Trump y Cuba: ¿marcha atrás o algo más allá?

Trump y Cuba: ¿marcha atrás o algo más allá?

El 16 de junio el presidente Trump viajó a Miami, a la “Pequeña Habana”, con miras al tan esperado “anuncio” de su nueva política hacia Cuba. En encuentro se desarrolló en medio de una reunión con las corrientes y figuras más extremistas del llamado “exilio histórico”, compuesto de viejos batistianos y sus descendientes, de los “siquitrillados” de las grandes fortunas de la oligarquía cubana y por los derrotados de siempre (los de la contrarrevolución interna, el bandidismo, los que desembarcaron en Girón, los del “Plan Torriente” y de terroristas del corte de Posada Carriles). Tal vez la esencia de su mensaje quedó simbolizada en la siguiente declaración: “Estoy cancelando el arreglo unilateral de la anterior Administración con Cuba”, sugiriendo, así, revertir o dar marcha atrás a la totalidad de los acuerdos concertados entre Estados Unidos y Cuba desde diciembre 17 del 2014.

Mucho queda por ver (incluyendo detalles y la totalidad de la puesta en práctica) sobre qué exactamente será cancelado y qué no lo será, añadiendo algunas áreas grises en espera de clarificaciones. El “paquete” de medidas específicas se centra en dos puntos: a) la eliminación de las licencias de viajes individuales a norteamericanos como parte de la política conocida como “de pueblo a pueblo” (y que representa la cuota mayor de los visitantes norteamericanos a Cuba, casi 285,000 para los primeros cuatro meses del año en curso), definiendo que sólo se viajará, de ahora en adelante, en grupos a hospedarse e interactuar con el sector privado cubano; además deberán informar en detalle de todas sus actividades en la Isla; y b) concentrar el esfuerzo de las nuevas sanciones en contra de GAESA (complejo empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, incluida Gaviota); como si aislando a dicha empresa de cualquier interacción o beneficio derivado de contactos con Estados Unidos fuera a infligir un severo golpe a la economía cubana; como si GAESA fuera la piedra fundacional del andamiaje económico cubano.

Estas dos medidas estuvieron envueltas en un discurso cargado de amenazas, intimidaciones, guapería de “boca-para-fuera”, mentiras grotescas y manipulaciones, con un estilo guerrerista que, además, reclamaba la total rendición del gobierno cubano, desmantelando el sistema y todas sus instituciones de la A hasta la Z, a cambio del perdón benevolente y de lazos normales con Estados Unidos. Sólo entonces sería levantado el bloqueo. Ejemplos de semejante guapería: a) el embargo será mantenido y reforzado; b) la prohibición de hacer turismo norteamericano en Cuba será mantenida; c) el comercio y las inversiones no tendrán lugar; d) se mantiene el reconocimiento, elogio y apoyo a los llamados “grupos de oposición” lo que, de manera bien explícita, significa la continuación de la llamada política de “cambio de régimen” para alcanzar “una Cuba libre”.

Por otra parte, Trump mencionó explícitamente que mantendría las relaciones diplomáticas y las embajadas, así como la política migratoria para proteger la inmigración ilegal, desordenada y peligrosa al cruzar las aguas que separan ambas orillas del Estrecho; lo que, en buena plata, quiere decir que la abolición de “pies secos/pies mojados” se mantendrá.

Más aún, la cantidad de problemas que no mencionó crea abundante terreno para la especulación. El primero y más importante de dichos problemas -que ha escapado a la puntería de no pocos observadores- es que Trump no reincorporó a Cuba en la lista de países acusados de patrocinar el terrorismo, que era la demanda principal de los “come-candelas” de Miami. Semejante paso hubiese barrido automáticamente con toda la arquitectura de acciones positivas acometidas por el ex-presidente Obama hacia Cuba. Tal vez Trump quiere jugar al duro, pero no tan duro. Como han señalado varios expertos, dentro de la Casa Blanca “de Trump” el tema de revertir o dar marcha atrás a la política hacia Cuba fue muy controversial y con abundantes desacuerdos.

