“Sin embargo, todo parece hoy tan distinto”: el cine cubano a debate

Foto: Carlos Lechuga / Facebook

“Todo sigue igual. Aquí todo sigue igual. Así de pronto, parece una escenografía (…) sin embargo, todo parece hoy tan distinto”, se decía Sergio en Memorias del Subdesarrollo. Con ello hacía frente a un asunto trascendental (de entonces y de hoy): la continuidad y el cambio. Qué cambiar, para qué y hasta dónde; qué conservar. En la historia cubana de las últimas casi seis décadas, el cambio se leyó no pocas veces como derrota, como perjuicio al proyecto de la Revolución. Hasta que resonara en los discursos políticos la idea ―convertida en consigna― de “cambiar todo lo que debe ser cambiado”, el cambio de cualquier signo parecía engendrado por la traición y, en esa medida, se consideró un despropósito allí donde lo verdaderamente importante era mantener lo conquistado. El cambio, como sustantivo y como verbo, fue por mucho tiempo sinónimo de voluntad de desestabilización y razón de sospecha en torno al compromiso con un proyecto construido a muchas manos. “Sin embargo, todo parece hoy tan distinto”.

En las primeras décadas del siglo que corre, el cambio ocupa un lugar principal frente a otros tiempos de la política. Más que el pasado y el futuro, el cambio del presente se enuncia como necesidad y ―a veces― como virtud. A la fecha, el cambio opera en diferentes dimensiones, actores, lugares: en la política, la economía, la cultura, la sociedad, las relaciones internacionales, etc. Mientras unos descreen de los cambios que no renieguen del pasado y leen el proceso como un empeño “gatopardista” ―cambiar todo para que todo siga igual―; otros apuestan por la trasformación, inclusiva, de realidades y horizontes para el bien del país y sus ciudadanos. Uno de los espacios de más claro dinamismo en ese sentido, es el cine. Cambian quienes hacen cine, dónde se hace, cómo se hace; pero la novedad es relativa.

Como es conocido, el Instituto Cubano de Artes e Industria Cinematográfica (ICAIC) fue la primera institución cultural creada por la Revolución, en el propio año 1959. De la mano de Alfredo Guevara y con el concurso de muchas personas, esa Institución apostó por una conciliación importante y difícil: la de la experimentación, rigor y formación crítica del público con el compromiso con el arte. En ese contexto, el empeño se entendió como un proyecto a gran escala, que incluyó a Cuba y a América latina. Así surge el Nuevo Cine Latinoamericano, que desplegó el ejercicio de la crítica y la polémica, el respeto al talento, la formación crítica de públicos, y la formación intelectual de los cineastas. “Se hizo por el cine y por la política”, declaró Guevara.

Las preocupaciones de hoy guardan cercanía con esas aspiraciones. Los cineastas, casi seis décadas después de fundado el ICAIC, abogan por construir un cine cubano de cara al mundo; experimentan y elaboran discursos arriesgados, críticos y desnaturalizadores de lo dado; apuestan por nuevos lenguajes, formas organizativas y circuitos creativos. Pero esas continuidades también presentan quiebres, desafíos, cambios. Hoy nuestro cine se alienta desde otros códigos: demanda la elaboración de una Ley de Cine para Cuba; defiende la virtud de la producción independiente; se arriesga a la experimentación de géneros antes ausentes en nuestra cinematografía; se compone de mujeres realizadoras con mucha mayor fuerza; democratiza su distribución; hace frente a las dinámicas trasnacionales, etc. Ese es, hoy, el cine cubano.

Sus dinámicas, conflictos, aspiraciones y realizaciones, son parte relevante del panorama desde donde se piensa el presente y el futuro país, y son un mirador privilegiado de las líneas de continuidad y cambio que se viven en la Isla. Ellas plantean un campo complejo de preocupaciones en torno a los procesos culturales en su amplio espectro: respecto a lo que el cine comunica sobre Cuba, a la creación cinematográfica como espacio de procesamiento cultural, a los vínculos globales de los cuales participa la Cuba contemporánea a través del cine, y al del cine como espacio donde, también, se dirimen conflictos específicamente institucionales, políticos y de economía política.

