El plan nacional de desarrollo hasta 2030: ¿lapsus con la cooperación internacional?

La cooperación internacional se consolidó como un principio consensuado de la agenda global de desarrollo a partir de la Cumbre del Milenio de Naciones Unidas, del año 2000. Tal principio ha sido reafirmado y expandido por la nueva agenda internacional de desarrollo hasta 2030, adoptada en septiembre del pasado año en la sede de la ONU. Desde mucho antes, el Estado socialista cubano había asumido la cooperación internacional como un pilar de su proyecto estratégico, incluyendo mecanismos de colaboración que han beneficiado directamente al país, así como múltiples programas de cooperación internacional, de notable escala, diversidad y alcance geográfico, puestos al servicio del bienestar y desarrollo de otros pueblos.

En ese sentido, pudiera afirmarse que la estrategia de cooperación de Cuba ha sido precursora y modelo de lo que hoy se acepta en Naciones Unidas —al menos teóricamente— como un fundamento del funcionamiento civilizado de la comunidad internacional. El historial de cooperación internacional para el desarrollo iniciado por Cuba en la década del sesenta del pasado siglo es uno de los más exitosos jamás emprendidos por una nación del Sur, a pesar de la pequeña escala del país, de sus limitaciones financieras, y del bloqueo económico impuesto por Estados Unidos. Después del año 2000, y a pesar de la crisis experimentada por la Isla, la contribución cubana a la cooperación internacional ha continuado siendo muy destacada.

Uno de los programas establecidos en esa etapa, el Programa Integral de Salud, incluyó, en el periodo 1998-2009, una cifra superior a 19,000 colaboradores cubanos de la salud desplegados en más de 15,000 comunidades rurales de 43 países, que abrieron 50 hospitales y 661 nuevos servicios, brindando atención a más de 61 millones de personas y salvando la vida de más de 2 millones de seres humanos. En la actualidad, la colaboración médica cubana está presente en 67 países, con más de 50,000 trabajadores de la salud, de ellos 25,000 médicos[1].

Entre muchos ejemplos posibles, el reciente papel desempeñado por la colaboración médica cubana en la contención de la epidemia del Ébola en África Occidental (en 2014 y 2015) fue percibido ampliamente como una muestra del liderazgo mundial de Cuba en materia de colaboración Sur-Sur. En esa ocasión, la excelencia de la cooperación internacional cubana se hizo muy notable, pues pudo ser directamente comparada con la colaboración desplegada por Estados Unidos y Gran Bretaña, la primera y la quinta potencias mundiales. De hecho, fue Cuba, y no las otras dos potencias, la que logro colocar “más batas blancas” sobre el terreno durante los complejos y cruciales días iniciales del programa[2]. En buena medida, lo que a los ojos del mundo define positivamente a Cuba en materia de desarrollo son los resultados de sus políticas sociales y la contribución que ha hecho a los esfuerzos de desarrollo de otros países, dos componentes que obviamente se encuentran estrechamente relacionados. La pregunta que entonces se impone es la siguiente: ¿por qué la cooperación internacional para el desarrollo ha recibido tan escasa atención en el Plan Nacional de Desarrollo hasta 2030?

La cooperación internacional únicamente cuenta con una breve referencia explícita en el preámbulo del plan (párrafo 30) y luego se enumera tres veces —de manera fragmentada—, como parte del copioso conjunto de objetivos específicos correspondientes a un trío de ejes estratégicos: “Infraestructura”, “Potencial humano, ciencia, tecnología e innovación”, y “Recursos naturales y medio ambiente” (párrafos 135, 157 y 184). El único de esos objetivos que aparece enunciado en términos de cooperación para ayudar a otros países, es el relativo al medio ambiente (párrafo 184). Por otra parte, la referencia específica que se hace a los servicios médicos —como parte de un sector estratégico de “servicios profesionales” (párrafo 243)— no es suficiente en términos de cooperación internacional. Esa mención parece identificar esencialmente los servicios de salud como una actividad comercial, algo que ciertamente debe tener cabida en el plan, pero que proyecta una visión más estrecha que la que le corresponde a la salud en el contexto de la cooperación internacional.

