Una Cuba “a todo color”

Foto: Beatriz Valdés / habanapordentro.wordpress.com

Este texto forma parte del dossier Raza y Desigualdad en Cuba, mediante el cual, la plataforma Cuba Posible da continuidad al esfuerzo constructivo para desarrollar un pensamiento y una praxis social comprometidos con este y otros problemas relevantes de la sociedad cubana. El dossier cuenta con seis contenidos: la introducción y cinco textos integrados por respuestas a las preguntas formuladas en el dossier. Estos son los títulos con que aparecen en nuestra página web: “Motivos para hablar sobre raza y desigualdad en Cuba hoy”, “Población negra y mestiza, sistema político y representación”, “Por un desarrollo económico racialmente sostenible”, “Pensar la normalización Cuba-Estados Unidos en términos raciales”, “Una Cuba “a todo color”.

En esta época en la que tanto se habla de la(s) Cuba(s) posible(s), ¿cómo imaginan una nación “a todo color”? 

Pedro A. Cubas

Pedro A. Cubas

Pedro A. Cubas: ¡Esa utopía cubana no es de hoy, sino de siempre! Si tenemos en cuenta la historia de las ideas, principalmente de los sujetos racializados como negros y negras, encontraremos varias alegaciones al respecto. La primera que viene a mi mente es la expresión “color cubano” de Nicolás Guillén, que puede ser leída en el prólogo de su poemario “Sóngoro cosongo” (1931). Sin embargo, esa frase debe ser analizada en su contexto. Es decir, la época de un alto reconocimiento de los valores positivos del mestizaje tanto en Cuba como en otros países de América, como Brasil y México. La perspectiva era eminentemente cultural; pero no descartaba el factor físico y biológico, es decir, el mulatismo de su poesía aplaudido en aquella época (y todavía hoy) por un sector de la intelectualidad insular. Pero en aquella época ni se pensaba el mestizaje como un elemento de la colonialidad del poder/ser/saber que se apoyaba en el nacionalismo como escudo para contener y espada para agredir el legado puramente africano que seguía siendo visto como atraso y otras veces como algo exótico de forma eufemística en la lectura cultural de la intelectualidad. Y eso no ha cambiado hasta hoy.

Muchos años antes, la praxis de la Primera República ya pululaba entre la inclusión legal y la exclusión real de los sujetos negros. Pensadores como Rafael Serra reflexionaron sobre esa ciudadanía problemática y constantemente él establecía una comparación con su experiencia en Estados Unidos, en la cual Cuba quedaba mal parada. Evaristo Estenoz, con el Partido Independiente de Color, reclamó no solo una participación política más activa; sino también una presencia real de los negros en el alto poder insular. Estas y otras cosas fueron explicadas por los historiadores Aline Helg (Suiza) y Alejandro de la Fuente (Cuba). Los títulos de los libros de ambos autores expresan esa utopía de construir una nación a todo color: “Lo que nos corresponde” y “Una nación para todos” respectivamente. Además, otros intelectuales negros como Juan Gualberto Gómez, Martín Morúa Delgado, Gustavo Urrutia, supieron explicar que los negros estaban capacitados para compartir con los blancos la responsabilidad de construir una Cuba sustentada en la igualdad, la fraternidad y la armonía racial.

La utopía de construir una nación cubana a todo color ha sido presentada como un elemento de unión desde el siglo XIX en el contexto de las luchas anticolonialistas por la independencia de Cuba. Así lo pensaban Antonio Maceo y José Martí, en quien tanto creía Serra. Pero eso continúa siendo problemático hasta nuestros días, independientemente de lo hecho por la Revolución triunfante en 1959. Por eso, muchos nos preguntamos ¿será que existe una nación cubana a todo color? ¿Estamos construyendo realmente una nación cubana a todo color? ¿Qué significa una nación a todo color? Y, entonces, ¿cómo sería una Cuba a todo color?

Sería iluso aspirar a una perfección de nación, sobre todo cuando se quiere pensar a todo color. Hasta hoy, Cuba sigue siendo una nación que ve más por el lente del color blanco. Es decir, las estrategias de blanqueamiento, que tanto critica el discurso decolonial, no han perdido su fundamento porque se actualizan y reciclan a cada instante. Una nación proyectada a todo color no puede ser patrimonio exclusivo de una supremacía blanca —cuyo funcionamiento ya expliqué anteriormente— traducida en personas racistas, discriminadoras, chantajistas y llenas de prejuicios y fobias de todo tipo. Además, una nación para ser fuerte necesita producir riquezas a las cuales todos tengan el mismo derecho de acceso según su participación en ese proceso de construcción colectiva. Nuestro país necesita elevar su nivel de desarrollo socioeconómico con sus propias armas y posibilidades. No basta producir un capital humano, que después emigra en busca de mejoras que su país no le ofrece. Para producir riquezas también es necesaria una concepción actualizada de administración y una visión emprendedora a la altura de las circunstancias de hoy. En fin, con una ideología utópica sin basamentos reales no se puede construir una nación cubana más justa y equitativa que podamos definir cualitativamente como a todo color.

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Joanna Castillo

Joanna Castillo: En mi caso, la imagino como una sociedad que apostara por la descolonización mental y la emancipación de los sujetos negros, por construir nuevas imágenes en las que las representaciones de estos estuviesen exentas de exotizaciones y clichés. Una tierra sabia, que reconociese y no reprodujera las experiencias nocivas de la desvalorización racial. Una nación en la que una afiliación fenotípica no determinara las metas, las oportunidades, las aspiraciones y los sueños, ni las actitudes, comportamientos y juicios de unos sujetos a otros. Una Cuba donde el mestizaje fuera realmente una forma de releer la nación.

