Población negra y mestiza, sistema político y representación

Foto: Desmond Boylan / AP

Este texto forma parte del dossier Raza y Desigualdad en Cuba, mediante el cual, la plataforma Cuba Posible da continuidad al esfuerzo constructivo para desarrollar un pensamiento y una praxis social comprometidos con este y otros problemas relevantes de la sociedad cubana. El dossier cuenta con seis contenidos: la introducción y cinco textos integrados por respuestas a las preguntas formuladas en el dossier. Estos son los títulos con que aparecen en nuestra página web: “Motivos para hablar sobre raza y desigualdad en Cuba hoy”, “Población negra y mestiza, sistema político y representación”, “Por un desarrollo económico racialmente sostenible”, “Pensar la normalización Cuba-Estados Unidos en términos raciales”, “Una Cuba “a todo color”.

En las circunstancias actuales de la Isla, ¿qué cambios harían posible un sistema político más participativo, en el que los intereses de los grupos sociales en desventaja (y de la población negra y mestiza en particular), estén mejor representados?

alejandro-fernandez

Alejandro L. Fernández

Alejandro L. Fernández: Lo primero que se necesita es una revisión a nuestro texto constitucional en materia de igualdad y equidad a tono con la situación de las desigualdades. Nuestra Constitución va quedando demasiado estrecha a la movilidad y ajustes socio-económicos de la sociedad cubana de los últimos 26 años. De las discusiones y las propuestas de las comisiones creadas deben aplicarse instrumentos más representativos e inclusivos, que se hallen respaldados jurídicamente a través de una Ley contra las Discriminaciones, acompañada de un conjunto de artículos que sancionen y legitimen el compromiso con los grupos en desventaja. Así se brindarían las bases legales para el empoderamiento y capacitación de los líderes y proyectos comunitarios, otorgándoles capacidad de decisión en su espacio de acción. Al respecto es aportadora la experiencia del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) para la cuestión de la diversidad sexual.

Aquí se incluye un segundo elemento: la necesaria y efectiva articulación de los actores políticos con otros agentes sociales, vertebrados a través de instituciones, gremios y proyectos, así como la participación de especialistas y estudiosos. De su interrelación deben generarse diálogos sistemáticos, donde den cuenta de los resultados de trabajo a un público más amplio que muchas veces queda al margen, sin acceso a la información, y que recibe pasiva y horizontalmente las conclusiones de los llamados expertos, sin cuestionar el impacto de las decisiones tomadas en su vida diaria. Al menos hay cierta labor directa en las comunidades, unida al periodismo de barrio en espacios como La Cofradía de la negritud, Alianza Unidad Racial, Afrocubanas, entre otros. ¿Pero cómo sucede este proceso en Camagüey y Holguín con una población blanca mayoritaria, no afectada directamente por el racismo por el color de la piel? ¿O viceversa en Santiago y Guantánamo donde la población negra es representativamente alta? ¿Cuándo se produjo por última vez un encuentro nacional y de conocimiento público con actores políticos de todas las provincias, donde se generaron análisis sobre el racismo y la desigualdad? En mi consideración, no existe una definida educación ciudadana para el cubano de a pie desde la variable raza-desigualdad que enriquezca la discusión en el espacio político. Por ende, se generan ciertos monólogos reducidos a un oficialismo no siempre atento a fomentar la formación y educación de conciencia racial. Además, en aras de la correcta retroalimentación, los espacios de discusión institucionalizados deben salir del posicionamiento de la alta política y abrirse sin reservas y sensibilidad al análisis, la crítica oportuna y la reflexión que permita la actuación ciudadana en el ejercicio de la representación social. También considero que el conocido sistema de cuotas de los años ochenta debe actualizarse y convertirse en un punto de partida para otras formas de representación política. Las comisiones, agentes y autoridades son necesariamente un frente de intercambio con comunes objetivos y estrategias.