La nueva estrategia internacional 2030 de la ONU: ¿una oportunidad desaprovechada?

Como ocurre actualmente en Cuba, el resto del mundo también se encuentra inmerso en debates sobre estrategias de desarrollo hasta el año 2030. En esto no estamos solos, a pesar de que el documento del plan nacional no hace la menor referencia a la existencia de un marco de discusión global del desarrollo hasta 2030. Ese debate global, fomentado por la ONU, es un escenario donde la experiencia de Cuba en una serie de áreas ha sido asumida de forma paradigmática por gobiernos, expertos y representantes de la sociedad civil de muchos países. Frente a esa realidad, resulta paradójico el “recogimiento” del plan nacional y su desconexión –esperemos que sea involuntaria y temporal- respecto a un marco de referencia global en el que la estrategia de desarrollo de Cuba tendría condiciones para ocupar un destacado lugar, especialmente en ciertos sectores, siempre que logre ser comunicada eficazmente.

La nueva agenda internacional de desarrollo hasta 2030, aprobada por la comunidad internacional, no implica el cumplimiento forzoso de sus metas por parte de los países, pero define un marco preciso para el seguimiento del avance de los procesos de desarrollo —mediante indicadores específicos— que establece la manera en que las naciones deben reportar periódicamente sus avances a la ONU. Esa circunstancia implica, en principio, la conveniencia de que exista una relativa sincronización entre los planes nacionales y la estrategia global. En el caso de Cuba, esto se dificultaría, al menos, por dos factores. Primero, porque el plan nacional proyecta la imagen de ser una especie de “electrón libre”, sin conexión explícitamente reconocida con la nueva estrategia de desarrollo internacional de la ONU. En segundo lugar, el plan nacional no incluye parámetros de medición y de seguimiento. No contiene ni metas ni indicadores y, por tanto, no permite conocer de qué manera específica Cuba reportaría a la ONU sus avances en materia de desarrollo.

Llegados a este punto conviene precisar que, en sentido estricto, Cuba no tendría “necesidad” de tomar como referencia la nueva estrategia de desarrollo internacional de la ONU. El país pudiera decidir adoptar un plan nacional de desarrollo “en solitario” y, quizás, este pudiera funcionar bien. Muchos expertos consideran que la adopción de objetivos, metas e indicadores —que representa el contenido principal de la agenda 2030 de la ONU— no es suficiente para definir una estrategia de desarrollo. Se argumenta que la nueva agenda de la ONU es esencialmente una declaración global de aspiraciones sobre el desarrollo, algo que es, sin dudas, positivo cuando se ha arribado a ello mediante prolongadas y abundantes discusiones que involucraron gobiernos, expertos y las sociedades civiles de todo el mundo. Sin embargo, no pocos especialistas han alertado sobre el riesgo de crear la falsa ilusión de que el desarrollo puede ser alcanzado de manera incremental mediante posibles avances registrados en un conjunto de metas, lo cual es una visión simplista del desarrollo[3]. En cualquier caso, con independencia de este tipo de apreciaciones que expresan los expertos, la nueva agenda de desarrollo de la ONU es un hecho político con el cual hay que lidiar de la única manera en que es efectivo hacerlo: mediante respuestas de naturaleza política. Estas deberían incluir el diseño del plan nacional de desarrollo.

