¿Qué puede cambiar en Cuba después del 19A?

El modelo político cubano erige un sistema electoral que no busca distribuir poder, sino seleccionar quienes pueden continuar ejecutando las políticas delineadas por el Partido Comunista. Lo que se dirime en estas elecciones cubanas no son cuotas de poder y representatividad de la sociedad y la nación, sino quienes tienen méritos suficientes para darle continuidad a las cuotas de poder ya existentes. Si tenemos en cuenta que tales cuotas son el producto de un proceso de enfrentamiento nacional que implosiona en 1952 con el golpe de Estado, y que se decide en 1959 y toma su forma final en 1976, entonces, podemos concluir que el sistema electoral cubano lo que permite es la perpetuación de un modelo de distribución de poder profundamente desigual y que es el resultado de muchos años de forcejeo y batalla política desigual y ventajista por parte de los “vencedores”.

De modo que estas elecciones que derivarán en un nuevo presidente del Consejo de Estado y el Consejo de Ministros no tendrán una función redistributiva del poder. Mas allá de que el nuevo jefe del Estado (no parece ser que será una mujer) tenga el poder formal, la estructura seguirá más o menos igual: un Partido único con una cúpula que “baja las líneas” a seguir; un Consejo de Estado y de Ministros que sigue estas líneas (liderados por miembros del Buró Político y el Comité Central del Partido[i]); una Asamblea Nacional que no hace más que ratificar y, en el mejor de los casos modificar, lo propuesto por el Consejo de Estado; y los aparatos militares y de inteligencia al servicio de esta pirámide de poder.

Sin embargo, no podemos olvidar que, aunque esta pirámide no se transforme con el proceso electoral que termina en abril de este año, ciertos puestos importantes empiezan a ser ocupados por gente que, si bien pueden sentirse privilegiados con la actual distribución del poder, tienen intereses y criterios particulares que pueden, en algún momento, colisionar con el modo en que funciona en el actual orden. Pero, sobre todo, tal vez lo más relevante a partir del 19A será el proceso de legitimación del “nuevo gobierno” (o nuevos “dirigentes”).

Esto es esencialmente importante en tanto puede ser un momento de transición del sentir popular acerca de cómo valoran a quienes dirigen en el país. Hasta hoy, quienes detentan un alto puesto son categorizados como “dirigentes”. Esto responde a una rutina de liderazgo aparentemente basada en el mérito y no en la agenda política. Los “dirigentes” son, entonces, desde este discurso impuesto, personas con méritos suficientes (o simplemente con la suerte apropiada) para darle continuidad a la estructura actual, y no políticos que usan el poder para ejecutar una agenda política.

La realidad es otra, claro. Quienes gobiernan sí son políticos, y sus agendas están determinadas por las líneas que traza el PCC. Es por ello que el propio Diaz Canel habla de “continuidad” y de méritos[ii] y la prensa oficial lo reproduce. El problema puede venir propiciado por un posible cambio en la visión de la gente en cómo categorizar a quienes “dirigen”: ¿dirigentes o políticos? Lo segundo implicaría un reconocimiento de que no se trata ya de méritos únicamente, sino de agenda política, de poder; y de si yo, como sociedad, avalo o no que hagas uso de ese poder para desarrollar esa agenda que defiendes.

Si pensamos que el sucesor del presidente Raúl Castro será el actual primer vicepresidente, Miguel Díaz Canel, el nuevo presidente del Consejo de Estado y de Ministros no tendrá legitimidad carismática[iii], y poca legitimidad tradicional. Díaz Canel no es de la “Generación Histórica”, y tampoco parece tener la habilidad de congregar masas con su discurso. La diferencia del actual vicepresidente con Raúl Castro es, entonces, de carácter tradicional. Quedará por ver cómo se sostiene la legitimidad racional, que en este caso no sería más que la legitimidad de todo el modelo político actual y su rutina de distribución del poder enmarcada en la Constitución de 1976. Pero claro, se puede gobernar con muy poca legitimidad, porque el poder, en última instancia, se erige sobre la fuerza. Pero en este caso, cuando el único recurso que queda es la violencia, el poder es frágil porque es altamente volátil. Según la encuesta conducida en 2015 por Bendixen & Amandi International[iv], menos de un tercio de cubanos en la Isla valoran positivamente al PCC. En los años próximos veremos (si alguna encuestadora se sobrepone a las condiciones adversas del contexto cubano a la hora de hacer este tipo de investigaciones o si estas condiciones cambian) cómo se comportan esos números.

Lo que estará en juego a partir del 19A es la legitimidad de lo que el gobierno cubano ha denominado “la Revolución”, y que no es más que un modelo político con la distribución de poder que hoy tenemos. Para conservar esa “Revolución” la redistribución de poder no podrá ser substancial, sino que el núcleo de poder deberá conservarse (el partido único, el Consejo de Estado como herramienta legisladora de este, y la inteligencia militar como brazo represor del partido). Cualquier cambio que modifique este núcleo de poder sería un paso histórico fuera de “la Revolución”.

