Vientos de marzo: ayer y hoy

I. Un poco de historia… 

Para los amantes de la historia -entiéndase no “única”, ni oficial, sino de las muchas interpretaciones y testimonios-, marzo es portador de hitos inolvidables.

1. Empezamos por el golpe de Estado del 10 de Marzo. A unos pocos meses de las elecciones presidenciales, el sargento-taquígrafo Fulgencio Batista (hecho coronel de la noche a la mañana y promovido a general por él mismo), consciente de que no ganaría, se lanzó al asalto del poder con el apoyo de sus compinches del 4 de septiembre de 1933 (dentro y fuera del ejército). Se consumaba la ruptura del orden constitucional con el beneplácito de los sectores más poderosos de la oligarquía criolla, de los intereses norteamericanos (mafia incluida) y de la Administración de turno en Washington. El dilema tiranía vs. revolución pasaba a un primer plano.

2. La tremenda acción revolucionaria, el 13 de marzo de 1957, estuvo a punto de culminar lo que los “Idus de Marzo” representaron, en su tiempo, para Julio César. Audacia y bravura distinguieron a dicha acción. Tenían lugar los asaltos al Palacio Presidencial y a Radio Reloj. Para un sector revolucionario, la tesis de “golpear arriba” o “descabezar la tiranía” era la estrategia más atinada y cortoplacista; era también parte de toda una cultura pasada donde el magnicidio aparecía como la solución absoluta. La vida se encargó de probar lo contrario, por otras vías y estrategias (de más alcance y raigambre).

3. El “Segundo Asalto” al Palacio Presidencial ocurría el 14 de marzo, justo 24 horas después, cuando las auto-denominadas “clases vivas” de la sociedad cubana (y habanera en particular), esa del rotograbado de La Marina, se congregaban en los salones presidenciales (todavía salpicados con la sangre de los héroes y sus cadáveres insepultos), para desfilar ante el tirano en acto de desagravio. Desde los más grandes magnates hasta la más alta jerarquía de la Iglesia católica buscaban congraciarse así con el tirano que contaba con más años en el poder desde 1933 y con más muertos en su haber; complacidos todos ellos con semejante trayectoria. Paradójicamente -podrá decirse con absoluta razón- la acción del 13 de marzo puso en evidencia (grotesca y criminal) la connivencia y complicidad de los núcleos dominantes de la sociedad cubana con el tirano que quebró el orden constitucional establecido.

4. Se frustra una virtual acción golpista dentro del propio movimiento revolucionario, y esto se hace público el 26 de marzo de 1962. Descrita como un proceso de “sectarismo”, resultaba una fórmula bien inocua que muy poco o nada aclaraba entonces, ni aclara a las generaciones actuales. La cabeza visible era Aníbal Escalante, quien desde 1953 había pasado a controlar (casi por completo) toda la maquinaria del entonces Partido Socialista Popular (PSP). Tras las alianzas establecidas con el movimiento revolucionario en la segunda mitad de 1958, este sujeto comenzó un proceso acelerado para copar posiciones en todas las esferas del poder revolucionario (desde la Seguridad del Estado, pasando por el Ministerio de Relaciones Exteriores, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, y otros ministerios y gobiernos provinciales y municipales). Desde estos reductos conquistados empezaron a impulsar políticas extremistas de todo tipo; intentaron aislar a Fidel Castro y socavar su figura (con propaganda a favor de la lucha contra el culto a la personalidad), todo ello con el respaldado activo de la Embajada soviética y de Moscú. El propio 26 de marzo de 1962, el embajador soviético salía expulsado de Cuba como “bola por tronera”, bajo fuerte escolta militar. Los costos políticos de semejante proyecto fueron enormes y de muy larga persistencia. Curiosamente, este crucial episodio no se celebra, comenta, ni discute en los medios cubanos oficiales, ni nada se hace para facilitar su mejor comprensión por parte de las más jóvenes generaciones.

II. El síndrome Trump

“Un fantasma recorre Europa…” y América Latina. Se llama Donald J. Trump, recién electo presidente de Estados Unidos. Su nombre se asocia hoy con las opciones electorales más importantes a ventilarse en Europa, desde Austria y Holanda hasta Francia y Alemania, sin olvidar la probable celebración de elecciones en Italia. Todos los analistas y medios reconocen una tendencia hacia la polarización social y política en grados insospechados. Los vientos neo-fascistas que soplan con exitosa fuerza en Polonia, en las repúblicas bálticas (Lituania, Letonia y Estonia) y en otras latitudes europeas, parecen encontrar ecos similares en el occidente europeo y tienden a ser identificados y bautizados con un común denominador: se les equipara como equivalentes europeos de Donald Trump.

Los distingue su nacionalismo extremo, su conservadurismo político, su proyección xenófoba y marcadamente anti-inmigrante, su rechazo a la Unión Europea y el deseo de salida de sus países de dicha organización. Macri (Argentina) y Temer (Brasil) son señalados en idéntica proyección junto a otros, como el candidato presidencial ecuatoriano Lasso. Sin embargo, los desenlaces hasta ahora parecen favorecer al otro lado de la polarización, representado éste por agrupaciones y coaliciones donde actúan socialdemócratas, liberales de izquierda, Verdes, y otras corrientes de corte similar.

En Austria su posibilidad de éxito les fue arrebatada (por estrecho margen) por una coalición similar a la descrita en el párrafo anterior. En Holanda, “el Donald Trump” que aparecía como seguro ganador terminó de perdedor neto frente a una coalición que le ganó cómodamente. Las elecciones restantes tendrán lugar entre abril y septiembre. Hay que seguir con especial atención las mismas, pues no podemos conducirnos como avestruces, con la cabeza metida en un hueco para ignorar lo que ocurre en nuestro mundo de hoy. Tenemos que estar al tanto para saber si las corrientes más a la extrema derecha –“las Donald Trump”, como han sido llamadas- se llevan el gato el agua o, por el contrario, lo logran las coaliciones de matices izquierdosos. Por lo pronto, en Francia, la muy “trumpista” Marine Le Pen perdió todas las regionales y no parece tener grandes posibilidades de éxito. En Ecuador, en abril, veremos quién gana, si Lasso o Moreno           -opciones completamente antagónicas. Es esta una oportunidad para reflexionar si “el síndrome Trump” debe favorecer a las opciones de derecha o -como puede resultar- generar un efecto contrario que favorezca a las opciones de izquierda. Dentro de esta última lógica, las elecciones en México -frente a Trump, sus ofensas a los mexicanos y el proyecto del muro- pudieran depararnos la victoria del candidato de la izquierda López Obrador.

Paremos bien las antenas y demos cuidadoso seguimiento a estos acontecimientos y a su impacto global, regional y muy específicamente para Cuba, quien puede perder mucho o ganar mucho en dependencia de los resultados.

Sobre los autores
Domingo Amuchástegui 31 Artículos escritos
(La Habana, 1940). Licenciado en Historia por la Universidad Pedagógica. Máster en Educación por la Florida International University. Doctor en Relaciones Internacionales por la Universidad de Miami. Fue Jefe de Departamento en el Ministerio de Re...
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