Indudablemente, son las prioridades nacionales las que determinan el diseño y la implementación del plan nacional de desarrollo. Por esa razón, la vinculación del plan nacional con la estrategia internacional de la ONU no es un asunto de “necesidad”. De lo que se trata es de la “conveniencia” de sincronizar los planes estratégicos que existen a esos dos niveles (nacional y global). Existe, al menos, una razón de principios y dos razones prácticas. En el plano de los principios, Cuba debe definirse como una nación solidaria y debe asegurarse de que así se le perciba. En el terreno práctico, la primera consideración es que, para un pequeño estado insular como Cuba, el entorno internacional es decisivo, de manera que no puede asumirse que es muy grande el margen de maniobra que existe para que el plan nacional marche por un lado y la estrategia de desarrollo de la comunidad internacional vaya por otra parte. La segunda razón práctica es que la estrategia global puede crearle a Cuba oportunidades concretas en el plano económico y en el de la seguridad nacional. Este último aspecto es importante, pues ser percibida universalmente como una nación de paz y solidaria, con capacidades probadas para contribuir a la solución de los retos del desarrollo de otros países, tiende a favorecer relaciones diplomáticas cordiales que proporcionan un entorno de estabilidad internacional beneficioso para el desarrollo nacional.

Nombrando posibles oportunidades

Existen múltiples metas de la estrategia global de la ONU que son propicias para el despliegue de las capacidades de cooperación internacional de Cuba en diversas áreas, destacándose la salud, la educación, y la ciencia y la tecnología. En todos esos casos existiría la posibilidad de alinear el plan nacional con metas específicas de la estrategia global de la ONU. No se trataría de que Cuba adoptase como propias esas metas, las cuales en muchos casos ya han sido superadas por Cuba desde hace décadas, sino para que estas metas internacionales pudiesen ser tomadas como parámetros precisos para identificar la intersección de posibles demandas de colaboración con capacidades cubanas de cooperación cuya efectividad es reconocida internacionalmente.

A continuación, se presenta una lista no exhaustiva de 21 metas de la agenda internacional de la ONU para las que Cuba ha demostrado tener efectividad. Pudieran agregarse más, pero esto no debe ser tomado como una propuesta de que todos esos temas deban ser reflejados en el texto del plan. El propósito del listado no es aturdir al lector con una relatoría de metas, sino ilustrar la considerable divergencia que existe entre las cuantiosas direcciones posibles de cooperación internacional que pudieran existir y la parquedad con que el plan nacional de desarrollo las ha reflejado.

El listado sería el siguiente[4]:

