Soberanía, autodeterminación y nuevo orden mundial

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De acuerdo con los criterios de la comunidad mundial de naciones y con los consensos refrendados internacionalmente, los principios de “soberanía” y “autodeterminación de los países y pueblos” son imprescindibles y deben respetarse. Son principios consagrados mundialmente, transformados en conquistas políticas, apreciados con gran satisfacción por naciones y pueblos.

Si bien es cierto que se refrendaron y están vigentes en las relaciones internacionales, es igualmente cierto que muchas veces son atropellados, fundamentalmente en los países del tercer mundo. Se aprecia cómo han proliferado e intensificado las guerras locales, sobre todo después de desaparecer la Unión Soviética y, junto a ella, la Guerra Fría. Estados Unidos utilizó los años en que prevaleció su hegemonismo mundial, para ampliar su esfera de influencia e intereses geopolíticos en diversas partes del mundo; particularmente en el Medio Oriente y, para ello, desencadenaron varios conflictos militares.

La coyuntura aparecida en el año 1990 del siglo anterior, la aprovecharon las administraciones estadounidenses para desencadenar un conjunto de intervenciones político/militares, fundamentalmente en el área mencionada; casos de Irak, Afganistán, Libia y Siria, unido a otras conocidas injerencias.

¿Cuántas víctimas humanas han dejado esas intervenciones? ¿Cuántas bombas o ametrallamientos se han lanzado, no solo contra militares, sino contra poblaciones civiles y ciudades? ¿Cuánto dolor se ha ocasionado? Las consecuencias están a la vista: miles de muertos (la mayoría víctimas inocentes), decenas de miles de heridos, destrucción de ciudades (viviendas o monumentos patrimoniales de la humanidad, destrucción y pérdidas de importantes objetivos económicas, fábricas, rebeldía doméstica, etcétera). Es por ello que no se justifican, como lo expresan las resoluciones de la comunidad mundial de naciones, las acciones injerencistas contra ningún país. No son aceptables las vulneraciones a las soberanías y principios de autodeterminación de los países.

Las violaciones frecuentes al principio internacional de autodeterminación de los pueblos y países, ha hecho evidente la injerencia abusiva sobre la soberanía e independencia de ciertos Estados. Ello ha provocado un mal sabor y malestar político, acerca las formas en que se desenvuelven las relaciones internacionales o se “solucionan” los conflictos entre naciones.

Observando el panorama político/económico mundial se comprende la diversidad de situaciones políticas conflictivas existentes, en general delicadas o preocupantes, por lo que se imponen el diálogo y las negociaciones para propiciar soluciones.

Con frecuencia me he distanciado y criticado las decisiones de la actual Administración estadounidense; sin embargo, debo expresar que con relación al interés de generar un ambiente político de mayor confianza entre Estados Unidos y Rusia, considero la intencionalidad del presidente Trump (si ese es su deseo), conveniente y positiva, pues son estas dos naciones las poseedoras de los mayores arsenales nucleares del mundo. En aras de la sobrevivencia de nuestra especie y del planeta, resulta sabio y racional en política, buscar armonía, buenas relaciones y generar un clima de respetuosa y recíproca confianza.

No hacerlo así es continuar caminando alrededor del abismo, o permitirle a algunos insensibles e irresponsables políticos y analistas de los medios, seguir atizando la enemistad o la confrontación político y militar. En circunstancias de distanciamientos políticos, conflictos entre países, sanciones económicas, guerras comerciales, o campañas mediáticas, se crispan los nervios y todo puede suceder.

Es imprescindible evitar que en momento determinado, si se abandona el diálogo, se cierren los conductos diplomáticos y se quiera solucionar el diferendo a través de la fuerza y no a través de las negociaciones. Si ello ocurriera por la vía militar, teniendo en cuenta el poderío y los enormes arsenales nucleares de Rusia y Estados Unidos, ambos rivales (junto al resto de la humanidad), probablemente, desaparezcan y se originaría el holocausto mundial. Los grandes “patriotas” de los poderosos países, y ciertos analistas que aparecen en los medios, debieran detenerse a meditar más en ello.

Cuan positivo y relajante en política es cuando predominan en las relaciones internacionales el diálogo y las negociaciones. Pero para ello es imprescindible el respeto a la autodeterminación de los pueblos y naciones, y no vulnerar la soberanía de ningún país (por débil o pequeño sea); no son tiempos ni circunstancias para que se enrarezcan, peligrosamente, los ambientes políticos internacionales.