Atendiendo a esas realidades, Cuba Posible ha invitado a repensar el cine y a la sociedad cubana. Esta vez, de las manos de Gustavo Arcos Fernández-Britto y de Danae Diéguez, entrevistamos a Pavel Giroud, Carlos Lechuga y Claudia Calviño, a propósito de sus más recientes creaciones y, también, del cine cubano en lo ancho y hondo que ello puede referir. Las entrevistas recorren un campo ampliado de análisis, aspiraciones, críticas y proposiciones imposibles de desatender. Ellas contribuyen a mirar la Cuba que habita entre El Nuevo Cine Latinoamericano y el Cine Independiente cubano, y a pensar sus nexos fecundos, deudas, distancias y contribuciones dentro y fuera de las fronteras de la Isla. Cuba Posible agradece especialmente a quienes entrevistan y a los entrevistados, por aportar profundidad, lucidez, transparencia y frescura a un tema fundamental para nuestra sociedad. Respecto al cine, estas entrevistas complejizan y se disciernen en el contenido de la pregunta de Sergio en Memorias del Subdesarrollo: “¿he cambiado yo o ha cambiado la ciudad?”.

En este dossier:

Pavel Giroud. Foto: Sandra Jabalera / EFE

Pavel Giroud. Foto: Sandra Jabalera / EFE

Pavel Giroud: “¿Por qué crees que hemos gritado por una Ley de Cine?”

Escena durante la filmacion de la película Melaza de Carlos Lechuga. Foto: Melaza Film/Facebook

Escena durante la filmacion de la película Melaza de Carlos Lechuga. Foto: Melaza Film/Facebook

Los desafíos de hacer cine en Cuba, hoy: diálogos con Carlos Lechuga y Claudia Calviño

Participantes:

pavel-giroudPavel Giroud (La Habana, 1972). Director y Guionista Cinematográfico. Graduado en el Instituto Superior de Diseño en La Habana. Llega al cine tras una reconocida obra como creador de vídeos musicales y cortos promocionales. Con el film “Tres veces dos” (2004), donde dirige “Flash” (una de sus historias), recibió el premio a la mejor Opera Prima en el Festival de Cine de Montreal. Su primer largometraje, “La Edad de la peseta” (2007), fue premiado en festivales de Estados Unidos, Colombia, Polonia y Brasil. La Universidad de Houston lo incluyó, junto a películas de Luis Buñuel y Pedro Almodóvar, en el programa de estudios “Modern and Classical Languages Spanish Films”. Su siguiente película, “Omerta” (2008), obtuvo el premio Coral en la categoría de Mejor Guion Inédito en el XXVII Festival Internacional de Cine en La Habana. En 2013 inició su colaboración con el colectivo de artistas plásticos “Los Carpinteros”, para quienes ha dirigido varios videos. En 2014 co-dirigió la película documental “Playing Lecuona”, protagonizada por los pianistas Chucho Valdés, Michel Camilo, y Gonzalo Rubalcaba, entre otros notables músicos. Fue distinguido como el mejor documental en Montreal. “El Acompañante” (2015), su más reciente largometraje, ha tenido una amplia exhibición internacional y ha recibido premios del público en diferentes festivales.

Carlos Lechuga

Carlos Lechuga

Carlos Lechuga (La Habana, 1983). Se forma como director en el Instituto Superior de Arte (ISA) y continúa sus estudios en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños, en la especialidad de guión. Su trabajo como director incluye varios cortometrajes como “Los Bañistas” y “Cuca y el Pollo”. “Melaza”, su primera película como guionista y director, fue estrenada internacionalmente en el Festival de Cine de Rotterdam, fue nominada y ganadora de varios premios nacionales e internacionales, entre los que se destacan el Premio a Mejor Película Latinoamericana en el Festival de Cine de Málaga, y el “Newcomer of the Year”, premio principal del Festival International de Mannheim-Heidelberg, en 2013. “Santa y Andrés” es su segunda película como guionista-director. Tuvo su premier mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto y en el Festival de San Sebastián. El film ya está precedido por dos significativos premios: el Premio Coral al Mejor Guión Inédito en el Festival de Cine de La Habana en 2015, y el Premio SGAE de Guión Julio Alejandro, uno de los más importantes reconocimientos para los guionistas de América Latina y España.

