Amilcar Pérez Riverol: “Nuestro modelo de prensa podrá sobrevivir a Trump pero, tarde o temprano, se dará cuenta que no va a conseguir sobrevivir a sí mismo”.

Cuba Posible, en su esfuerzo por dar continuidad a las reflexiones sobre la prensa y la esfera pública en nuestro país, ha entrevistado al joven micro-biólogo y escritor Amílcar Pérez Riverol. Amílcar es columnista habitual en los espacios digitales OnCuba, El Estornudo, y en Cuba Posible.

1. ¿Qué te motiva a escribir sobre Cuba? ¿Desde qué espacio lo haces generalmente (blog, publicación digital)?

Me permito alterar la cronología de la pregunta. Actualmente escribo para tres proyectos. Desde julio de 2014 colaboro con OnCuba, una plataforma de comunicación norteamericana con corresponsalía permanente en La Habana, que cuenta hoy con miles de lectores y que este mes está cumpliendo su quinto aniversario. En agosto pasado me uní a la revista digital El Estornudo, un proyecto que como menciona su “Carta de Presentación” defiende dos ideas superlativas. Contar el país usando como principal arma el periodismo narrativo, la crónica y hacerlo liberando a la nación del pesado grillete de la territorialidad. Recientemente, he comenzado a colaborar con Cuba Posible, que más que un laboratorio de ideas, es un laboratorio de diagnóstico, investigación y propuestas de terapia –casi ciclo cerrado– para el futuro querible de nuestro país.

Cuba está en el ADN de estos tres proyectos. Aunque en cada uno, como en las células, esa información se expresa respondiendo a patrones diferentes. Está en el mío también. Desde esa base, (casi) genética, escribo. Escribo mi propuesta de país, para el país. Ante todo porque pienso que así debe ser construido. A base de diversidad horizontal de propuestas y no de verticalidad uniformada de decretos. Escribo para desafiar el monumento, tan inmóvil como inútil, donde no debe caber nunca el proyecto de país. Para quitarle yeso. O como le leí a un colega y amigo hace dos años, para “talar el árbol”. O podarlo al menos. Escribo para mostrar que, en efecto, es de cristal el grillete de la territorialidad. Y porque entiendo que Cuba necesita cornetas que le sobresalten el sueño y no gargantas dóciles que se lo arrullen.

2. ¿Qué crees de la emergencia de toda una nueva zona de blogs y espacios periodísticos digitales que, tanto en Cuba como desde afuera, abordan problemas de la realidad nacional desde una perspectiva investigativa y crítica?

Si ponemos perímetro a la respuesta basados en los medios emergentes que escriben con una “perspectiva investigativa y crítica”, sin dudas el resultado será siempre positivo. Creo que con la excepción de los más ortodoxos ideólogos de la prensa oficial, de la política en Cuba, a quien hagamos esa pregunta indicará el mismo saldo. La matizo un poco para huir del factor común. El surgimiento de los medios de prensa digitales-no estatales, y el boom de los blogs ha contribuido a aumentar los niveles de sociabilización de la información y, sobre todo, de algunas formas para su producción. Pero varios de esos medios y blogs no se construyen desde una perspectiva investigativa, sino sobre contadores de popularidad. Como sucede en el resto del mundo –Cuba tiene leyes propias para muchas cosas, pero en este tema no se cumple la singularidad– la “democratización” trajo consigo que se produzca y en consecuencia se consuma mucha pseudo-información. Que como la “fast food”, tiene éxito. Mucho de lo que se escribe en nuevos espacios –no a los que el final de tu pregunta salva– puede que se escriba desde una perspectiva crítica, pero sin tener como base una investigación seria. Esa es una debilidad que en un país que no está acostumbrado a lidiar con los espacios digitales, puede llevar a la diabetes por consumo de información chatarra. Y cuando digo chatarra no me refiero más al tipo de contenido –soy enemigo del elitismo de contenidos–, que al rigor con que se producen.

