Ubieta en blanco y negro: la ortodoxia anti-dialéctica.

Cubadebate, el 6 de julio, muestra la entrevista realizada al conocido intelectual cubano Enrique Ubieta: “¿Es posible unir lo mejor del capitalismo y el socialismo? Responde Enrique Ubieta”. Las preguntas del sagaz periodista se caracterizan por una profundidad provocadora, una oportunidad para elaborar creativamente en un terreno de gran actualidad e importancia para las derivas futuras del país. La propia interrogante del título sugiere la entrada a un campo teórico-práctico que requiere de precisiones, generación novedosa y balance de realidades.

Pero no todos los caminos llevan a Roma. Esa posible intención inicial de la entrevista contrasta con las respuestas de Ubieta. Como si se tratara de la química elemental de la desunión del aceite y el vinagre, el entrevistado demuele, paso a paso, cualquier posibilidad de establecer vasos comunicantes, indagar en las dinámicas y procesos de los contrarios para generar síntesis dialécticas.

Y no estamos hablando siquiera de la dialéctica conjuntiva asiática del Ying y el Yang, que llevó a China a la quizás reputable (¿?) política de “un país, dos sistemas” (convivencia temporal de dos contrarios antagónicos para intentar resolver un dilema socio-histórico de su sociedad, lo hayan logrado o no); sino que nos referimos a la más conocida –entre nosotros- dialéctica hegeliano-marxista de la unidad y lucha de contrarios, en la que la síntesis se resuelve en la generación de una nueva configuración, como proceso en espiral de desarrollo nunca acabado.

Precisamente, Ubieta parece haber logrado una visión definitiva, inamovible (¿el fin de la historia de Fukuyama, al revés?), donde el bien triunfó sobre el mal en una suerte de movimiento irreversible, enmarcado en la “inexorable” sucesión lineal histórica del progreso; o sea, desde la más rancia ortodoxia escolástica.

El tema deriva a la cuestión política del “centrismo” como supuesta posición ideológica vinculada a la contraposición capitalismo-socialismo. Después de “argumentar” sin matices que “el capitalismo siempre es salvaje”, se dedica a presentar a “el socialismo” (igualmente referido genéricamente y sin apellidos) como el camino ineluctable de progresión hacia el futuro luminoso, siempre apuntando a la reparación de errores en busca de los aciertos irrevocables.

Al no penetrar en las lógicas fundantes de ambas visiones ideo-políticas, confunde esencia y fenómeno, para aseverar que nada de lo que se genera en el capitalismo puede ser apropiado en una sociedad que aspire al socialismo. Por esa vía no habría surgido Marx, quién bebió de todas las fuentes de su época, criticó la lógica esencial del sistema socioeconómico capitalista y entrevió cómo, del interior de las propias relaciones capitalistas, emergía el trabajo cooperado como semilla del futuro socialismo anti-enajenante posible.

Desde la lógica mercantil individualista, basada en el trabajo enajenado, claro que habría razones para fundamentar una vía anti-capitalista tendiente a una visión socialista (¿cuál? es otra cosa, cuestión de poder hegemónico mediante o desde una lógica de solidaridad, humanismo y participación social).

Pero las esencias no se pueden confundir con los fenómenos “realmente existentes”, algo que en el plano socio-económico en nuestra realidad cobra vigencia a partir de la apertura a la pequeña propiedad privada, por ejemplo. La pregunta productiva sería: ¿Cómo, desde esas lógicas contrarias “capitalismo-socialismo”, se pueden resolver las contradicciones de las relaciones sociales reales en nuestra sociedad, en un sentido de bienestar y emancipatorio?

Y es aquí donde Ubieta se entrena en el ejercicio del salto mortal; pasa del plano análisis simplista de las lógicas de sistemas opuestos, a su visión política con la sinonimia entre capitalismo y “centrismo”, navegando en el reino del absoluto y la generalización burda.