Tomás F. Robaina

Tomás F. Robaina

Tomás F. Robaina: No creo que conceptualmente haya un sistema político más participativo que el nuestro, pero su práctica y operatividad evidencian limitaciones que imposibilitan, por el momento, que la mayoría de los pertenecientes a los grupos sociales más en desventaja, y por lo tanto menos representados, incluidos negros y mulatos, puedan acceder a trabajos bien remunerados, teniendo en cuenta la existencia de la doble moneda, el bajo nivel adquisitivo de la histórica moneda nacional, y la insuficiencia del salario que reciben nuestros trabajadores y profesionales para enfrentar los altos costos de los bienes que deben asumir mensualmente, razones que ocasionan el desvío de recursos financieros, materiales y el auge de la corrupción en diversos sectores de nuestra economía.

joanna-castillo-wilson

Joanna Castillo

Joanna Castillo: Todos somos cubanos; es cierto, pero no todos vivimos de la misma manera, ni pensamos lo mismo de cómo vivimos. Es necesario este movimiento de reivindicación histórica, reconocimiento social, pero desde una mirada que hermane, no fragmente. Es necesario introducir agregos que se construyan sobre las bases de necesidades detectadas en estos grupos, no desde arriba, y que contribuyan a empoderar, a diseñar mayores y mejores posibilidades de desarrollo pleno para las capacidades, y diversifique el abanico de aspiraciones y oportunidades de los ciudadanos cubanos, negros y mulatos.

Maikel Colón: Hay mucho que cambiar, y mucho por hacer. Ahora, considero que uno de los puntos que hay que tener en cuenta es que todas las organizaciones e instituciones políticas, que pueden ser decisivas en un tema como este, tienen que estar más abiertas y receptivas, al conjunto de opiniones y puntos de vista. Tengamos presentes dos ejemplos concretos. Cuando salió a la luz el artículo del intelectual negro Roberto Zurbano en el prestigioso diario The New York Times, el cual se presentó a los lectores con un título bastante suspicaz: “For the Blacks in Cuba, The Revolution hasn’t Begun”, en una traducción bastante literal: “Para los negros en Cuba, la Revolución no ha comenzado”, el revuelo y la controversia que provocó, sobre todo entre algunos intelectuales que mantienen una filiación institucional, fue desmesurado. Tengamos presente que, al abordar raza y desigualdad en Cuba, en primer lugar, nadie tiene la verdad absoluta, y en consecuencia, intentar convertir un conjunto de opiniones, con la sapiencia y el recorrido de Zurbano sobre el tema, con algún tipo de complicidad ideológica en contra de la Revolución, es inadmisible. La desestructuración de las prácticas racistas dentro de la sociedad cubana, requiere de un compromiso abierto y objetivo con la realidad. Y si a estas alturas no somos consecuentes con ella, tomando en consideración, obviamente, los pasos de avance, será difícil palear algunos de los discursos racistas con los cuales convivimos cotidianamente.

maikel-colon-pichardo

Maikel Colón Pichardo

El segundo ejemplo que pondremos en perspectiva está intrínsecamente relacionado con el primero. Hace ya varios años, que desde las altas esferas políticas del país se promulga un ambiente de cambios y transformaciones, y de un modo bastante limitado, se ha propiciado un debate social sobre raza y desigualdad con el conjunto de la sociedad. Uno de estos espacios se proyectó desde la Mesa Redonda. Todos conocemos, directa o indirectamente este espacio de la televisión cubana. Y para nuestra sorpresa, se han emitido dos programas en los que se intentó poner a debate algunas de sus cuestiones esenciales. El primer programa se emitió en enero de 2010: “Una batalla cubana contra el racismo”. Y casi cinco años después, en marzo de 2015, se emitió un segundo programa: “El racismo sobre la mesa”.