Amílcar Pérez Riverol,micro-biólogo y escritor cubano residente en Brasil.

Amílcar Pérez Riverol, micro-biólogo y escritor cubano residente en Brasil. Foto cortesía del entrevistado

Superado el matiz y respetando el segmento final de la pregunta, creo que la diversificación de voces que desde la investigación y la crítica propositiva atomicen las pausas que han sufrido en Cuba el tratamiento de temas como la igualdad de raza, la violencia de género, los derechos de las minorías, los padecimientos de nuestro proyecto social y político, es muy positiva. Hay quienes insisten en que el principal mérito de estos medios ha sido llenar los enormes espacios que deja la prensa oficial. Yo no concuerdo con esa idea. Sin dudas, muchos de estos medios han ejercido una presión positiva sobre los medios estatales, impidiendo que sean ignorados temas que en otro momento habrían sido silenciados. Sin embargo, el principal logro de los medios emergentes a los que se refiere la pregunta no ha sido constituirse en la negación de los medios gubernamentales –lo que en sí ya es una negación del periodismo como servicio público–, o su complementación. Su principal virtud es funcionar desde una agenda propia –véase por ejemplo Periodismo de Barrio–  basada en la investigación y discusión de temas que más que sufrir una pausa, el periodismo un Cuba prácticamente nunca les había dado Play.

Que cada vez se escriba más tiene, como consecuencia inmediata, que cada vez la gente lea y discuta más sobre el país. Sobre sí misma. Con seguridad no será solo eso lo que cure el PIB, pero es una ayuda enorme para solucionar muchos de los grandes padecimientos que tenemos como nación.

3. ¿Qué crees del modelo de periodismo cubano tradicional? ¿Cuáles han sido sus logros y cuáles sus fallas?

En este tema suelo ser categórico. Voy a entender como periodismo cubano tradicional el periodismo que se hace desde los medios gubernamentales. Siendo así te digo que cuando el periodismo tiene como función fundamental cobijar algún poder, ya sea financiero, económico, o político y no al ciudadano, yo automáticamente me siento con el derecho de asegurar, como receptor, como damnificado, como ciudadano, y haciendo un alarde hasta como colega; que no es periodismo. Hay quienes una y otra vez esgrimen que medios como El País, The New York Times, CNN, BBC responden también a alguno de estos poderes. Lamentable que la estrategia para salvar mi bote de los agujeros sea apuntar con el dedo al lugar por dónde le entra el agua al tuyo. Más cuando el tuyo es un barco. Como si señalar con el dedo te fuera a librar del fondo del mar. Nuestros medios parecen preferir hundir el bote, que dejar de apuntar al agujero ajeno.

A veces siento la tentación de mencionar como logro el hecho de que la prensa oficial no se haya subordinado al poder financiero, y se haya salvado del amarillismo. Recordar que el rojo control del Estado no deja espacio para más poderes, o colores, me impide caer en la tentación y, en este contexto, me libra de todo mal. El periodismo cubano falla al victimizarse con la constante alarma de combate. Falla cuando cuenta al país desde las concavidades que le ha diseñado la santísima trinidad del Estado, Gobierno y Partido y no desde la fértil diversidad de la ciudadanía. Falla cuando pretende hacernos creer que puede curar sus dificultades con sucesivos ciclos de diagnósticos, sin tratarlos. Falla, además, cuando es más eficiente en criticar los proyectos independientes del Departamento Ideológico del Comité Central, que en identificar y curar los problemas que esa dependencia total ha creado en los medios estatales. Falla al pensar que todo periodismo hecho fuera de ese perímetro es activismo político, irrespetando las bases de la profesión.

Falla, en resumen, al hipotecar a precio del proyecto socialista, su independencia. Una hipoteca tan mitológica como la idea de que la única alternativa al anexionismo en Cuba, es la continuidad del absolutismo estatal.