Veamos tan solo un ejemplo reciente: Mark Sanford, representante republicano a la Cámara y ex-gobernador de Carolina del Sur, el mismo día del discurso de Trump en Miami, proclamaba su total desacuerdo con la nueva política, y abogó por la normalización y por la continuación de todas las medidas asociadas a dicho proceso. Un ejemplo más que se sumaba a los 55, de los 100 senadores, que mostraban una oposición idéntica: a favor de promover nuevas medidas para continuar ampliando las relaciones con Cuba. Evidentemente, Trump debió enfrentar presiones en contra y tuvo que contemporizar en lo posible (incluido aquí el tema de la lista de países patrocinadores del terrorismo).

Paralelamente, no se refirió a los vuelos de las grandes compañía aéreas que aterrizan en Cuba diariamente; tampoco a las decenas de cruceros que tocan ya los principales puertos cubanos, el acuerdo de administración de tres hoteles cubanos -conectados a GAESA- por la cadena Starwood; ni tampoco al tema de los viajes y las remesas de los cubanoamericanos. Al mismo tiempo, no mencionó una palabra de los más de 20  acuerdos de cooperación suscritos entre ambos países durante la etapa final de Obama, tales como los referidos a lucha contra el narcotráfico, tráfico ilegal de personas, temas sobre medioambiente y cooperación en la frontera de la Base Naval de Guantánamo. Periodistas de la agencia Reuters enfatizaban -junto con otras fuentes públicas-, que “mientras los cambios son de largo alcance, parecen ser menos abarcadores que lo que temían muchos de los que en Estados Unidos favorecen el compromiso entre los dos países.” 

Algunos expertos dicen que no mencionó los vuelos y cruceros, ventas agrícolas o ciertas áreas del turismo, buscando evitar un choque con los grandes intereses que sí los favorecen. Tal vez sea esta la razón. Pero fuentes cercanas a Washington anunciaban también el 16 “esto es sólo el comienzo”. ¿Es acaso cierto? ¿Nos dirigimos a otra “ola” de acciones de “marcha-atrás”? Además, yo sugeriría lo siguiente: él no tenía necesidad alguna de golpear los vuelos y cruceros por una  razón muy simple: con la declinación significativa de los visitantes norteamericanos a Cuba en base al contacto “pueblo a pueblo”, vuelos y cruceros sufrirán seriamente las consecuencias debido a la brusca reducción de viajeros. Lo sufrirán también aquellos negocios particulares, cooperativas y empresas estatales beneficiadas por el ascenso de visitantes norteamericanos. No nos olvidemos que estas compañías áreas apostaron a que Obama daría luz verde al turismo, lo cual, en un final, no hizo. Al no hacerlo, se produjeron no pocas suspensiones y una reducción de la actividad. Ahora la situación tenderá a agravarse.

Las autoridades cubanas estaban bien conscientes de lo que se avecinaba. La medida de anunciar lo que se iba a producir el 16 de junio en Miami, y la transmisión en vivo por los medios oficiales de todo lo que allí se dijo, mostró valor y rigor. Sólo un gobierno absolutamente confiado de contar con un vasto apoyo popular toma y asume una acción como ésta. Al día siguiente, la declaración del gobierno no se hizo esperar y, sin estridencias, analizó por partes todo lo planteado por el presidente Trump, concluyendo con dos cosas importantes: a) reiterar su disposición a continuar el diálogo respetuoso y la cooperación en los temas previamente acordados y que sean de mutuo interés; y b) rechazar enérgicamente cualquier estrategia y cualquier táctica de la nueva Administración, apuntando al cambio de sistema en Cuba.

Un juicio sobre la nueva política de Trump fue elaborado con atinada racionalidad por la junta editorial del decano de la prensa norteamericana: The New York Times. La calificó como “Una cínica reversión sobre Cuba”, agregando que “el resultado neto es que lo más probable es que las relaciones cubanoamericanas regresen a un plano más confrontacional, al estilo de la Guerra Fría, minando la posición de Washington en América Latina”. 

Un periodista de los llamados grupos de oposición, Reinaldo Escobar, de 14yMedio, escribió con algo de sensatez lo siguiente tres días antes de que hablara Trump: “Trump no va a lograr con sus nuevas medidas que los estudiantes universitarios salgan en demostración con un cartel que diga “Abajo la Dictadura”, ni los sindicatos una huelga general contra el gobierno, ni los campesinos marcharán a las ciudades reclamando tierra, (…) la obstinada realidad es que ninguna decisión de un gobierno extranjero encabezado por Barack Obama o Donald Trump, cambiará Cuba”.