Claudia Calviño

Claudia Calviño

Claudia Calviño (La Habana, 1983). Graduada en la especialidad de Producción en el Instituto Superior de Arte (ISA) de Cuba. Desde el 2006 forma parte de Producciones “5ta. Avenida”, una compañía enfocada en la producción de cine independiente. Sus créditos como Productora, Productora Ejecutiva y Directora de Producción incluyen películas como “Juan de los Muertos”, dirigida por Alejandro Brugués y ganadora del Premio Goya a la Mejor Película Iberoamericana en 2013; “Melaza”, ópera prima del joven realizador Carlos Lechuga, ganadora, entre otros, del premio a Mejor Película Latinoamericana en el Festival de Cine de Málaga, y el “Newcomer of the Year”, premio principal del Festival International de Mannheim-Heidelberg, en 2013. Se suman a estas los largometrajes documentales “Habana Muda”, realizado por el director y productor francés Eric Brach, y “Hotel Nueva Isla”, una coproducción con España dirigida por Irene Gutiérrez y Javier Labrador. En 2016 produjo el filme “Santa y Andrés”, escrito y dirigido por Carlos Lechuga, que tuvo su premier mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto y en el Festival de San Sebastián.

gustavo-arcos-1Gustavo Arcos Fernández-Brito (La Habana, 1965). Licenciado (1994) en Historia del Arte en la Universidad de La Habana. Miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica. Por varios años (1983-1986) trabajó como Camarógrafo Cinematográfico Asistente en los Estudios de Cine de las Fuerzas Armadas. Desde 1994 ha trabajado activamente como crítico y periodista cinematográfico en diferentes emisoras radiales y televisivas del país. En 1999 comienza a trabajar como profesor en la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) perteneciente a la Universidad de las Artes. Sus textos acerca del cine y los medios audiovisuales han aparecido en varias revistas, catálogos, blogs especializados y semanarios del país. Ha integrado jurados a festivales de cine, televisión y video. Ha ofrecido ciclos de conferencias sobre el cine y la cultura cubana en diversas ciudades de Francia, México y Suecia, participando, además, en eventos culturales y congresos efectuados en las ciudades de Toulouse, Marsella, Lyon, Estocolmo, México DF, Washington, Chicago y New York. Cuestiones como la identidad, la nación, el exilio, o la creación de las nuevas generaciones son tratadas frecuentemente en sus intervenciones públicas, conferencias y textos críticos.

Danae C. Diéguez

Danae C. Diéguez

Danae C. Diéguez (La Habana, 19XX). Máster en Didáctica de la Literatura y la Lengua Española. Profesora de la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual de la Universidad de las Artes (ISA) entre 1999 y 2015). Es especialista y asesora para temas de género y cultura. Coordinadora de los eventos teóricos de las Muestras de Cine Joven (2006-2012); colaboró con el Festival de Cine Pobre Humberto Solás y en sus Muestras Temáticas dedicadas a Género. Graduada del Diplomado del Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (PIEM) en el Colegio de México. Ha publicado múltiples ensayos, comentarios y entrevistas relacionadas con el tema de las representaciones de Género en el cine cubano y el Cine de Mujeres. Tiene en preparación su libro Mujeres detrás de cámara: una mirada otra al cine cubano. Ha impartido conferencias y talleres en la Universidad de La Habana y universidades de Colombia, México, Francia, Brasil, Estados Unidos. Ha participado en congresos internacionales en Cuba y otros países. Coordinadora del espacio AlterCine de la Agencia de Noticias IPS, Cuba. Fundó y coordinó el Programa Género y Cultura (2010-2015) desde donde organizó el espacio de debate Mirar desde la sospecha. Es miembro de la asociación de crítica cinematográfica. Gestiona el blog: www.elojosexuado.wordpress.com

Ailynn Torres Santana

Ailynn Torres Santana

Ailynn Torres Santana (La Habana, 1983). Licenciada en Psicología (2006) y Máster en Ciencias de la Comunicación (2010) por la Universidad de la Habana (UH). Candidata de Doctora por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede Ecuador. Desde el 2006, investigadora del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, y del 2006 al 2012 profesora de la Facultad de Comunicación de la UH. Entre sus líneas investigativas están, dentro de Cuba, los procesos de participación y sistemas políticos locales, estudios sobre culturas políticas y, actualmente trabaja en un proyecto sobre historia de la Revolución cubana desde las mujeres. En el ámbito regional, ha investigado sobre los procesos de integración latinoamericana y sobre la relación entre Estado, ciudadanía y propiedad en América latina. Tiene publicaciones en revistas como Crítica y emancipación, OSAL, Sin Permiso, Temas y Cine Cubano; y en libros editados por CLACSO, el ICIC Juan Marinello, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica; FLACSO-Cuba. Ha obtenido premios y becas de investigación en CLACSO-CROP, el Departamento Ecuménico de Investigaciones (DEI) de Costa Rica, FLACSO, Casa de las Américas, etc. Es miembro del Consejo Editorial de la Revista Sin Permiso (Barcelona), de la Red de Investigadores del DEI, de grupos de trabajo de CLACSO y FLACSO. Es coordinadora del programa “Fraternidad”, de Cuba Posible.