Creo que el poder no se arriesgará a simplemente esperar a ver cómo reacciona la gente al nuevo gobierno. Seguramente algunas reformas en el orden económico serán el primer paso. Pero esto tendrá que ir acompañado, más tarde o más temprano, de reformas políticas; y probablemente de una reforma constitucional. El contenido y el alcance de esas reformas estarán condicionadas por la capacidad que tengan grupos de la sociedad civil de generar consensos y presionar al poder hacia donde debe ir. La negociación es profundamente desigual, porque los recursos del Estado están en manos de la élite del PCC, pero también esa élite tiene bastante más que perder. El escenario, yo diría, quedará más o menos de esta forma gráfica: la élite política de Cuba tendrá que compartir el pastel que hasta hoy ha sido casi todo de ellos; cuan justa sea la repartición dependerá de la voluntad del propio poder, y del temor que les generen la presión de grupos de la sociedad civil de quedarse con demasiado poco.

 

[i] Para profundizar en la relación entre el PCC y los aparatos legislativos, véase: https://eltoque.com/elecciones-2018-cuba-son-los-mismos/ y http://www.cubadebate.cu/cuba/consejo-estado/

[ii] Ver: http://www.granma.cu/cuba/2018-01-22/este-proceso-es-una-expresion-del-compromiso-con-la-continuidad-historica-de-la-revolucion-22-01-2018-10-01-24

http://www.cubadebate.cu/noticias/2018/01/21/nominado-diaz-canel-como-candidato-a-diputado-por-santa-clara-declaraciones/#.Woe_WkxFxpc

http://www.radiocaibarien.icrt.cu/2018/01/22/miguel-diaz-canel-continuidad-no-ruptura-fotos-video/

[iii] Max Weber hablaba de tres tipos de legitimidad o liderazgos: la tradicional, que se funda en el pasado y las tradiciones culturales de una Sociedad dada; la carismática, que se basa en la capacidad de “seducción” de amplios sectores sociales; y la racional, que es aquella que emerge de la rutinazación de los procesos burocráticos para elegir a quienes ocupan puestos decisorios.

[iv] Ver: http://huelladigital.univisionnoticias.com/encuesta-cuba/

Sobre los autores
Lennier López 19 Artículos escritos
(Santa Clara, 1991). En el año 2009 ingresé en la Universidad Central de Las Villas cursando la Licenciatura en Comunicación Social. En 2012, después de terminar el tercer año de la carrera, se traslada a vivir a la ciudad de Miami. En 2014 comi...
2 COMENTARIOS
  1. Primeramente, en el sistema político cubano en ningún momento se pretende distribuir el poder, este lo hostenta la Asamblea Nacional del Poder Popular, quien lo ejerce en representación del pueblo; representación que se convierte en participativa cuando los representantes (diputados) rinden cuenta de su gestión a sus electores. Ahí radica el verdadera y único poder en Cuba. Ahora, de acuerdo al artículo 5 de la Constitución de la República de Cuba, el Partido Comunista es la fuerza dirigente del Estado y la Sociedad; la política que se traza es discutida en la base tanto por militantes como por no militantes. Si usted trabaja en su sindicato se discuten las políticas del partido, si estudia en su organización estudiantil se debate la política del partido, si es campaesino en la ANAP se debate la política del partido. Ejemplo de ello fue la discusión y el debate de los documentos progarmaticos aprobados por el Sexto y Septimo Congreso del Partido; lo cuales luego fueron aprobados por la Asamblea Nacional, posterior a ser discutidos por comisiones.
    La política del Partido es discutida por el pueblo en las distintas esferas y no tienen caráter vinculante hasta que no es discutida y aprobada por la Asamblea Nacional, que lo hace en representación del pueblo, quien previamente ya ha duscutido con relación a las políticas impulsadas por el partida.

    • Señor Cruz, espero tenga a bien mis comentarios acerca de lo que dice. En primer lugar, todo lo que existe tiene una distribucion dada. De modo, que si estamos de acuerdo de que en Cuba existe poder, tenemos que estar de acuerdo que ese poder esta distribuido de una forma, de modo que empodera a algunos mas y a otros menos. Fijese, que no tiene el mismo poder aquel cubano que es miembro del buro politico, que aquel que es miembro de un sindicato; ni tampoco tiene el mismo poder, aquel cubano miembro del Partido provincial que aquel cubano que emigro. Los miembros del PCC no son ni la tercera parte de la poblacion cubana, ese significa, que hay una gran parte de la poblacion adulta, que si bien puede participar en esos procesos de dliberacion, no pueden ser actores politicos activos por no poder organizarse politicamente. Por otro lado, todos esos procesos deliberativos que usted menciona, estan mediados, y enmarcados por las lineas que emite el PCC. Es decir, cuando ha sido empleados esos espacios de deliberacion popular para promover un proyecto de ley para quea Asamblea lo discuta y apruebe de ser posible? Eso dice mucho de la calidad y libertad que tienen esos procesos deliberativos. Por demas, si alguien no se sientera a gusto en los marcos de estos espacios deliberativos tampoco podria organizarse espontaniamente con otras personas y grupos en torno a los temas que les preocupa para abordarlos desde sus perspectivas. El poder no autoriza e inscribe ONGs desde 1997. Tampoco podrian formar una formacion politica para intentar llevar su ahenda al gobierno porque la ley lo prohibe. Creo que es bastante claro en manos de quien esta el poder en Cuba. Si la gente tuviese poder real, isaria esos espacios deliberativos para transformar sus realidades (porque para eso sirve el poder), y si no lo hacen (pues no emergen de esos espacios proyectos de ley, sino que ahi solo se discute lo que “baja” el partido) es porque no hay poder real en esos espacios. O usted ha visto alguna vez a alguien que le den poder y no lo use nunca? Un saludo cordial

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