“La última cena”: entre la paradoja del apartheid global y la dimensión simbólica de la dignidad humana

Cuando reflexiono sobre la dignidad humana, pienso en Dios y en las maneras diversas utilizas por los humanos para legitimar su existencia y poder. En el nombre de Dios se han conocido las verdaderas esencias del amor. De igual modo se han realizado sacrilegios humanos, que dan más fe de la compleja esencia del hombre (en su búsqueda de poder y reconocimiento), que del ideal divino que intenta profetizar.

Dios toma, en estos casos, no solo la dimensión del padre misericordioso o del todopoderoso castigador, sino que deviene en el Chivo Expiatorio de su propia imagen y semejanza en la Tierra. Por otro lado, es instrumento regulador de la conducta de las masas de humanos subsumidos. Con ello se identifica algunas de las coordenadas de la “geopolítica de la razón y el poder”[1], donde la dignidad humana continua siendo tarea pendiente; justamente, porque en el ideal de Dios habitan las primeras contradicciones en relación con el conflicto de intereses y las condiciones de posibilidad de los humanos, con respecto a otros de igual especie y con sus entornos.

El espíritu de la modernidad encontró un referente importante en el pensamiento crítico de la escolástica tardía. Principios éticos de vida como: “Dios se hizo hombre; el hombre se hizo Dios”. Aluden a las críticas de Pablo de Tarso sobre la relación ley-justicia que tanto legitiman y no, a la dignidad humana. Pareciera que nada tuviese que ver con nuestras vidas, pero en ello encontramos una de las aristas que sirvió de referente a la colonización en África, América y el Caribe. Hoy se re-funcionaliza como un estado natural del status quo de la conciencia.

En ese sentido, “…Pablo distingue entre el pecado y los pecados. Los pecados violan la ley. Sin embargo, el pecado se comete cumpliendo la ley. (…) Quien considera la justicia como resultado del cumplimiento de la ley, produce la injusticia…”[2]

El principio ético anterior abre camino a otro: “El hombre es la medida de todas las cosas”. Pero, ¿cuál es la noción de “hombre” que se está definiendo? La condición estética: “Dios creó al hombre a su imagen y semejanza”, es válido para la creación de una noción de hombres creados a la imagen y semejanzas de una civilización, de la civilización grecorromana. Aquí persiste la esencia de una paradoja importante. Dios, aun reconocido con el ideal de Ser Supremo, ante esta nueva dimensión de la condición humana, simboliza en ella, al mismo tiempo, una suerte de “Prometeo” clavado a la roca y donde el mandamiento divino: “amarás a tu prójimo como a ti mismo” es una herejía frente a las relaciones de poder, del capital y los conflictos de intereses de las complejas dinámicas de las sociedades humanas que los llevan por los senderos de “cristianízate o te mato”; que se traduce en “civilízate o te mato”, porque en ello está la esencia de mi poder supremo y su manifestación divina. En los entretejidos de estas lógicas se intenta dialogar y reflexionar en el presente texto.

II

Estas paradójicas esencias de la dignidad humana han quedado inmortalizadas, de múltiples maneras, en la historia de la humanidad. El líder sudafricano y anglicano, Desmond Tutu, tiene una tesis: “Yo soy si tú también eres”; es un canto al derecho a la vida y a la equiparación de la dignidad humana; pero ante las lógicas coloniales y del poder, tesis como estas violan todo estado de derecho. Por su parte, Abraham Lincoln plantea: “Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son”. En el mismo momento que nacen en la materia, pareciesen morir como sujetos de derechos. Ello nos remite a la existencia de la ley. “Los pecados violan la ley”, en este caso la ley divina de que tod@s somos hij@s de Dios. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Aquí aparecerán Caín y Abel para justificar “la justicia como resultado del cumplimiento de la ley”… la gran ironía para justificar la injusticia, las discriminaciones, el dolor, los prejuicios, la política del descarte.

En este sentido comparto criterios con Santiago Tazón Serrano cuando plantea que: “…en el apartheid la discriminación es el elemento clave, pero no se reduce a discriminación social; sino también a una discriminación plasmada en una estructura jurídica: una desigualdad consolidada ante la ley. A partir de esa ley de la desigualdad, el apartheid segmentó a los ciudadanos para poder privilegiar a unos en detrimento de otros y esta segmentación trató de llevarla a las estructuras del Estado”[3], así como su naturalización que no solo tuvo un carácter jurídico, sino también teórico.