Sobre los autores
Ailynn Torres Santana 9 Artículos escritos
(La Habana, 1983). Licenciada en Psicología (2006). Máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de la Habana (UH) (2010). Candidata de Doctora por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), sede Ecuador. Investigadora ...
2 COMENTARIOS
  1. Armando Chaguaceda dice:

    Un excelente tema, con buenos entrevistadores y mejores entrevistados. Sólo una nota: cuando se dice “Mientras unos descreen de los cambios que no renieguen del pasado y leen el proceso como un empeño “gatopardista” ―cambiar todo para que todo siga igual―; otros apuestan por la trasformación, inclusiva, de realidades y horizontes para el bien del país y sus ciudadanos” consideren que esa polaridad binaria no es tal. Se puede apostar por la transformación incluyente y a la vez estar claro que el reformismo limitado desde el poder tiene mucho de gatopardismo. Y también se puede empujar una reforma en beneficio de algunos y estar contentos con el gatopardismo

  2. Pedro Monreal dice:

    El uso del término “gatopardismo” –aplicado al análisis de la transformación social en Cuba- no parece ser muy efectivo. El problema no es tanto cuán amplia pudiera ser la agenda del cambio que proponen unos u otros (“el todo”), sino la relativa radicalidad de las agendas que se proponen hoy en Cuba.

    Un segundo aspecto importante, es la consideración de la dimensión del cambio propuesto (¿se trata solo o fundamentalmente de un cambio en lo económico y lo social, o también de lo político?).

    El tercer aspecto a considerar es la necesidad de identificar con precisión el elemento que serviría para delimitar la frontera entre la estabilidad y la discontinuidad del cambio, es decir ¿de cuál “línea roja” estaríamos hablando?.

    En mi modesta apreciación, para poder avanzar en este tipo de discusión debería partirse de la comprensión de que la “línea roja” se localiza en los principios esenciales del sistema político que, de manera explícita o implícita, aparece en todas las propuestas de cambio que hoy se hacen sobre Cuba.

    Es decir, pudiera ser que lo que hoy se clasifica como “gatopardismo” en realidad consiste en una propuesta que, trasladada a la esfera política, se traduciría en una “reforma”, “actualización”, “perfeccionamiento”, o como prefiera llamársele, que no alteraría los principios esenciales del sistema político, especialmente los relativos a un sistema de partido único, predominio de propiedad estatal y planificación centralizada. Se trataría de una agenda que permitiría al sistema mantener su estabilidad aunque registre un cambio.

    El hecho de que esa propuesta venga “desde arriba”, “desde abajo”, o mediante una mezcla de ambas cosas, no es un detalle menor, pero es algo que resulta relativamente secundario para distinguir esta de otras agendas. La diferencia vendría dada por la radicalidad del cambio.

    Siguiendo con esta terminología, las agendas “anti-gatopardistas” (las “otras”), lo que propondrían sería la discontinuidad del sistema, o sea la sustitución de los principios esenciales del actual sistema por otros principios contrapuestos: multipartidismo, predominio de propiedad privada y funcionamiento del mercado como un importante mecanismo de regulación.

    Se entiende con facilidad entonces las razones por las cuales los códigos ideológicos del debate asumen frecuentemente la forma de una polémica entre Revolución (el sistema actual) y contrarrevolución (el “nuevo régimen” que proponen otras agendas). No estoy diciendo aquí que esos códigos estén bien o mal, lo que digo es que tienen el efecto de simplificar de manera extrema un debate que debería ser más complejo.

    Por ejemplo, cuando aparecen propuestas de “socialismo democrático” que impugnan el unipartidismo, ¿deben ser consideradas estas como parte de una agenda “contrarrevolucionaria”?

    O mirado desde el otro extremo del espectro, cuando aparecen agendas que intentan legitimar la exclusión del trabajador cubano del “mercado laboral” nacional (el caso de los famosos trabajadores indios) o cuando se exonera de impuestos al capital extranjero, ¿deben ser consideradas estas como parte de una agenda “revolucionaria”?

    En síntesis, se trata de un tema demasiado complejo para el cual no funciona bien como esquemas explicativos ni la antinomia “gatopardismo” vs. “anti-gatopradismo”, ni una visión ideológica anclada en la postura de que cualquier cambio en los principio esenciales del actual sistema político es “contrarrevolucionario”.

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