Prólogo del libro “Psicología del Estado cubano. Cuba por dentro”


Ciudadanos: como veréis, nos encontramos en uno de esos críticos momentos de la vida de nuestro pueblo, en los que, como vulgarmente se suele decir, no cabe más que una de estas dos determinaciones: “o errar o quitar el banco”. Es decir: o emprendemos a todo trance el trabajo de nuestra regeneración por el camino más de seguro de llegar a conseguirla en todos los órdenes de la actividad humana individual y colectiva, o el edificio de nuestra Nacionalidad levantado sobre bases deleznables se viene al suelo sin remedio.

Tal es la aflictiva situación a que nos han conducido nuestra indiferencia y abandono de las funciones sociales y la poca voluntad para el bien común en el corazón de los ciudadanos cubanos que en mala hora pusieron sus manos pecadoras en el santuario de los sacratísimos intereses de la Sociedad y de la Patria.

No es esta ciudadanos amigos una afirmación gratuita, expresión infundada de un deseo caprichoso e ilegítimo, no; es el anuncio de un acontecimiento infalible cuya proximidad ya ninguna previsora pone en duda. Es el eco tristísimo que resuena poderoso en todos los corazones, porque en todos ellos reside el germen de su amargo presentimiento.

Basta pulsar el criterio de la opinión pública respecto del particular, para el punto advertir, que en el seno de las familias de la clase media y popular donde toda una serie de privaciones injustas constituyen el pan nuestro de cada día; en las calles y plazas; en los centros de solaz y esparcimiento; donde quiera que se reúnan personas ávidas de justicia y moralidad, de progreso y bienestar, de garantías en todos los órdenes de la vida, de paz y concordia en todos los corazones y tranquilidad en todos los espíritus, y se comunican las observaciones e ideas para hacerse eco así de las enseñanzas de la experiencia como de los necesidades y aspiraciones de la Sociedad cubana; en todas parte como si invisible espíritu asociara en un mismo pensamiento todas las inteligencias que discurren bien, agrupara en un mismo sentimiento todos los corazones que sienten humanamente mejor, y animase de un mismo deseo a todas las voluntades que suspiran porque entre nosotros impere la labor armónica que nos ha de conducir al engrandecimiento en todas las esferas de la vida; el reconocimiento de la necesidad en que nos hallamos de poner término a este injusto y anormal estado de cosas, a esta serie indefinida de infortunios sociales que la multitud laboriosa experimenta y padece sin deber, a este rosario no interrumpido de anomalías, de monstruosidades sin cuento, de injustificados desórdenes, de injusticias y violencias que los malos liberales cometen contra los más sagrados derechos de la personalidad humana lo mismo individual que colectiva, amparados en un concepto de la Autoridad completamente falso, y parapetados detrás de un régimen político jurídico abierto a todos los abusos y malas artes, es el tema obligado de todas las conversaciones, y el que provoca las más empeñadas discusiones entre los que trabajan por conservar esta pobreza y miseria en todos los órdenes de la vida que nos caracteriza, y los que pretenden avanzar en el camino de la reivindicación de la libre iniciativa y el bienestar  para todos en general. Seguramente se va acercando la hora de reducir a polvo los moldes nefandos fabricados en las hornazas de la incultura, inmoralidad, corrupción y el más execrable y cruel de los individualismos con que se pretende dar forma y cuerpo a la organización política externa y a la interna y social constitución del Estado cubano, para substituirlos con los que las verdaderas ciencias política y jurídica con sus eternos e inmutables principios nos brindan a fundir en el crisol de la más estricta justicia, la más amplia y verdadera libertad, la más acabada ilustración, el bienestar más expansivo, las más sanas costumbres, y el cumplimiento más exacto de las leyes que mejor interpreten y regulen la realidad de las relaciones entre los hombres entre sí y con las cosas u objetos de la Naturaleza que les rodean susceptibles de satisfacer sus necesidades y de ser apropiadas.

A contribuir con las escasez de mis facultades y cortedad de mis conocimientos, a tan magna y colosal empresa, se encamina la publicación del presente pequeño “Libro”, que sí carece de toda originalidad y de todo mérito bajo el punto de vista científico y quizá literario, tiene para mí en cambio el de constituir el principio de una labor enderezada a contener el extravío de la razón y la indisciplina de las ideas que es de observar impera y domina en la conducta de los hombres en todos los ámbitos de la Nacionalidad, a los efectos de ver si consigo encauzarla en la dirección que entraña la busca de ese orden social mejor que hay para las cosas humanas, que no es el que existe pero sí el que debiera existir para el mayor bien de la Sociedad cubana, que Dios conoce y quiere y es deber sacratísimo de los humanos seres descubrir para restablecerle.

Se dirá seguramente a espaldas mías, que es demasiado ardua y grande la empresa, para que un pobre neófito como yo, pigmeo de inteligencia, pueda finalizarla.

