Texto de Lenier González para la clausura del evento de Cuba Posible en Nueva York

Queridos amigos,

Ha sido esta una jornada intensa, pero creo que provechosa y necesaria. Han sido admirables la altura y la calidad de los panelistas y, sobre todo, la calidad del debate, signado por el respeto mutuo y el deseo sincero de conocernos mejor. Justo un mes después del histórico 17D –en enero de 2015- un grupo de intelectuales y activistas de la sociedad civil cubana viajamos a Washington DC para dialogar con actores políticos y académicos norteamericanos. Muchos de los que allí estuvimos habíamos vivido, con mucha intensidad y desde roles diferentes (en Cuba y en su diáspora) una década de trabajo a favor de acercamiento entre cubanos con posicionamientos diferentes; y también una década de lucha anti-embargo (y también para derogar la nefasta Posición Común Europea).

Con respecto al embargo, fue la nuestra una batalla silenciosa, que llevó a muchos de nosotros a decenas y decenas de reuniones con políticos, diplomáticos y cancilleres de muchísimos países. Lo hicimos por convicción nacionalista y patriótica, con la legitimidad que da el simple hecho de ser ciudadanos de la República de Cuba. Trabajamos sin pedirle permiso a nadie. Lo hicimos sabiendo que era solo una pequeña gota de agua, en medio de un universo mayor de iniciativas que nos habían precedido en el tiempo. Lo hicimos sabiendo que muchos nos mirarían “con sospecha”.

Quienes participamos de aquel evento de enero de 2015, nos fuimos todos de regreso a la Isla con un sentimiento común: Cuba y Estados Unidos no se conocían lo suficiente. Desde ese entonces a esta fecha, el camino andado ha sido largo y fructífero: ha abarcado desde diálogos políticos al más alto nivel, pasando por relaciones institucionales que cobran vigor, y que progresivamente se han ido ampliando a nuestras dos sociedades. Sin embargo, cuando en la noche del 17D pudimos por fin celebrar, no éramos totalmente conscientes de que se abría una etapa igual de desafiante ante nosotros: necesitamos continuar hablando de Cuba, de su historia, de las conquistas y los anhelos centenarios de su pueblo, de sus ansias de esperanza, de su dignidad y capacidad de entrega y resistencia. Necesitábamos explicarnos ante el mundo, para que no viniese nadie con recetas light a intentar construirnos “futuros de cartón”. Y había que hacerlo, nuevamente, sin pedirle permiso a nadie; sabiendo que nuevamente nos acompañaría “la incomprensión de los hombres”; pero teniendo como única brújula el patriotismo martiano, que mantiene siempre bien orientado el corazón. Es por ello que eventos como este siempre son, y serán, bienvenidos. Sépase bien: todo espacio, toda plaza, toda tribuna que esté disponible para alguno de nosotros, siempre será utilizada para proclamar el ideal de una Cuba libre y soberana, justa y solidaria. Nadie lo dude nunca.

El paso dado por los presidentes Raúl Castro y Barack Obama al decidir restablecer las relaciones diplomáticas y comenzar el camino de la normalización de relaciones entre nuestros países, constituye una empresa política monumental, que ha entrañado una multiplicidad de desafíos para los actores sociales y políticos en ambas orillas. Ellos dos –en un acto propio de gigantes- desafiaron “las cargas de la historia”; y han puesto en nuestras manos la construcción “de una nueva posibilidad”. Pero para que este “nuevo comienzo” sea fructífero, tenemos que contar con nuestra historia común. No es posible que Cuba y Estados Unidos miren al futuro dándole la espalda al pasado; precisamente porque esa historia ha sido sumamente conflictiva y dolorosa. No podemos ser rehenes del pasado, pero estamos todos llamados a no repetir los terribles errores cometidos. Somos una pequeña nación, orgullosa de nuestra independencia. Nos ha tocado vivir junto a un vecino poderoso; que nunca ha cejado en su empeño de intentar “ordenar” nuestra vida nacional. Sin olvidar el pasado, pero sin ser rehenes de él, se impone que seamos lo suficientemente creativos y valientes para, sin traicionar nuestros ideales, ser capaces de convivir civilizadamente por el bien de nuestros pueblos.

En un lúcido texto del año 2010 el jurista y miembro del equipo de dirección de Cuba Posible, Julio César Guanche, aquí presente, afirmaba que Cuba poseía el privilegio de haber vivido casi todas las variantes políticas del siglo XX: liberalismo oligárquico, dictaduras, reformismo socialdemócrata, esbozo de Estado de Bienestar, nacionalismo revolucionario, comunismo pro-soviético, vía independiente no capitalista de desarrollo. Guanche afirmaba lo anterior para recalcar dos hechos capitales: 1) los cubanos y cubanas tenemos ante nosotros un futuro abierto para refundar las bases de nuestro contrato social y 2) para ello contamos con experiencias políticas que deberían llevarnos a no repetir las experiencias del pasado. Cuba necesita transformarse, no porque se lo exija nadie, sino porque es un imperativo estratégico de cara al futuro.

Necesitamos conectar nuestra economía a las dinámicas hemisféricas; necesitamos seguir controlando nuestros recursos naturales estratégicos; necesitamos seguir manteniendo la salud y la educación como conquistas de dignidad del pueblo cubano; necesitamos reconstruir las instituciones y ensanchar los espacios de libertad ciudadana, porque solamente un proceso ampliado de concertación nacional logrará mantenernos unidos ante los desafíos ingentes que se avecinan; necesitamos seguir trabajando para las grandes mayorías nacionales; necesitamos insertar en la vida nacional -de manera orgánica- a nuestra emigración; necesitamos acoplarnos -con creatividad- en las instituciones internacionales; necesitamos –cuanto antes- elevar el nivel de vida de nuestro pueblo. Pero todos estos desafíos nos atañen estrictamente a los cubanos. Nos toca a nosotros luchar y sufrir por ello. Incluso nos toca, a muchos de los aquí presentes, “ser incomprendidos”. Ese es nuestro destino y nuestra cruz.

Pero lo más importante: le toca a Estados Unidos respetar esta decisión soberana del pueblo cubano. Entender esta máxima e interiorizarla, crearía las condiciones de estabilidad necesarias dentro de Cuba para avanzar en los cambios que la nación necesita en el siglo XXI. Toca ya abdicar, de una vez por todas, de promover “primaveras árabes” y “revoluciones de colores” en nuestra Patria. Para explicar qué Cuba queremos en el siglo XXI hemos estado aquí; y con la ayuda de Dios, seguiremos estando en cuanta tribuna aparezca en cualquier punto del planeta.  
 
Muchas gracias a todos los amigos que han abierto esta posibilidad para dialogar y conocernos mejor. Gracias a la Fundación Sociedad Abierta y a WOLA, por su profesionalidad y por su respeto, por simplemente acogernos como somos. Gracias a las personas anónimas que hicieron posible que las visas de los participantes estuviesen listas en tiempo. Gracias a las coaliciones anti-embargo norteamericanas que respondieron a nuestra invitación. Gracias a todos los panelistas, por la pasión con que han hablado sobre Cuba. Gracias al público numeroso que ha llenado la sala.

Sobre los autores
Lenier González Mederos 40 Artículos escritos
(La Habana, 1981). Subdirector de Cuba Posible. Licenciado en Comunicación Social por la Universidad de La Habana (2005). Estudios de maestría en Gestión Turística en la Universidad de La Habana. Estudios doctorales de Sociología en el Instituto...
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