa Delgado, Evaristo Estenoz, Pedro Ivonet, Ramón Vasconcelos, Lino Dou, Armando Pla, Gustavo E. Urrutia, Ángel Cesar Pinto Albiot, Teodoro Díaz Fabelo, Juan René Betancourt, Carlos Moore, Walterio Carbonell, y muchos más cuyas obras deberían incluirse en nuestros currículums docentes, desde la primaria hasta los de nivel superior.

joanna-castillo-wilsonJoanna Castillo: Tiene sentido hablar de expectativas racialmente diferenciadas en la población cubana ya que las necesidades, posibilidades de desarrollo, acceso a los recursos, aspiraciones y oportunidades, no son las mismas hoy día para los diferentes grupos raciales. El actual escenario de aproximación entre Cuba y Estados Unidos puede pensarse en términos raciales en la medida que no debemos olvidar un importante precepto: toda representación es siempre de algo y de alguien. El contexto económico, político, social y cultural deviene en espacio y fuente para el conocimiento de la subjetividad social e individual, ya que los contenidos de las representaciones sociales están mediatizados y condicionados por las características del entorno en el cual ellas operan. El hecho de que Barack Obama alcanzara la presidencia de la mayor potencia económica a nivel mundial supuso, en gran medida, un logro para la comunidad negra y mestiza cubana. Removió aspiraciones, necesidades, metas a alcanzar, activismo social, empoderamientos, expectativas de desarrollo. Cambia el escenario, cambia el pensamiento. No es posible experimentar uno y desconocer al otro; son los extremos imaginarios de un binomio con los que debemos operar simultáneamente.

alejandro-fernandezAlejandro L. Fernández: Pensar en términos raciales las relaciones entre Cuba-Estados Unidos es vital por las analogías y diferencias de sus relaciones históricas y políticas. Desde esta índole, sus interrelaciones son un reflejo de lo que ha sucedido en otras aristas como la política, la cultura, mediando en el contacto entre ambas naciones. Ellas comparten un largo proceso de intercambios y tensiones que no puede ser subvalorado en el contexto actual de las normalizaciones y aperturas de los dos países. Las relaciones raciales desde ambas orillas cuentan con una producción historiográfica creciente que demuestra tales conexiones culturales y socio-políticas. Esta mirada, desde la raza, siempre ha sido acentuada desde Estados Unidos, siendo ostensible en los programas y críticas de algunas organizaciones de la sociedad civil en Cuba que denuncian la situación de precariedad de los negros y mestizos.

Al mismo tiempo, la coyuntura existente permite tanto validar nuestros logros en el campo de la igualdad y profundizar en la experiencia estadounidense. En este sentido, no tenemos la impronta de la regla de una gota de sangre ni las situaciones de los afronorteamericanos que han construido una marcada identidad negra. Tenemos otro tipo de racismo, otra historia y la igualdad construida en los años de Revolución. Por lo tanto, hablar de expectativas racialmente diferenciadas tiene dos focos de atención de contra y pro: por un lado, estimula el sobredimensionamiento del impacto de las diferencias por color de la piel y refuerza las identidades grupales e individuales en detrimento de los espacios de socialización interracial. Del otro lado, es vital la atención a las expectativas y limitaciones de los sectores sociales, condicionados por la raza y las desigualdades, para canalizar sus particulares demandas y evitar que se diluyan dentro del discurso supranacional. Ambos criterios precisan un equilibrio por sus frágiles fronteras. Y lo más importante: es un tema social que afecta a negros, blancos y mestizos.