Meta 3.1 “De aquí a 2030, reducir la tasa mundial de mortalidad materna a menos de 70 por cada 100.000 nacidos vivos” (meta correspondiente al objetivo de salud de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 3.2 “De aquí a 2030, poner fin a las muertes evitables de recién nacidos y de niños menores de 5 años, logrando que todos los países intenten reducir la mortalidad neonatal al menos a 12 por cada 1.000 nacidos vivos y la mortalidad de los niños menores de 5 años al menos a 25 por cada 1.000 nacidos vivos” (meta correspondiente al objetivo de salud de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 3.3 “De aquí a 2030, poner fin a las epidemias del SIDA, la tuberculosis, la malaria y las enfermedades tropicales desatendidas y combatir la hepatitis, las enfermedades transmitidas por el agua y otras enfermedades transmisibles” (meta correspondiente al objetivo de salud de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 3.7 “De aquí a 2030, garantizar el acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva, incluidos los de planificación familiar, información y educación, y la integración de la salud reproductiva en las estrategias y los programas nacionales” (meta correspondiente al objetivo de salud de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 3.8 “Lograr la cobertura sanitaria universal, incluida la protección contra los riesgos financieros, el acceso a servicios de salud esenciales de calidad y el acceso a medicamentos y vacunas inocuos, eficaces, asequibles y de calidad para todos” (meta correspondiente al objetivo de salud de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 3.b “Apoyar las actividades de investigación y desarrollo de vacunas y medicamentos contra las enfermedades transmisibles y no transmisibles que afectan primordialmente a los países en desarrollo y facilitar el acceso a medicamentos y vacunas esenciales asequibles de conformidad con la Declaración relativa al Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio y la Salud Pública, en la que se afirma el derecho de los países en desarrollo a utilizar al máximo las disposiciones del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio respecto a la flexibilidad para proteger la salud pública y, en particular, proporcionar acceso a los medicamentos para todos” (meta correspondiente al objetivo de salud de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.1 “De aquí a 2030, asegurar que todas las niñas y todos los niños terminen la enseñanza primaria y secundaria, que ha de ser gratuita, equitativa y de calidad y producir resultados de aprendizaje pertinentes y efectivos” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.2 “De aquí a 2030, asegurar que todas las niñas y todos los niños tengan acceso a servicios de atención y desarrollo en la primera infancia y educación preescolar de calidad, a fin de que estén preparados para la enseñanza primaria” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.3 “De aquí a 2030, asegurar el acceso igualitario de todos los hombres y las mujeres a una formación técnica, profesional y superior de calidad, incluida la enseñanza universitaria” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.4 “De aquí a 2030, aumentar considerablemente el número de jóvenes y adultos que tienen las competencias necesarias, en particular técnicas y profesionales, para acceder al empleo, el trabajo decente y el emprendimiento” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.5 “De aquí a 2030, eliminar las disparidades de género en la educación y asegurar el acceso igualitario a todos los niveles de la enseñanza y la formación profesional para las personas vulnerables, incluidas las personas con discapacidad, los pueblos indígenas y los niños en situaciones de vulnerabilidad” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.6 “De aquí a 2030, asegurar que todos los jóvenes y una proporción considerable de los adultos, tanto hombres como mujeres, estén alfabetizados y tengan nociones elementales de aritmética” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.a “Construir y adecuar instalaciones educativas que tengan en cuenta las necesidades de los niños y las personas con discapacidad y las diferencias de género, y que ofrezcan entornos de aprendizaje seguros, no violentos, inclusivos y eficaces para todos” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.c “De aquí a 2030, aumentar considerablemente la oferta de docentes calificados, incluso mediante la cooperación internacional para la formación de docentes en los países en desarrollo, especialmente los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 13.1 “Fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales en todos los países” (meta correspondiente al objetivo de cambio climático de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 13.2 “Incorporar medidas relativas al cambio climático en las políticas, estrategias y planes nacionales” (meta correspondiente al objetivo de cambio climático de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 13.3 “Mejorar la educación, la sensibilización y la capacidad humana e institucional respecto de la mitigación del cambio climático, la adaptación a él, la reducción de sus efectos y la alerta temprana” (meta correspondiente al objetivo de cambio climático de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 14.5 “De aquí a 2020, conservar al menos el 10% de las zonas costeras y marinas, de conformidad con las leyes nacionales y el derecho internacional y sobre la base de la mejor información científica disponible” (meta correspondiente al objetivo de conservación y uso sostenible de los mares y recursos costeros de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 17.6 “Mejorar la cooperación regional e internacional Norte-Sur, Sur-Sur y triangular en materia de ciencia, tecnología e innovación y el acceso a estas, y aumentar el intercambio de conocimientos en condiciones mutuamente convenidas, incluso mejorando la coordinación entre los mecanismos existentes, en particular a nivel de las Naciones Unidas, y mediante un mecanismo mundial de facilitación de la tecnología” (meta correspondiente al objetivo de medios de implementación y alianza mundial para el desarrollo sostenible de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 17.8 “Poner en pleno funcionamiento, a más tardar en 2017, el banco de tecnología y el mecanismo de apoyo a la creación de capacidad en materia de ciencia, tecnología e innovación para los países menos adelantados y aumentar la utilización de tecnologías instrumentales, en particular la tecnología de la información y las comunicaciones” (meta correspondiente al objetivo de medios de implementación y alianza mundial para el desarrollo sostenible de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 17.9 Aumentar el apoyo internacional para realizar actividades de creación de capacidad eficaces y específicas en los países en desarrollo a fin de respaldar los planes nacionales de implementación de todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible, incluso mediante la cooperación Norte-Sur, Sur-Sur y triangular (meta correspondiente al objetivo de medios de implementación y alianza mundial para el desarrollo sostenible de la estrategia 2030 de la ONU)