Ambos programas en muchos sentidos fueron bastante insuficientes, sin restarle el mérito de haber traído a debate, en un espacio de la televisión nacional, un tema tan peliagudo. Ahora, la insuficiencia estuvo marcada por tres cuestiones en concreto, desde mi punto de vista. En primer lugar, los tópicos abordados no fueron grandilocuentes, pues se enmarcó el asunto en traer a colación diferentes momentos de la historia de Cuba en la que se vivieron bochornosos capítulos de discriminación racial, capítulos que a partir de la Revolución no se han repetido, y aunque hay que tener en cuenta que no vivimos en un estado idílico en cuanto a las relaciones raciales, las prácticas racistas fueron aminoradas por las oportunidades que promovió el proceso que dio comienzo en 1959. Aquí ya se volvía a establecer esa barrera imaginaria, que deja sin efecto, las prácticas racistas cotidianas con las que continuamos lidiando. El segundo tópico, recae en los panelistas seleccionados para abordar el tema. Muchos de ellos, sin lugar a dudas, prestigiosos académicos e intelectuales. Sin embargo, en muchos de los casos, sin un recorrido consecuente, entre sus más significativas publicaciones, sobre los temas de raza y desigualdad en Cuba. No pretendo poner en duda los criterios que pueden aportar en este debate cada uno de los panelistas invitados. Ahora bien, no favorece en nada desarrollar una discusión con opiniones parcializadas. Estoy convencido de la existencia de suficientes referencias para convocar a muchos/as estudiosos/as que, a lo largo de los años, han desarrollado un arduo trabajo en el análisis de las experiencias más lacerantes de la discriminación racial en Cuba. Y como grandes especialistas sobre el tema, que son recurrentemente invitados a las universidades más prestigiosas del mundo, así como a foros internacionales donde se presentan las discusiones contemporáneas sobre el tema, tenemos el deber y la obligación de escucharlos, y si está en nuestras manos, que sean escuchados por el conjunto de la sociedad, estemos o no de acuerdo con sus opiniones y criterios.

A raíz de esta situación se desmarca el tercer elemento. Sin una intención clara y objetiva, nadie puso sobre la mesa, valga la redundancia con el nombre del programa, algunas de las articulaciones que se deberían desarrollar para combatir este mal. Nadie puso en cuestión el papel de los funcionarios políticos que presiden importantes instituciones y organizaciones, que pueden contribuir mucho en esta batalla. En tal sentido, con opiniones parcializadas, y ningún tipo de estrategia programática, será difícil promover un ambiente más participativo, restándole importancia al conjunto de opiniones, y no involucrando a cada uno de los actores que pueden incidir en esta lucha. Si continuamos intentando acoplar el discurso políticamente correcto a un tema tan complejo, las posibles soluciones permanecerán estancadas. Tengamos presente que las prácticas racistas conviven en los rincones más insospechados de nuestra sociedad. Y si se intenta construir un monopolio, respecto a una posición, queriendo aislar o invisibilizar todas las posturas que pueden ser proyectadas (bien en un discurso académico, en una película o documental, en una canción, o en una fotografía), le restaremos a la propia diversidad que caracteriza a esta temática, y no contribuiremos a la confrontación, y a la búsqueda de soluciones en un sentido amplio y participativo. 

Pedro A. Cubas

Pedro A. Cubas

Pedro A. Cubas: En el año 2008, cuando era estudiante de doctorado en la Universidad Federal da Bahia, me pidieron que dictase una conferencia sobre los significados del cambio en la presidencia de Cuba. No fue fácil preparar esa plática porque llevaba muchos meses fuera de mi país. Pero asumí el desafío de analizar a distancia la actualidad política insular y explicar cómo quedó representada la estructura del poder ejecutivo (Buró Político, Consejos de Estado y de Ministros) y de la instancia partidista (Comité Central del Partido Comunista de Cuba).