Así, expresa que:

-la izquierda en el capitalismo es la socialdemocracia  (y, como él la entiende; no hay otra opción de izquierda allí).

-la socialdemocracia constituiría una posición de “centro” (¿entendida como mixtura de capitalismo y socialismo: tomar indiscriminadamente “lo mejor de uno y otro sistema”?)

Aclaro que profeso una posición de izquierda socialista alternativa, en la que caben procesos de diferente origen “sistémico”, pero subordinados a una lógica social, participativa y solidaria (lo digo para evitar confusiones posibles; y sobre ello he escrito algunos trabajos). Sin embargo, considero que una posición “centrista” es indispensable en el movimiento de ideas para síntesis posibles, lo que no pasa por el desvarío sobre el sentido de lógica sistémica, ni del sentido político del término.

Precisamente, esta indiferenciación que subyace en Ubieta entre el carácter político y las relaciones sociales sistémicas, provoca su juicio de intolerancia radical: “(el centro) …es una orientación política que se apropia de elementos del discurso revolucionario, adopta una postura reformista y en última instancia frena, retarda u obstruye el desarrollo de una verdadera Revolución.”

Con ello cierra cualquier posibilidad de diálogo político con un sector de pensamiento moderado y positivo en el que confluyen corrientes que sí se inclinan a tomar “de un lado” y “de otro” y pudieran estar dispuestos a avanzar una agenda constructiva conjuntamente con una izquierda amplia y diversa. Son diversos los matices que pudieran ser colocados a la “izquierda” y al “centro” y, desde mi punto de vista, proveen de matrices articuladoras a veces difícil de separar radicalmente.

Aplica así, el apotegma extremo: quien no está conmigo, está contra mí. Califica a los “centristas” de obstructores de procesos revolucionarios verdaderos (claro, vistos desde una “verdad” intachable y única que, al parecer, posee Ubieta junto al sector más conservador y excluyente de la política cubana).

Acusa a los centristas de “empezar a introducir el capitalismo por la puerta de la cocina”, cuando pudieran ser las políticas oficiales de apertura incoherente las que pueden estar propiciando el surgimiento de una amplia masa de empresarios (muy necesaria, por cierto, al desarrollo económico y social del país), sin tener en cuenta que orientación social y anti-enajenante podría y debiera tener su desarrollo en pequeñas y medianas empresas. Valdría la pregunta del periodista: ¿la “actualización” del modelo económico y social cubano tiene alguna semejanza con el “centrismo”?

Entonces, además de pro-capitalistas empedernidos intenta asimilar a las diferentes posiciones “de centro” con el reformismo anexionista y autonomista de fines del siglo XIX. Otro salto mortal anti-hístoricista y anti-contextual.

Por ahí continúa hasta la actualidad, con la posible conquista del poder de la burguesía  –lo cual, desde su posición extremista y descalificadora- es la opción de los que se posicionan desde “el centro”. Para el  entrevistado no existe ningún peligro de que esto se produjera desde la izquierda ortodoxa que profesa, y no sólo necesariamente por la incontrolable generación de riqueza y su mala redistribución social, sino también por las  posiciones de poder absoluto que profesan.

Así, al estigmatizar las posiciones “de centro”, no aborda un tema crucial que es un estandarte compartido por diversas posiciones de “centro” y de “izquierda” más allá de su adscripción (o no) a una lógica sistémica capitalista (descartemos aquí la “disidencia”, realmente anexionista y oportunista): cuál es la cuestión de la democracia (ya sea que se entienda por unos sólo desde los esquemas partidistas representativos electorales o de manera más amplia como formas diversas de participación y control ciudadanos con formas de organización novedosa).

Ubieta lanza una de sus paradójicas frases conclusivas: “La profundización que exigen los centristas, tanto desde el punto de vista económico como político, es una vuelta al capitalismo. Pueden y deben ser escuchadas las opiniones críticas y divergentes en nuestra sociedad, pero todas deben apuntar hacia un mismo horizonte de sentido” (que parece ser el de su absolutismo ortodoxo e intolerante).

