¿Cómo se entiende “lo socialista” en el Proyecto de Reforma Constitucional?

Foto: Cubadebate

I

El Proyecto de Reforma Constitucional (PRC) ha sido diseñado con una vocación “socialista”. Otras proyecciones políticas pueden estar participando en el actual debate público, pero no están presentes en la Comisión Oficial encargada de elaborar el Proyecto; y tampoco estuvieron presentes en el plenario de la Asamblea Nacional que aprobó el PRC, ni estarán en la sesión del Parlamento que, finalmente, perfilará y aprobará la versión definitiva.

Sin embargo, los contenidos del texto sufren de la tensión (consciente o inconsciente, explícita o implícita –sobre este particular no puedo presentar aseveraciones) entre dos maneras de concebir los “sostenes” y “fines” del socialismo en Cuba. Resultan muchas las características que pueden definir a estas dos “sensibilidades”. No obstante, ambas, cada una por su parte, poseen un binomio que colocan al modo de “piedra angular”. Unos identifican “lo socialista” con “la soberanía y la justicia social”, y otros con “el partido único y la empresa estatal”. Tampoco se trata de que ambos binomios se repelen. La distinción se encuentra únicamente en dónde cada una parece colocar la centralidad. Asimismo, estimo que la dificultad para sostener esta tensión de manera consciente, explícita y en la esfera pública, afecta el diseño del proyecto, empobrece la Consulta Popular (que, no obstante, resulta sumamente cualitativa y valiosa), e impactará en el resultado final.

No me siento autorizado (intelectual, política y éticamente) para introducirme en un análisis y un debate sobre el socialismo en Cuba. No obstante, soy cubano, y tengo el deber de analizar y debatir el PRC; y, en tanto, no puedo renunciar a sostener algunas posiciones al respecto.

Deseo señalar que asumo y acepto “el socialismo” como un empeño por socializar el disfrute de los derechos humanos, la libertad política, la equidad, la justicia e igualdad social, la solidaridad, el humanismo, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva (objetivos de la propuesta de Carta Magna, según su Artículo 1). Considero que ahí podría radicar la “naturaleza del socialismo”. Igualmente, me aferro a negar que sea factible identificar “lo socialista” a través de la afirmación o negación de tales o más cuales instrumentos (entiéndase el término “instrumentos” en el sentido más universal posible).

II

En tanto, no acepto absolutizar, por ejemplo, que las empresas estatales resultan instrumentos “socialistas” y las empresas privadas constituyen instrumentos “capitalistas”. Quizá sea cierto que, en determinadas circunstancias, las empresas estatales hayan sido más funcionales a la gestión política de estrategias “socialistas”, y que las empresas privadas sean más funcionales a modelos socio-políticos considerados “capitalistas”. Sin embargo, estos últimos no suelen desestimar la obviedad, la pertinencia, la magnitud y el aporte de las empresas públicas (“estatales” –en nuestra jerga). En tal sentido, “lo socialista” debería proscribir todo prejuicio acerca de la obviedad, la pertinencia, la magnitud y el aporte de las empresas privadas. Por solo poner un ejemplo.

Ninguna realidad establecida en la historia y en la cultura, legitimada de diferentes modos y con aportes beneficiosos probados, debería ser ajena a cualquier modelo socio-político (por imperfectas que sean). La distinción entre un modelo socio-político y otros, debería radicar: -en los objetivos; y -en los valores sobre los que estos se sostengan; -en la capacidad de integrar “todas las realidades” a dichos propósitos; y –en la virtud de entronizar esos valores, sobre todo, a partir de las actitudes de quienes los propongan como pilares de una humanidad mejor. Cualquier modelo socio-político que, para ser tal y sostenerse, considere que debe excluir realidades establecidas, legitimadas y probadas, se aminorará y se agotará (por amado que pueda ser; incluso por parte de la mayoría).