Observaciones finales

Observación #1: La posibilidad de tomar en cuenta estas oportunidades no significa agregarle al plan cosas que no se estén haciendo o respecto a las cuales pudiesen existir dudas sobre la capacidad nacional para acometerlas. De hecho, Cuba no solamente ha demostrado excelencia, desde hace tiempo, en esas áreas de la cooperación internacional, sino que actualmente la cooperación representa la mayor fuente de ingresos externos de la nación. Se trataría de aproximar el plan a una realidad que ya existe, pero que no se encuentra reflejada adecuadamente en el documento. Ciertamente, no es el tipo de componente del plan que solamente merezca unas pocas y esparcidas menciones. Debido a su escala e importancia, tampoco es un componente que pueda ser definido de manera insuficiente en la versión inicial del plan, quizás asumiendo que luego habrá tiempo para perfilarlo mejor.

Observación #2: La cooperación internacional debería ser parte de la planificación estratégica del país, pero no de manera abstracta, ni como un simple enunciado. La identificación relativamente precisa de las posibles direcciones de la cooperación internacional de Cuba en los próximos 15 años no es un asunto menor. Dejar de hacerlo implicaría correr el riesgo de diseñar una planificación estratégica excesivamente atenta a consideraciones “comerciales”, como ocurre en la descripción actual del eje estratégico “Transformación productiva e inserción internacional”, donde no se mencionan, ni una vez, los términos “cooperación” y “colaboración”. Al no hacerlo, se excluiría del diseño del plan estratégico el mecanismo actual más exitoso de inserción internacional del país —la cooperación internacional- que, aunque no es ajeno a las consideraciones comerciales, se explica fundamentalmente por razones extra—económicas. Una parte considerable de la cooperación internacional cubana se fundamenta en acuerdos estatales, no es un resultado del mercado.

Observación #3: Cuando se asume esencialmente la colaboración como un sector de servicios —de la manera en que parece hacer el plan— se empobrece el enfoque sobre la cooperación internacional. Desde la perspectiva del desarrollo, esta desempeña una función mucho más importante que la de ser un sector económico. Cuando Cuba coopera con otras naciones en materia de salud y educación, la interacción esencial no consiste en una transacción comercial (dinero u otros bienes a cambio de servicios). La cooperación que practica Cuba contiene inevitablemente una propuesta —no necesariamente explícita— de transformación social que rebasa ampliamente las posibles mejoras de los sistemas de salud y de educación de otros países. Para decirlo claramente, cuando un país receptor de la cooperación de Cuba no logra mejorar sus índices de salud —por ejemplo, la mortalidad infantil— por debajo de determinados niveles, a pesar de la excelencia de la colaboración cubana, lo que siempre resulta evidente es que ello no sucederá mientras predominen en esos países determinadas estructuras de poder y el tipo de sociedad que tales estructuras generan. Los índices de salud no podrán mejorar lo suficiente porque la pobreza y la desigualdad en esas naciones desempeñan funciones “patogénicas”, es decir, enferman y matan seres humanos como parte de la operación normal del sistema[5].

Observación #4: En la cooperación internacional de Cuba está contenida, por tanto, la premisa de que el desarrollo no se alcanza con acciones puntuales, sino que para avanzar hacia el desarrollo deben resolverse las causas esenciales que mantienen a las sociedades en el subdesarrollo. Aquí lo que tiende a operar, para decirlo rápido, es una interacción ideológica entre Cuba y los receptores de la cooperación cubana. La posibilidad de que esa idea se transforme en cambio social es un asunto aparte, cuyo análisis supera los propósitos de este texto. Lo que trato de resaltar es que, vista desde una perspectiva amplia y de largo plazo, la cooperación internacional de Cuba, al promover trasformaciones sociales profundas en otros países es coherente con la noción de que la prosperidad de Cuba debe estar integrada a la construcción de “un mundo mejor”. No debe ser concebida de manera aislada. La visión de nación que se proyecta para Cuba difícilmente pueda materializarse en un entorno internacional donde no se produzcan cambios sistémicos en otros países. Aclaro que no me refiero necesariamente a cambios muy radicales, quizás bastaría —para empezar— con que se alcanzasen las aspiraciones descritas en la estrategia de desarrollo de la ONU. Contribuir a mejorar el mundo no expresa solamente una idea noble, es algo que también responde directamente al interés nacional.

