Trazas del proceso constitucional

Un cubano rinde tributo al Comandante Fidel Castro en el primer aniversario de su fallecimiento. Foto: Fernando Medina Fernández.

Con la puesta a punto de la nueva Constitución cierra, en lo esencial, el proceso de reformas iniciado en el año 2007. Sin embargo, la nueva Ley de leyes no se explica solo por la adecuación a las reformas, sino por los ajustes al proyecto país; los contenidos y formas socialistas, el lugar de la clase trabajadora, los derechos, deberes y garantías ciudadanas y de la sociedad civil, los límites y alcances democráticos en las estructuras gubernamentales.

Más allá de los contenidos, el proceso constitucional transparentó algunos datos de la realidad cubana que trascienden el documento mismo. Datos que, en su conjunto, tocan los cimientos de la cultura política cubana y colocan el análisis en clave de desafíos.

Primer dato. La pluralidad ideológica develó de manera integral sus perspectivas diversas: socialistas, liberales, socialdemócratas. Si bien esta pluralidad es más notoria en círculos intelectuales, cuyos ámbitos de expresión fundamental son las llamadas “redes sociales”, diferentes espacios dan cuenta de estos signos, independiente del nivel de elaboración de las opiniones.

Segundo dato. Como particularidad del dato anterior, el movimiento político con ropaje de fundamentalismo religioso mostró músculos públicamente. Por vez primera en muchos años aparece una fuerza organizada con visos de oposición al orden existente, con cierta capacidad de movilización y conexión con fuerzas políticas/religiosas fuera de Cuba y contrarias a los postulados socialistas.

Tercer dato. Los debates y propuestas se dieron, en lo fundamental, en dos canales, uno oficial y el otro no oficial. El primero contiene todos los espacios legitimados por la institucionalidad política que condujo el proceso. El segundo engloba espacios a los que nunca se hizo referencia en las presentaciones oficiales.

Cuarto dato. El conservadurismo político, el reformismo economicista, y la preservación de la política social son tendencias actuantes entre los principales grupos decisores. Dentro de la aparente unanimidad se dejaron ver diferentes enfoques de análisis entre quienes presentaron el proyecto y sus enmiendas. Incluso mostraron posturas contradictorias sobre un mismo asunto en una y otra etapa del proceso.

Quinto dato. En relación con el dato anterior, las corrientes que apuntan a una mayor apertura al debate popular, de un lado, y las tendientes a preservar los espacios centrales de decisión, por otro, mantienen su pulseo. Si bien el proceso tuvo carácter democrático en el hecho de la consulta, mostró limitaciones importantes de este carácter.

Sexto dato. Se describe una mayor estabilidad en el acceso a cierta información proveniente de las instancias de gobierno y sus principales representantes. No obstante, faltan análisis que las contrasten, debate de ideas sobre los temas tratados, y con ello una mayor diversidad de enfoques que contribuyan a cualificar las opiniones de la población.

Séptimo dato. El giro propuesto hacia la prevalencia del Estado de Derecho se obstaculiza con la insuficiente cultura jurídica de la población evidenciada en el proceso. Esto se notó con fuerza en el propio Parlamento donde, salvo algunas excepciones, faltó rigor en los debates político/jurídico a los que ha de aspirar cualquier reforma constitucional. El Parlamento no representó la riqueza, rigor y diferencias de opiniones generadas al interior de la sociedad durante la consulta.

Octavo dato. En relación con el punto anterior, predominó un enfoque jurídico en los espacios informativos oficiales, lo que limitó las lecturas políticas que entraña cada elaboración jurídica. Pareciera que el debate sobre la Constitución fuera un asunto meramente técnico. Súmese que las variables para aceptar, o no, determinada propuestas fueron confusas o contradictorias. Esto ratifica la discrecionalidad de la norma latente en la cultura política cubana.

Noveno dato. El creciente llamado a una mayor participación popular en las decisiones aún se reduce a informar y recoger opiniones, no a la presentación de propuestas que impliquen consultas vinculantes o referéndum. Al mismo tiempo, prevaleció la opinión individual y no las posturas consensuadas en organizaciones, gremios, sectores o territorios.

Estos datos se traducen en desafíos políticos, más allá de la nueva Constitución que será refrendada el 24 de febrero próximo. Estos pueden ser esbozados en las siguientes preguntas: ¿la nueva Constitución será un referente efectivo para la participación popular?; ¿Se conseguirá despegar económicamente a la par que garantizar la justicia distributiva?; ¿Se ampliarán las condiciones para una mayor participación de la sociedad civil en la definición de las políticas públicas?; ¿Se potenciará la creación de una cultura jurídica ciudadana?; ¿Qué cambios se operarán en la cultura política cubana?

Como claves para responder políticamente a estos desafíos, apunto que solo un socialismo arraigado en los sectores populares podría mantener un proyecto de nación independiente, justa, solidaria y fraterna, próspera para todos y todas, con respeto a la naturaleza e inclusiva de la diversidad que somos como nación.

La apuesta socialista, expresión de un poder de la gente al servicio de la gente, que socialice los medios de producción y la política, se verifica en el control sobre las instituciones, sobre la gestión empresarial y los dirigentes; se concreta en la democracia con participación directa y delegación con mandato imperativo; donde se diseñen e implementen las políticas en base a derechos y la construcción de consensos.

Sobre los autores
Ariel Dacal Díaz 30 Artículos escritos
(Camagüey, 1974). Educador Popular. Doctor en Ciencias Históricas, Universidad de la Habana (2007). Miembro del equipo de formación en Educación Popular del Centro Martín Luther King. Principales publicaciones: Rusia: del socialismo real al capi...
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