El socialismo en las visiones contrapuestas de dos minoristas matanceros: Medardo Vitier y Fernando Lles

socialismo minorista

Umbral: el minorismo matancero en el contexto de la crisis de la Primera República burguesa

Entre los desafíos actuales de la historiografía cubana se halla la necesidad de ampliar los estudios relativos a la historia cultural del período de la República Burguesa, especialmente aquella que se dedica al estudio de las instituciones y de las ideas en contextos del llamado “interior del país”, allende los tradicionales puntos de vista metropolitanos que hacen del espacio cultural habanero el escenario por excelencia de los grandes acontecimientos y procesos de la historia nacional.

Uno de los objetos de estudio que valdría la pena investigar a fondo por su trascendencia regional y nacional es el accionar del Grupo Minorista de Matanzas (GMM), al que se ha juzgado tradicionalmente como una simple réplica del de La Habana sin profundizar de veras en la fugaz pero intensa obra de cultura y pensamiento que ese núcleo de intelectuales desplegara entre 1927 y 1928, imprimiéndole un sello matancero al movimiento minorista cuando ya estaba prácticamente extinto en la capital.

En esta ocasión pretendo acercarme sucintamente a una arista de la obra de aquel grupo: su interés manifiesto por las ideas socialistas y el empeño por darlas a conocer a la sociedad matancera y cubana de la época, a partir de los puntos de vista críticos y contrapuestos de sus dos miembros más significativos: el extraordinario y poco conocido Fernando Lles y Berdayes (1883-1949), quien fuera bujía inspiradora de la agrupación, y el erudito orador villareño Medardo Vitier Guanche (1886-1960), aplatanado en Matanzas como profesor de la Escuela Normal.

Por entonces, aunque la Atenas de Cuba ya no gozaba del esplendor cultural de la etapa colonial, conservaba un alto nivel de producción artística y literaria a pesar del escaso apoyo gubernamental, y el campo cultural yumurino mantenía fuertes lazos con lo que acontecía en la capital mediante vínculos fluidos entre las personalidades de ambos territorios que se manifestaban en sistemáticas relaciones de amistad y de trabajo conjunto.

En su “Manifiesto” inaugural los minoristas matanceros declararon como  propósito básico: “tratar aquellas cuestiones filosóficas y sociales que son, actualmente, problemas por resolver.” Por ello escogieron para sus conferencias temas que dejaran bullendo las mentes de sus contemporáneos, tales como: las tendencias del socialismo, el papel del individuo en la sociedad, el imperialismo norteamericano y su relación con los problemas cubanos y la lucha por los derechos de la mujer,  entre otros.

La carta de presentación del grupo sería una serie de conferencias de importantes intelectuales que abriría Vitier con el tema “Tendencias del socialismo”.

Es significativo que fuera este el tópico de la primera acción cultural de los minoristas matanceros. No pudo ser una iniciativa espontánea del conferencista, ya que los temas se discutían y aprobaban previamente en las reuniones semanales del grupo y se anunciaban en El Imparcial. Todo parece indicar que la solución socialista adquiría tal actualidad en las discusiones, públicas y privadas, al interior de la sociedad cubana y matancera, que se decidió empezar y concluir la serie con dos visiones diferentes de la cuestión encargadas a las dos figuras descollantes del grupo.

 

El socialismo en la visión de Medardo Vitier en 1927

Empezó Vitier su disertación resaltando la complejidad del tema: “No puede darse una definición del Socialismo porque este, ni tiene los caracteres de una ley natural, ni es un dogma cerrado. Es una corriente del pensamiento político, que origina una serie de doctrinas. En nuestros últimos tiempos, sobre todo, no existe una teoría socialista uniforme, sino un grupo de tendencias”. Para los lectores actuales esta observación suena cual convite a acercarse aún más al asunto pues, noventa años después, la situación no ha cambiado mucho.

