Rebeca Chávez: “Siempre apostar por el diálogo”

¿Cuál ha sido la forma de “hacer cine” en el contexto cubano después de 1959? ¿Qué rol ha tenido en este proceso el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC)?

Lo que se fundó en 1959 no fue solo un Instituto de Cine, sino sobre todo una concepción del arte cinematográfico como parte integrante y esencial de la cultura cubana. Por eso la forma de “hacer cine”, desde marzo de 1959, está íntimamente ligada al ICAIC. Los “por cuantos” de aquella Ley fijan claramente estos objetivos: arte, industria, identidad, público activo, diversidad estética y programación amplia… un conjunto de ideas y prácticas que acompañaron a la naciente producción.

¿Qué elementos del contexto nacional e internacional han cambiado y cuál ha sido su impacto sobre las maneras de “hacer cine” en Cuba?

En el contexto nacional se produce una coincidencia esencial: nuevas generaciones de cineastas formados con rigor y, al mismo tiempo, como resultado de una cultura cinematográfica cimentada en décadas. Además, ahora estos cineastas tienen en sus manos una tecnología que irrumpe con mucha fuerza. Estos dos factores, entre otros, han impactado y propiciado el cambio, ya nada será igual que antes. A pesar de la insularidad y de todo lo que impide o trata de impedir el intercambio normal, regular, los cineastas están conectados con casi todas las corrientes contemporáneas de hacer en el cine y en el audiovisual; no son ignorantes. No siempre estas influencias están totalmente entendidas o reelaboradas, pero resulta evidente el talento, y la búsqueda de ángulos nuevos y complejos de la realidad cubana. Lo hacen con un lenguaje y un dominio narrativo significativo. “La obra del siglo”, y “Melaza”, entre otras, están ahí como prueba de ello.

En el actual contexto, ¿cuál ha sido la metodología de trabajo escogida por los cineastas para dar curso a sus inquietudes y gestionar sus propuestas?

El trabajo en equipo y la identificación de objetivos, nos permitió cambiar la agenda inicial que el Estado proponía para transformar el ICAIC. Después abrimos el debate y entre todos (incluido el ICAIC y las Productoras No-Institucionales) buscamos soluciones, intentamos diseñar e implementar lo que llamamos el Sistema del Cine cubano. Creemos que esta fórmula, muy inclusiva, demanda aprobar y crear nuevas y varias normas jurídicas necesarias para desarrollar el cine cubano de hoy y de mañana.

Lo dicho hasta aquí es solo un ángulo del asunto, pues no hemos participado con la misma intensidad en la elaboración de propuestas (borradores) del ICAIC, que tendrá que funcionar con todos estos nuevos actores. Por eso creo que una parte tan definitoria no puede ser re-estructurada sin tener en cuenta todo el universo en el que debe operar. No es un traje que se “entalle o ajuste” en un taller separado, pues su rol es armonizar y cohesionar todas las partes. Nos hemos concentrado en todo lo que se relaciona con la producción de filmes y, sin embargo, hay otros asuntos de suma importancia: el Patrimonio es uno.

No me estoy refiriendo al criterio de lo viejo con etiqueta “archivo”. Todo este desarrollo asimétrico (institucional y alternativo) del cine y el audiovisual, unido a la crisis económica y a la falta de presupuestos, han deprimido por años las asignaciones de recursos para conservar, captar y adquirir todo lo que se filma y registra. Lo que pasó hace 24 horas se puede convertir, de inmediato, en memoria del país. Lamentablemente, no hay un centro coordinador especializado (bien pudiera ser la Cinemateca de Cuba) que establezca las jerarquías de lo que resulta esencial preservar. Tampoco hay normas jurídicas que establezcan la obligatoriedad o necesidad de entregar copias de las obras.

El actual escenario donde se desarrolla el cine y el audiovisual cubanos es muy diferente al existente cuando se fundó el ICAIC. Aquella impronta monopólica ha ido cambiando con el tiempo. El ICAIC fue perdiendo funciones (recordemos el traslado de los cines al Poder Popular) y ahora debería cambiar más. La gestión de un Fondo de Fomento por parte del ICAIC será un mecanismo diferente, capaz de posibilitar que los creadores puedan aspirar -en condiciones de equidad, aplicando con sus proyectos- a recibir ayuda (acordada o decidida por un jurado) para producir. Este es solo un ejemplo de todo lo que se necesita estructurar. Ese Fondo, igualmente, va a cambiar la manera de gestionar los presupuestos del Estado para el cine. No se trata de achicar al ICAIC, lo que hablamos es de crear una sinergia.

¿Qué elementos serían imprescindibles a tener en cuenta en una Ley de Cine elaborada para Cuba?

Existe una propuesta. Se trata de un texto elaborado por un equipo de cineastas, con la  participación muy activa y determinante de una abogada muy conocedora del tema. Esta propuesta ha sido explicada recientemente en la Asamblea de Cineastas del 31 de octubre pasado. Además, fue enviada a las autoridades del país, que deben tomar decisiones y al Ministerio de Cultura, que es la entidad que debe iniciar la futura tramitación parlamentaria de esta Ley. Nos parece -a todos nosotros sin excepción- un documento muy completo. Tiene un reclamo en su encabezado que dice: “Necesidad y Utilidad” de una futura Ley de Cine. Estas dos palabras encierran, para mí, la esencia del documento. Nos queda esperar y confiar.

¿Qué experiencia internacional, en materia legal vinculada a la creación cinematográfica, sería significativo tener en cuenta para Cuba?

En el año 2013 los organizadores del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano propiciaron un encuentro crucial sobre las Leyes de Cine que existen en América Latina. Fue un intercambio muy esclarecedor. El diálogo no incluyó solo a las máximas autoridades de algunos países, sino también a creadores (directores y productores) que fueron ilustrando, a la luz de su experiencia práctica, qué han conseguido desde que cuentan con una Ley de Cine. Además, explicaron qué limitaciones o errores han aparecido en estos años. Fue un ejercicio muy intenso, pero no aprovechado al máximo por las instituciones. Cada país es un universo diferente, como lo es cada filme.

¿Qué metodología de interacción cineastas-instituciones culturales-Estado sería la más adecuada para generar una Ley de Cine para Cuba?

La metodología que hemos desarrollado en casi tres años: siempre apostando por el diálogo, por el debate, por el intercambio. Sabemos, y así lo hemos subrayado siempre, que es el Estado y solo el  Estado, quien debe ocuparse de dotar al país de esta Ley que aportará muchos beneficios, y ayudará a desterrar los problemas y las dificultades que hoy existen. Eso lo hemos razonado y argumentado cada vez que ha sido posible, para evitar suspicacias y malas interpretaciones sobre nuestras intenciones, en el desarrollo sostenido de esta batalla.

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Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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