Muchas expresiones artísticas han denunciado, desde la particularidad de sus lenguajes, los sentires del colonialismo y del apartheid como una de sus expresiones modernas, que aunque se situó en Sudáfrica, en realidad sus esencias nutren modos de vidas globales. Razón por la cual, sería interesante detenernos en el espacio cinematográfico como plataforma para esta reflexión y representación. Espacio cuyo universo simbólico devela todas las contradicciones y lógicas existentes en las diferentes maneras de expresión de este modelo sociopolítico y cultura. Para ello invitamos a leer los significados que nos muestra el universo simbólico del filme La Última Cena (1976), del cineasta cubano Tomás Gutiérrez Alea (“Titón”) y producida por el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC). 

La Última Cena fue la primera película en romper con la mirada homogénea, simplificadora y autocrática sobre el negro africano y su diáspora en Cuba. El director hace una invitación a revisar y repensar críticamente algunos elementos cosmovisivos en nuestro pasado colonial. De igual modo, utiliza el pretérito para hacernos comprender el valor de las memorias históricas. Ellas son base de las contradicciones y aceptaciones de nuestros modos de vida actuales.

Con esta obra deja testimonio de la valiosa herencia que legara la cultura africana a la cultura nacional y, por extensión, a la del hemisferio occidental. El negro africano y sus descendencias son asumidos en su esencia humana. El estilo fotográfico y la caracterización de sus personajes dejan entrever la diversidad, tanto etnográfica como clasista, existente entre estos grupos.

Los diálogos y simbolismos develan lo auténtico de una cultura in-visibilizada y estigmatizada. Sus imágenes sonoras dibujan las voces del silencio expresando sus conceptos propios. Con una profunda mirada marxista, “Titón”, en el filme, hila sin pretenderlo la tesis de Pablo de Tarso: “El crimen que se comete aparece ahora como resultado de la propia justicia”.[4] Este mismo hecho, según Hinkelammert, aparece en los análisis de Marx y lo llama el fetiche o “fetichismo”. Ahí radica una buena parte del valor del filme, al denunciar el tratamiento de la condición de los negros africanos y sus descendientes como fetiche de la mercancía. En cambio, muestra a seres humanos con leyes también contradictorias, sistemas políticos y formas de vidas. Visualiza la diversidad de la población negra que habitó y aún existe en la Isla, incluye las individualidades y, a la vez, capta las lógicas internas y las autoconciencias y conciencias colectivas de ambos grupos representacionales en interacción.

“Los pecados violan la ley”, según las sagradas escrituras. El filme La Última Cena viola la ley al tomar como sujeto y espacio de enunciación a la pluralidad de la ancestralidad negro-africana que habitó Cuba para llamar a la reflexión en pleno siglo XX, acerca de la condición humana de hombres y mujeres negr@s, de la existencia de un sujeto histórico poseedor de una pluralidad de saberes e ideologías cuyas cosmovisiones difirieron de las construcciones socio-políticas y culturales del mundo europeo y colonialista, que consolidó como nuestros los patrones de un deber ser y conocer.

La cena del jueves santo muestra tanto la domesticación de “las almas”[5]esclavas, los dobles raseros de la ideología cristiana en la plantación, así como poderes encontrados que disputan su derecho de convivencia. Asimismo, un lugar en el espacio de acogida, en el que ambos llegaron como foráneos. Ejemplo de ello se ilustra en el filme a través de la parábola del amo sobre San Francisco de Asís y la felicidad y la fábula de Olofi del esclavo Sebastián sobre la libertad, para definir dos miradas, no necesariamente iguales de la dignidad.[6]

Ambas escenas, vistas en el escenario epistémico inter-textualmente, nos remiten a dos clásicos de la literatura universal: Filosofía del Derecho, de Hegel[7] y Los Condenados de la Tierra, de Fanon.[8] El Conde Casa Bayona nos ubica en la psicología hegeliana de la relación amo–esclavo a la usanza colonial. “La ley, al ser considerado su cumplimiento como instrumento de la justicia”. El estado mesiánico inunda la ideología colonialista y engañosa del Conde. La felicidad la podían encontrar en su condición de personajes que representan a los 12 discípulos de Jesús. Tener el privilegio de sentarse en la mesa de su amo, banquetearse el sagrado jueves santo en el nombre de Dios, el Divino.

En cambio, el personaje del esclavo Sebastián, a partir del reconocimiento del valor bien ponderado de su cultura, de su reconocimiento como sujeto de derecho y de concebir a la libertad como derecho natural inalienable, nos pone frente a la crítica de Fanon hacia la relación antes aludida, la animalización del esclavo negro–africano y la violencia como recurso de manipulación y dominación del colonizador.