Si nos convenciéramos de esto, deberíamos excluir el criterio, errado, de que la próxima Ley de Leyes reconocerá formas de propiedad económica “socialistas” y también “capitalistas”. Por ende, también habríamos de renunciar al empeño de menospreciar y colocar a estas últimas en la marginalidad. Más bien debiéramos empeñarnos en diseñar un entramado empresarial público eficiente (que no lo ha sido -con independencia de los castigos que impone el bloqueo/embargo) y colocar a las empresas privadas (que han ido probando su eficacia) en senderos que aporten al bienestar general. El desafío real estaría en integrar a todo el empresariado cubano (estatal y privado) como una realidad única y equilibrada, capaz de internacionalizar la economía cubana y colocarla en las cadenas globales de creación de valores, y asegurar que sus resultados beneficien a cada uno y a todos los cubanos.

III

 Por otro lado, y también a causa de nuestras cargas históricas y circunstancias complejas, el PRC sostiene un “encogimiento” de ciertas libertades políticas, aunque esto resulta escasamente debatido. El Proyecto debería encontrar fórmulas para constitucionalizar, con mayor amplitud, la oportunidad de ejercer determinados derechos políticos. Sin embargo, ello demandaría aceptar la existencia de diferentes maneras de promover y realizar los objetivos comunes; y, además, considerar que un ciudadano requiere de la oportunidad de asociarse con quienes poseen criterios afines, para intentar hacer valer sus opiniones en el contexto de la sociedad moderna, siempre amplia y compleja. Pero ello introduce los temas del pluralismo político y del pluripartidismo.

Lo anterior se convierte en el “nudo gordiano” que impide el ensanchamiento de ciertos derechos políticos; ya que los hacedores del modelo socio-político cubano defienden la necesidad del unipartidismo. Y lo hacen a partir de la noción de “estado de sitio” y de “confrontación subversiva”; y para ello apelan a la convicción martiana de “unidad” en esas horas supremas de la Patria que requieren el esfuerzo conjunto de sus hijos (convicción proyectada en un artículo suyo publicado en el periódico Patria el día 16 de abril de 1892). Sin embargo, como he sostenido desde hace aproximadamente una década, no estoy seguro de que, en la actual etapa de nuestras extendidas circunstancias difíciles, estas aún reclamen el unipartidismo; sino de lo contrario, o sea, la instrumentalización del pluralismo político. No obstante, invariablemente he admitido la posibilidad de estar errado y, además, de todos modos, continuaremos con el unipartidismo.

Ante esto, sólo me queda recordar que el propio José Martí también estaba seguro de que tal “unidad” no debería traspasar el periodo necesario; y que, en todo caso, un partido político que pretendiera agrupar y representar a todos los cubanos, debería empeñarse, a su vez, en liberar a cada cubano, y en abrir el país y entregárselo a la actividad diversa de sus habitantes. Por otra parte, también puedo afirmar que, por esta razón, Martí no fundó un partido político clásico. Más bien instituyó una especie de “confederación de asociaciones civiles y políticas” con una amplia base democrática, que tomaban partido por la independencia de Cuba y por auxiliar a Puerto Rico en una gestión similar; pero continuaban trabajando todas ellas de forma independiente.

En tanto, considero que también en esto el actual partido único debería apelar a las convicciones martianas. Para ello, quizá tendría que discernir sobre muchas cuestiones. No obstante, sólo presentaré tres ejemplos. Debería concretar si su definición de “martiano”, de “fidelista” y de “marxista-leninista”, implica que para formar parte del mismo -hay que ser, a la vez, martiano y fidelista y marxista-leninista; -o se puede ser sólo martiano, o sólo fidelista, o sólo marxista-leninista; -o también se puede ser un poco o mucho de los tres, o de los tres y, además, tener otros idearios legítimos. Asimismo, debería comprender cuánta posibilidad tendría realmente de lograr constituirse en el “el partido de la nación”, después de haber intentado ser un partido de “vanguardia”, con una militancia llamada a ser activa y cohesionada, por medio del “centralismo democrático”, que debía implicarse con la sociedad y conducirla; y después moverse hacia un partido “vertical”, con una relación interna atraída entre la autoridad que ordena y la militancia que obedece, y un vínculo con la sociedad, sobre todo, de dirección, de control, de cooptación… De igual modo, debería comprender cuánta voluntad, claridad y capacidad posee para incorporar una dinámica de partido único, de cara al porvenir, comprometida con las convicciones martianas de que “comete suicidio un pueblo el día en que fíe su subsistencia a un solo futuro” y “siempre es desgracia para la libertad que la libertad sea un partido”.

