Una visión de Cuba después del bloqueo de Estados Unidos

Foto: Charles Angus / Flickr

¿Y SIN EMBARGO?

Galileo Galilei fue el primero en hablar del bloqueo del gobierno de los Estados Unidos contra Cuba. Ni el adelantado Nostradamus pudo con esta visión. Galileo lo dijo, no alto, pero sí claro: “y sin embargo se mueve”.

La pregunta que tenemos que gritarnos de balcón en balcón, de cuadra en cuadra, es ahora: ¿cuánto nos moveríamos sin bloqueo? Puedo soñar, delirar, decir lo que quiero sobre el socialismo democrático por el que siempre he hablado y trabajado, pero estamos en la historia, no en un cuento de hadas.

En los años 90 empezó a repetirse un chiste cubano, lo escuché muchas veces, y mil veces me dejaba el estómago herido. Decía que cuando se levantara el bloqueo, la prensa nacional sacaría un editorial enorme: “Nueva maniobra del imperialismo yanqui”.

Lo anterior denota una preocupación de los cubanos y cubanas. ¿Cuánto ha servido el bloqueo norteamericano a la política no-revolucionaria dentro de Cuba? ¿Cuánto ha servido el bloqueo para truncar las mejores ideas, las más audaces, las más progresistas, para justificar menos democracia, más mano dura, menos transparencia, más seguridad nacional, más secretismo, menos confianza en la discusión abierta, más censura, menos tolerancia con el pensamiento distinto, más ojeriza con la espontaneidad juvenil?

Todo el mundo conoce de la existencia real e inmoral del bloqueo. Negar el bloqueo es como negar que hay sociedad civil en Cuba ―aunque un novísimo anuncio televisivo habla ahora mismo de una “supuesta sociedad civil cubana”.

Negar el bloqueo es una postura para ponerse fuera de la discusión con el Gobierno cubano y con la gente más sufrida por la escasez y la fatiga de la supervivencia en los últimos 50 años.

Pero sin bloqueo nadie garantiza que seamos ricos, como si todo dependiera del Congreso de los Estados Unidos. Solo nuestro trabajo, la producción nacional, la confianza en la imaginación económica del pueblo de Cuba nos sacará de la crisis.

Algunos creemos que todo eso es mejor y más justo hacerlo en socialismo, que no quiere decir en ningún caso volver a repetir las mismas fórmulas desgastadas e inútiles de la burocratización y la confianza por encima de la ley en los cuadros sin pericias demostradas ni aptitudes para el cambio y la innovación.

El pueblo de Cuba necesita un coctel de trabajo, orden, democracia, estado de derecho, participación directa en las decisiones estratégicas, tanto económicas como políticas, socialización de lo producido y distribución de la riqueza aprobada por los trabajadores, intervención de las fábricas por los obreros y obreras, y una tonelada de amor y prudencia para no caer en las tentaciones del odio y el rencor.

La caída del bloqueo nos ayudará a comerciar mejor, pero también lo hará que el pueblo decida qué es lo que necesita antes y con urgencia. No basta con comprar al vendedor más cercano, después habrá que decidir qué le conviene a la gente y no solo a la administración.

Sin bloqueo no aparecerán por arte de magia los bates y pelotas de béisbol en las tiendas, a precios módicos y en pesos cubanos, ni brillarán los portales, ni dejarán de desbordarse los tanques de basura, ni llenaremos las calles de serpentinas en los carnavales, ni dejaremos de robarnos todo lo que nos pongan delante en nuestros centros de trabajo.

El bloqueo ha sido y es brutal, pero también es enorme el error político que nos hizo escoger la doctrina de la “plaza sitiada” antes que la doctrina de frente al terror y al odio “más democracia y más poder al pueblo”.

Todo lo mal hecho se puede revertir, tenemos el tesoro incalculable de nuestro pueblo que resuelve a carcajadas los dolores de los huracanes y los refrigeradores acostumbrados al vacío.

Los científicos no han dejado de descubrir cosas inauditas, de darnos soluciones para enfermedades y males milenarios. Las maestras de escuela han seguido enseñando, sin mapas hermosos, sin Internet, sin viajes al extranjero, con salarios que alcanzan para comer menos de quince días.

Los peloteros han seguido jugando, con la certeza de que si dejan Cuba serán ricos o algo parecido. Los médicos están en los hospitales, de magia en magia para que alcance un medicamento, para que funcione un ascensor, para que aparezca alguien que quiera limpiar los pasillos por 200 pesos cubanos.

Los obreros y obreras de las fábricas han seguido en la industria, pobre, vieja, oxidada, descontinuada la tecnología, con los “factores” hablando en otro idioma, uno que nadie conoce en la calle.

El bloqueo no ha detenido al arte, no se sabe de dónde sacan la pintura los pintores, ni la madera los que tallan, pero ahí están, producen y venden. Lo han hecho con las manos casi atadas, podrían hacer más sin bloqueo y sin sospechas de los controladores de la creación.

Las palmas siguen en ramillete en las montañas, las mujeres siguen siendo hermosas, pero el reto mayor no será vivir sin bloqueo, sino hacer un país decente, donde trabajar tenga sentido y no robar, donde proponer tenga sentido y no callar, donde arriesgar una idea tenga sentido y no bostezar, donde procrear tenga sentido y no dejar para mañana a los hijos, donde cuidar la limpieza y el orden tengan sentido y no dejar cabezas de cerdos en las esquinas y jabas de basura como recuerdos para turistas.

Cuando caiga el bloqueo algunos llorarán de alegría y otros porque su razón de vivir ha terminado, allá y acá. Yo les digo que el fantasma del bloqueo tratará de salirnos de noche y contra él habrá que usar ristras de ajo —si las logramos producir— y cruces benditas que lo espanten.

A los que invoquen este espectro no los podemos dejar entristecer nuestros corazones. Hay que vivir, fundar, reconstruir, levantar y sanar, perdonar y juzgar, para avanzar. La manía de edificar muros quedará instalada en nuestras costumbres por mucho tiempo. Hay que edificar ideas, consenso, pueblo creador, todo esto es más fuerte que un valladar. La ingeniería del puente es más difícil pero su resultado es bondadoso. Los puentes no solo sirven para ser cruzados, también se puede reunir en ellos al pueblo, para decidir, como quien avanza y se esperanza, el país libre de mañana.

Sobre los autores
Julio Antonio Fernández Estrada 31 Artículos escritos
Julio Antonio Fernández Estrada. Licenciado en Derecho y en Historia. Doctor en Ciencias Jurídicas. Profesor Titular. Docente desde 1999 en la Universidad de la Habana, con experiencias en cursos presenciales, y semipresenciales. Profesor de la Fac...
Cuba Posible 188 Artículos escritos
Cuba Posible es un “Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas; en algunos casos muy identificadas con las aspiraciones martianas. Si...
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