De inmediato se adentra en el objetivo general de su lectura: “ver cómo se relacionan las tendencias socialistas con la vida del Estado” y comienza por exponer las dos grandes posturas al respecto: “Desde las especulaciones políticas del pensamiento griego, hasta los movimientos actuales, ha habido una corriente individualista y otra socialista, en la teoría del Estado”. A la primera la identifica con la “escuela liberal”, basada en la iniciativa privada, la libre concurrencia y la exclusión estatal de la vida económica; mientras que a la segunda la liga indisolublemente con el socialismo, en tanto “tiende, no tanto a aumentar la intervención del Estado en los asuntos económicos, como a suprimir la empresa privada, y con ella la acumulación de riqueza  individual. Para algunas escuelas socialistas, el Estado lo es todo.” (pp. 4-6)

Esta última precisión interesa mucho hoy, pues Vitier hará referencia a varias tendencias socialistas donde el Estado no ocupaba el papel preponderante que adquiriría después, en la praxis histórica del siglo XX, con el llamado Socialismo Real, que fue la variante que germinó en el escenario propicio de la Rusia Soviética y en la postguerra, pero que no era la única opción socialista en los albores de esa centuria, ni tiene porqué serlo en otras circunstancias histórico-culturales.

A continuación plantea el orador uno de los temas que lo distinguirán de Lles: el de los enfoques sobre el  origen del Estado, donde su confianza en el poder de los imperativos morales, del valor de la conciencia, lo conduce a preferir la opción más idealista: “¿Qué es lo previo, el derecho o la fuerza, al surgir un nuevo Estado? Creo, por mi parte, que al fundarse los Estados primitivos por la necesidad del bienestar, lo previo fue la fuerza de una parte de la comunidad, mientras que en nuestra civilización, si bien ningún iluso podría negar la supremacía de la fuerza, va calando en la conciencia de los pueblos, la necesidad de una sanción ética que en el porvenir torne los derechos humanos en fuerza máxima.” (p. 6)

Por lo que significan para la polémica que sobrevendrá con Lles, es muy interesante constatar cómo asume Vitier los contenidos básicos de la doctrina socialista, contraponiéndola con la individualista:

“El individualismo como doctrina política es un concepto atómico de la sociedad, pues parte del individuo. El socialismo, al contrario, parte de un ente abstracto, la sociedad y le prescribe un designio ideal”.

“El socialismo no cree prudente dejar los intereses particulares, el bienestar de cada uno, a merced de la libre concurrencia, es decir, a merced de lo que buenamente logre cada sujeto en la lucha por la subsistencia, ya que esa lucha se efectúa, por razones de aptitud personal y de privilegios externos, en muy desiguales condiciones”.

“La tesis socialista, en lo económico, intenta y ensaya una reorganización social que coordine los intereses, suprima los privilegios y asegure al obrero una existencia decorosa. En lo político, esta doctrina atribuye una finalidad ética al Estado”. (p. 7)

Para fundamentar históricamente el ideal socialista, el disertante se remonta hasta Grecia (Platón y Aristóteles) y sostiene que: “Ha habido épocas especialmente aficionadas a estas especulaciones ideales, a construir bosquejos de un Estado perfecto (…) Son las épocas de transición las que producen tales obras”, deteniéndose en la del Descubrimiento, la Europa de la Reforma y el Renacimiento, la Revolución Francesa y el siglo XIX, “cuando Carlos Marx estudió la estructura económica de la Sociedad y alentó con sus escritos todas las formas del Socialismo” (pp. 7-8).

Según su visión moralista de un régimen socialista fruto de las transformaciones de conciencia, destaca que en él: “la libertad individual ha de ser un resultado de la acción del Estado que evite los intereses económicos antagónicos” y cree que “El Socialismo, salvo la actitud de algún grupo, no es revolucionario en el sentido guerrero. Porque entiende que la verdadera Revolución no es la guerra, sino el cambio profundo de actitud en la conciencia humana, y esto sí, se lo propone como fin.” (pp. 9-10).

Luego la conferencia se adentra en “la cuestión del jornal según la teoría valor-trabajo de Marx para, a partir de aquí, caracterizar dos de los movimientos socialistas que tienden a eliminar el sistema de la esclavitud asalariada: el Socialismo gremial, o Corporativismo, y el Sindicalismo, los cuales, salvo diferencias de matices, coinciden en que: “recurren a lo que se ha llamado acción directa, esto es, solución de los problemas económicos por las propias clases interesadas, no por ninguna forma de Socialismo de Estado ni por la acción de partidos socialistas”.

