Revolución y decencia pública: nota crítica a un libro de Ariel Dacal Díaz

Ariel Dacal Díaz es un hombre decente. Debo declararlo aquí porque parecería que los revolucionarios dejan de serlo, o destierran esta virtud, en el momento mismo que asaltan el poder. Debo dar otro testimonio. Ariel nunca ha estado en el poder, incluso cuando se sienta representado por los que administran y deciden, porque prefiere estar con los que luchan, con los que no buscan encumbrarse sino compartir el pan y las victorias esporádicas del pueblo llano.

Ariel es un hombre bueno. Lo puedo asegurar. Pido disculpas por escribir sobre valores extraños en los prólogos y las biografías de los héroes contemporáneos. Pero en el país de Martí ser bueno y decente no es calderilla, sino tesoro para sentirse orgulloso. Dicho esto, puedo dar fe también de que Ariel es un poeta de la vida pública, de la sencillez y la honradez exagerada, esa que es considerada “comemierdería” en la base misma de la identidad nacional cubana.

Por eso me siento tan bien con él, porque, aunque sus ideas a veces parezcan más un alarido desde lo alto de una torre que una propuesta viable, ya quisieran los que mandan y los mandatarios tener tan cerca a alguien que crea tanto en el pueblo y en los sentimientos e inteligencias milenarios de la plebe.

Además, Ariel es como aparenta ser, y esto ya lo hace un bicho raro, en la época de los virajes, de los abandonos y de los oportunismos, él se muestra exagerado en su patriotismo y en su creencia en el socialismo democrático y en su militancia anticapitalista, que medio mundo cree trasnochada. Sus escritos, que él presenta como seres de su alma, no salen solo de su inspiración política sino de cientos de horas de estudio, observación y diálogo, como historiador y como educador popular.

Los que hemos aprendido leyendo y oyendo de su sensibilidad y amor por la justicia recibimos este libro como una reiteración de su fe en el socialismo y su coherencia política. Para hacer política, cosa que tendremos que hacer en los próximos años con lucidez o sin ella, este libro de Ariel Dacal es importante, apasionado, bien escrito, digerible en la contienda y en la paz, refrescante porque se muestra desnuda la verdad o al menos la decencia de intentarla a toda costa.

Confieso que he leído ya todos estos textos, desde mucho antes de que se pensara en unirlos y organizarlos como libro. Por eso sé que los lectores disfrutarán, hasta aquellos que se sientan señalados con sus ideas y propuestas, porque se agradece en el tercer milenio la sinceridad y la pasión, incluida la que no coincide con la nuestra.

Pero yo disfruto más porque milito en el mismo partido que Ariel, sin carné, sin “factores” y con el mismo amor por el pueblo, la democracia y el socialismo libre y decente que deberá venir o habrá que empujarlo para hacerle el camino más corto. Para ese impulso son necesarios libros como este, donde la belleza se confunde con la ciencia como si nada, donde la radicalidad no pide disculpas por ser fiera y firme, donde el amor es una necesidad de la lucha por la decencia que siempre debe iluminar a los revolucionarios.

En Cuaderno 67 puede descargarlo aquí:

67 v2
Sobre los autores
Julio Antonio Fernández Estrada 20 Artículos escritos
Julio Antonio Fernández Estrada. Licenciado en Derecho y en Historia. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor Titular. Docente desde 1999 en la Universidad de la Habana, con experiencias en cursos presenciales, y semipresenciales. Profesor de la Fac...
1 COMENTARIO
  1. Armando Chaguaceda dice:

    Muy bien, pero no entiendo lo de “crítica”. Es una nota introductoria, escrita con afecto y elegancia, desde la confluencia de ideas

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