Prostitución en Cuba: miradas de fondo desde los feminismos poscoloniales

Foto: Margarita Fresco. Reproducida con autorización

La prostitución ha generado históricamente profusos debates que recorren las familias, las políticas públicas y las ciencias. Las rutas de estos debates muestran el conflicto entre concepciones polarizadas sobre: sexualidad y géneros, libertad y opresión, evidenciando mitos y realidades en las variantes de prostitución, cuya evolución va de la mano del desarrollo de la denominada “industria sexual”. Múltiples han sido las teorías, polémicas y estrategias de respuestas el fenómeno social en estudio. Sin embargo, esta vez se sugiere a las lectoras y los lectores una mirada poco usual, anclada desde los feminismos poscoloniales latinoamericanos y caribeños.

Se trata de un posicionamiento epistemológico que permita de/construir enfoques, prácticas cotidianas e imaginarios sociales sobre el tema. Valdría cuestionarse por qué son precisamente estos feminismos el punto de partida en el análisis. La respuesta a tal interrogante distingue la posición contrahegemónica que los define como: “Una metodología revolucionaria para la despatriarcalización de la vida cotidiana hasta la letra.” (Paredes, 2010:1).

El moderno sistema colonial de género profundiza los vínculos entre el patriarcado como cultura de la dominación y la prostitución, que es una pieza clave en el mantenimiento de esa opresión. Luchar contra el patriarcado es replantear el enfoque y colocar a la prostitución de manera diferente en la agenda nacional de justica social.

Se asumen los feminismos poscoloniales en su doble aspecto al constituir simultáneamente un lugar de enunciación y un campo de acción, más bien campo de batalla, desde el paradigma emancipatorio de la Epistemología del Sur (De Sosa, 2011) , cuya exigencia distintiva es “reinventarnos” y, con ello, transformar nuestras prácticas y así mismos/as.

Aquí el Sur es visto más allá de lo geopolítico para multiplicarse simbólicamente en escenarios de sufrimientos, opresiones y resistencias, conformando la diversidad de “sures” que habitan desde el espacio local al global -con sus marcadas diferencias y conexiones- de las que Cuba hace parte. Advierta que el fenómeno de la prostitución y en particular las personas que la ejercen, también integran “un sur”, “en el Sur”.

De ese modo, el debate es instalado tomando en consideración las siguientes interrogantes: ¿es la prostitución lo que habitualmente se define como tal?; ¿Qué tendencias caracterizan su afrontamiento?; ¿Cómo se encuentran y desencuentran eufemismos y emergencias, hegemonías y resistencias en este tema?; ¿Cuáles son las nuevas alternativas emergentes? La invitación es a narrar la historia desde otro lugar: hacia alternativas de cambio.

Violencia o trabajo: realidades, discursos y cuerpos en tensión

El debate feminista acerca de la prostitución refleja un planteamiento dicotómico asentado en los polos “violencia” y “trabajo” (Morcillo, 2014). En torno a qué es “prostitución”, giran puntos de vistas muy diversos, que generan tensiones ilustrativas de nudos de disensos hasta el conflicto: ¿es la prostitución compra y venta de placer o de personas? ¿Placer: para quién y para qué? ¿Es trabajo sexual o esclavitud? ¿Es delito o conducta “antisocial /peligrosa”?

Enmascarada bajo servicios sexuales, en realidad, la prostitución compra y vende personas. No obstante, el término de trabajo tiene la intención de dignificar. Sin embargo, lejos de hacerlo crea eufemismos que generan más patriarcado en el imaginario social, silencia las violencias típicas de la prostitución, refuerza mitos y prejuicios en torno a ella, y naturaliza esa forma de explotación mediante ropajes protectores a través de reglamentaciones. De igual modo, considerar que la prostitución es trabajo sexual, limita sensiblemente las bases de la ciudadanía, pues legitima la existencia de ciudadanos/as de “segunda clase” al valorar como mercancía a los cuerpos, a la sexualidad y a los derechos asociados. ¿Pueden existir derechos y garantías erigidas sobre tal desequilibrio del poder?

Al respecto, destaca el punto de vista de Kaisa Ekis Ekman (2014:47), quien alerta:

“Para mí la prostitución nunca va a ser un trabajo como cualquier otro, no solamente porque las cifras demuestran que dentro de la prostitución se halla también la violencia…… sino porque en las prostitutas la tasa de mortalidad es 40 veces más alta que entre las mujeres fuera de la prostitución y estas cifras no existen para ningún trabajo”.