Con tono esperanzador, Vitier anuncia que en los últimos tiempos  “la causa obrera ha ido conquistando ventajas positivas”, y ejemplifica con el reconocimiento de la necesidad de un salario adecuado en el capítulo XIII del Tratado de Versalles, la Ley contra los trust de 1914, en los Estados Unidos y la actitud de capitalistas avisados, como Henry Ford, que han hecho a sus obreros “co-partícipes del producto industrial”.

A casi un siglo de su conferencia, el análisis de las tendencias socialistas realizado por el profesor Vitier nos ayuda a comprender mejor la complejidad del universo socialista. De ahí que, más que ilustrar, su lectura inspire y contribuya a los análisis actuales de los que creen que otro socialismo mejor es posible.

Según El Imparcial del día siguiente, en el debate suscitado tras su disertación, Vitier, dando muestras de la libertad de pensamiento y de estímulo de la crítica científica que preconizaba el GMM, dejó sentadas explícitamente sus diferencias de opinión con Lles en lo tocante al peliagudo tema de la relación entre el individualismo y el Estado, al tiempo que reconocía el valor de sus criterios y exhortaba al público a comprar su reciente obra, El individualismo, presentada exitosamente en Europa y Cuba.

La respuesta de Lles sería larga, pormenorizada e interesante, como él acostumbraba, y constituyó la quinta conferencia del GMM con el título “El individualismo, el socialismo y el comunismo, problemas de la conciencia contemporánea”.

 

El socialismo en la visión de Fernando Lles en 1927

De Lles, el menos reconocido de los dos pensadores en la actualidad, solo recordaré que es una rara avis en el devenir de la cultura y el pensamiento cubanos. Fue un filósofo de formación autodidacta que nunca asistió a la universidad, pero al que un ambiente familiar propicio, unido a su talento natural y a un eficaz método de estudio, encauzaron por los senderos de la ciencia, permitiéndole alcanzar las más altas cumbres del pensar cubano de su época. Para Matanzas fue, además, un eficaz gestor cultural, capaz de resucitar proyectos casi extintos y fundar y coordinar agrupaciones intelectuales tan importantes como el propio GMM.  

En el segundo lustro de los años 20, su visión de los problemas humanos trascendió el ámbito filosófico y se tornó más compleja y actualizada, a tenor con el empeoramiento de la situación económica y social mundial. Por ello, cuando le corresponde subir al estrado del GMM, su lectura contendría un renovado y extenso resumen (32 páginas) de su ya famoso libro de 1926: El individualismo. Ensayo sobre el instinto y la conciencia.

A diferencia de la conferencia de Vitier, la suya no se consagraba al estudio del ideal socialista como tal, sino al tema de la relación del individuo y la sociedad,  precisamente uno de los conflictos esenciales para una mayor aceptación de la alternativa socialista en momentos en que los totalitarismos fascistas y el estalinismo en ascenso en la URSS amenazaban con aplastar las libertades democrático-burguesas alcanzadas por los pueblos de Occidente tras años de duro bregar.

En el libro citado Lles mostraba suspicacia ante las teorías basadas en la supuesta naturaleza moral del hombre. En sus páginas hay un debate  permanente entre la que denomina lógica del sentimiento -de origen socrático- a la que atribuye un “influjo pernicioso en todas las formas de la cultura”, y su contraria, la razón positiva, responsable de todas las conquistas intelectuales, sustentada en el individualismo psicológico (p. 284).

Para demostrarlo, sigue al individualismo en un análisis histórico desde las sociedades primitivas a sus contemporáneas, hasta arribar a conclusiones que coinciden con las socialistas en varios aspectos. El primero: otorgar  carácter de ley “a la teoría que considera el curso de la historia humana como un perpetuo fluir de acontecimientos, determinados por el más absoluto materialismo económico. Confirman estos hechos la teoría que Marx estructuró con perfecta lógica”. (p. 283)

El segundo, el de proclamar el “fracaso del individualismo capitalista” y la necesidad de un individualismo socialista, al que dedica el Capítulo VI del texto: “Los valores del individualismo socialista”, donde afirma “Que el próximo destino social y político del hombre, está  en un sistema que concilie la razón y el interés del individuo, con la razón y el interés plural de la sociedad” (p. 286).