Observación #5: Recientes propuestas hechas en el marco de la consulta de los documentos (conceptualización y plan nacional) han sugerido agregarle el calificativo de “culta” a la visión de nación expresada en el plan nacional, lo cual considero apropiado[6]. En ese sentido, y sin que se interprete necesariamente como una propuesta de agregarle más cualidades a la visión de la nación, el análisis del papel de la cooperación internacional en el desarrollo permite concluir que los calificativos de “nación de paz” y “nación solidaria” deberían formar parte del paradigma de la nación que desea edificarse.

Notas:

[1] Las cifras exactas sobre el Programa Integral de Salud son las siguientes: “19 818 colaboradores de la salud; el 78,9 % médicos, ubicados en 426 departamentos y 15 137 comunidades rurales de 43 países, se atendieron 61 469 188 habitantes, han abierto 50 hospitales y 661 nuevos servicios. En los países del programa se ha reducido la mortalidad materna e infantil, por atención de urgencia se ha salvado la vida a 2 115 589 personas”. Ver, Yíliam Jiménez Expósito. “El Programa Integral de Salud de Cuba. Un Modelo de Cooperación Sur- Sur”. Revista Cubana de Salud Pública Internacional 2010; 1 (1). La referencia sobre el número de colaboradores de la salud fue tomada del artículo “Consolidan colaboradores cubanos programa de salud en Sudáfrica”. Revista Bohemia, 7 de abril de 2016.

[2] Alexandra Sifferlin, “Why Cuba Is So Good at Fighting Ebola”, Time Magazine, November 5, 2014; Laurie Garrett, “How Cuba Could Stop the Next Ebola Outbreak”, Foreign Policy, May 6, 2015;  Monica Mark in Lagos, “Cuba leads fight against Ebola in Africa as west frets about border security”, The Guardian, Sunday 12 October 2014;  Eduardo J Gomez, “Cuba’s health diplomacy in the age of Ebola”, BBC News, 14 November 2014.

[3] Esta fue una crítica planteada con fuerza por especialistas como Sakiko Fukuda-Parr y Thomas Pogge durante el proceso de consultas que organizó la ONU como parte de la preparación de la nueva agenda internacional de desarrollo. Ver, Thomas Pogge (2016). “A Critique of the Sustainable Development Goals’ Potential to Realize the Human Rights of All: Why being better than the MDGs is not good enough”.

[4] Naciones Unidas. “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”. Documento A/70/L.1. Septuagésimo período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas. 18 de septiembre de 2015.

[5] Paul Farmer. “Pathologies of Power: Health, Human Rights, and the New War on the Poor”. California Series in Public Anthropology. Los Angeles. 2004.

[6] Yuniel Labacena Romero. “Desde la cultura también se construye futuro”. Juventud Rebelde. 25 de junio del 2016.

 

Sobre los autores
Pedro Monreal González 55 Artículos escritos
(Guantánamo, 1958). Especialista del Programa de Ciencias Sociales y Humanas de la UNESCO. Doctor en Ciencias Económicas por la Universidad de La Habana (1999). Estudios de posgrado en la Universidad del Sur de California (USC), La Jolla, Estados U...
0 COMENTARIO

Dejar una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puede utilizar estos atributos y etiquetas HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

EditorialMedios en Cuba