Ante esta polémica en busca de abandonar el etiquetamiento social ha surgido el término de “personas en condición de prostitución”. Ello se proyecta al reconocimiento de la condición de víctimas, pero subyace la limitación de volver a colocar la discusión en las personas que las ejercen y al presentarlas como vulnerables, las revictimiza. Al unísono el vocablo “condición” sugiere cierto estatus de atrapamiento atemporal, indefinido, incidente en la visión proactiva del tema.

Sostenemos la tesis contrahegemónica que define la prostitución como un proceso complejo de violencia de género agravada, sustentado en relaciones glocales1de explotación. Tras eufemismos y castigos, la prostitución es, en esencia, colonialidad de género, invisibilizada y en re-victimización.

Asumiendo esta colonialidad en calidad de “opresión de género racializada”, según ilustran destacadas feministas latinoamericanas como María Lugones (2010), Rita Segato (2011) y Karina Bidaseca (2016). El aporte de los feminismos poscoloniales es demostrar que las mujeres y otras víctimas de la prostitución habitan múltiples opresiones, que han de encontrar diversidad de voces y caminos ante el temor de la sociedad por personas “fuera de la norma sexual” establecida a tenor de la cultura patriarcal.

Entender que la prostitución es un proceso, revela fases principales, ellas son:

Ideación: caracterizadas por la formación de motivos hasta la toma de decisiónde los/as sujetos para iniciar el proceso deprostitución.

Iniciación: integran las primeras experiencias de participación en actividadesde prostitución en una o varias modalidades, presenciales o virtuales.

Eventual: participación inestable, discontinua, asicrónica en el ejercicio de la prostitución, que comparte con otras actividades vitales de carácter laboral, estudiantil o decuidados.

Meseta: participación estable en la prostitución, constituida en estilo de vida y articulada con actividades delictivas.

Agravación: la prostitución como estilo de vida y la participación activa, diversificada y sostenida en actividades delictivas de carácter trasnacional.

Los resultados de investigaciones científicas y estudios socioperativos muestran que en el país la tendencia de la prostitución es a concentrase en las fases eventual y de meseta2. Al unísono se desdibujan los perfiles tradicionales, mediante el rejuvenecimiento de la iniciación y el ensachamiento hacia la adultez en correspondencia con el acelerado proceso de envejecimiento poblacional, lo cual propicia el surgimiento de nuevas formas de prostitución y de asociación con delitos conexos.

Ello demuestra, en el plano sociológico, que no estamos ante un fenómeno marginal, sino estructural. Se conforma un grupo social específico capaz de reproducirse como componente de la estructura social cubana. Las personas que ejercen la prostitución son víctimas de la reproducción social e intergeneracional de procesos de desigualdad social y dominación.

Viajando a la semilla hasta llegar a hoy

Para avanzar sobre este tema proponemos un diálogo imaginario con Alejo Carpentier, un “viaje a la semilla”, que revela los orígenes de la prostitución en el colonialismo y su afianzamiento político institucional en la república neocolonial. Tras el desmontaje programático de la prostitución (a partir de 1959), con el triunfo de la Revolución cubana, fueron transformadas las principales causas objetivas de este fenómeno.

En 1962 se realiza en el país un censo que registra 6,000 prostitutas y comienza la toma de medidas: surgen así las escuelas de rehabilitación. La solución entonces fue socioeducativa, no penal. Como resultado fueron reducidas sustancialmente estas actividades a límites evaluados como indicativos de erradicación.

Pero problemas sociales tan complejos, encuentran variadas formas de perpetuarse. La peculiar coyuntura de crisis de la sociedad cubana en los 90, que en determinadas aristas aún se aprecia, generó condiciones favorables a la reanimación de la prostitución. Si bien determinados análisis tienden a privilegiar los factores económicos asociados a la crisis y a la incidencia del turismo, tienen influencia más activa los factores ideológicos que sustentan la prostitución. El turismo no solo implica una amenaza, es también es una oportunidad, para avanzar en mejores prácticas de atención a la prostitución.

El deterioro de valores bajo el impacto de la crisis económica de los 90, sirve de catalizador para el aumento de la prostitución en la sociedad cubana hasta la actualidad. Los imaginaros sociales han transitado del rechazo histórico a la prostitución en el país, en calidad de tendencia predominante, a percepciones de tolerancia social y familiar. El fenómeno se renueva como una de las estrategias familiares de vida para el afrontamiento de la crisis y sus impactos (Campoalegre, 2013). También representa un canal de movilidad social a fin de intentar insertarse en el escenario global. Este cambio legitima, naturaliza y hasta en determinadas ocasiones erige a la prostitución como experiencia vital exitosa y alterativa migratoria eficaz. La conexión entre trata de personas y prostitución, a escala nacional y global, refuta ese mito que es preciso informar para desmitificar y poder prevenir tales conductas.

