Se trata de voluntad, coherencia y decencia histórica


A partir del anuncio del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos, un número cada vez mayor de cubanos, alentados por el temor infundado de que se elimine la Ley de Ajuste, ha comenzado a utilizar a varios países de Centroamérica como corredor en su peregrinaje hacia Estados Unidos, teniendo fundamentalmente a Ecuador -país que no requería hasta hace poco visado a los cubanos- como punto de entrada. La motivación fundamental para tal arriesgado periplo, que ha dejado a miles de personas varadas desde noviembre de este año, es la posibilidad de llegar a tierra estadounidense, antes de que (supuestamente) se elimine la Ley. Esta crisis es otro de los resultados de la disfuncionalidad que ha definido, por más de medio siglo, la política externa de Estados Unidos hacia Cuba.

Es importante tener en cuenta este contexto, pues creemos que se impone una solución intergubernamental en la cual Estados Unidos debe ocupar un lugar de protagonismo, a la altura de un problema con respecto al cual tiene una cuota considerable de responsabilidad. Como expresó este miércoles en La Habana el presidente de Costa Rica Luis Guillermo Solís, “este no es un problema bilateral sino que debe ser visto desde una perspectiva multinacional”, (…) en el cual “Estados Unidos debería implicarse”. Una solución sensata e inmediata podría ser la emisión de visados que aseguren la acogida humanitaria de este grupo en territorio norteamericano.

La movilidad de personas es un fenómeno de escala internacional. Para nadie resulta un secreto que los cubanos, en la situación de crisis actual, insertos cada vez más en una Cuba global, no necesitan incentivos externos para emigrar. La falta de un futuro viable y justamente remunerado para profesionales en múltiples campos, incluyendo el de la salud, y para la población general, es una realidad con causas tanto internas (inhabilidad/ lentitud del gobierno cubano para buscar soluciones creativas a la crisis y aprovechar el talento nacional) como externas (bloqueo).

Sin embargo, para nadie tampoco constituye un secreto que tanto las leyes de Ajuste cubano y  la de “pies secos-pies mojados”, como el Cuban Medical Professional Program -este último cortesía de la administración Bush, que promueve la fuga de cerebros del personal médico de la Isla-, lejos de asegurar mecanismos de movilidad responsable, contribuyen a modos riesgosos de migración. En un futuro panorama de plena normalización, sin bloqueo y sin programas de cambio de régimen, estas legislaciones resultarían anacrónicas.

Estamos ante un problema concreto que demanda soluciones prácticas e inmediatas. La expansión del programa de visados anuales por parte de Estados Unidos, en conjunto con el cierre gradual de programas como el Cuban Medical Professional Program, podrían ser parte de estos esfuerzos de resolución. Como ha expresado recientemente López-Levy, si este país tiene asegurada una cuota de visas para personal médico que desea desertar de misiones de salud, es muy difícil argüir que no puede conceder visados humanitarios a los varados en la frontera de Costa Rica.  

Estados Unidos puede y debe ofrecer una salida humanitaria a esta situación, a la cual ha contribuido, directa o indirectamente.  Se trata, a mi juicio, de una cuestión de voluntad, coherencia y de un mínimo de decencia histórica.

Sobre los autores
María Isabel Alfonso 23 Artículos escritos
Licenciada en Letras Hispanas en la Universidad de La Habana. Doctora en Lenguas Romances en la Universidad de Miami. Autora de numerosos artículos sobre las dinámicas socio-culturales de los años 60s en Cuba ―en específico, sobre las Ediciones...
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