Mientras investigaba me encontré algo que no había visto o percibido anteriormente. Me refiero a una presencia mayor de hombres y mujeres de piel negra en esa estructura de alta política insular. Durante mi época en el servicio militar y después en la universidad siempre estuve interesado en los nombres de quienes tenían cargos importantes. La mayoría del sexo masculino era evidente y la minoría de negros era aplastante; pero en aquella época no sabía cómo interpretar eso. Después dejé de interesarme por ese detalle hasta que volví a retomarlo en el 2008 con más experiencia como persona y como profesional de las ciencias sociales.

En tales estructuras políticas, tanto ejecutiva como partidista (y también incluimos la legislativa), además de un reforzamiento del componente militar, hablé de un aumento de la presencia de hombres y mujeres de piel negra. Ojo, con respecto a los militares estoy hablando de lo que advertí a distancia en el año 2008 y no de la actualidad. No obstante, en el presente, la proporción de hombres negros y mujeres negras en el alto poder insular sigue siendo menor. Sabemos que el sistema político cubano se define desde el punto de vista democrático como participativo y no como representativo, si tenemos en cuenta que solo hay un partido político reconocido legalmente. Entonces, sería más interesante observar y reflexionar sobre la verdadera incidencia de la subjetividad negra en la toma de decisiones en la alta política insular, partiendo de la idea de que ya conocemos el estilo vertical de gobernar en nuestro país.

Si estamos pensando un cambio en el sistema político cubano para hacerlo más participativo no perdamos el tiempo de discutir si debe o no ser multipartidista. En mi opinión, el cambio cualitativo puede estar en una verdadera cultura de debate, que demuestre la pluralidad de criterios que verdaderamente existe en el país. No al estilo de la Mesa Redonda donde todos están de acuerdo con lo que uno y el otro dicen y así todo termina en más de lo mismo. Ese programa televisivo debería dar mayores muestras de seriedad en ese sentido de la cultura del debate para ganar más credibilidad. Cuba necesita de debates serios y dignos donde prime el respeto entre los participantes, sin importar la ideología que defienden. Debatir es intercambiar ideas y puntos de vista de todo tipo y sin agredirse unos a otros, como aconteció con Roberto Zurbano (aquello fue una cacería de brujas al estilo del Medioevo). Esa cultura política debe ser rescatada para el bien de todos los cubanos. Solo así, los intereses de los grupos sociales en desventaja socioeconómica, específicamente de la población negra, estarán mejor representados en las discusiones sobre la circunstancia nacional. No obstante, para lograr eso es necesario que haya personas dignas, que sepan canalizar esas aspiraciones de un grupo marginalizado y empobrecido. Durante la Primera y la Segunda República, hubo intelectuales negros que representaron y defendieron los intereses de sus conciudadanos desde la política, el activismo, el asociacionismo, la prensa y demás facetas de la vida social. Hoy necesitamos en Cuba negros y negras que tengan un mínimo de la capacidad de liderazgo de Carlota, Antonio Maceo, Juan Gualberto Gómez, Jesús Menéndez y Aracelio Iglesias; el nivel de discusión política de Martín Morúa Delgado, Evaristo Estenoz, Lázaro Peña y Salvador García Agüero o el saber hacer de Mariana Grajales, María Cabrales, Gustavo Urrutia, Juan René Betancourt y Walterio Carbonell.

Sobre los autores
Julio César Guanche Zaldívar 17 Artículos escritos
(La Habana, 1974). Licenciado (1997) y Máster (2005) en Derecho por la Universidad de La Habana. Ha impartido docencia como profesor adjunto de la Universidad de la Habana. Ha dirigido varias publicaciones y editoriales nacionales. Laboró, primero...
Reinier Borrego Moreno 8 Artículos escritos
(La Habana, 1988). Licenciado en Historia (2012) y Máster en Estudios Interdisciplinarios sobre América Latina, el Caribe y Cuba por la Universidad de La Habana (2014). Investigador del ICIC “Juan Marinello” y del Grupo Historia Social Comparad...
0 COMENTARIO

Dejar una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puede utilizar estos atributos y etiquetas HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

EditorialMedios en Cuba