Y en el mismo tono, ante la interesante pregunta: “¿Se puede ser centrista y revolucionario al mismo tiempo?”, afirma, de manera tajante:

“No, en absoluto. Un reformista no es un revolucionario. Lo que no significa que un revolucionario no pueda hacer reformas……”, y añade, en el más alto espíritu de contrasentido receptivo e incluyente: “Y un centrista es algo peor que un reformista, porque de alguna manera es un simulador…. toda esa palabrería de juntar capitalismo con socialismo, de quedarte en un plano discursivo revolucionario, pero en la práctica contrarrevolucionario, de alguna manera, a mi modo de ver, también evidencia cierto nivel de cobardía, cierta incapacidad para liderar un proyecto en el cual crees. Esas personas creen en un proyecto que es opuesto al nuestro, pero no tienen la fuerza política ni la valentía suficiente para enarbolarlo abiertamente.”

Entonces, queda abiertamente mostrada la ponzoña original descalificadora, censuradora e inculpadora. La cacería de brujas tiene la mesa servida al despotismo más cruel. En esa mentalidad absolutista represora y oscurantista sólo caben sus verdades inmaculadas, no hay espacio para construcción de una patria “con todos y para el bien de todos”, en las que quepan todas las personas de buena voluntad.

Sobre los autores
Ovidio D'Angelo 10 Artículos escritos
(La Habana, 1946). Licenciado en Psicología y en Sociología. Posee estudios dl Licenciatura de Economía. Ha realizado estudios de post-grados en Economía del Trabajo y en Filosofía. Investigador titular y profesor. Posee Premios Nacionales de la...
3 COMENTARIOS
  1. Qué le molesta a CP ? Que le demuestren verdades ? Se sienten emplazados por Ubieta ? Y esta frase de DÁngelo no tiene desperdicio: “mentalidad absolutista represora y oscurantista”..andaramos, descalificamos finalmente a los que no estan de acuerdo con lo que propugna CP, aunque sepamos que no es Ubieta precisamente el de mentalidad “absolutista”. Lo que pasa es que CP sabe perfectamente que Ubieta los ha retratado.
    Y no me parece que sea Cuba el lugar de la “cacería de brujas tiene la mesa servida al despotismo más cruel”. Ese cliché al estilo de El País o el ABC de España no tiene nada que ver con la realidad cubana.

    • Cuba Posible dice:

      Adrián, no vamos a coartar la libertad de expresión y la participación de cualquier persona en el debate en la web de Cuba Posible. Sin embargo, agradeceríamos que evitase el lenguaje de confrontación y las acusaciones infundadas. Debata, pero no ofenda.

  2. Adalberto Ranssell-Levis dice:

    La Unión Europea es una praxis de síntesis y no veo que sea un desacierto, es el lugar del mundo y de toda la historia de la humanidad donde más logros sociales se han alcanzado. La social-democracia que gobierna a Europa, Canadá, Australia… son sistemas convergentes, y, además apuntan al fin del trabajo, ya que en poco tiempo la rebotica estará sustituyendo la mano de obra humana, es decir cambiando la super-estructura o base de producción y mercantil, Ya en reino Unido para el 2020 el 30% de los trabajos realizados por el hombre desaparecen… lo que viene se le puede llamar Nuevo Orden Mundial, Comunismo, Convergencia o como quieran, pero no CA-PI-TA-LIS-MO , por lo demás no he visto que de un sistema superior se llegue a uno inferior: no veo a los países de UE volviendo al feudalismo, luego al esclavismo y más tarde pisando los caminos sin zapatos y viviendo en cuevas. La praxis ha demostrado que siempre vamos hacia lo más desarrollado y más complejo. Un saludo

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