4. Por un tiempo ya, y sobre todo en los últimos meses, se han publicado y reproducido ataques (e incluso amenazas) contra blogs, espacios informativos e individuos que no son parte de la plataforma periodística/bloguera estatal. Algunas de estas entidades  han sido acusadas de “ilegítimas” por informar una visión “contrarrevolucionaria”, cuando lo que han hecho es plantearse formas de revitalizar el concepto de Revolución; se les ha tildado de mercenarias, cuando lo que han procurado es tener una plataforma básica que les permita existir. ¿Cuál es tu opinión sobre esto? ¿Cuán necesario es repensar el concepto de legitimidaden este contexto?

Casualmente hace un par de semanas, Cuba Posible me publicó un texto titulado “Acusado de vándalo: sobre las coordenadas en el pensamiento político en Cuba” en las que reflexiono un poco sobre el tema. Un tema que no es menor, por su sistematicidad y los decibeles que por momentos toma. Llama la atención cómo se ha creado una especie de catálogo donde puedes ir a seleccionar calificativos. Los tradicionales: mercenarios, contrarrevolucionarios, anexionistas. Los contemporáneos: obamistas tropicales, neoanexionistas, intelectuales marginales, oposicionistas de izquierda, cáncer de la sociedad.

La ampliación del catálogo es la más rotunda evidencia de la contracción de los argumentos disponibles para justificar la inercia. En la naturaleza, la bulla es la estrategia de los desamparados. De los que,  escasos en recursos evolutivos, intentan cubrir sus limitaciones con decibeles.

Soy defensor de que a las ofensas se responde –si merecen ser respondidas– con investigación, análisis, estadísticas. Nunca con contraofensivas ad hominen. Quien escribe sobre sociedad y política hoy en Cuba tiene la opción de escoger si quiere entrar a un cuadrilátero o a una sala de debates. Tiene la opción, además, –Fito mediante– “de hacerse de (y dignificar a) enemigos que no estén a la altura del conflicto”.

En lo particular prefiero dar argumentos sobre temas a esparcir emociones individuales. De hecho entiendo que si un debate me lleva a las arenas donde debo dar perfectas explicaciones de mí mismo, ha dejado de serlo, y por tanto nada justifica su prolongación. Por demás, tengo la seguridad de que los intercambios personificados son funcionales a quienes necesitan reducir la conversación sobre el futuro del país a las dimensiones de sus cuadriláteros. Y sobre todo a quienes, desde fuera, cómodamente sentados en la primera fila, aplauden a su pupilo, disfrutan del espectáculo y, especialmente, de cómo el espectáculo entretiene al público. Mientras, allá afuera, el país espera.

Si me calificas de mercenario, de contrarrevolucionario, por respetar mi derecho a la diferencia, a mi independencia, por salirme del eje vertical y proponer otra Cuba, socialista sí, pero cuyo fundamento no sea una falsa postal sobre la unanimidad, yo sólo puedo enseñarte mi espalda sin la marca del hierro caliente y tener cada vez más certeza de que no quiero pertenecer a tu manada. De que no quiero mi firma en esa postal.

5. El restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos no ha implicado un  abandono de proyecciones de asedio a la soberanía cubana, específicamente, de la mentalidad de “cambio de régimen” promovida por Estados Unidos. La Administración Trump, a todas luces, no va a marcar un cambio de paradigma en este sentido.  ¿Cómo lograr potenciar un periodismo y una blogosfera participativos, críticos y renovados, pero a la vez, responsables, dentro del contexto del ya tradicional acoso que vive Cuba en su relación con el vecino del Norte?