Se comprende que los principios de soberanía y autodeterminación de los pueblos y países, han recorrido una amplia y larga data de acuerdos en foros, congresos y asambleas internacionales. Es este un tópico que la mayoría de los países se han esmerado en formular y/o ratificar, dado que es imprescindible construir convivencias de cooperación y fraternidad internacional.

Tales principios fueron refrendados por las organizaciones mundiales, desde la ONU, hasta el Movimiento de los Países No Alineados. Si esos principios son compartidos por la comunidad internacional de naciones y refrendados para su consideración y respeto, ¿por qué algunos países poderosos los violan impunemente con sus acciones injerencistas? Si, además, tales principios resultan justos e imprescindibles para garantizar la convivencia pacífica, el pluralismo político/económico y el buen desenvolvimiento de relaciones entre los países y pueblos, sería mucho más alentador que los violadores de estos principios se apegaran al respeto a los mismos, porque el mundo ganaría.

Se conoce que cuando aparecen acontecimientos políticos conflictivos; en, o entre países, en no pocas ocasiones esos principios se desconocen y no se respetan. Lo que observamos o se aprecia mundialmente es el lanzamiento de campañas mediáticas, u otras acciones de naturalezas agresivas e intervencionistas, que lógicamente vulneran los universales principios proclamados.

Varios estados poderosos han pretendido ignorar que la comunidad internacional de naciones, en sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas, desde décadas atrás (1º de mayo de 1974), se pronunció por un Nuevo Orden Económico y Político Internacional. Comprometido con la promoción de la más amplia cooperación entre los Estados, basada en la equidad y en la posibilidad de eliminar las disparidades existentes, promoviendo beneficio en todas las naciones.

Desde aquella época se consideró el absoluto derecho de cada país a su autodeterminación, sin verse afectado a sufrir discriminación alguna. En la resolución refrendada por la ONU se dice que el Nuevo Orden Internacional debe basarse, entre otros aspectos, en el pleno respeto a los principios siguientes: la absoluta y permanente soberanía de los Estados sobre sus recursos naturales y sobre todas las actividades económicas.
Para salvaguardar esos recursos, todo Estado tiene derecho a ejercer un control efectivo sobre ellos y sobre su explotación, con medios ajustados a su propia situación; incluso el derecho de nacionalización o transferencia de la propiedad a sus nacionales, siendo tal derecho una expresión de plena soberanía de los Estados. No se puede someter a ningún Estado a algún tipo de coacción económica, política o de otra índole, para impedir el libre y pleno ejercicio de sus derechos inalienables.

El derecho internacional contemporáneo considera a las relaciones de amistad y cooperación entre los Estados, como uno de los pilares fundamentales para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional. De esa manera ha quedado refrendado en diferentes instrumentos jurídicos internacionales de las Naciones Unidas, donde se declara que la igualdad soberana de los Estados, la libre determinación de los pueblos y la obligación de todo Estado a no intervenir en los asuntos que no sean de su jurisdicción interna, son elementos cruciales.

Ningún Estado, o grupo de Estados, tiene derecho a intervenir (directa e indirectamente), sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos o externos de cualquier otro Estado; no solamente a través de intervención armada, sino de cualquier otra forma de injerencia o amenaza, que atenten contra la personalidad jurídica e internacional de ese Estado. Al hacerlo comete flagrante y condenable violación del derecho internacional.

Ningún Estado debe fomentar y menos implementar medidas económicas, políticas o de cualquier otra índole para coaccionar a otro Estado, a fin de lograr subordinación de sus derechos soberanos y obtener sobre ello ventajas. Todo Estado tiene derecho inalienable a elegir su sistema político, económico, social y cultural, sin injerencia de ningún otro Estado. Sin embargo, se sabe, no es lo que se encuentra sucediendo desde hace años y sobre todo, en los tiempos que corren.

Sobre los autores
Eugenio Rodríguez Balari 22 Artículos escritos
(La Habana, 1938). Licenciado en Historia. Doctor en Economía. Periodista. Se desempeñó como director de las publicaciones nacionales Mella y Opina, de esta última fue su fundador. Fundador y Presidente del Instituto Cubano de Investigación de l...
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