Puerto Rico: relatos del post-desarrollo

El 20 de septiembre de 2017 se reporta uno de los días más devastadores de la historia de Puerto Rico. El Huracán María azotó la mayoría del territorio borincano entre las 2:00 am y 8:00 pm, causando pérdida de hogares, vidas e infraestructura básica (como el tendido eléctrico, ruptura de compuertas de represas de lagos artificiales para el suministro de aguas, derrumbes de carreteras) y, además, numerosas inundaciones.

Junto a las inclemencias del tiempo, la crisis profunda del sistema social continúa agudizándose. La falta de recursos básicos como el agua y los alimentos (que cuando no escasean se hacen vulnerables e insalubres por la falta de electricidad), han volcado a nuestra población contra sí misma. Las donaciones y ayudas enviadas desde exterior no están llegando a la vena social. El restablecimiento del agua, el alcantarillado, las telecomunicaciones y la electricidad avanza de forma muy lenta y errática,  perjudicando negocios y empujando hacia arriba la desocupación formal de la población de la Isla (menos del 17 por ciento de los abonados, incluyendo gobierno, empresas y hogares, contaban con servicio eléctrico al cierre de este escrito, según el sitio oficial del Gobierno status.pr). Ejemplo de esto último, el pasado domingo 8 de octubre el principal diario de la capital, anunciaba la lamentable noticia de un nuevo colapso en el sistema de generación energética que dejaría nuevamente sin servicio al Aeropuerto Internacional Luís Muñoz Marín (SJU), al Centro Médico de San Juan, varios negocios que recién retomaban sus funciones, entre otros.

Por otro lado, el individualismo y la lógica de la empresa (que pone énfasis en la ganancia sobre el bienestar común), agudizan el desasosiego de una población adoctrinada en el mundo de las mercancías. La abundancia de bienes como toallas, ropa, productos enlatados, artículos del hogar, entre otros, no cesa la sed de dormir con una brisa fresca de abanico y un vaso de agua fría. Por otro lado, también entra en crisis el sentido común, por la falla del raciocinio religioso que antecedía hasta entonces cualquier explicación de base humanista o científica de las carencias causadas por el libre mercado, previo al huracán.

¿Cómo es posible que las multinacionales que acaparan más de la mitad de la producción de bienes del planeta carezcan de medios para saber cuántos generadores eléctricos recibirán de su compañía matriz en Estados Unidos a dos semanas del evento atmosférico, o cuando les llegaran las baterías tamaño “D”? “¿Es (será) por eso que papito Dios nos sigue castigando, por los acumulados errores, pecados y por pertenecer a una raza marcada en la piel con el color de los esclavos?” Esto último lo escuché haciendo fila para la compra de generadores en uno de los grandes almacenes de una multinacional.

De un lado la demanda insatisfecha de bienes como generadores, hielo, combustible y otros, considerados lujos en la emergencia. Del otro, las familias pobres y hoy en miseria. Pasaron de ser residentes de un humilde campo (ajeno a las presiones metropolitanas del consumo masivo y el hacinamiento), y hoy viven apretujados en casas aledañas de familiares luego de haber perdido su techo.

Barajar las cartas del juego post-María llevó también actores privilegiados del sistema (tales como médicos y abogados) a tomar turnos en fila junto a madres de familias con 8 hijos y choferes de equipos pesados, para llevar hielo y combustible a sus hogares. Escenas que hacen palpable la versión boricua del diluvio universal, esta que sigue purgando privilegios de la sociedad colonial, amparada hasta entonces en la especial relación de la esmeralda sobre la mar con el águila calva.

Por otro lado, el languidecido gobierno colonial no da señales de vida y la gente sigue comprando boletos para exiliarse de esta crisis, al menos mientras aguante el pasaporte y la ciudadanía de tercera. Mientras, los empleados de agencias públicas buscan formas de arrimar migajas de la mesa, posicionándose ante las circunstancias en primera fila para las ayudas gubernamentales. Continuará todo esto al menos hasta que el Presidente Trump le diga a los boricuas: “you speaks, get out of here with your nasty smell of crisis. You’re not citizens anymore…”.

Hasta entonces, la única esperanza real nace de los abnegados vecinos compartiendo lo poco que tienen y redescubriendo las calles de los barrios, que a tres semanas del huracán siguen trabadas de árboles y maleza esperando el próximo aguacero; la próxima inundación. Nos quedamos nosotras y nosotros; quienes no cedemos al individualismo y queremos ver el capitalismo caer; quienes no entregamos la casa y el trabajo del viejo, fruto de sus malos ratos y errores de 40 y tantos años.

Resistimos los muchos, quienes organizamos, con socialismo y utopía, centros de distribución de precarios recursos e información de ayuda gubernamental intermitente. Nos quedamos los voluntarios a ser víctima o victimarios, de otro crimen sangriento más en la ínsula alucinada, la hija del mar y el sol que hace años fuera la propuesta de progreso para el Caribe resiliente a huracanes imperiales por más de 500 años. Nos queda el humor caribeño que imagina crear en una fila de consumidores, un carnaval en pleno Sam’s Club; rodeados de arroz, botellas de vodka, salsa, tortillas chips, mesas plásticas de dominó, entre otros. Imaginando que en casa, al regresar, María nunca hubiese llegado; y solo un mal sueño haya acechado la ya maltrecha y endeudada Isla del encanto. Hoy la inundación es ley y llegar a casa o al trabajo, sano y seguro, es orden.

Sobre los autores
René J. Reyes Medina 1 Artículo escrito
Egresado del Colegio María Auxiliadora en Villa Carolina, Puerto Rico y de los Grados en Bachillerato en Ciencias Políticas y Maestro en Economía, de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Su investigación de tesis fue sobre el ...
0 COMENTARIO

Dejar una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puede utilizar estos atributos y etiquetas HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

EditorialMedios en Cuba