No obstante, falta una pieza en este rompecabezas…

El por qué

La mayor parte de los expertos han llegado a la conclusión de que las razones para no seguir el patrón que muchos pensábamos habría de prevalecer en la política de Trump hacia Cuba (esto es, el de un “hombre de negocios”, orientado a los negocios, con enfoque empresarial y, en su lugar, hacer prevalecer un rumbo confrontacional), están conectados al papel y la necesidad de ganar el apoyo de la maquinaria política cubanoamericana en el Estado de la Florida y de legisladores como el senador Marcos Rubio y los representantes a la Cámara, Mario Díaz-Balart y Carlos Curbelo. ¿Es acaso ésta la fuerza motriz tras las opciones asumidas por Trump? A mi juicio, no. Necesitamos poner en juego un poco más de “complejización” de este asunto para su cabal comprensión.

Durante las elecciones presidenciales de noviembre pasado, la maquinaria política de los cubanoamericanos (hoy no son ni la sombra de lo que fueron hace 20 años atrás), era incapaz de ganar “los corazones y los votos” de una mayoría del voto cubanoamericano en varios condados claves, y en Miami Dade en primerísimo lugar. Trump perdió en Miami Dade, a pesar de la maquinaria política cubanoamericana, y si Trump ganó el Estado de la Florida no fue gracias al voto cubanoamericano precisamente. Nadie puede perder de vista que, repetidamente, todas las encuestas arrojan como resultado dos tercios de los cubanoamericanos favoreciendo el proceso de normalización de relaciones iniciado a fines del 2014, prueba más que evidente de cómo una minoría puede violentar un consenso mayoritario.

Sin embargo, existen otras razones que merecen ser explotadas. Trump -como todos sabemos- está fuertemente motivado por su ego, combinado con su preferencia por el éxito espectacular. Razonemos, ¿qué mayor, y espectacular, éxito no sería “derrocar” al muy odiado “régimen cubano”, el que ninguno de sus predecesores presidenciales, desde Eisenhower hasta Obama, fueron capaces de derrotar? Y Trump parece -tentado como sus predecesores- decidido a “comprar” la fórmula mágica capaz de alcanzar semejante y exclusivo éxito que ha sido “susurrado” a sus oídos, reiteradamente, por varios asesores y expertos. ¿En qué consiste la fórmula? En precipitar la caída del actual gobierno de Venezuela; y Cuba, inevitablemente, seguiría igual destino. Imposible sobrevivir sin Venezuela si, además, se le aplica ya un esquema de sanciones y aislamiento que ayuda a precipitar semejante desenlace (como un sub-producto del colapso en Venezuela, que es el objetivo prioritario). No se trata de una elucubración sin base; se trata de todo un pensamiento que ha venido ganando terreno en medios cercanos e influyentes en torno a Trump, y no sólo por parte de los cubanoamericanos. Es el estereotipo de la “teoría del dominó” (una ficha tumba a la otra), de carambola o la más simplificada versión de “matar dos pájaros con un solo tiro”. El pragmatismo político de ciertos círculos anima con fuerza esta modalidad.

Y ni siquiera el propio senador Rubio está muy seguro de cuáles serán los resultados de esta “nueva política”. Tal vez ni se percató del enorme contrasentido expresado en las últimas palabras de su discursito en ese maldito día, cuando soltó la incongruente conclusión de que “en seis meses o en seis años, Cuba será libre”. Seis meses expresa la suma del optimismo trasnochado de siempre; pero ¡seis años! equivale a dibujar un panorama sombrío y nada optimista para los que celebraban la “nueva política” de Trump.

Sobre los autores
Domingo Amuchástegui 31 Artículos escritos
(La Habana, 1940). Licenciado en Historia por la Universidad Pedagógica. Máster en Educación por la Florida International University. Doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad de Miami. Fue Jefe de Departamento en el Ministerio de Re...
Cuba Posible 188 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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