Del mismo modo, debo aseverar que si dejamos de adentrarnos en la instrumentalización de una pluralidad política (positiva) y tampoco logramos la suficiente dimensión política de un partido único (que, al menos, anhele ser abierto y vital), de seguro nos encaminaremos hacia un prototipo de gestión política sin política; lo cual, incluso, dañará a las más cualificadas potencialidades de gerencia gubernamental, y añadirá aún más apatía social y desidia institucional. Esto, como es lógico, menoscabaría a todos los cubanos; con independencia de sus preferencias ideo-políticas y de cuánto cada cual ame a Cuba.

IV

Finalizo estos apuntes convencido de que la nueva Constitución de la República demanda un dialogo más consciente y explícito entre esas dos presuntas sensibilidades acerca de “lo socialista”; y entre ellas y la tradición humanista y política martiana; y de todo ello con la vocación social del actual pueblo cubano, pero también con sus agudos reclamos de existencia y beneficio individual. ¿Conseguirá el texto “procesar” estos desafíos y perfilar sinergias de integración política entre cubanos?

Sobre los autores
Roberto Veiga González 94 Artículos escritos
(Matanzas, 1964). Director de Cuba Posible. Licenciado en Derecho por la Universidad de Matanzas. Diplomado en Medios de Comunicación, por la Universidad Complutense de Madrid. Estudios curriculares correspondientes para un doctorado en Ciencias Pol...
1 COMENTARIO
  1. El socialismo que queremos para Cuba, debe tener todos los principios que la estrategia formulada por Cubaposible se plantea, integrando a todos para el bien de todos, pero ello no implica que se pueda aceptar dentro de las otras opciones politicas un restablecimiento del capitalismo (se impone la logica del capital sobre el trabajo) , que usted conoce muy bien al igual que los asesores de Harvard, que ha demostrado que junto al progreso y desarrollo tecnológico, genera desigualdad, exclusión social y guerras de distintos tipos y maneras. Las experiencias que seguro vas a exponer es la de Suecia, Suiza, Finlandia, pero hasta ahora no se ha demostrado que se replique de manera universal, y si profundizamos en ella, podemos tomar experiencias muy válidas para el socialismo que aspiramos. Por favor no identifique el socialismo con todos los errores y deformaciones que hemos tenido, pues desgraciadamente a todo le ponemos el cuño de socialismo y ello conciente o incoscientemente ha hecho tanto daño, que usted en su explicación cae constatemente en ellas. Por supuesto se han hecho tantas cosas abzurdas en nombre del socialismo, que ha logrado el objetivo de que casi nadie quiere hablar de ello, ustedes mismos no lo mencionan ni una vez en su nueva plataforma. Solo ha quedado reservado para los documentos oficiales y la burocracia que se esconde detrás de las consignas
    Como buen cristiano piense en la doctrina social de la iglesia y en la economía social, donde precisamente se formulan tipos de empredimientos que se contraponen a la propiedad privada que se basa en la explotación del trabajo ajeno y al individualismo extremo, se formulan la formas asociativas por los ciudadanos, sin fines de lucro, o lea el importante discurso del papa sobre las cooperativas y la necesidad de cudiarnos y prever sus deformaciones por la vía de que repondan solo a intereses privados y no tengan responsabilidad social.
    Mayor aclaración sobre el socialismo y sus deformaciones históricas no debe dejar de leer “La revolución traicionada” Trostky, 1937. Le sugiero que lo incorpore en su laboratorio de ideas que estoy convencido que con los expertos que tienen van hacer muy buena contribución al debate sobre el socialismo en Cuba, no creo que el laboratorio de ideas deba esperar autorización para ello, cuando ustedes mismos proponen la libertad de pensamiento y no creo que esto sea solo para el proyecto de constitución sino lo que es mas importante para el poryecto del país

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