Ambas lógicas se conectan en las variables argumentativas de su narrativa, al abordar con especial atención en la Cuba de 1976 las complejidades de la tesis La historia de los hombres sin historia del historiador Juan Pérez de la Riva. “Titón” y su equipo multidisciplinario de trabajo demostraron con el filme los altos niveles de desconocimientos y de prejuicios que sobre estos grupos poblacionales se erigieron. De igual modo, devuelve la esencia del patrimonio intangible de una cultura “transterrada”, al decir de Èdouard Glissant, dignificando a los ancestros, que por equipaje solo tuvieron sus memorias visual, auditiva y kinestésica como receptoras de saberes de sus espacios de orígenes que rehicieron e innovaron en el espacio de acogida.[9]

La película, en el orden de la relación sentido-significado, además, puede interpretarse como una metáfora que se traslada en el tiempo y resignifica y critica la postura mesiánica de la clase burguesa y evidencia la relación de causalidad de hechos, como la rebelión esclava del viernes santo en  la hacienda del Conde Casa Bayona, en la Cuba del siglo XVIII. “Titón”, con su mirada crítica, evidencia cómo se construyen los prejuicios, las necesidades de interactuar desde diálogos interculturales, no para legitimarnos unos sobre los otros, sino para asumir nuestro privilegio de ser sujet@s resultado del alumbramiento de una pluralidad de reservas de humanidad[10] y que reconocer, aprender, y aprehender de ellas es una virtud.

Es una clave intercultural caribeña que nos identifica ancestralmente. Resolver la injusticias que simbólicamente reproducen comportamientos que remiten al escenario del jueves y viernes santos donde la relación vida-muerte queda supeditada a expresiones de modos de vida como el apartheid global; y donde la dimensión simbólica y concreta de la dignidad humana queda atrapada en “la clave intercultural caribeña: la paradojas de la emancipación y los prejuicios como círculo hermenéutico.”[11]

*La presente ponencia fue escrita entre La Habana, Cuba y New Orleans. Fue presentada en la 50 Asamblea Anual de la Asociación de Estados del Caribe (CSA, siglas en inglés), celebrada en New Orleans, mayo-junio 2015. Con este trabajo la autora fue merecedora de una Beca Completa  por parte del equipo coordinador de la CSA.

NOTAS:

[1] Lamus Canavate, Doris. Diálogos descoloniales con Ramón Grosfoguel: Trasmodernizar los feminismos. En: Revista Tabula Raza, Bogotá, No 7, jul.-dic. 2007, pp. 323-340.

[2] Hinkelammert, Franz. La maldición que pesa sobre la ley. Las raíces del pensamiento crítico de Pablo de Tarso. 2da Edición ampliada, Ed. Arlekin, San José de Costa Rica, 2013, pp.17-18.

[3] Tazón Serrano, Santiago. Apartheid y Estado. Desigualdad ante la ley y fragmentación de la población y un territorio. Tesis doctoral en conflicto seguridad y  solidaridad, Universidad de Zaragoza, España, 2008, p. 23.

[4] Ibíd., p. 18.

[5] Vocablo utilizado por los colonizadores para referirse a los indios americanos y a los esclavos.

[6] La dignidad-libertad y felicidad representa uno de los principales elementos privativos con lo que tendrá que lidera cualquier migrante en el orden de las relaciones internacionales imperantes y las cosmovisiones del mundo construidas, a partir de las lógicas colonialistas de la diferencia colonial, en el sentido planteado por el argentino Walter Mignolo.

[7] Jorge Guillermo Federico Hegel (1770-1831), fue uno de los filósofos de la Ilustración alemana. Referente epistemológico de Carlos Marx. Dentro de sus principales obras se destacan: Ciencia de la Lógica, Metafísica del Espíritu, Filosofía del Derecho, entre otras.

[8] Frantz Fanon (1925 Martinica-1961 EE.UU.), fue miembro del Movimiento político-cultural Negritude. Intelectual-militante de los movimientos de liberación del continente africano de la década del 60 del siglo XX. Psiquiatra, editor periodístico. Autor de los ensayos: Sociología de una revolución (1959), Piel Negra, Máscaras blancas (1952) y Los Condenados de la Tierra. (1961).

[9] Glissant, Édouard. El Discurso antillano. Fondo Editorial Casa de las Ameritas, Segunda Edición, La Habana, 2010.

[10]Expresión del filósofo Raúl Fornet-Betancourt en su teoría intercultural.

[11] Estrada Bayona, Maydi. “Claves Interculturales Caribeñas en la poética cinematográfica de Rigoberto López”. Tesis de Maestría en Estudios del Caribe, Universidad de La Habana, 2013, pp. 43-61. Este estudio presenta una propuesta teórica de la autora todavía en construcción avalada en su generalidad en dicho trabajo académico.

Sobre los autores
Maydi Estrada Bayona 2 Artículos escritos
(Pinar del Río, 1979). Licenciada en Filosofía (2001) por la Universidad de La Habana (UH); Diplomada en Desarrollo y Relaciones Internacionales en América Latina y el Caribe por FLACSO-CUBA/UH (2002); Diplomada en Antropología Cultural por el Ce...
Cuba Posible 187 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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