Tomas F. Robaina: Esa Cuba la imagino con un pueblo altamente democrático, concientizado con sus derechos sociales, políticos e ideológicos y empeñados no solo en solucionar los problemas contextuales a los que se enfrentan, sino en trasmitir a las generaciones coexistentes, y las futuras, todo el conocimiento requerido para que los prepare en la construcción de esa sociedad, que nunca será totalmente perfecta, lamentablemente, pero una sociedad donde se garantice la equidad y el respeto al otro.

Tomás F. Robaina

Tomás F. Robaina

Por tal razón, hay que incorporar a nuestros planes educacionales, la verdadera historia, silenciada por la mayoría de la historiografía cubana, e incentivar desde el hogar la lucha contra la envidia, el celo, la violencia, el resentimiento, la venganza, hay que controlar esos malos sentimientos, y cultivar el amor, el respeto. Y eso solo se logrará cuando todos veamos, y sintamos, probablemente de forma gradual al principio, que disfrutamos plenamente de nuestros derechos en todos los niveles. 

Maikel Colón: Lo primero que tenemos claro, es que esa Cuba posible tiene que ser edificada sobre la base de la igualdad y la inclusión. Por lo tanto, es inevitable desde cualquier ángulo que se proyecte, que la variable racial forme parte esencial de ese proceso, fundamentalmente en un plano de apertura que aborde de forma transparente y comprometida, cada una de las tensiones que todavía provoca, con todas sus facetas y grado de complejidad. Tenemos que ser capaces de fomentar en cualquier tipo de plataforma que se tenga a mano, un marco de representatividad racial coherente con la realidad. La agenda política de cambios y transformaciones que se proyectan, tiene que mostrar responsabilidad con este tópico de nuestra sociedad. No podemos darnos el lujo, ni la sociedad en su conjunto, ni las organizaciones e instituciones y cada uno de sus órganos, de continuar negando los efectos desgarradores que continúan produciendo las prácticas racistas al más puro estilo cubano.

Maikel Colón

Maikel Colón

En esta batalla, todos/as estamos involucrados, y en tal sentido, tenemos que ser consecuentes con la experiencia histórica vivida. A partir de ello, consentiremos en dar un toque de atención, por ejemplo, a los medios de comunicación, que de manera muy directa juegan un papel esencial. Nuestros guionistas, y muchos otros profesionales de los medios, tienen que estar a la altura, y proyectar personajes que representen a nuestra sociedad en toda su diversidad, bien en nuestras telenovelas, un video clip, una película, un documental o una serie dramatizada. El panorama se muestra arduo y laborioso, pero el primer punto de confrontación tiene que partir de un reconocimiento claro y preciso de los principales focos de discriminación racial en los espacios más insospechados de nuestra cotidianidad. Negándolo continuamente, no conseguiremos de ninguna manera posible resaltar los valores de una nueva Cuba, con todo el color que la caracteriza. 

Alejandro L. Fernández: Las propuestas alrededor de las “posibles Cubas” a todo color necesitan no ser solo imaginadas sino también tangibles a nuestras circunstancias actuales. Dada la realidad objetiva en que vivimos nos espera un extenso recorrido en la batalla por la disminución y erradicación de los prejuicios existentes, por lo que considero que tales actitudes también estarán dentro de los proyectos de nación. Teniendo en cuenta esta condición —de lo posible y lo real— me atrevería a formular la siguiente proyección: Esas “Cubas imaginadas” partirían del real reconocimiento y divulgación de la diversidad racial —semántica que hasta hoy denominamos mestizaje— término trillado que precisa cierta actualización.

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Alejandro L. Fernández

El color cubano, en visión de Nicolás Guillén, tiene que revaluar los aportes sociales y culturales de la fragmentación de las disímiles combinaciones epidérmicas. Al mismo, el color de la piel no sería una condición primordial de nuestras relaciones humanas, conductas e imaginarios, porque existiría una adecuada educación y mentalidad respecto a la noción raza, desarropada del pasado esclavista colonial, republicano e incluso de nuestro presente, todos ellos escenarios tomados de referente para la construcción a todo color de una Cuba posible.
Igualmente, contaríamos con una definida voluntad política, siempre alerta del pasado histórico que cargamos, lleno del legado racista a nuestras espaldas. Su operatividad debe contar con una plataforma que promueva la educación ciudadana desde el color de la piel y sancione cada actitud racista, inconsciente o no, dentro del marco legal. Cualquiera que sea el camino del diseño, las relaciones interraciales entre negros, blancos y mestizos, cuentan hoy con una nueva oportunidad para la construcción de un mundo de nuevas generaciones que convivan en armonía, tolerancia y respeto.

Sobre los autores
Julio César Guanche Zaldívar 17 Artículos escritos
(La Habana, 1974). Licenciado (1997) y Máster (2005) en Derecho por la Universidad de La Habana. Ha impartido docencia como profesor adjunto de la Universidad de la Habana. Ha dirigido varias publicaciones y editoriales nacionales. Laboró, primero...
Reinier Borrego Moreno 8 Artículos escritos
(La Habana, 1988). Licenciado en Historia (2012) y Máster en Estudios Interdisciplinarios sobre América Latina, el Caribe y Cuba por la Universidad de La Habana (2014). Investigador del ICIC “Juan Marinello” y del Grupo Historia Social Comparad...
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