Está bien, y cabe tal vez en lo posible que tengan razón los que de tal modo se expresen, y que mi pequeñez dé al fin al traste con mis buenas intenciones y propósitos. Mas ello no quita para que, terco como los aragoneses, de los cuales tengo un poco por razón de vecindad, me decida a emprenderla poseído de la mayor buena fe, contando con la ayuda de los buenos cubanos y en aras de la prosperidad y grandeza de esta Nación que ahora principia a formarse y que tan floreciente podría resultar si en ello nos empeñáramos todos como es nuestro deber.

Claro está, que no tengo la pretensión de ser ni de los primeros, ni de los más afortunados tampoco; pero quien sabe, si por efecto de vivir en la atmósfera templada en que vivo y me propongo mover, lejos de las pasiones que todo lo envenenan y de los vicios que todo lo corrompen, contemplando con ánimo sereno la vasta órbita en que giran los partidos políticos que se disputan no muy cordialmente la supremacía en el manejo de los intereses públicos, pesando y midiendo todas las ideas, todos los procedimientos, todos los fanatismos, desde fuera del laboratorio donde se prepara el sufrimiento social cubano, alejado del ruido ensordecedor de sus inmoralidades y desórdenes, aislado y recogido en mí mismo después de haber visto, meditado y estudiado, pueda acaso señalar mejor que otros al Honorable Presidente de la República los descuidos que son de notar en las instituciones que forman el todo de nuestra organización social, evitando de este modo el derrumbe que se avecina.

Por de pronto creo llevar una ventaja sobre los demás, a mi juicio de bastante consideración, y es, la perfecta conciencia que tengo de que no hay, no puede haber atajo sin trabajo.

Queerite et invenietis, esto es, buscad y encontrareis, dijo hace ya diecinueve siglos el Hijo de Dios. Más imposible de todo punto es y será que encontremos sin buscar, es decir, sin tomarnos la molestia de estudiar, indagar y discurrir con la razón y la conciencia libres de prejuicios y de todo influjo social presente de las cosas humanas establecidas.

Que no todo estriba en informar a capricho a la Presidencia, ni cobrar la nómina, ni en redactar unas cuantas leyes, ni en pronunciar algún que otro discurso florido con citas históricas y párrafos de relumbrón, ni en entonar tampoco una vez más en el unánime cuanto ineficaz concierto de clamoreos y quejas con que mítines, parlamento, prensa y demás lugares de lucha y combate, la mentalidad cubana oposicionista en incesante, agobiadora, estéril y mujeriega jeremiada expone males, denuncia inmoralidades y desórdenes y lamenta infortunios, desdichas y miserias, sin iniciar fórmulas que necesariamente impongan el orden y la justicia en la Sociedad, reglas concretas de buena conducta política, líneas generales siquiera que orienten de alguna manera hacia el medio de poder subvenir gradual, positiva y hacederamente a los infinitos males sociales en cuya patentización innecesaria, puesto que de todos son conocidos y para todos sensibles, derrochan una energía, tenacidad y muchas veces un ingenio que, mejor aplicados, darían seguramente óptimos y saludables frutos.

Por ello yo te suplico lector amigo, cualquiera que sea tu filiación política y el color de tu piel, que si la corrupción, desbarajuste y desenfreno político actual te indigna, si el deseo de justicia te enardece, si amas la Patria como se merece y la amaron aquellos nobles y generosos patricios llamados Gómez, Maceo, Martí, Banderas y tantos otros más que perecieron por ella; si deseas verla ilustrada, rica próspera, floreciente y feliz, abraza desde hoy cariñosamente la causa de la verdadera libertad que nace, abandona tu egoísmo y avaricia, húndete en la ola de la moralidad que se inicia; en ella tu alma purificada hallará energías desconocidas; tu carácter débil se fortalecerá con valor indomable y tu corazón rejuvenecerá. Todo cambiará de aspecto ante tus ojos iluminados por la verdad. Nuevos horizontes despertarán en ti ideas nuevas. La religión, la moral, la poesía, el arte, las industrias, las ciencias, los idiomas, los usos, las costumbres, las instituciones se te presentarán bajo formas más grandes y bellas, y seguro de tu fe, saludarás la aurora de la regeneración de la Patria al contemplarte tú regenerado.

Por lo demás, a vuestra benevolencia remito el fondo de verdad y de utilidad que para vosotros puedan encerrar mis manifestaciones y razonamientos. Si aparte de lograr de algún modo mi objeto consigo de vosotros la indulgencia que he menester me concedáis por el atrevimiento inaudito que supone haber dado a la estampa el presente pequeño Libro, cuyo mérito único queda indicado antes, daré por bien empleado el trabajo no escaso que me ha costado escribirlo, y por cuyas faltas en el mismo contenidas, solo me resta suplicar a todos en el general la más completa disculpa.


Nota:


Las cursivas son del autor.

Sobre los autores
José Salom Solbes 1 Artículo escrito
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