Llega a aducir históricamente que “el progreso moral es un efecto del mejoramiento de las condiciones sociales, inteligentemente preparadas y no una causa de la preparación de esas condiciones” a partir de constatar el fracaso de las ideologías religiosas y de “la política emocional de los credos colectivistas e igualitarios”, por lo que concluye que: “Todo Estado regido por los sistemas de la política y la sociología emocionales debe ser necesariamente tiránico e indeseable”. (p. 287).

Sobre estos fundamentos es que estructura su conferencia, dedicada a explicar: “QUÉ ES y EN QUÉ consiste esa substancial diferencia de criterios que divide en dos grandes porciones de conducta, de convicción y de conciencia, al pensamiento humano”, entre la tesis socrática de que: “el hombre es moral por naturaleza” y la de los antisocráticos, como él, para quienes: “El hombre no es moral ni inmoral por naturaleza: es hombre”.

En la primera, que denomina filosofía moral, incluye desde el mesianismo cristiano hasta las doctrinas socialistas de Tolstoi y Fernando de los Ríos. Para ellos: “el ideal de la equidad, de la igualdad, debe realizarse sin violencia de ningún género, y por la propia virtud connatural del hombre, predicada constantemente”, que culminará “en la creación de un Estado paternal que tenga a su cargo una estricta equidad distributiva, en un orden moral perfecto”. La segunda posición, que denomina individualismo, sostiene que, salvo excepciones, la historia no muestra ninguna “equidad instintiva” y que: “el hombre no es virtuoso o moral por naturaleza, sino que llega a serlo forzosamente por universal conveniencia”. (pp. 73-75).

Precisamente en las diferencias entre “las dos tendencias más conocidas y populares del socialismo contemporáneo”, [las] “del empírico Carlos Marx y las del apostólico Tolstoi”, halla Lles la expresión más clara de esta dicotomía, y  coincide con el marxismo en que no se obtendrá ningún resultado con apelar a los sentimientos piadosos de la burguesía, sino que para alcanzar el poder solo puede hacerlo mediante la fuerza.  Pero en este punto Lles deja claro su rechazo de plano a la tesis marxista de la dictadura del proletariado: “Si debemos reconocer un principio de equidad y de necesidad imprescindible al exigir el derecho a participar en una mayor medida del producto de los bienes humanos que ellos elaboran, no podemos, empero, reconocer que los asiste el mismo universal derecho para regir los destinos del mundo, a base del estrecho credo de clase que profesan”. (p. 77).

Adelantándose a la política de clase contra clase que dictaría la Comintern al año siguiente, advierte desde su atalaya elitista: “No siendo posible convertir al mundo moderno en un inmenso taller de manufacturas, la moral del hombre contemporáneo no puede estar constituida tampoco por el estrecho criterio ético, jurídico, artístico, filosófico y científico, que mantiene para su gobierno y para llenar las necesidades de su mente y de su psicología, un obrero afiliado a la tercera internacional de Moscú”. (p. 77)

Para Lles es absurda la creencia de que “el milagro biológico de la igualdad humana debe producirse, necesariamente, bajo el patriarcal Estado de cualquier utópica teoría socialista”, y recuerda que “se olvidan de un modo lamentable los diversos ensayos históricos que desde remotos días ha puesto en práctica el hombre, con semejantes fines y los reiterados fracasos que esta doctrina sentimental ha sufrido a través del tiempo, y no se cuenta con los que sufrirá en el futuro, por vía de esa propia enseñanza”. (p. 78)

Como prueba de su tesis se remite a la labor misma de Lenin al frente del Estado soviético, pues “en la psicología de Lenin, no fue el factor emocional o sentimental, el decisivo de su conducta”, [sino que] “pegó duro y de firme contra todo aquello que pudo constituir la sombra de una contradicción, respecto del comunismo proletario”; al tiempo que, como de pasada, recuerda a sus oyentes la circunstancia de la NEP, aún vigente por entonces en la CCCP que: “ha tenido que transigir, aun restableciéndolas, y para no perecer, con muchas formas que son propias del individualismo capitalista de Europa y de América”. (pp. 78-79).