Maikel Colón

Maikel Colón

Maikel Colón: Es inevitable que este nuevo marco de relaciones tenga que ser pensado en términos raciales. Nuestras sociedades continúan adoleciendo los avatares del legado esclavista, los cuales han sabido readecuarse al contexto y el escenario donde continúan actuando. Lo que sí está claro, es que a la hora de abordarlo, en nuestro país continuamos padeciendo del síndrome del no reconocimiento; el tema de la discriminación racial no es asumido con toda la responsabilidad que conlleva. Pongamos dos ejemplos. La visita de Obama desmarcó varias opiniones que destaparon la manera en la que todavía se asumen la raza y la desigualdad en Cuba. El primer alegato recayó en las reflexiones que propuso el Comandante en Jefe Fidel Castro. A propósito de la visita de Obama a la Isla, hizo una distendida crítica a la misma, y entre los puntos que valoró, considero que las alegaciones por parte de Obama no reconocieron en ningún momento que la Revolución barrió con la discriminación racial. Así manifestó: “La odiosa costumbre burguesa y racista de contratar esbirros para que los ciudadanos negros fuesen expulsados de centros de recreación fue barrida por la Revolución cubana”.[1] Aquí se pone en perspectiva una vez más esa constante dentro del discurso político cubano que suaviza el marco de las situaciones de desigualdad que la raza continúa estableciendo. Está claro que no pretendemos negar las posibilidades que promovió la Revolución en la lucha contra la discriminación racial, pero la situación con la que convivimos, después de casi seis décadas inmersos en ese proceso, nos revela las limitaciones en ese sentido. En las más altas esferas políticas de nuestra sociedad, este es el mensaje que se proyecta, muy a tono con las reflexiones del Comandante. Y no hay una postura crítica que contribuya a resarcir las articulaciones de activismo y académicas que problematizan la realidad sobre raza y desigualdad en Cuba, principalmente en este nuevo escenario de relaciones con Estados Unidos. El otro ejemplo recaerá en la desafortunada reflexión que promovió el periódico habanero Tribuna de La Habana. Uno de sus artículos, que también pretendió encauzar algunos puntos de vista sobre la visita de Obama, utilizó de manera desatinada un titular muy poco respetuoso: “Negro, ¿tú eres sueco?”. A partir de ahí se desató un encarnado debate que subliminalmente dejó claro, que un titular de estas características, calificado de racista, dirimía la manera en que desde las esferas políticas e institucionales continúan asumiendo los rezagos de las prácticas racistas. Por un lado, continúan posicionando el discurso avasallador de integración y oportunidades que promovió la Revolución cubana. En otro sentido, la tónica del chiste racista de turno, fue puesta al descubierto en el controvertido titular de un diario oficialista. De manera bastante controvertida, la visita de Obama suscitó algunas de las cuestionables maneras con las que todavía se asumen los avatares de la discriminación racial en Cuba, poniendo al descubierto la poca transparencia y la nula objetividad con la que aún se asume un tema que necesita ser puesto sobre la mesa ante el nuevo escenario que se avecina sin lugar a dudas.

Este patrón, en cierta medida, no condiciona las expectativas racialmente definidas, principalmente porque considero que en Cuba no las hay. Hay varios grupos que intentan fomentarla, pero la sociedad en su conjunto no lo tiene asumido. No existe en Cuba una conciencia racial generalizada, y un ejemplo concreto lo demostró el último censo de población y vivienda del año 2012, el cual arrojó unos datos bastante contradictorios, que sostenían que el 64,1 por ciento de la población cubana era blanca, el 26,6 por ciento mestiza, y solo el 9,3 por ciento negra. A simple vista son unas cifras con un tono bastante surrealista, que demuestran la ambivalencia de una conciencia racial cubana. En este sentido, ello demuestra cómo la percepción racial manifiesta en cada escenario de la cotidianidad cubana, suele ser bastante paradójica, con lo cual no existe una conciencia política e ideológica respecto a la raza y la desigualdad incidiendo desfavorablemente en las expectativas raciales, y los ejemplos comentados, aludidos en torno a la visita de Obama, lo demuestran. Con lo cual, el mensaje que se le proyecta a la ciudadanía, tanto desde las más altas esferas políticas, como desde un órgano de prensa institucional, no son consecuentes con la realidad, pues insisten y persisten, en primer lugar, en continuar edulcorando el papel de la Revolución a la hora de interpelar las situaciones de raza y desigualdad. Y en segundo lugar, promoviendo las percepciones negativas sobre los negros y las negras, que perduran de manera ostensible, a través del titular de un periódico.

[1] Fidel Castro Ruz, “El hermano Obama”, Granma, La Habana, 28 de marzo de 2016.

Sobre los autores
Julio César Guanche Zaldívar 17 Artículos escritos
(La Habana, 1974). Licenciado (1997) y Máster (2005) en Derecho por la Universidad de La Habana. Ha impartido docencia como profesor adjunto de la Universidad de la Habana. Ha dirigido varias publicaciones y editoriales nacionales. Laboró, primero...
Reinier Borrego Moreno 8 Artículos escritos
(La Habana, 1988). Licenciado en Historia (2012) y Máster en Estudios Interdisciplinarios sobre América Latina, el Caribe y Cuba por la Universidad de La Habana (2014). Investigador del ICIC “Juan Marinello” y del Grupo Historia Social Comparad...
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