En consecuencia, ya no se trata de enfrentar fijando el punto de mira en las actividades o en las personas que la ejercen, hay que trascender a lo esencial. En este campo, hay disímiles causas a atender como sociedad. Se conforma un nuevo contexto explicativo del fenómeno, para el cual resultan indispensables nuevas estrategias y mayor articulación.

La diversificación de las formas de propiedad, la complejización de la economía y la sociedad cubana, dilatan las trayectorias individuales y grupales de la prostitución, confirmando la tendencia mundial referida a la evolución de sus formas hacia modos más sutiles de actuación y nuevos métodos de organización.

Cuba se atiene al enfoque abolicionista de la prostitución y toma como base la prevención articulada con mecanismos de participación social desde las comunidades. En este enfoque subyace el paradigma martiano de sociabilidad: “En prever está todo el arte de salvar (Martí, 1893:397).

Lo decisivo es comprender la necesidad de repensar las estrategias tradicionales de prevención. Tales estrategias están centradas en la mujer y en el riesgo. Al focalizar en la mujer se refuerza la cultura patriarcal, con una visión homogénea y binaria de ser mujer, a contrapelo de la diversidad, así se profundiza las desigualdades sociales. Mientras jerarquizar el riesgo promueve criminalización. Aunque se sanciona penalmente de forma severa el proxenetismo y la trata de personas, en la práctica prostitutos/as, son privados de libertad en virtud del “estado peligroso.”

Bajo estos presupuestos la prostitución es encarada en el Código Penal como conducta antisocial, situación que retrotrae a la doctrina de la peligrosidad social ampliamente superada por el Derecho. Estas personas pueden ser “aseguradas” mediante medidas pre delictivas con internamiento de uno a cuatro años. Sin embargo, no debemos criminalizar esas conductas, ni asociarlas a la justicia penal, todo lo contrario: el eje estructurador del cambio consiste en asumirlas lo más lejos posible del sistema de justicia penal.

En la práctica, actores sociales priorizan la prostitución femenina, olvidando un principio esencial: “Para cambiar la condición de la mujer-señala Mariela Castro- hay que cambiar la condición del hombre, porque el género es una categoría relacional” (2014,1).

Equidistante, la prostitución masculina o trans adquiere menos visibilidad, se construye de manera diferente desde el punto simbólico y recibe un discreto tratamiento en los sistemas operativos de enfrentamiento policial. No es casual, que en la década del 90 surgen el centro de recepción, clasificación y procesamiento penal de prostitutas y los centros de rehabilitación para prostitutas (actualmente extendidos a todas las provincias del país para el cumplimiento de medidas pre delictivas con internamiento), sin que se cuente con instituciones similares destinadas a los hombres. Esta práctica institucional tributa a la criminalización y a la revictimización de la prostitución femenina en particular, lo cual no ha implicado una reducción sustancial y sostenible del fenómeno, demostrando la necesidad de otras respuestas.

No hay argumentos que logren sustentar la “peligrosidad social” de las personas que ejercen la prostitución, como rasgo constitutivo esencial del delito; en paralelo a la “anti-socialidad” se esfuma al carecer de una definición y basamentos específicos. Aunque los órganos especializados aluden a la conexión con delitos graves vinculados a las drogas, el proxenetismo, la trata de personas, el homicidio y el asesinato fóbico por razones de género, cada quien debe ser juzgado por los delitos que comete y no por los que presumiblemente pueda cometer.

Ante este panorama, sugerimos una senda de/construcción del enfoque sobre el tema, en correspondencia con el contexto de cambios de una sociedad, cuyo modelo económico y social, se ha definido “en actualización”. La diversidad de actores económicos caracterizada por el predominio de la propiedad estatal socialista y la reanimación del sector privado, la inversión extrajera, las cooperativas no agropecuarias, las nuevas formas de gestión, han hecho surgir nuevos escenarios -causales, motivación y actores- en este fenómeno que sustentan los desafíos ante las políticas públicas. A ello se añade la recomposición de la estructura social cubana con un aumento de las desigualdades y la polarización del mapa familiar. Es presumible la estabilidad perspectiva del fenómeno de la prostitución, dada la capacidad de seguir reproduciéndose y ampliándose.

En tales circunstancias, la prostitución presenta mayor vulnerabilidad para las mujeres que la ejercen debido al aumento de la competitividad, la dependencia de los/as intermediarios/as, la movilidad geográfica y el mayor hostigamiento operativo, actores que reducen la influencia de las redes sociales de apoyo. Mientras las desigualdades profundizan la reestratificación interna de este grupo generando mayor desequilibrio de poder y, por consiguiente, el aumento de las violencias hacia estas personas y desde ellas mismas.