Agitando ante sus oyentes el fantasma de la experiencia soviética, arremete contra los propugnadores de la moral innata y afirma:

“El credo altísimo, la piedad desbordada de la emoción mesiánica que anunciara maravillosos días de quietud y de amor para el espíritu del hombre, culminan de este modo en el terrible contraste del triunfo de un ideal que establece sobre la tierra, a filo de cuchilla, la igualdad entre los ciudadanos, la igualdad mental inclusive. Lo que tal igualdad supone, vista desde un plano de reflexiva contemplación, no hay para que recomendarlo a la consideración de las gentes. Negado el derecho a toda iniciativa individual de orden consciente, porque estas iniciativas implican de hecho un peligro para la estabilidad de las doctrinas comunistas, la nueva confesión impone a las conciencias, en nombre de una imposible igualdad, el silencio que se impuso en los días de la Edad Media, con el nombre de Dios”. (pp. 79-80)

Volviendo a sus diferencias con Vitier, Lles coincide con Demócrito y Séneca en que: “el hombre no es virtuoso ni bueno sino por la fuerza de las instituciones legales establecidas, para hacer posible la convivencia social de los individuos”. Por ello propugna que: “un individualismo avisado y vigilante, debe equidistar tanto de las filantropías absolutas, como del hedonismo o del egoísmo sórdido y brutal”.  (p. 81)

Así, no obstante reconociendo las limitaciones e iniquidades de la libre concurrencia de los individuos y comprendiendo cuál es el motivo piadoso que mueve a pensadores como Vitier, sostiene que “aún en el mismo estado de imperfecta y lamentable condición política y social en que todavía vivimos, la libertad individual, la iniciativa libre, halla en nuestros medios políticos y sociales, deficientes y todo, lo que no hallará jamás en las dictaduras de bajo nivel intelectual de los credos comunistas”. (p. 82).

En lo político, considera que la crisis de la Democracia lleva al ascenso del “socialismo en sus diversas formas, que tiende a emancipar al individuo productor,  pero con ánimo de clase y en una impracticable comunidad de aspiraciones que, más tarde o más temprano, van a caer, por su propio peso, en el estado natural de la conciencia individualista y utilitaria del hombre”. (p. 89)

Puesto a escoger, Lles toma partido por el liberalismo, al que valora como “la única tendencia política que ha interpretado de un modo cabal las aspiraciones universales del hombre”, y explica sus dos expresiones políticas principales: la democracia y el socialismo. A pesar de ello estima que fracasó con el parlamentarismo, cuya crisis diera lugar al regreso de los absolutismos al estilo del fascismo de Mussolini, el caudillismo de Primo de Rivera y “las acciones centralizadoras de nuestro Presidente, General Machado”. (p. 90).

Sirva la revelación de este contrapunteo entre minoristas matanceros del lejano 1927 como acicate para revalorizar sus juicios sobre el socialismo y sus  diferentes propuestas a la luz de la experiencia de casi un siglo, con el respeto y la admiración que se siente ante aquellos hombres de pensamiento que, hijos del prisma ideológico de su época y sus peculiares posturas clasistas, científicas y filosóficas, y armados de las herramientas intelectuales de entonces, fueron capaces de penetrar en las esencias del socialismo y develar muchas de sus virtudes y limitaciones con enfoques que aún pueden enriquecer nuestros debates actuales.

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Sobre los autores
Mario Juan Valdés Navia 1 Artículo escrito
(Sancti Spiritus, 1961). Profesor Titular de la Universidad de Matanzas Camilo Cienfuegos. Licenciado en Educación, Especialidad Historia y Ciencias Sociales, por la Universidad Pedagógica Félix Varela de Santa Clara. Doctorado en Ciencias Pedag...
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