Déjame comenzar por decirte que yo no tengo a Donald Trump como un reto especial para el periodismo o la blogosfera de Cuba. Al menos no uno mayor del que representa, para cualquier país de este planeta, un sujeto como él cargando los números del maletín nuclear, y sobre todo con tantos micrófonos disponibles. Dicho esto, entorno a la pregunta de cómo potenciar el periodismo soy simple, simple hasta el absurdo. Haciendo periodismo. No “cartelismo”, no cobertura de hoja de ruta. Hay una frase que leí a Arturo Pérez Reverte, que se refiere a España pero que suelo reformular cuando pienso en pócimas para los padecimientos de la profesión en Cuba –la he usado ya en algún trabajo publicado en OnCuba–. Al periodismo cubano no le haría nada mal contar con más gente “que no milite en algo; y (que), en consecuencia, no odie –o descalifique– cuanto (y a cuantos) quede fuera del territorio delimitado por ese algo.” No le vendría nada mal intentar ser periodismo y punto. De paso, no estaría mal dejar de subestimar la capacidad de análisis de la gente que tiene este país. Dejar de tratar al lector como un eterno recién nacido de 60 años que aún puede caerse de la cuna. Al que hay que cuidar de todos los peligros y entibiarle la noticia durante días porque toda noticia inmediata y caliente terminaría por quemarlo.

Respecto a la blogosfera soy igualmente simple. Un excelente comienzo será siempre alejar la premisa de una Cuba ultra-filtrada o empanizada al fondo de las fosas. Digo si se quiere hacer cobertura del país y no de intereses individuales. Responsabilidad como formadores de opinión, lo cual implica comprobar y contrastar fuentes. Lectura e investigación para evitar pasar del periodismo ciudadano a la comunicación y el análisis de pseudo-hechos, a la creación de pseudo-realidades. Te repito, Donald Trump no representa mayor reto para el periodismo cubano que lo que representa para cada pedazo de este planeta que está a punto de ser ahogado por el mar, debido al calentamiento global. Hubo permuta en la Casa Blanca. Pero sigo creyendo que el mayor desafío de nuestra prensa, toda, son las permutas que no se acaban de producir acá. Nuestro modelo de prensa podrá sobrevivir a Trump pero tarde o temprano se dará cuenta, desde la visión de su cuerpo en coma, que no va a conseguir sobrevivir a sí mismo.

 

Otras entrevistas de este dossier

Este dossier, en seguimiento a otro publicado por Cuba Posible en noviembre de 2016 (Para un debate sobre la prensa en Cuba: “La esencia de la prensa libre es la esencia de la libertad, firme de carácter, racional y moral”), continúa explorando estos temas en resonancia con todas las voces que hoy buscan aportar constructivamente al debate sobre un mejor periodismo y, en general, mejores dinámicas informacionales en la Isla.

Periodismo y blogosfera en Cuba: renovando los espacios de participación, aceptación y responsabilidad ciudadana, de María Isabel Alfonso

El modelo de prensa en Cuba tendrá que ser cambiado por uno en el que exista espacio tanto para la prensa oficial, como para la que no lo es

Joaquín Borges-Triana: “El modelo de prensa en Cuba tendrá que ser cambiado por uno en el que exista espacio tanto para la prensa oficial, como para la que no lo es”

Cuba Posible, en su esfuerzo por dar continuidad a las reflexiones sobre la prensa y la esfera pública en nuestro país, ha entrevistado al joven politologo y bloguero italiano Vincenzo Bazile, quien opina sobre asuntos cubanos en el blog Desde mi ínsula.

Vincenzo Basile: “Cuando la prensa deja de ser algo auténticamente público para convertirse en algo gubernamental o partidista, ya no es tan distinta de la prensa corporativa que tanto se critica”.

Fernando Ravsberg: “El principal aporte de los nuevos espacios informativos ha sido demostrar que otro periodismo es posible en Cuba”.

Sobre los autores
Amilcar Pérez Riverol 2 Artículos escritos
(Quivicán, 1981). Licenciado (2007) y Máster (2012) en Microbiología por la Universidad de La Habana (UH). Mención Virología por esa institución. Investigador del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana (2007-2009). Profes...
María Isabel Alfonso 23 Artículos escritos
Licenciada en Letras Hispanas en la Universidad de La Habana. Doctora en Lenguas Romances en la Universidad de Miami. Autora de numerosos artículos sobre las dinámicas socio-culturales de los años 60s en Cuba ―en específico, sobre las Ediciones...
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