En busca de un cierre, cabe destacar la multiplicidad de desafíos en tensión, que se erigen desde los ámbitos epistémico, económico, socioestructural y político. Baste delinear a la mayor brevedad los principales retos en materia de política pública:

Atender y no enfrentar, formando capacidades en el tema es la estrategia clave: no criminalizar, estableciendo la mayor distancia funcional con el sistema de justicia penal. No son políticas penales las que necesitamos, sino políticas de cuidado.3 El nuevo paradigma de cuidados implica la articulación de políticas distribución y de reconocimiento de manera intersectorial, con empoderamiento femenino y familiar.

La prostitución es un proceso plural marcado por la diversidad, por lo cual debe atenderse desde la interseccionalidad, (Segato,2011; Bidaseca, 2016), redescubriendo las diferencias resultantes del entrecruzamiento de género, generación, color de la piel, clase y territorio, a fin de explicar cómo se reproducen históricamente las desigualdades sociales.

Prostituirse no es una vida fácil: es uno de los principales dramas humanos de todos los tiempos. La lucha de y por los cuerpos como territorio oprimido constituye un fundamento básico para la atención a la prostitución.

El imperativo es la identificación y el acompañamiento social de nuevas voces. Promover las narrativas protagónicas de estas para reconstruir las historias de opresión e impactar los imaginarios sociales con fines preventivos. No invisibilizar bajo eufemismos o el excesivo control de información, no al silencio y a la distancia con respecto a las personasque ejercen la prostitución.

Frente a la prostitución existen antídotos eficaces, como la información, la educación en valores y el empoderamiento de las familias -en calidad de proceso en el que se amplían las condiciones para el despliegue de sus funciones sociales-; en fin, todo un continuo que tribute al empoderamiento real de las personas. Deconstruir desde los feminismos poscoloniales, prácticas e imaginarios sociales acerca de la prostitución en Cuba, conducirá a nuevas miradas estratégicas. En políticas públicas se abre el reto de qué hacer para no ser: “… la fugitiva, la que rompió las puertas de la casa vivienda y cogió el monte”.4

Notas

1Se refiere a la articulación de los escenarios globales y locales.

2Veáse la mesa de posicionamiento sobre prostitución celebrada en el II Simposio Internacional Violencia de Género, prostitución,turismo sexual y trata de personas,la Habana 27 al 31 de enero del 2017.

3Es entendido como acciones intencionadas para generar bienestar, procurando satisfacer necesidades físicas y emocionales que permitan estar y sentirse bien. El cuidado tiene como centro de su actuar el interés y la preocupación por los demás (Campoalegre, et. al., 2016).

4De la autoría de la destacada poetiza afrocubana Georgina Herrera.

Referencias

Bidaseca, K. Genealogías críticas de la colonialidad en América Latina, África, Oriente. Buenos Aires: CLACSO/UNSAM; 2016.

Campoalegre R., Chavez E., Manreza Y., Samón Quiala M. et al. Aprender sobre familias. La Habana: Editorial CENESEX; 2016.

Campoalegre R. Familias cubanas en transición. Caudales. [CD-ROM]La Habana: Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas; 2013.

Castro, M. (2014).Discurso pronunciado durante la VII sesión del Grupo de trabajo de composición abierta de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre las metas del desarrollo sostenible. New York 6 de febrero de 2014.

De Sousa, B. Epistemología del Sur. Buenos Aires: Siglo XXI editores; 2009.

Ekis Ekman KIntervención en la mesa redonda internacional sobre prostitución.

Sexología y Sociedad 2014; 52:46-49.

La Habana Lugones, M. Hacia un feminismo descolonial. Hypatia, 2010; 25 (4):105-117.

Martí José. La lección de un Viaje. Obras Completas. La Habana: Editorial Ciencias Sociales. V (5); 1975.

Morcillo, Santiago “Como trabajo”. En Sexualidad, Salud y Sociedad. Rvista latinoamericana. 2014; 18: 12-40.

Paredes, J. Hilando fino desde el feminismo comunitario. La Paz: Moreno Artes Gráficas; 2010.

Segato, R. Género y colonialidad: en busca de claves de lectura y de un vocabulario estratégico descolonial; 2010. Disponible en http://seminariovirtual.clacso.org.ar/

Sobre los autores
Rosa Campoalegre 0 Artículo escrito
Investigadora y profesora. Doctora en Ciencias Sociológicas. Profesora Titular. Investigadora del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas. Coordinadora del Grupo de Trabajo CLACSO Afrodescendencias y propuestas contrahegemónicas. Co...
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